Mensaje de la Virgen a Marga en Julio 2018

09-07-2018
Virgen:

El Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Hijo Jesucristo[1], presente en todos los Sagrarios de la tierra, es Profanado.

Deseo que, en desagravio, toda la Humanidad inicie una Campaña de Amor y Devoción a Él en la Eucaristía.

Deseo que haya la máxima pulcritud en todas las Adoraciones y las Misas.

Que los sacerdotes las celebren con devoción sinceramente profunda y amor, conscientes de su ministerio, su labor y la Hora Gloriosa en la que estamos.

Quisiera que los fieles se unieran en “sólo uno” al sacerdote y juntos formaran de verdad un solo Cuerpo en la Iglesia, que es Cristo.

Quiero que aumentéis vuestras Visitas al Santísimo. ¡Deseo ver todas las iglesias llenas de gente! Que el Malo sepa que no nos vais a dejar solos[2]y no vais a permitir su Profanación al Sagrario.[3]

Quiero que vuestra vida sea un reflejo de esto. Y sea realmente una Eucaristía prolongada. Que la Eucaristía no acabe en los muros de una iglesia: que la Eucaristía continúe en vosotros dentro del mundo, y llegue así mi Voz y su Amor a las gentes, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡Viva Jesús Sacramentado!

¡Viva, y de todos sea Amado!


[1] Ella es la Esposa de Dios Espíritu Santo, además de la Madre de Dios Hijo y la Hija de Dios Padre. Cfr. LG, 53.
[2] Ella está junto con Jesús.
[3] Ella es el Sagrario. Cuando se profana a Jesús, se profana el Sagrario. También entendí con esto la similitud entre la Profanación al Sagrario y la profanación en los vientres de las madres con el aborto.

Fuente:
https://vdcj.org/mensaje-de-la-virgen-el-cuerpo-y-sangre-alma-y-divinidad-de-nuestro-hijo-jesucristo-presente-en-todos-los-sagrarios-de-la-tierra-es-profanado

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Dictados de Jesús a Marga aquí publicados:
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5 de Julio: Revelaciones sobre la Devoción a la Preciosísima Sangre en Nigeria (1995)

5 de Julio
Años: 1995-2018 / Lugar: OLO, Estado de Enugu, Nigeria – África
Revelaciones de Jesús y María, San Miguel Arcángel y algunos Santos
Sobre la Devoción a la Preciosísima Sangre de Jesucristo
Vidente: Bernabé Nwoye


Devoción a la Preciosísima Sangre

El 5 de Julio de 1995, a la hora de la Divina Misericordia (15:00), Nuestro Señor llamó por primera vez a Bernabé Nwoye, siendo un adolescente de 17 años de edad, en Olo, Estado de Enugu, Nigeria, y le pidió que adorara Su Preciosa Sangre y lo consolara de todos los ultrajes cometidos contra ella. Dos años después, el Señor le enseñó el Rosario a la Preciosa Sangre (en una visión), y todas las plegarias que lo componen. Todas las oraciones e himnos, lo mismo que los mensajes e instrucciones, fueron dados directamente por Nuestro Señor, Su Santísima Madre, San Miguel Arcángel y algunos Santos, entre 1997 y 2005, y constituyen la Devoción a la Preciosísima Sangre, la cual es el arma de los últimos tiempos para que todos Sus hijos puedan soportar y sobrellevar el gran Castigo por venir.

Al centro, Monseñor Ayo-María Atoyebi, O.P. Obispo de la Diócesis de Ilorin, Nigeria; el vidente Bernabé Nwoye (a la derecha) y los miembros de la Comunidad Religiosa.

Revelaciones con Aprobación Eclesiástica Parcial

Los Mensajes recibidos por Bernabé Nwoye, contienen elementos controversiales, pero han recibido el Nihil Obstat oficial del Reverendo Stephen Obiukwu, una autoridad arquidiocesana. El Libro de Oraciones, dictado por Jesús a Bernabé, ha recibido el Imprimatur del Obispo Ayo María Atoyebi, de la Diócesis de Ilorín. El Obispo Anthony Mbuji, de la Diócesis de Nwoye, designó una comisión que expresó ciertas reservas acerca de los Mensajes, pero concluyó que coinciden ampliamente con la Doctrina Católica. La Devoción a la Preciosa Sangre ha sido instituida en la Diócesis, y se lleva a cabo todos los Jueves.

La mayoría de los Mensajes fueron recibidos durante la Exposición del Santísimo Sacramento, en la parroquia del vidente, la Iglesia de San José, Enugu, Nigeria. Los Mensajes recibidos son siempre revisados y aprobados por el director espiritual de Bernabé, el Reverendo Bonifacio Onah, antes de ser leídos a los presentes durante las Apariciones. Los Mensajes desde 1997 a 2000 fueron revisados por una Comisión Teológica, ordenada por el Obispo Antonio Mbuji, de Enugu. Todos ellos han recibido el Nihil Obstat del Reverendo Franciscano, Esteban Obiukwu, encargado de la Propagación de la Fe.

La Hora de Getsemaní

La Roca de Getsemaní en Tierra Santa de Adoración y Reparación, Olo, Nigeria.

Nuestro Señor hace un llamado a todos sus escogidos para que permanezcan con ‘Él’, cada jueves, de 11:00 pm a 3:00 am del viernes (o por lo menos una hora dentro de este período). En este tiempo, se pueden llevar a cabo los cinco componentes de la Devoción a la Preciosísima Sangre, junto con la Santa Misa y la bendición (si fuera posible).

En esta Hora de Getsemaní, los devotos compartirán la Agonía experimentada por Jesús en el Huerto de Getsemaní (Huerto de Los Olivos). La intención es obtener la Gracia para soportar el gran Castigo, y mantenerse firmes en la fe.

Las siguientes oraciones se deben decir durante la Hora de Getsemaní:

  1. Santo Rosario a la Santísima Virgen María.
  2. Santo Rosario a la Preciosa Sangre / Letanías.
  3. Oración de Consagración a la Preciosa Sangre.
  4. Oraciones de Consolación y Adoración.
  5. Oraciones de Reparación a Jesucristo Agonizante (Los Siete Llamados Angustiosos)
  6. Otras Oraciones de Intercesión, llamadas también Oraciones Místicas de Nuestro Señor Jesucristo.
  7. La Misa Votiva de la Preciosa Sangre y exposición del Santísimo Sacramento, (cuando sea posible).

Para los que lleven a cabo la Hora de Getsemaní, hay promesas especiales de Gracia. Además, Jesús ha dicho que los que son fieles a esta Hora, no tendrán nada que temer al anticristo.

La Roca de Getsemaní en Tierra Santa de Adoración y Reparación, Olo, Nigeria.


EL SELLO

A esta Devoción a la Preciosísima Sangre, el Cielo ha vinculado un preciado y poderoso regalo para sus devotos… EL GRAN SELLO DE DIOS (el Tabernáculo viviente en nuestros corazones). Es una marca espiritual concedida a los devotos de la Sangre Preciosa, contra el sello del enemigo, el 666. La ‘Última Misericordia’, sostiene el vidente, es un ‘Gran Sello’ de la Sangre Preciosa, que protegerá del anticristo (el Sello de la Sangre contra el sello del mal).

Este Sello de Dios, concede a los devotos fortaleza espiritual para resistir todas las tentaciones de satanás, y soportar los sufrimientos que vengan a través del anticristo. Este Sello se consigue permaneciendo en estado de Gracia Santificante, especialmente en los períodos especificados por nuestro Señor, cuando los Ángeles recorran la Tierra para otorgarlo.

El ‘Sello’ se concede cada Viernes del año, particularmente durante la Cuaresma. Pero también, desde el Segundo Viernes de Diciembre, continuando todos los Viernes de ese mes, hasta el Primer Viernes de Enero. Y cada Viernes del gran mes de Julio (el mes dedicado a la Sangre Preciosa).

Para obtener el Sello, se debe participar de los Sacramentos, principalmente de la Confesión y de la Eucaristía; haber llevado a cabo cinco meses consecutivos de ‘Horas de Getsemaní’, y procurar recibir el Sello de Protección en el momento de la Consagración del Vino, durante la Misa. Los devotos reciben el Sello en la ardua lucha por permanecer en estado de Gracia Santificante, particularmente en los períodos señalados para el Sello.


EL GRAN MES DE JULIO 

Jesús también ha pedido que hagamos Tres Novenas muy importantes en el Mes de Julio. Las mismas son como sigue:


ORACIONES DE LAS NOVENAS

  1. Santo Rosario a la Santísima Virgen María.
  2. Santo Rosario a la Preciosa Sangre / Letanías.
  3. Oración de Consagración a la Preciosa Sangre.
  4. Oraciones de Consolación y Adoración.
  5. Los Siete Llamados Angustiosos.
  6. Oraciones de Intercesión, llamadas Oraciones Místicas de Nuestro Señor Jesucristo.


Develamiento de la Cruz Gigante

El 5 de Julio de 2013, tuvo lugar el Develamiento del Crucifijo Agonizante Gigante, en Tierra Santa de Adoración y Reparación, Olo, Estado de Enugu, Nigeria, presidido por Monseñor Ayo-María Atoyebi, O.P. Obispo de la Diócesis de Ilorin, Nigeria, y Líder mundial del Apostolado de la Preciosa Sangre de Jesucristo, para dar cumplimiento a las peticiones de la Santísima Virgen, y después de un tiempo de preparación a través de un Cenáculo de purificación durante seis meses, de Enero a Junio de 2013, pedido por la Santísima Virgen, el 8 de Diciembre de 2012. A partir de ese mes de enero, los Mensajes recibidos por Bernabé Nwoye se comenzaron a dar a conocer, para aprender y estudiar nuevamente las Lecciones del Cielo’, como lo pidió la Santísima Virgen.

Y en el mes de Agosto de 2013 se comenzó con el Primer Programa de Peregrinación y Reparación, pedido por la Santísima Virgen para cada Tercer Viernes de mes.

Fecha: 8 de Diciembre de 2012 / Hora: 3:00 am
Lugar: Capilla de Reparación en la Tierra Santa de Adoración, Olo, Nigeria.

LAS 48 HORAS DEL CENÁCULO DE ORACIÓN.

Algunos minutos antes de esta hora, sentí que me tocaron mientras dormía y una voz me dijo:

“Bernabé, ve a la Capilla para rezar, Nuestra Madre tiene un Mensaje para Sus hijos”.

Inmediatamente me desperté y fui a la Capilla.
En mi oración durante esta hora, tuve una visión: Una bellísima Señora que descendía de la nube. Su ropa era brillante como la nieve, radiante como el sol y Ella estaba acompañada de numerosos Ángeles. Ella se acercó y dulcemente dijo:

“¡Alégrense, oh, hijos de la Luz! ¡Alégrense, oh, hijas de Sion! ¡Alégrense, oh, gran Ejército del Cordero! La Victoria de Cristo ha sido revelada. ¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria a Ti, oh gran León de la Tribu de Judá! Sí, la Victoria del Cordero ha llegado.

Hijos, ¿han visto la Victoria manifestándose? Hijos, ¿han escuchado la Victoria que fue anunciada? Hijos, ¿han sentido la brisa de la Victoria del Cordero? Si su respuesta es sí, alégrense y estén contentos. Levanten su cabeza y digan: ‘Yo soy victorioso con el Victorioso Jesucristo’. Sí, ustedes son victoriosos porque ustedes se unieron con Él en sus días de pruebas y de purificación y permanecerán unidos a Él hasta el final.

Yo soy la Inmaculada Concepción, María, la Madre del Agonizante Jesucristo. Hijos, ustedes hacen feliz al Cielo por responder al llamado de levantar este año, al Crucifijo gigante en este suelo santo. Yo estoy feliz, Yo estoy orgullosa de ustedes. Jesús está feliz.

Cuán bendecidos están todos, desde los que hicieron el más pequeño sacrificio, por llevar a cabo este gran trabajo, su bendición es eterna. De generación en generación, su linaje cosechará el fruto de este trabajo hasta el fin de los tiempos. Hijos, ¡alégrense porque ustedes están entre ellos!”

“Bernabé, ¿no estás tú entre ellos?”

Yo sonreí y le dije: “Madre, sí estoy entre ellos.” Entonces, Ella dijo:

“Alégrense, bailen y alaben la Victoria del Cordero. Los ojos del mundo no verán la Victoria del Cordero, pero Mis hijos sí la han visto y se alegran. Los ojos de los orgullosos y de los corazones amargados sólo verán oscuridad. Ellos nunca saborearán o sentirán la felicidad de la Victoria del Cordero.

Hijos, sólo los sencillos y humildes de Corazón verán y se alegrarán. Bernabé, di nuevamente Conmigo: ‘¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria a Ti, oh Cristo —el Misericordioso Cordero de Dios!’

Ahora escucha, este Crucifijo gigante será Consagrado a la Preciosísima Sangre de Jesucristo, el 5 de Julio de 2013. ¡En este día, y a la hora de las tres de la tarde en punto, deberán develar la Cruz y rezar la Oración de Consagración que Yo te enseñaré, seguida de la Oración del Triunfo de la Cruz! Yo te dirigiré con mayor detalle antes de la hora.

Para prepararte a ti y a todos Mis hijos hacia esta Santa Consagración, Yo estoy llamando a todos Mis hijos, especialmente aquellos que se han Consagrado a la Preciosa Sangre de Jesucristo a un Cenáculo de Oración cada tercer jueves al sábado, desde el mediodía del jueves hasta el mediodía del sábado, para aprender y estudiar nuevamente las Lecciones del Cielo dadas a ti para el mundo. Este llamado comenzará en Enero hasta el mes de Junio. El Cielo te dará el programa para el mes de Julio antes que llegue el tiempo. Este llamado es para todos Mis hijos que deseen venir, pero aquél que se lo pierda dos veces no deberá continuarlo. El que llegue tarde dos veces tampoco continuará en este Cenáculo de Oración. Esta orden debe ser obedecida. Bernabé, tú debes ser el moderador y enseñarás los Mensajes en esos días. El Cielo te ha otorgado Gracia infusa para realizar este trabajo. 

Éste es un Llamado a la meditación silenciosa en la Obra de Dios. Éste es un llamado a la oración. Éste es un llamado al arrepentimiento.

Hijos, cuando este Cenáculo de Purificación se concluya, ustedes verán con claridad por qué Yo estoy feliz hoy, y las alabanzas de Victoria permanecerán siempre en sus bocas.

Que el Manto de Amor los cubra a ustedes, Mis hijos. Adiós.”

Inmediatamente Ella se despidió y se desvaneció.

ORACIÓN POR EL TRIUNFO DE LA CRUZ

Levántate, ¡oh, Cristo victorioso!
Levántate, ¡oh, Vencedor de la muerte!
Levántate, ¡oh, Anciano de los días!
Levántate ¡oh, Poderoso Defensor de Israel!
Levántate, ¡oh, León de la Tribu de Judá!
Levántate, ¡oh, Pastor de Israel!
Levántate, ¡oh, Misericordioso Agonizante Jesucristo!

Tú prometiste atraer a todos los hombres hacia Ti cuando fueras levantado.
¡Contémplate, levantado en mis cruces diarias como lo estás en este Crucifijo Victorioso que anuncia Tu Triunfo, y declara la libertad y la victoria a Tu pueblo!
Levántate y defiende a Tu pueblo que eleva sus ojos,
sus mentes y su fe en la Victoria de Tu Santa Cruz.
Dale la salvación a todos los que contemplan Tu Cruz Agonizante, con fe y amor.

Así como Tú has sido elevado en la Cruz,
levántate y atrae a todos los hombres hacia Ti.
Conquista los corazones de los hombres, ¡oh, Vencedor de la muerte!
Libera a los cautivos, ¡oh, Poderoso Defensor de Israel!
Resucita a los muertos y dale la vida a estos huesos secos
en Tu Iglesia y en el mundo, ¡oh, Anciano de los días!

Vence a la bestia, el dragón rojo, el anti-Cristo, el hombre de iniquidad,
Lucifer y sus agentes, ¡oh, gran León de la Tribu de Judá!
Dale Paz a Tu rebaño, ¡oh, Pastor de Israel!
Que Tus ovejas Te sirvan en santidad y en paz.
Que el Reino de Tu Justicia descienda a la Tierra;
para que Tu pueblo Te alabe con gozo y libertad.

¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!
¡Oh, Santa Cruz, sobre la que Mi Salvador
fue colgado sangrando por amor a mí!

¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!
¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo, la Luz del mundo!

¡Victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!
¡Oh, Santa Cruz, la Señal de nuestro Triunfo!

Amén.


Consagración de las Naciones a la Preciosísima Sangre

El 14 de Septiembre de 2015, en la Tercera Conferencia Internacional del Apostolado realizada en Nigeria, el Obispo Ayo-Maria Atoyebi entregó el Documento Constitutivo-Estatutario que comenzó a regir el APOSTOLADO DE LA PRECIOSA SANGRE DE JESUCRISTO a nivel mundial.

Ese mismo Día de la Exaltación de la Santa Cruz, tuvo lugar la Primera Consagración del Mundo entero a la Preciosísima Sangre de Jesucristo, para dar cumplimiento a las peticiones de la Santísima Virgen, según mensajes del 1 de Enero y 3 de Julio de 2015:


Fecha: 1º de enero de 2015 / Hora: 3:20 am
Lugar: Mi Altar de Reparación en la Tierra Santa de Adoración, Olo, Nigeria

QUE EL MUNDO ENTERO SEA CONSAGRADO A LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO

Al arrodillarme en oración durante esta hora para agradecer a Dios por las bendiciones del nuevo año, tuve una visión de nuestra Señora que lucía una hermosa corona y el vestido más brillante. Con una amorosa sonrisa se me acercó y suavemente dijo:

“Soy tu Madre, María, la Madre de Jesucristo Agonizante. He venido para bendecir el año para ustedes y para todos Mis hijos. Les traigo un mensaje de paz, esperanza y salvación. Vengan, hijos Míos, vengan y entren en el Arca de Refugio, de la Renovación y de la Salvación.  

Vengan y refúgiense, bajo Mi protección, en la Preciosa Sangre de Mi Hijo. La Preciosa Sangre de Cristo es el Océano Eterno de Gracia. A diferencia del diluvio de Noé que cayó para borrar a los pecadores de la faz de la Tierra, la Preciosa Sangre de Jesucristo se derrama para la salvación de los pecadores. En estos últimos días, la Preciosa Sangre de Jesucristo es el estandarte que envuelve el Arca de la Salvación. Así como el arco iris es la señal de la alianza de Dios con Noé, la Preciosa Sangre de Jesucristo es la señal de la Eterna Alianza. Hijo Mío, ahora comprenderás por qué Mi Hijo dijo que fuera de Su Preciosa Sangre, no hay salvación. Sí, les digo, hijos Míos, que cualquier cosa fuera de la sombra y protección de la Preciosa Sangre de Jesucristo sufrirá grandemente e incluso se perderá. Toda la misión de los Apóstoles y de los Santos Mártires consistió en reunir a los hijos de Dios bajo la protección de la Preciosa Sangre para ser sellados y salvados. Mientras los acojo a todos juntos bajo Mi protección, también los sumerjo en la Preciosa Sangre de Jesucristo para que sean sellados y salvados. Todo en la Tierra está bajo la Misericordia de la Preciosa Sangre de Jesucristo.

Hijos, la hora en la que ahora viven se les dio a conocer en el año 1997. El reino de la bestia ya está con ustedes. Ellos son los agentes de tensión y terror en el mundo. Ésta es su hora. Ellos derramarán mucha sangre, causando sufrimiento humano, persiguiendo a la Iglesia y causando guerras en diferentes partes del mundo como ya pueden ver. Sin embargo, la bestia ya está derrotada. 

Hijos, no teman. La Preciosa Sangre de Jesucristo es su victoria y su salvación. Deseo darles a conocer la solicitud de Mi Hijo. Jesús pide que el mundo entero sea Consagrado a Su Preciosa Sangre en esta Tierra Santa de Adoración y Renovación comenzando este año. Les digo comenzando este año, porque la Consagración se completará cuando todas las Naciones del mundo hayan colocado su bandera en el Arca que esta Tierra Santa representa. Entonces, el Glorioso Reino de Paz vendrá. De este modo, Yo, la Madre de Dios, triunfaré en sumergir a todos Mis hijos dentro del Océano de la Preciosa Sangre de Jesucristo para su salvación y la paz. Hijos, asegúrense que la culminación de esta Consagración, corresponda con la perfecta respuesta a Mis llamados alrededor del mundo. Esta solicitud de Cristo apresurará la Hora que esperan ansiosamente. 

Esta Consagración se llevará a cabo el 14 de septiembre de cada año comenzando este año. Te enseñaré las palabras de la Consagración. Como verás, cada nación presente en esta Tierra Santa colocará su bandera, que tendrá 42 pies de altura sobre la tierra. El orden de las mismas, corresponderá al orden de llegada de cada nación en este mes de gracia. Bernabé, te hablare más sobre esto en días futuros. 

Entonces, le pregunté: “Madre, ¿qué quieres decir con que debe estar presente cada nación?” Ella sutilmente dijo:

“Bernabé, cuando dije cada nación, Me refiero al menos un alma consagrada a la Preciosa Sangre. Sólo un alma o varias almas consagradas serán las que tendrán la bendición de colocar su bandera nacional en esta Arca. La bandera colocada, es el anuncio de la victoria de la Preciosa Sangre en esa nación.  Así que vayan y hagan discípulos en todas las naciones como Jesús te ha ordenado. Traerán la Paz para ustedes y para toda la humanidad. 

El enemigo luchará contra ustedes en este mundo pero por el poder de la Preciosa Sangre de Jesucristo, ustedes vencerán. La oscuridad cubrirá al mundo, pero la Preciosa Sangre de Jesucristo les mostrará el camino. Ustedes verán la luz en sus días y la victoria será de ustedes.” 

Luego, pregunté: “Madre, bendícenos y bendice a mi país ya que entramos este año en elecciones.” Ella dijo:

“Bernabé, que todos Mis hijos invoquen en el mes de febrero, el poder de la Preciosa Sangre como lo hacen en el mes de julio, y verán la victoria del Cordero. Gobiernen al mundo con la señal de la Preciosa Sangre de Mi Hijo. Que la bendición de la Santísima Trinidad descienda sobre todos ustedes en este año de gracia y en todos sus días. Sonrían y permanezcan victoriosos con el Poder de la Preciosa Sangre de Jesucristo. Los dejo. Adiós.”

Inmediatamente la visión terminó. Luego, vi rosas que caían del Cielo. Después de un rato, toda la visión terminó.

*******

3 de Julio de 2015 / Hora: 3:00 am
Lugar: Mi Altar de Reparación, Olo                     

QUE LA CASA DE ISRAEL SE CONSAGRE A LA SANGRE DEL CORDERO.

En mi oración durante esta hora, tuve una visión de Nuestra Señora vestida en blanco y morado con una corona en Su Cabeza. Ella estaba acompañada de numerosos pequeños Ángeles. Ella vino y sutilmente dijo:  

“La Paz del Cielo esté con ustedes. Acércate más a la sombra de Mi Manto. Acércate a Mí, hijo Mío, y siente Mi cuidado maternal. Soy tu Madre María, la Madre de Jesucristo Agonizante. Vengo con un mensaje de amor de Jesús. Ven y comparte Mi Amor.

Bernabé, como Cristo te dijo en el primer día de esta Novena, Yo soy la Mujer que comenzó con el Acto de Consolar al Niño Jesús Agonizante. Con Mis Lágrimas penitenciales en el día de Su Circuncisión, abrí también la puerta de la adoración a la Preciosísima Sangre, mientras recogía la Sangre con el lino sagrado. Sí, Yo adoré la Preciosa Sangre que sería derramada por la redención del hombre. De este modo, estoy invitando a todos los hombres para adorar el Precio de su Redención. Bernabé, Yo también coloqué la Sangre inocente a un lado para la redención del hombre. Yo Consagré al Mundo con la primera Preciosa Sangre derramada por su redención. Ahora, los estoy invitando a ustedes a continuar este acto hasta que el mundo entero se una en la Victoria del Cordero.

Pido a las Naciones del mundo, como señal de victoria, que levanten sus banderas en la Tierra Santa elegida para marcar el comienzo de su victoria. Cada bandera tendrá un tamaño de 3 por 5 metros y se levantará a 12 metros de altura por encima de la base, que tendrá siete escalones de un pie de altura, y estará a 3 metros de distancia de la siguiente base. Las bases se construirán a una distancia razonable del Crucifijo Gigante, siguiendo la forma hexagonal del plano que te dieron. De esta forma, la construcción comenzará de la primera diagonal de la derecha del plano hexagonal viendo hacia el Cristo Gigante. Sean cautelosos con el Templo y mantengan la equidistancia del centro del Crucifijo Gigante. Antes del tiempo señalado, te daré las Palabras de la Consagración y te guiare aún más. 

Hijos, estos símbolos físicos son verdaderos signos de la verdadera victoria ganada en el Espíritu. Para los hombres carnales, estas cosas son tonterías; pero para Mis hijos, que se les ha dado la Gracia de ver, éstas son las señales de la Victoria. Mientras el enemigo de la Santa Cruz está lanzando su ataque en contra de las almas en las grandes ciudades del mundo, con su arma de iniquidad y destrucción de valores, Yo, la Reina del Cielo, estoy reuniendo a Mis hijos en esta remota parte del mundo con el arma de la pureza, apoyada con la Preciosa Sangre de Cristo. Vengan, hijos Míos, y levanten su bandera y anuncien la Victoria del Cordero. Vengan y defiendan su posición, obtendré la victoria para ustedes. Que Mis hijos tomen sus posiciones y vean a sus enemigos ser derrotados.

Oh, Israel, su Hija los está llamando, escuchen la Voz de su Reina. Escuchen el llamado de la Hija de Sión. Que la Casa de Israel sea Consagrada a la Sangre del Cordero. Unten las puertas y dinteles con la Sangre Inmaculada del Cordero. Levanten su bandera de la victoria. Levántense en libertad y marchen victoriosos. ¡Defiendan su posición y vean la Victoria del Cordero de Dios! Yo soy su Reina, su Hija.  

Oh, Sión, Yo soy María, la Madre de Jesucristo Agonizante. Vengan y únanse a mis guerreros. Los dejo en Mi Paz. Adiós.”   

Inmediatamente todo el encuentro terminó.

La Fuente de María en Tierra Santa de Adoración y Reparación, Olo, Nigeria.

La Fuente de María en Tierra Santa de Adoración y Reparación, Olo, Nigeria.

 


Fuente:
Apostolado de la Preciosa Sangre – Venezuela
                    ¡Consolar es Adorar!

Para descargar los Mensajes en PDF:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/mensajes-actuales/

Todos los Mensajes de Bernabé Nwoye publicados en este sitio:
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“Yo, como Madre, les pido que usen la libertad para el bien.”

Medjugorje, Bosnia-Herzegovina
Mensajes de la Reina de la Paz

Mensaje del 25 de Junio de 2018, con motivo del 37° aniversario de las Apariciones de la Virgen.
Vidente Marija

“Queridos hijos, éste es el Día que el Señor Me da para agradecerle por cada uno de ustedes, por aquellos que se han convertido y han acogido Mis mensajes y han emprendido el camino de la conversión y de la santidad. Alégrense, hijitos, porque Dios es Misericordioso y a todos los ama con Su inmenso Amor y los conduce hacia el camino de la salvación a través de Mi venida aquí. Los amo a todos y les doy a Mi Hijo para que Él les dé la paz.

¡Gracias por haber respondido a Mi llamado!”

 

Mensaje, 2 de Julio de 2018
Vidente Mirjana

“Queridos hijos, soy Madre de todos ustedes, por eso no tengan miedo, porque Yo escucho sus oraciones. Sé que Me buscan y por eso oro a Mi Hijo por ustedes, Mi Hijo que está unido con el Padre Celestial y con el Espíritu consolador, Mi Hijo que guía a las almas hacia el Reino de donde Él ha venido, el Reino de la paz y de la luz. Hijos Míos, les ha sido dada la libertad de elegir. Por eso Yo, como Madre, les pido que usen la libertad para el bien. Ustedes, con almas puras y sencillas, son capaces de comprender; aunque algunas veces no entienden las palabras, dentro de ustedes sienten cuál es la verdad. Hijos Míos, no pierdan la verdad y la vida verdadera por seguir la falsa. Con la vida verdadera el Reino Celestial entra en sus corazones: éste es el Reino del amor, de la paz y de la concordia. Entonces, hijos Míos, no existirá el egoísmo que los aleja de Mi Hijo. En su lugar, habrá amor y comprensión por su prójimo. Por eso recuerden, nuevamente les repito: orar también significa amar a los demás, al prójimo y darse a ellos. Amen y den en Mi Hijo y Él obrará en ustedes y para ustedes. Hijos Míos, piensen continuamente en Mi Hijo y ámenlo inmensamente, así tendrán la vida verdadera, y esto será por la eternidad.

Les doy las gracias, apóstoles de Mi amor.”

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Fuente:
https://rosasparalagospa.com/
https://www.youtube.com/user/TTReinadelaPaz/videos

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Oración para Expulsar al Maligno, dada por San Miguel Arcángel en Polonia

Oración para Expulsar al Maligno
Dictada en Polonia por el mismo Arcángel San Miguel
para Polonia y para el mundo entero.

Santísima Trinidad, Un solo Dios, ruego humildemente por la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los Ángeles y Santos, que nos des la enorme gracia de poder vencer las fuerzas del mal en… **Polonia, Argentina, Venezuela, México, Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Perú, toda América, España, Rusia, y en el mundo entero**, por los Méritos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, quien derramó Su Preciosísima Sangre por todos nosotros; por Sus Llagas Sagradas, por Su Pasión y Muerte en la Cruz; por los sufrimientos que Nuestro Señor y Salvador sobrellevó durante toda Su vida aquí en la Tierra.

Nuestro Señor Jesucristo, Te imploramos que envíes a Tus Ángeles Santos para echar de… **Polonia, Argentina, Venezuela, México, Bolivia, Ecuador, Costa Rica, Perú, toda América, España, Rusia, y en el mundo entero** a todas las fuerzas del mal al Infierno y a la condenación eterna. Que llegue a nosotros Tu Reino, y Tu Gracia sea esparcida a cada uno de los corazones para que se llenen de Tu Paz.

¡Oh!, Reina Celestial y Madre nuestra, Santísima Virgen María, con el corazón puro Te imploramos que, por favor, envíes a Tus Ángeles Santos a arrojar al infierno y a la condenación eterna a todos los espíritus malignos.

Arcángel San Miguel, Comandante de las fuerzas celestiales. Nuestro Señor Te puso a cargo de llevar a cabo esta enorme tarea, para que Su Gracia sea desparramada para siempre en todos nosotros. Guía a Tu Armada Celestial para que las fuerzas del mal sean arrojadas al Infierno y a la condenación eterna. Unifica todas tus fuerzas para derrotar a Lucifer y a sus ángeles caídos que se rebelaron contra la Voluntad de Dios y ahora trabajan para destruir nuestras almas. Sé victorioso, pues Dios te ha otorgado el poder y la autoridad para combatir las fuerzas del mal. Pide a Dios que nos dé la gracia de Su Paz y de Su Amor para que podamos seguir siempre a Nuestro Señor hacia Su Reino Celestial. Amén.

“Cada vez que se recita esta oración 50 mil demonios son arrojados a la condenación eterna. Ésta es una enorme gracia. ¡Díganlo tan frecuentemente como puedan! Éste es el regalo más grande de Dios para todos ustedes, a través de mí, en ocasión de mi fiesta. De esta manera, ustedes pueden ser instrumentos para liberarse de las garras del enemigo del mal en nuestros países. Los poderes del mal tiemblan cuando se recita esta plegaria porque son condenados para toda la eternidad. Esta oración puede liberar a nuestro país y al mundo entero de las fuerzas y de la influencia del mal.” –Arcángel San Miguel.

____________________

**Nota: Polonia, recibió esta enorme gracia del Arcángel San Miguel. Como señal de gratitud, en todas las traducciones, primero mencionamos a Polonia, al difundir y compartir este mensaje con el mundo entero.

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29 de Junio: San Pedro y San Pablo, Apóstoles y Mártires (†69)

Tomado de La Leyenda de Oro para cada Día del Año – Vidas de Todos los Santos que venera la Iglesia – Madrid-Barcelona, 1865 – Tomo II, Junio, Día 29, Página 311.

Fue San Pedro alto de cuerpo, blanco de rostro y descolorido; los cabellos de la cabeza y los pelos de la barba eran crespos, espesos; los ojos negros.



San Pedro, Príncipe de Los Apóstoles y Mártir

La vida del gloriosísimo príncipe de los Apóstoles, San Pedro, se ha de sacar principalmente de los Sagrados Evangelios, y de los Hechos apostólicos que escribió San Lucas, y después de los otros graves y antiguos autores que tratan de sus admirables hazañas y virtudes.

Fue San Pedro hebreo, de nación galileo, y natural de Betsaida, y casado con una mujer que dicen se llamaba Perpetua, y era hija de Aristíbulo, hermano de San Bernabé. Tuvo hermano mayor a San Andrés, y ambos vivían del arte del pescar. Tuvo noticia de Cristo San Andrés por unas palabras que oyó de Él a San Juan Bautista, su maestro; y Le siguió, y fue con él a la casa en que moraba. Estuvo con el Señor un día, y enamorado de Sus Divinas Palabras, y entendiendo por ellas que era el Mesías que todo el pueblo de Israel esperaba, buscó a su hermano Pedro, y le dio parte del bien que había hallado, y le llevó a Cristo. El Señor, en viendo a San Pedro, le dijo cómo se llamaba, y quién era su padre, y que había de mudar el nombre. «Tú, dijo el Señor, eres Simón, hijo de Juan: tú te llamarás Cefas;» que en lengua siríaca o caldea es lo mismo que Pedro, y Pedro que piedra: dando a entender Cristo, Nuestro Señor, con estas palabras, que así como Él es la primera y fundamental piedra sobre la cual todo el edificio de la Iglesia está fundado, así había de comunicar su nombre de piedra, y sus propiedades a Pedro, para que sobre ella, como sobre un firme y fuerte, aunque secundario fundamento, todos los otros fieles, como piedras vivas, se fundasen y permaneciesen en Su Iglesia, con tan grande e inviolable fortaleza, que toda la fuerza y poder del infierno no la pudiesen empecer ni derribar. No quedó San Pedro de esta vez por discípulo del Señor, hasta que pasados algunos días, andando por la ribera del mar, le vio con su hermano Andrés, que estaban pescando, y los llamó y les dijo: «Veníos en pos de Mí para ser pescadores, no de peces, sino de hombres.» Y estos, obedeciendo luego a la voz y llamamiento del Señor, dejaron sus redes y su pobre casilla, y con el afecto todo el mundo, y le siguieron como discípulos a su Maestro, y se entregaron del todo a Su voluntad.

Fue tanto el favor que Cristo, Nuestro Señor, hizo a San Pedro, que todos los otros apóstoles le reconocían por hermano mayor, y los evangelistas, nombrando a los demás, y variando en el orden de contarlos, siempre ponen a Pedro por el primero, como cabeza de todos, sin que en esto haya variedad. Él era el que siempre acompañaba a Cristo, aun en las cosas más secretas: como cuando se trasfiguró en el monte Tabor, y cuando resucitó a la hija de Jairo, príncipe de la sinagoga, y cuando se apartó a orar en el huerto. Él fue en cuya barca entró Nuestro Señor para predicar desde ella a la gente, que a la orilla del mar oía Sus dulcísimas palabras, dejando las otras naves, para darnos a entender que en la nave de Pedro se había de enseñar la doctrina celestial y evangélica.

Finalmente, Pedro fue a quien Dios escogió por Su Vicario en la Tierra, y por único y universal Pastor de toda Su Iglesia, y a quien dio las llaves del tesoro de ella, y la disposición del precio inestimable de Su Sangre y de nuestra Redención; y para que fuese digno Ministro y Pastor Suyo le adornó de todas las gracias y virtudes que había menester. Le dio grande humildad, con la cual, habiendo cogido en una redada muy gran cantidad de peces en el lugar que el Señor le señaló, después de haber estado toda la noche pescando en vano, asombrado y atónito, como fuera de sí, se arrojó a Sus pies, suplicándole que se apartase de él, porque él era pecador e indigno de estar en Su compañía. Y cuando Cristo le quiso lavar los pies, con la misma humildad y espanto dijo aquellas palabras: «Señor, ¿Vos me laváis los pies?». Y conociendo su indignidad añadió: «No me lavaréis los pies para siempre jamás:» aunque después obedeció, y se los dejó lavar por la amenaza que el Señor le hizo. Le dio gran fe, con la cual ilustrado, traspasando todas las cosas visibles y criadas, conoció con verdadero y cierto conocimiento que Cristo era Hijo de Dios vivo y Dios verdadero, y por tal le confesó, y en pago de esta sublime y admirable confesión le dio el Señor la primacía de toda Su Iglesia. Le dio un dulcísimo y tierno amor, con el cual amaba a Cristo, y deseaba estar siempre con Él, y no apartarse un punto de Su lado.

Y de aquí vino que cuando algunos discípulos le dejaron, escandalizados por la doctrina que ellos no entendían de Su Cuerpo y Sangre, y Él dijo a los quedaban: «¿Queréis vosotros también iros?» Pedro respondió: Dómine, ¿ad quem ibimus? Verba vitæ æternæ habes: Señor, ¿á dónde iremos que más valgamos? Pues Vuestras palabras dan vida, y sin Vos desfalleceremos y moriremos. De este amor nacía el decir en el monte Tabor: «Señor, bien estamos aquí;» porque estando con Cristo le parecía que en ninguna parte podía estar mejor; y el exhortarle que no muriese, porque como hombre aun no sabía el Misterio inefable de nuestra Redención. Por este mismo amor quiso saber en aquella última y sagrada cena quién era el traidor que había de vender a Cristo, porque si lo supiera lo despedazara con los dientes (como dice San Juan Crisóstomo). De este mismo amor procedió el echarse en el mar dos veces para venir a Cristo, porque no lo sufría el corazón aguardar tanto, ni que llegase el barco en que él estaba con los otros apóstoles. Por este mismo amor se ofreció con gran denuedo y esfuerzo a cualquiera trabajo, peligro y muerte por Cristo, aunque para que conociese su flaqueza, y que era hombre y se compadeciese después de sus hermanos, y mereciese más llorando su culpa, y haciendo toda la vida tan áspera penitencia por ella, que no comía sino pan y unas aceitunas, o como San Gregorio Nacianceno dice, lupinos (que son los que llamamos altramuces), y cuando mucho unas yerbas o legumbres; permitió el Señor que le negase y cayese. Este mismo amor le hizo en el huerto echar mano del acero y oponerse al escuadrón de tantos soldados y gente armada, y herir al siervo del sumo sacerdote, pensando que aquel negocio se había de llevar por armas, porque aún no entendía la dispensación de Dios; y fue tan grande y tan extremado este amor de Pedro para con Cristo, que el mismo Señor le preguntó tres veces si le amaba más que todos los otros apóstoles; y confesando él lo mucho que le amaba, le encomendó su ganado y le hizo Pastor universal de Su Iglesia; y así comenzó a ejercitar su oficio, y luego que subió Cristo, Nuestro Redentor, al cielo, cuando estando los apóstoles y discípulos todos juntos en el Cenáculo, les propuso, como cabeza, que eligiesen otro en lugar de Judas, y cayó la suerte sobre San Matías, y fue contado en el número de los doce Apóstoles. Después que vino el Espíritu Santo, Pedro fue el primero que predicó a los judíos el Misterio escondido de la Cruz, con tan grande espíritu y fervor, que en un sermón convirtió tres mil, y en otro cinco mil almas al conocimiento y amor de Jesucristo, nuestro Salvador.

El fue el primero que hizo milagros en prueba de la doctrina evangélica, comenzando de aquel cojo desde su nacimiento, que cada día se ponía a la puerta del templo para pedir limosna; al cual San Pedro tomó de la mano, y le levantó y sanó con grande admiración y espanto del pueblo. Y fueron tantas las maravillas y prodigios que Dios obró por San Pedro, echando los demonios de los cuerpos y sanando a todos los que venían a él de cualquiera enfermedad, que de otras ciudades y de toda la comarca de Jerusalén traían los enfermos y los ponían en las plazas, para que cuando él pasaba, tocando la sombra de su cuerpo a alguno de ellos, todos quedasen sanos: lo cual no se lee de otro Santo, ni aun de Cristo, nuestro Redentor; porque en esta parte quiso que Su siervo se aventajase más e hiciese mayores milagros, no por su virtud, sino por la de su Señor. Y no solamente sanaba el doliente a quien tocaba la sombra de Pedro, sino que tocando a uno sanaban todos los que allí estaban, como lo notó San Crisóstomo, y parece que lo significa San Lucas en aquellas palabras: «Ponían (dice) en las plazas a los enfermos en sus lechos, para que viniendo Pedro su sombra tocase a alguno de ellos, y todos quedasen libres de sus enfermedades.»

Y no fue el menor de los milagros de San Pedro el haber caído a sus pies muertos Ananías y Safira, marido y mujer, los cuales, habiendo ofrecido a Dios un campo que tenían, y vendido le trajeron el precio de él, y le echaron a los pies de los apóstoles, pero no entero ni cumplido, sino defraudado, y tomado para sí parte de la moneda en que le habían vendido, castigando el Señor por la boca de Pedro, como de juez supremo, aquella infidelidad, y enseñando a todos la sinceridad y verdad con que quiere ser servido, y el rigor con que aun en esta vida castiga algunas veces a los que se dejan cegar de la codicia, y no dan a Dios enteramente lo que le prometen, para ejemplo y escarmiento de los demás. El mismo Pedro fue el que lleno de Espíritu Santo, cuando los príncipes de los judíos les mandaron que no hablasen ni enseñasen en el Nombre de Jesús, con gran constancia y fortaleza respondió que no podían dejar de hablar lo que habían visto y oído, y obedecer antes a Dios que a los hombres.

Él, por parecer y acuerdo de los otros apóstoles, fue con San Juan a Samaria para que los que en ella habían creído recibiesen el Espíritu Santo. Él fue el primero que por particular revelación de Dios, que le hizo con aquel lienzo misterioso lleno de serpientes y sabandijas, predicó el Evangelio a los gentiles, y convirtió a Cornelio, centurión, y a los de su casa, y con sus palabras les comunicó el Espíritu Santo y el don de lenguas. Porque quiso Nuestro Señor que el que era cabeza de toda la Iglesia fuese el primero que predicase a los judíos y a los gentiles que en ella se habían de juntar, como en un rebaño, y conocer, obedecer y reverenciar a Pedro, y a cualquiera legítimo sucesor suyo por su Pastor.

Además de esto anduvo el Santo Apóstol alumbrando con su doctrina y admirando con sus milagros a todos los pueblos de Judea, entre los cuales fueron señalados el que hizo sanando en Lida a un hombre, llamado Eneas, que estaba paralítico ocho años había en una cama, y el que hizo en Jope, resucitando a Tabita, mujer piadosa y muy limosnera, y penetró e ilustró las provincias de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, echando en ellas los fundamentos de nuestra santa religión, ordenando Sacerdotes y Obispos, y asentando todo lo que era necesario para el buen gobierno de las iglesias. Y habiendo llegado a la ciudad de Antioquía, visitándolas y haciendo oficio de vigilante y solícito Pontífice, padeció muchos baldones y grandes afrentas al principio, y puso en ella su Cátedra Pontifical, a la cual acudían los fieles como a un oráculo en todas sus dudas y dificultades. Siete años estuvo en Antioquía la Cátedra de San Pedro, no de manera que todos estos años viviese el Santo Apóstol en aquella ciudad sin salir de ella, porque teniendo sobre sí el peso y gobierno de todas las iglesias, era necesidad ir a otras partes; pero dícese que tuvo la cátedra siete años en Antioquía, porque allí residía comúnmente lo más del tiempo.

Viniendo una vez a Jerusalén fue preso por mandado del rey Herodes, el cual, por ganar las voluntades de los judíos, hizo degollar a Santiago el Mayor, hermano de San Juan, Evangelista; y para darles entero contento determinó matar también a San Pedro, como principal caudillo de los cristianos y cabeza de los demás. Toda la Iglesia sintió por extremo este golpe, y se puso en oración continua y fervorosa, suplicando a Nuestro Señor que librase a Pedro de las manos de Herodes, y le guardase del lobo carnicero, para que aquel rebaño suyo no se derramase y desfalleciese, faltándole su Pastor; y el Señor le libró de la manera que en los Hechos apostólicos se escribe. Y habiéndose cumplido ya doce años después de la subida de Cristo a los cielos, en los cuales Él había mandado a Sus Apóstoles (según lo escriben muchos y graves autores) que predicasen a los judíos, y no a los gentiles, y siendo ya llegado el tiempo de llevar la luz evangélica y el estandarte de Cristo por todo el mundo, se dividieron los Apóstoles, y cada uno tomó aquella provincia que por inspiración e instinto del Espíritu Santo le cupo.

Nuestro Apóstol San Pedro por particular revelación del Espíritu Santo vino a Roma, así para fundar en ella su Silla Apostólica y hacer cabeza de la Iglesia católica aquella ciudad, que era Señora y cabeza del imperio, como para convencer a Simón Mago, enemigo capital del Evangelio, que había venido a Roma, y con malas y diabólicas artes traía embaucada la gente, y se vendía por dios, y como a tal le habían puesto una estatua. Porque el demonio, viendo y conociendo que por la virtud de la Cruz había de ser echado del mundo y privado de la silla, que como tirano había usurpado de Dios, y que los ídolos habían de ser derribados, y debilitadas sus fuerzas, procuró para remedio de los daños que temía, levantar una nueva sinagoga y oponerla a la Iglesia del Señor, que comenzaba ya a florecer, y con tanta gloria se había de extender y amplificar por toda la redondez de la Tierra. Para esto tomó por instrumento a Simón Mago, y le contrapuso a Simón Pedro, para que lo que el uno obraba con la verdad y Espíritu del Cielo, el otro lo deshiciese con la mentira y con el espíritu de Satanás: y así como San Pedro, en Nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, iba fundando la Iglesia Católica, así Simón Mago, fingiendo que era dios padre, hijo y espíritu santo, con una vana y diabólica ostentación engañase a los pueblos y los apartase de la verdadera creencia y conocimiento del Señor. San Pedro con la doctrina del cielo hacía varones celestiales a los que la oían y creían, y Simón Mago con su falsa predicación trastornaba la gente. San Pedro con verdaderos milagros y prodigios confirmaba su doctrina, y Simón Mago con aparentes y fingidos, y por arte mágica y diabólica deslumbraba los ojos flacos de los que le trataban. Finalmente, él fue un ministro del demonio tan eficaz, que San Ignacio con mucha razón le llama primogénito de Satanás, y San Justino, Ireneo y Epifanio y otros Santos dicen que fue maestro y fuente de todos los errores y herejías.

Comenzó esta contienda entre los dos Simones en Samaria, de donde era natural Simón Mago, porque habiendo venido a ella San Pedro y San Juan, y recibido los fieles al Espíritu Santo por la imposición de las manos de los Santos Apóstoles, Simón, espantado de ver aquella maravilla y codicioso de alcanzar tan gran poder, ofreció dineros a los Apóstoles porque le diesen aquella gracia de comunicar el Espíritu Santo por sus manos, creyendo que el don de Dios se podía comprar con dineros, y San Pedro se le afeó y le exhortó a hacer penitencia. Y habiéndose descabullido Simón de aquella ciudad, y predicando por otras su falsedad y mentira, y pervirtiendo los pueblos por donde pasaba, el glorioso San Pedro le siguió en algunas provincias, y le fue a los alcances para deshacer las tinieblas de sus malas artes y desengañar a los que le habían creído y le tenían por una virtud soberana de Dios. Y como Simón, huyendo del Santo Apóstol, hubiese venido a Roma, el Señor mandó a San Pedro que él también viniese a ella para echarle de aquella ciudad y quitar aquel estorbo tan grande a la religión cristiana, y establecer en ella la Cátedra Pontifical, como dijimos.

Partió San Pedro de Antioquía para Roma, acompañado de su discípulo San Marcos, que después escribió el Evangelio, y de Apolinar, a quien hizo Obispo de Ravena, y Marcial, a quien envió a Francia, y Rufo, a quien hizo Obispo de Capua, y algunos otros Santos, discípulos y compañeros; y como escribe Metafrastes, llegó a Sicilia, y por tradición se tiene que estuvo en Nápoles, y hoy día se reverencia un lugar donde se dice que el Santo Apóstol dijo Misa. Entró en Roma a los 18 de enero del año del Señor de 44, y en el segundo del imperio de Claudio, según la más probable opinión de Eusebio y San Jerónimo, aunque otros dicen que fue el tercero de su imperio y el 15 de Cristo; y en este día celebra la Santa Iglesia la Cátedra de San Pedro en Roma, como en su festividad se dijo. Y fue día dichosísimo para aquella ciudad, y para todo el mundo, que había de ser ilustrado con los rayos de su luz y bañado de los ríos caudalosos, que de la Silla de Pedro, como de fuente perpetua y divina, se habían de derivar por toda la Tierra y fertilizar todas las provincias, regiones y naciones del mundo. Y así San Pedro, volviendo los ojos por todas ellas, y abrazándolas con su vigilancia y cuidado pastoral, las proveyó de Pastor, y envió por toda Italia, Francia, España, África, Sicilia y otras islas, Obispos y Sacerdotes que las enseñasen y alumbrasen con los resplandores del Evangelio. A Sicilia envió a Pancracio, Marciano, Berillo y Felipo; a Capua, a Prisco; a Nápoles, a Aspernate; a Terracina, a Epafrodito; a Nepe, a Ptolomeo; a Fiesoli, a Rómulo; a Luca, a Paulino; a Ravena, a Apolinar; a Verona, a Eutropio; a Padua, a Prosdocimo; a Pavía , a Siro; a Aquileya, primero a Marcos y después a Hermagora; a Francia, a Marcial, Materno, Valerio, Sixto, Trófimo, Sabiniano y Juliano; a España, a Torcuato, a Tersifonte, Secundo, Indalecio, Cecilio, Esiquio, Eufrasio y otros. Y aun Metafrastes escribe que el mismo Santo Apóstol vino a España y pasó a Inglaterra, derramando por todas partes, como un sol resplandeciente, su claridad, y los rayos de la Divina Luz; porque como Pastor universal tenía cuidado de todos y a todos proveía, y San Cipriano llama a la Iglesia romana Matriz, porque, no sólo la iglesia de Cartago había recibido de ella la fe, sino también las de Mauritania y Numidia, que eran sufragáneas de la de Cartago; y San Gregorio, Papa, escribiendo a los Obispos de Numidia, les dice que habían recibido los principios de la fe del Apóstol San Pedro, y por esto Inocencio I, Sumo Pontífice, en una epístola que escribe a Decencio afirma que de San Pedro y de sus sucesores fueron enviados por el mundo los Obispos y Sacerdotes que plantaron la fe y fundaron las iglesias en muchas provincias y naciones.

No se puede fácilmente creer el fruto que el Santo Apóstol hizo en Roma, así deshaciendo los embustes y artificios diabólicos de Simón Mago (que por la venida de San Pedro por entonces huyó de aquella ciudad), como alumbrando a los que le oían con la doctrina evangélica y con las maravillas que Dios obraba por él, con gran contradicción de los judíos que se le oponían, y con esta ocasión alborotaron y turbaron la ciudad. Por donde el emperador Claudio, el noveno año de su imperio, los mandó salir a todos de Roma, como gente inquieta y revoltosa. Por este mandato del emperador salió también San Pedro de Roma (si ya antes no había salido), ordenándolo así Nuestro Señor para que con su presencia visitase las iglesias de Oriente, y celebrase en Jerusalén el primer Concilio que se hizo en la Iglesia, y compusiese en él las diferencias y debates que habían nacido entre judíos y gentiles, que se habían convertido a nuestra santa fe, que eran muy pesadas y muy graves. Porque (como se escribe en los Hechos apostólicos) los judíos convertidos con el celo de su antigua ley querían que los gentiles juntamente con el Bautismo se circuncidasen, afirmando que de otra manera no se podían salvar; y los gentiles no querían sujetarse a la circuncisión, entendiendo (como era verdad) que por la fe de Cristo, Nuestro Señor, el Santo Bautismo y las buenas obras alcanzaban la salud eterna. Y pasó tan adelante esta contienda, que para determinar lo que se había de hacer fue necesario que San Pablo y San Bernabé fuesen a Jerusalén y propusiesen esta cuestión a San Pedro y a Santiago el Menor, Obispo de aquella ciudad, y San Juan Evangelista, y algunos otros de los más principales discípulos del Señor. En aquel Concilio se definió, conforme al parecer de San Pedro, que no se echase carga tan pesada a los gentiles, como pretendían los judíos, pues sola la gracia de Nuestro Señor Jesucristo es causa de nuestra salud; y formaron el decreto de lo que habían de guardar, y le enviaron con los mismos San Pablo y San Bernabé, y con Judas y Silas, dos de los más principales hermanos, con tan gran resolución y autoridad, que dicen en él los apóstoles: «Ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros no cargaros ni obligaros a más que guardaros y absteneros de los manjares que han sido ofrecidos a los ídolos, y de la fornicación.»

Acabados los negocios que al Santo Apóstol se le ofrecieron en Jerusalén y Judea, y partes de Oriente, volvió a Roma, pasando por Egipto y por África, como escribe el Metafrastes. Apresuró su camino San Pedro, por entender que Nerón, el cual había sucedido en el imperio a Claudio, era amicísimo de magos y nigrománticos, y en todas partes los buscaba y honraba, y había hecho llamar a Simón Mago (que en tiempo de Claudio, su predecesor, por la venida de San Pedro se entiende había huido de Roma, como dijimos), y le tenía en gran reputación, creyendo que fuese Dios o alguna virtud divina, porque este primogénito de Satanás (como escribe Anastasio Niceno), por arte de encantamiento y diabólica fingía muchas cosas aparentes, que admiraban y suspendían a los circunstantes. Hacia caminar las estatuas, tomaba figura de serpiente y de otras bestias, andaba sobre el fuego sin quemarse, volaba por el aire, convertía las piedras en pan, abría las puertas cerradas sin tocarlas, quebraba las cadenas y prisiones, soltando a los que estaban atados, y con ellos obraba cosas semejantes a éstas, vanas, fingidas y aparentes, con las cuales traía encantada y arrobada toda la ciudad. Además de esto, habiéndose en Roma encendido un fuego horrible y espantoso, que duró seis días y siete noches, según Suetonio y Tácito, que abrasó buena parte de la ciudad (ahora fuese acaso, ahora, como graves escritores dicen, por mandado secreto del mismo emperador), tomando Nerón esta ocasión para perseguir a los cristianos como autores de aquel incendio, había movido la primera persecución contra la Iglesia, y con exquisitos y muy atroces tormentos hecho morir a muchos de ellos (como lo escriben los mismos autores gentiles).

Por esta crueldad de Nerón los cristianos que vivían en Roma estaban muy afligidos, arrinconados y desmayados; y como ovejas despavoridas y descarriadas tenían necesidad de su Pastor que las recogiese y amparase, y defendiese del león bravo y furioso (que así llama a Nerón San Pablo), que las pretendía tragar. Y aunque ya era venido a Roma el mismo San Pablo, y con su presencia consolaba y esforzaba a los cristianos, todavía vino San Pedro, como Obispo particular de Roma y Pastor universal de todo el rebaño del Señor, por las razones aquí referidas.

Llegado a Roma, y consolados y animados los fieles con su vista, entró el Santo Apóstol en batalla con Simón Mago, su grande adversario y competidor, y después de varias altercaciones y disputas dijo el Santo Apóstol que trajesen allí un difunto, y que el que de los dos le resucitase fuese tenido por predicador de la verdad. Se trajo el muerto, y aunque al principio Simón Mago con sus hechizos y arte diabólico hizo que la cabeza del difunto al parecer se moviese, y el pueblo que estaba presente creyese que le había dado vida, al cabo el que era muerto se quedó muerto, y se descubrió el engaño de Simón, y San Pedro, haciendo oración, le resucitó allí delante de todos los circunstantes, que por este milagro quedaron convencidos de la verdad del Santo Apóstol, y de la mentira de Simón. El cual, como enojado y despechado por la resistencia que San Pedro le hacía, y porque los romanos no le daban tanto crédito como él deseaba, les dijo que, pues eran tan insensatos que dejaban a él y creían a Pedro, que él mandaría a sus ángeles que en su presencia y en sus ojos le llevasen por el aire, y subiría al cielo, de donde los castigaría con extrañas calamidades. Habiéndose señalado un día de domingo en que había de volar, escribe San Agustín por relación de muchos, que el Santo Apóstol ayunó y mandó ayunar a todos los fieles el día antes, que fue sábado, para que Nuestro Señor le diese victoria de tan pernicioso enemigo, como se la dio. Porque venido el día señalado, Simón delante del pueblo subió en un lugar alto y eminente, y llevándole por el aire los demonios comenzó a volar y subir hacia el cielo, con gran admiración de todo el pueblo, que había concurrido a este espectáculo, y movido de un tan extraño prodigio daba voces, creyendo que Simón fuese (lo que él decía) santo y verdadero Dios. Mas el glorioso Apóstol San Pedro, viendo la turbación del pueblo y la liviandad de Simón, y los embustes de los demonios, volviendo los ojos al cielo con gran humildad y confianza, hizo oración al Señor, y mandó a aquellos espíritus infernales que le soltasen y le dejasen allí caer. Al momento le soltaron, y él cayó y se quebró las piernas, para que no pudiese andar por tierra el que había querido subir al cielo, y perdiese el uso de los pies el que había tomado alas para volar; y se viese cuanto más poderosa era la oración del Apóstol que la presunción del mago, y la virtud de Dios para derribarle que el poder de los demonios para llevarle. No quiso San Pedro que cayese muerto, para que tuviese tiempo aquel miserable de reconocerse y arrepentirse, y para que el pueblo, viéndole vivo, más se confirmase en la verdad; pero al día siguiente murió Simón en Ariza, pueblo cerca de Roma, donde se hizo llevar. Muy victorioso y glorioso quedó San Pedro, habiendo dado cabo a una hazaña tan memorable, y quebrantado y destruido aquel monstruo infernal que inficionaba y arruinaba toda la Tierra. Los fieles quedaron muy consolados, los gentiles admirados y confusos, y el emperador Nerón rabioso y furioso, porque había perdido un grande amigo y tan excelente en aquella arte de nigromancia que él tanto estimaba, y embraveciéndose contra San Pedro y San Pablo, los mandó prender: para lo cual ayudó otra causa que no fue la menor.

Entre los romanos que habían recibido la fe por la predicación de los Santos Apóstoles había muchas mujeres y matronas, que juntamente con el Bautismo habían recibido la gracia y don de la castidad, y procuraban guardarla con gran recato y vigilancia, dando de mano a todo deleite sensual, y a los gustos y entretenimientos de la vida pasada. En el número de estas mujeres hubo dos, las cuales, habiendo sido antes amigas del emperador y tenido ruin trato con él, se apartaron de su conversación sin poderlas él con blanduras y amenazas atraer a su voluntad. Como Nerón era tan carnal como cruel salió de sí, y ciego con la pasión, juzgando que no había de haber en el mundo quien le resistiese o no se sujetase a su querer, entendiendo que aquellas mujeres, por ser cristianas, no lo hacían, convirtió su saña contra los maestros de aquella doctrina que enseñaba tales costumbres y tal castidad. La cual, así como es virtud celestial y propia del Evangelio, así los predicadores de él siempre la encomendaron y encarecieron a los fieles; y para que más la estimasen ordenó el Señor que algunos de sus mayores privados y amigos muriesen en defensa de la castidad, como San Juan Bautista y San Mateo, Apóstol y Evangelista, y los dos príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, de quienes aquí tratamos.

Estuvieron los Santos Apóstoles presos nueve meses en una cárcel llamada de Mamertino, tenebrosa y penosa, aunque no sin gran provecho de los soldados y guardas que los tenían a su cargo. Porque Proceso y Martiniano, que eran los principales, y otros muchos, por la predicación del Apóstol San Pedro se convirtieron a nuestra santa fe y fueron ilustres mártires del Señor. Y para que no faltase agua para bautizarlos, de la misma peña salió una fuente que hoy día se ve en Roma en la misma cárcel, sin haber faltado hasta ahora, corriendo con tanta copia de agua, que algunos días entre año, en que los fieles concurren con gran devoción a visitar la cárcel de los gloriosos Apóstoles, bebiendo del agua de esta fuente nunca se seca, ni deja de dar la que la gente para su refrigerio ha menester.

Se acercaba el tiempo en que los Santos Apóstoles habían de morir. Lloraban muchos cristianos y se enternecían por la falta que les habían de hacer aquellos dos ojos y columnas de la Iglesia. Pidieron a San Pedro, como a su querido Pastor, con muchas lágrimas y sollozos, que saliese de la cárcel y se ausentase para su bien de ellos. Y puesto caso, que el Santo Apóstol deseaba morir por el Señor, fue tanta la instancia e importunidad que hicieron, que vencido de sus ruegos y lágrimas salió de la cárcel y de Roma para esconderse por algún tiempo; pero Nuestro Señor Jesucristo (como escribe San Ambrosio, San Gregorio y Hegesipo) le apareció en un lugar que se llama Sancta Maria ad Passus, en el cual hasta hoy día está edificada una capilla, entre San Juan de Letrán y San Sebastián; y viendo el Apóstol a su buen Maestro, y conociéndole le dijo: ¿Dómine, quo vadis? Señor, ¿adónde vais? Y Él le respondió: «A Roma voy para ser crucificado otra vez.» Luego entendió San Pedro que Cristo, que ya es inmortal y glorioso, no había de ser más crucificado en su propia persona, sino en la de su siervo, en la cual quería de nuevo morir, y volviendo atrás entró en Roma y se fue a la cárcel, aparejado para morir, consolando y animando a los fieles con la visión que había tenido, y exhortándolos a conformarse con la Voluntad del Señor.

Se dio sentencia de muerte contra los Santos Apóstoles, en que se mandaba que Pedro, como judío, fuese crucificado, y Pablo degollado, como ciudadano romano. Les azotaron crudamente antes de llevarlos al suplicio, y en la Iglesia de Santa María Transpontina, que es de los padres carmelitas, se muestran y reverencian hoy día en Roma las columnas a las cuales fueron atados cuando los azotaron. Después los sacaron de la cárcel y los llevaron fuera de la ciudad por la puerta llamada Trigemina, u Ostiense, porque va a la ciudad de Ostia; y despidiéndose el uno del otro, y dándose ósculo de paz, con grande amor y ternura, los apartaron y llevaron, a San Pedro a una parte alta y eminente del Vaticano, que ahora se llama Monsaureus: el Monte de Oro, por ventura por haber sido en él crucificado el príncipe de la Iglesia. Allí le desnudaron y enclavaron en la cruz, con inestimable gozo y alegría del beatísimo Apóstol, por la merced que recibía del Señor, dándole ocasión de imitarle, y con aquel tormento y muerte de cruz corresponder de la manera que pedía al amor entrañable e inmenso con que el mismo Señor en otra cruz había dado Su Vida por él. Y teniéndose por indigno de estar en la cruz en aquella forma y figura que su Maestro y Señor había estado, rogó a los ministros de justicia que le crucificasen la cabeza abajo y los pies arriba, posponiendo con su grande humildad su mayor pena a su mayor devoción. De esta manera acabó el curso de su peregrinación el príncipe de los Apóstoles San Pedro, imitando con su muerte la muerte, y con su cruz la cruz de Cristo, y plantando la religión cristiana, y regándola con su sangre en aquella ciudad que en aquel tiempo era señora del imperio, y después por la cátedra y sucesión de San Pedro había de ser cabeza de todos los fieles que están derramados por el universo, siendo más extendida y dilatada por la jurisdicción espiritual que ahora tiene que jamás lo fue por la potestad temporal. El cuerpo de San Pedro con gran reverencia y devoción tomó Marcelo presbítero, y con ungüentos olorosos y especias aromáticas le enterró con gran solemnidad en una parte del Vaticano, muy lejos de donde había sido crucificado.

Tumba de San Pedro en las grutas vaticanas.

Fue San Pedro alto de cuerpo, aunque no abultado, blanco de rostro y descolorido; los cabellos de la cabeza y los pelos de la barba eran crespos, espesos, pero no largos; los ojos negros y como teñidos en sangre por las muchas lágrimas que derramaba, y particularmente cuando oía el canto del gallo, y se acordaba que había negado al Señor; las cejas rasas y casi despobladas; la nariz larga y no aguda, sino corva y algo remachada.

Tuvieron los Santos antiguos tanta devoción a las imágenes de los príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, que san Agustín escribe que las solían los cristianos pintar a los lados de la imagen de Cristo, Nuestro Salvador. Y Eusebio Cesariense afirma haber visto las imágenes antiguas de estos dos Apóstoles, y en la iglesia de San Pedro, en Roma, se guardan hasta hoy las que tenía San Silvestre, Papa, y las mostró a Constantino, emperador, cuando por revelación y aviso de los mismos Santos Apóstoles le hizo buscar para ser enseñado de él y bautizado. El cual emperador tuvo tanta devoción con San Pedro, que le edificó un suntuosísimo templo en Roma, y él mismo, dejando la púrpura imperial, sacó doce espuertas de tierra para hacer los cimientos de él. Y todos los demás emperadores, reyes y príncipes cristianos han tenido en suma veneración aquel templo, en que están sus preciosas reliquias; y muchos de ellos le han visitado, y quitadas sus coronas imperiales se han postrado delante de ellas, y tendidos por el suelo, besado los umbrales de sus puertas, mostrando con esta piadosa y humilde devoción las ventajas que hace el pobre pescador de Cristo a la soberanía y majestad del emperador terreno. Y de todas las partes del mundo van multitud de fieles en romería para alcanzar dones y beneficios del Señor por la intercesión y merecimientos de Su Vicario y Apóstol glorioso. Y no solamente después que se hizo aquel templo tienen los cristianos esta devoción con él, sino aun en tiempo de los emperadores gentiles, cuando más brava y cruda era la persecución contra los cristianos, venían de Persia y de otras partes muy remotas a Roma con gran piedad, para reverenciar aquel santo lugar y encomendarse al patrocinio de San Pedro, juzgando que debajo de su amparo y protección estarían seguros, como se ve en los actos de muchos mártires. Y hasta los Obispos solían venir a Roma de diversas partes para celebrar la fiesta del Apóstol con mayor solemnidad, como se saca de San Paulino en la epístola trece, que escribió a Severo, y en la diez y seis a Delfino. Y los santos Pontífices Anacleto y Zacarías mandaron que todos los Obispos una vez cada año visitasen los templos de los Apóstoles, y San Gregorio, Papa, lo ordenó así a los Obispos de Sicilia. Y San Cleto tercero, Papa, después de San Pedro, y mártir del Señor, en una epístola dice que el visitar la iglesia de San Pedro era de mayor merecimiento que el ayunar dos años. Y san Gregorio confiesa que la ciudad de Roma sin gente armada y casi sin defensa entre las espadas y armas de los longobardos, había sido guardada de Dios por el patrocinio de San Pedro. Y hasta los bárbaros e impíos príncipes tuvieron siempre tanto respeto a las iglesias de San Pedro y San Pablo, que Alarico, rey de los godos, cuando entró en Roma y la saqueó, mandó que se guardasen inviolablemente aquellos templos, y no se tocase a cosa de ellos ni de sus ministros, ni a persona que a ellos se acogiese. Y Teodora, emperatriz hereje, mandando a Antemio que prendiese al Papa Vigilio en cualquier parte que estuviese, añadió: «Fuera de la iglesia de San Pedro;» porque aunque era extremada su rabia y furor contra Vigilio, e igual a su impiedad, no se atrevió la perversa emperatriz a perder el respeto a aquel templo, que de todo el mundo era venerado, y violándole, ofender al Santo Apóstol, a quien Dios tanto engrandeció y enriqueció con tan larga mano. Porque cierto parece cosa de grande admiración ver las gracias, privilegios y prerrogativas que sobre todos los mortales y sobre todos los otros Apóstoles el Señor dio a San Pedro. Porque de todos Sus Apóstoles a solo Pedro mudó el nombre, de manera que le durase y fuese propio suyo; y de Simón le llamó Pedro o Cefas, que es lo mismo, para darnos a entender que le daba lo que aquel nombre significaba, haciéndole piedra fundamental de Su Iglesia. A él particularmente hizo la revelación de Su Divinidad y de la distinción de las Personas Divinas, y de la Encarnación del Verbo y de los misterios de nuestra santa fe, que son altísimos e incomprensibles a la razón humana.

A Pedro se da siempre en las Sagradas Letras (como dijimos), el primer lugar entre todos los Apóstoles, no porque fuese mayor de edad, pues era menor que su hermano San Andrés, ni por haber sido llamado de Cristo antes que todos, sino porque era el primero en la elección del Señor, y cabeza de los demás; y por eso le mandó Cristo pagar el tributo por sí y por el mismo Pedro, como por padre de familias y pastor de todos; y así él solo anduvo sobre las aguas, como lo notó San Bernardo, como anduvo Cristo, y por esta causa él echó las redes por Su mandado, y cogió tantos y tan grandes peces dos veces milagrosamente, para denotar con la una la Iglesia militante, y con la otra la triunfante, como escribe San Agustín. A Pedro prometió y dio el Señor las llaves de Su Iglesia. Por Pedro especialmente hizo oración para que no faltase su fe, y para que ayudase y esforzase a sus hermanos. A Pedro solo bautizó Cristo por Su mano entre todos los Apóstoles, como lo escribe Evodio, Obispo de Antioquía, y Clemente Strometeo. Pedro fue el primero a quien lavó los pies, según San Agustín. A Pedro apareció después de resucitado, primero que a ningún otro de los Apóstoles. A solo Pedro dijo Cristo la muerte que había de morir. Pedro es la boca de todos los Apóstoles, él habla por todos, y como dijimos, es el primero que promulgó el Evangelio a los judíos; y para confirmarle, hizo el primer milagro y condenó como juez supremo a Ananías y Safira, y por revelación de Dios abrió la puerta a la conversión de los gentiles, bautizando a Cornelio, centurión.

Por Pedro, como por cabeza de toda la Iglesia, hacia ella continua y fervorosa oración, cuando le tenía preso Herodes. Pedro es el que junta concilio y preside en él, y decreta lo que se ha de seguir; porque éste era su oficio, y aquello se había de tener por cierto y seguro que él enseñaba. Por eso dice San Pablo que fue a Jerusalén a ver a Pedro; porque aunque era vaso de Dios escogido para predicar el Evangelio, quiso conferirlo con el príncipe de toda la Iglesia, como lo notaron San Crisóstomo, San Ambrosio, San Jerónimo y Ecumenio. A solo Pedro apareció Cristo visiblemente, y le dijo aquellas palabras: «Voy a Roma para ser crucificado otra vez.» Finalmente, toda la Iglesia Católica ha reconocido siempre y reconoce a Pedro por Pastor único y universal, y ha reverenciado por primaciales y patriarcales las Iglesias que fundó San Pedro, que son la romana, alejandrina y antioqueña. Porque aunque la Iglesia alejandrina no la fundó San Pedro por su misma persona, la fundó por la de su discípulo San Marcos, Evangelista, el cual la edificó con título de San Pedro; de manera que aun viviendo el glorioso Apóstol tuvo Iglesia dedicada al Señor en su nombre, como lo escribe el cardenal Pedro Damiano en un sermón de San Marcos, Evangelista.

También la Santa Iglesia celebra la fiesta de sola la Cátedra de San Pedro, no celebrando la de los otros Apóstoles. Y antiguamente (como dice Atico, Obispo), en las letras que llamaban formadas, y eran como un símbolo patente de que usaban los cristianos católicos para conocerse, ayudarse y hospedarse cuando peregrinaban, después del nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ponían los fieles el nombre del príncipe de los Apóstoles, venerándole sobre todos y reconociendo en él el amor y liberalidad inestimable con que el Señor le hizo Pastor de Su rebaño, padre de su familia, maestro de su escuela, cabeza del cuerpo de Su Iglesia, capitán general de Su ejército, depositario y dispensador de Su tesoro, Portero del Cielo, Príncipe sobre todos los reyes y príncipes de la tierra, y principalísimo Ministro de Sus Merecimientos y de Su Sangre; que con estos y otros semejantes títulos le alaban y honran los santos doctores. Y el divino Dionisio Areogapita le llama suprema gloria y ornamento soberano, y pilar o estribo, o columna fortísima y antiquísima de todos los teólogos. Ha sido tan respetado el nombre de Pedro, que ninguno de sus sucesores ha osado en su asunción llamarse Pedro.

Escribió San Pedro dos epístolas canónicas de las cuales usa la Iglesia, y de lo que predicó en Roma escribió su Evangelio San Marcos, intérprete y discípulo suyo, el cual San Pedro aprobó y mandó que se leyese en las iglesias. Otros libros (como refiere Eusebio y Sofronio) se dice que escribió, como son el de sus Hechos, el Evangelio de Pedro, el de la Predicación, el Apocalipsis, y el del Juicio; pero todos estos son libros apócrifos, y no recibidos de la Iglesia; aunque Clemente Alejandrino y Orígenes alegan el libro de la Predicación de San Pedro, y Rufino hace mención del libro del Juicio.

Murió el bienaventurado San Pedro a los 29 de Junio del año del Señor de 69, y según Eusebio y San Jerónimo el decimocuarto del imperio de Nerón; aunque el Cardenal Baronio dice que fue el decimotercio, y a los veinte y cinco años de su Pontificado, después que entró la primera vez en Roma, y puso en ella su Cátedra Apostólica: al cual tiempo ninguno de sus legítimos sucesores ha llegado ni vivido tantos años en la Silla de San Pedro.

Sus milagros fueron innumerables, y las alabanzas grandes que de él dicen casi todos los santos doctores de la Iglesia, son tantas que no se pueden referir aquí. Supliquemos al Señor, por los merecimientos y oraciones de este gloriosísimo Apóstol y Pastor nuestro, que nos haga ovejas dignas de su rebaño y de tal pastor, para que oyendo su voz y obedeciendo a su doctrina, y siguiendo sus pisadas, merezcamos entrar en aquellos pastos eternos, donde el Príncipe de los Pastores, Jesucristo (cuyo Vicario fue Pedro), apacienta con Su vista los escogidos, y les da a beber en aquellas corrientes de vida perdurable y sin fin.

(P. Ribadeneira.)

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Tomado de La Leyenda de Oro para cada Día del Año – Vidas de Todos los Santos que venera la Iglesia – Madrid-Barcelona, 1865 – Tomo II, Junio, Día 30, Página 318.

Fue San Pablo pequeño de cuerpo, de rostro blanco; las cejas caídas, la nariz hermosa, corva y larga, la barba asimismo larga y muy poblada: se mostraban en ella y entre los cabellos de la cabeza algunas canas.



San Pablo, Apóstol y Mártir

Son tan grandes los merecimientos de los gloriosísimos príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, y tan inmensos los beneficios que como de sus principales maestros la Santa Iglesia ha recibido del Señor por Su mano, que para mayor reconocimiento de ellos no se contenta con juntar, como suele, a estos dos Apóstoles y celebrar su fiesta en el mismo día en que murieron, sino que para mayor solemnidad se ocupa el día de su martirio en celebrar y regocijar principalmente la festividad de San Pedro, y al día siguiente la de su bienaventurado compañero San Pablo, la cual instituyó (como dice Micrólogo) San Gregorio Magno, primero de este nombre, porque antes, como se saca del poeta Prudencio, solían los Pontífices romanos celebrar con gran solemnidad las fiestas de estos Apóstoles el mismo día de su martirio, la una en la iglesia de San Pedro y la segunda en la de San Pablo, cuya vida escribiremos aquí.

Fue San Pablo hebreo de nación, de la tribu de Benjamín; nació en la ciudad de Tarso (como el mismo Santo lo dice). Tuvo padres honrados y ricos, y de ellos fue enviado a Jerusalén, para que debajo de la disciplina y magisterio de Gamaliel, famoso letrado, fuese enseñado en la ley y ceremonias de Moisés; y él las aprendió con tanto estudio y fervor, que para mejor guardarlas y defenderlas, entendiendo que los discípulos de Cristo les eran contrarios, les comenzó a perseguir, y los pretendió desarraigar de la tierra.

Y no contentándose con haber procurado la muerte del glorioso protomártir San Esteban, y de guardar las capas de los que le apedreaban, para que lo pudiesen hacer más sueltamente y sin tirar él piedra por su mano, apedrearle por las manos de todos, para satisfacer a su saña y furor, y hartarse de la sangre de los cristianos, él mismo se ofreció al sumo sacerdote a perseguirlos, y con sus cartas y gente armada se partió para la ciudad de Damasco, para buscar, prender y traer aherrojados y encadenados a todos los que hallase, hombres y mujeres que creyesen en Cristo, y hacerlos infames y cruelmente morir. Pero en el mismo tiempo que él estaba tan fuera de sí e iba a Damasco, le apareció en el camino el Señor, y cegándole primero con Su Luz, le alumbró, y con Su Voz sonora y poderosa, como trueno, le asombró y derribó en el suelo, y le convirtió, y de lobo le hizo oveja, y de perseguidor defensor de Su Iglesia, y doctor de los gentiles, y vaso escogido, para que llevase Su Santo Nombre por el mundo, como se dijo en el día de su conversión.

Y habiendo estado algunos días en Damasco, y predicado a Jesucristo por verdadero Dios, y el Mesías prometido en las sinagogas de los judíos, con extraordinaria eficacia, vehemencia, admiración y estupor de todos los que le oían y veían la mudanza tan repentina y tan extraña en su persona, se fue a Arabia; y después de haber allí también predicado, se volvió a la ciudad de Damasco, convenciendo y confundiendo a los judíos que había en ella, y probándoles con razones y autoridades evidentes de la Sagrada Escritura que Jesucristo, a quien él antes perseguía, era el verdadero Salvador. Y aunque algunos de los judíos se convertían y abrazaban la verdad, los más eran tan obstinados que se cegaban con la misma luz y convertían en ponzoña la medicina: los cuales de tal manera se embravecieron contra San Pablo, que determinaron quitarle la vida y acabarle, y para poderlo hacer más a su salvo persuadieron a los gobernadores de la ciudad de Damasco que era hombre malvado, embaucador y revoltoso, para que le echasen mano, y en efecto lo pretendieron hacer, y cerraron las puertas de la ciudad para que no se pudiese escapar. Mas como el Señor le guardaba para mayores cosas, los otros discípulos de Cristo le descolgaron de noche por una ventana que caía a la parte del muro de la ciudad, metido en un serón, y queriéndose acompañar con los otros discípulos del Señor, ellos huían de él, como de enemigo cruel; porque aún no sabían que ya no lo era, sino discípulo (como ellos) de Cristo, y predicador de Su Evangelio, hasta que San Bernabé, que había estudiado en la misma escuela de Gamaliel y sido condiscípulo de San Pablo, y tenido amistad con él, le habló y trató, y sabiendo la misericordia que Dios había usado con él y cuán trocado estaba, le abrazó, y con grande regocijo y alegría le llevó a los otros Apóstoles. Y el mismo Santo les contó lo que le había acontecido en el camino de Damasco, y la manera con que Dios le había llamado, y convertido, y lo que después le había sucedido en la misma ciudad de Damasco, alabando todos al Señor por aquella gracia que con Su Mano poderosa había hecho a Su Iglesia, sacando agua viva de la dura peña, y de las tinieblas luz, y de un bravo y rabioso perseguidor un valeroso caudillo y esforzado capitán y defensor de la Iglesia.

No se puede explicar con pocas palabras ni fácilmente creer lo que este santísimo Apóstol trabajó y padeció en cultivar la viña del Señor. Las peregrinaciones que hizo, las tierras que anduvo, las ánimas que convirtió al Señor, y el modo con que las convirtió, que fue enseñándoles una doctrina aprendida del cielo, e inflamándoles con el fuego de su encendida caridad y con el ejemplo de sus admirables y divinas virtudes, y con una paciencia invencible con que sufría las persecuciones y encuentros de Satanás, y de sus ministros, que le acosaban y afligían; y con los milagros continuos y espantosos que Dios obraba por él, porque así como le había escogido como vaso precioso para llevar y derramar por todo el mundo el ungüento oloroso y saludable de Su Santísimo Nombre, y testificar a los reyes y príncipes, a los judíos y gentiles, que era el Salvador del linaje humano; así fue necesario que le adornase con su espíritu soberano, para que con él pudiese cumplir con tan alto oficio y resistir a todos los asaltos y dificultades que se le ponían delante. Porque primeramente, hablando de las regiones que este sol divino alumbró con la luz del Evangelio, él mismo dice de sí que desde Jerusalén hasta la Esclavonia y Dalmacia, y todas las tierras circunvecinas, había predicado el Evangelio, y le había predicado en las partes donde antes no había sido oído ni otro había predicado. Porque no edificó el glorioso apóstol sobre fundamento ajeno, antes sobre los cimientos que él echó, otros edificaron. Y en estas peregrinaciones de San Pablo es mucho para notar que algunas veces el Señor le revelaba adónde había de ir, y a quiénes había de predicar; y otras, queriendo él predicar, se lo estorbaba, como aconteció una vez, cuando (como escribe San Lucas), el Espíritu Santo le prohibió que predicase en Asia la Menor; y otra, cuando en sueños le apareció un hombre de la provincia de Macedonia, que por ventura era el Ángel que la tenía a cargo, y le rogaba que pasase allá y que los ayudase; y luego se puso San Pablo en camino para Macedonia, teniendo por cierto que el Señor le llamaba, y con aquella revelación le mandaba que predicase en Macedonia el Evangelio; porque los juicios de Dios son secretísimos e incomprensibles, y aunque no los entendamos los debemos reverenciar, y no carecen de razón, la cual en este hecho pudo ser querer el Señor alumbrar a los de Macedonia por la predicación de Su Apóstol, porque en aquella sazón estaban dispuestos para recibirla, y los de Asia por ventura no lo estaban, y fuera para mayor condenación suya, si no obedecieran a la doctrina del Evangelio que se les predicaba. Y también pudo ser la causa de esto el querer el Señor que por entonces el Apóstol sembrase en otra tierra, donde había de coger más fruto y aguardar que la de la provincia de Asia estuviese más dispuesta para recibir el riego del cielo, que sobre ella había de derramar a su tiempo el Evangelista San Juan, que fue el Maestro y Príncipe de todas las iglesias de Asia.

En todos los lugares en que anduvo el Apóstol ganó innumerables almas para el Señor, por la fuerza de su predicación y por la admirable y divina doctrina que les enseñaba, la cual no había aprendido de los hombres, ni tenido otro maestro de Su Evangelio, sino el que solo lo es, y le había escogido para tan alto ministerio, y se lo había revelado. Había subido al tercer cielo, donde oyó aquellas palabras misteriosas e inefables que con lengua humana no se pueden explicar; bebió de la misma Luz, se abrasó en aquel Fuego Divino, y quedó tan lleno, tan resplandeciente, tan encendido, que no podía dejar de regar y bañar la tierra con sus corrientes, y alumbrarla con sus resplandores, e inflamarla con sus ardores, y con las llamas que salían de su pecho. Y si es verdad (como lo afirman San Agustín, San Anselmo, Santo Tomas y otros graves autores), que San Pablo en aquel rapto vio la Esencia Divina (dado que otros son de contrario parecer), y aunque por poco tiempo fue bienaventurado, como creemos, quedó el alma de este bienaventurado Apóstol. ¿Cuán rica de tesoros? ¿Cuán adornada de dones? ¿Cuán ilustrada de la Ciencia del cielo? Y ¿cuán abrasada de Amor Divino, y por toda la vida, con qué rastros y memorias de lo que había pasado por él? Y así San Pablo en todo lo que enseñó y escribió fue como intérprete y comentador del Evangelio, porque los evangelistas cuentan la vida y muerte del Señor con un estilo llano e histórico, sin encarecer la grandeza de los misterios; mas sobre este canto llano envió Dios a San Pablo, como cantor divino, que echase el contrapunto, descubriendo la caridad de Dios, dándonos a Su Hijo benditísimo y las riquezas y tesoros que están escondidos en Cristo.

Y por esto dice San Juan Crisóstomo, cuando estaban los otros Apóstoles y discípulos del Señor con San Pablo, siempre le daban el lugar de predicar, porque él era la boca de todos, y que por esto tenían los gentiles a Pablo por Mercurio, y a Bernabé por Júpiter; porque Pablo era el que hablaba por todos, y con su elocuencia los admiraba y alumbraba. Esta elocuencia de San Pablo fue tan estupenda, que dice el mismo San Crisóstomo, hablando de ella, estas palabras: «No nos espanta a nosotros tanto el trueno como la voz de Pablo espantaba a los demonios; porque si ellos huían de sus vestidos, cuanto más huirían de su voz, la cual fue la que los venció y cautivó, la que limpió el mundo, la que sanó las enfermedades, desechó la maldad y restituyó la verdad, que estaba desterrada, y tuvo siempre a Cristo sobre sí, porque el Señor siempre le acompañó, y do quiera que anduvo fue con él, y así como Dios está sentado sobre los querubines, así lo estuvo sobre la lengua de Pablo, por la cual habló Cristo tantos y tan inefables misterios, y mayores que no por sí mismo: porque así como obró mayores cosas por sus discípulos que por sí mismo, así también las habló, y el Espíritu Santo pronunció tantos oráculos, tan admirables y divinos.» Todo esto es de San Juan Crisóstomo.

Y San Jerónimo, hablando de esta misma elocuencia de San Pablo, dice que cuando leía sus epístolas le parecía que oía truenos y no palabras, y que eran como relámpagos y rayos. Y en otra parte dice estas palabras: «El vaso de elección, la trompeta del Evangelio, el bramido de nuestro león, el trueno de las gentes, el río de la elocuencia cristiana, nos declara el misterio escondido a los siglos pasados y el profundo abismo de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios, de tal manera que más parece estar absorto y suspenso en la consideración de ella que poder hablar y manifestar lo que tenía en su pecho.» Hasta aquí son palabras de San Jerónimo, declarando la ciencia y elocuencia de San Pablo, y aquel afecto interior admirable que tenía dentro y no cabía en sí, sino que rebosaba y se comunicaba con tan gran fuerza a los demás, que trocaba los corazones y los trasformaba en Dios.

Porque no consiste la elocuencia de San Pablo en palabras elegantes y exquisitas, ni en floreo y retórica humana, que deleita el oído y deja seco el corazón de los oyentes, y vano el del orador, sino (como él mismo dice) sus pláticas y sus sermones no eran adornados de palabras afectadas y compuestas para persuadir, sino de fuerza de Espíritu de Dios, que se servía de ellas como de saetas agudas para penetrar las almas y compungirlas, y atraerlas al conocimiento y amor de la verdad. Pero no se contentaba el apóstol con dar pasto a las almas de sus ovejas y repartir el pan de la doctrina evangélica a los hambrientos y necesitados; pero también tuvo cuidado de proveer a los cuerpos y de socorrer a los menesterosos para que no pereciesen de hambre corporal. Porque habiendo sucedido, imperando Claudio, una hambre grandísima y universal (la cual antes que sucediese Agabo, profeta y discípulo del Señor, había anunciado), y padeciendo los nuevos fieles que en Jerusalén se habían convertido extrema necesidad, el glorioso Apóstol, movido de su caridad, procuró que los otros cristianos que en diversas partes estaban esparcidos los socorriesen, contribuyendo cada uno con lo que podía; y juntando en uno todas aquellas limosnas, él mismo las llevó a Jerusalén en compañía de San Bernabé. Asimismo procuró, no sólo enseñar la doctrina que Dios le había revelado, mas también que se conservase pura y sincera, y que en todo se reconociese la virtud y eficacia de la gracia de Cristo, y que por Sus Merecimientos, con las obras de la gracia evangélica, nos salvamos sin tener necesidad de guardar la ley de Moisés, ni la circuncisión y las otras ceremonias de los judíos, como algunos de los nuevamente convertidos pretendían. Para lo cual, como se hubiese levantado una cuestión sobre esta materia, con gran porfía entre los judíos y los gentiles, para decidirla y resolverla con autoridad de San Pedro y de los otros Apóstoles fue otra vez San Pablo con su compañero San Bernabé a Jerusalén, donde en un Concilio en que presidió San Pedro se determinó aquella cuestión de la manera que dijimos en su vida. Mas volviendo a San Pablo, no solamente alumbraba el Santo Apóstol las gentes con la luz de su doctrina, y las inflamaba y movía con las palabras abrasadas de su divina elocuencia; pero también las atraía y convertía a la fe de Cristo, con los muchos milagros que el mismo Señor por él obraba. Entre los cuales fue uno, que estando el Apóstol en Chipre, en la ciudad de Pafo, halló un falso profeta y mago, de nación judío, llamado Bariesu, que era grande lazo del demonio, y estorbo para que un caballero romano, principal y prudente, que era procónsul, y se llamaba Sergio Paulo, no recibiese la fe. El apóstol, lleno de Espíritu Santo, mirándole con rostro grave y severo, le dijo: «¡Oh, hijo del demonio!, lleno de malicia y engaño, y enemigo de toda justicia, ¿hasta cuándo has de ser tropiezo y embarazo de los caminos derechos del Señor? Pues para castigo de esta tu maldad la mano del Señor viene sobre ti, y serás ciego, sin poder ver el sol por algún tiempo.» Y con estas palabras de repente allí luego cegó el mago, y el procónsul Paulo se convirtió, y por haber sido el primer caballero romano y persona tan ilustre y de tan alta dignidad que había recibido la fe de Cristo, San Pablo tomó su nombre, como dicen San Jerónimo y San Agustín, y de Saulo se llamó Paulo; y San Lucas, en el libro de los Hechos apostólicos, que hasta este milagro siempre le había llamado Saulo, de allí adelante le nombra Paulo: aunque Orígenes dice que desde su nacimiento tuvo los dos nombres de Saulo y de Paulo, y otros autores dicen que trocó en el Bautismo el nombre, y no falta quien diga que lo mismo es en latín Paulo, que Saulo en hebreo, y que tomó el apóstol el nombre de Paulo por ser más usado entre los romanos y gentiles, con quien había de tratar. Pero San Juan Crisóstomo es de parecer que Dios le mudó el nombre, como a Simón, llamándole Pedro, y de esta opinión son Teodoreto, Teofilacto y Ecumernio.

Otro milagro fue, que en la ciudad de Listris sanó a un hombre que era cojo de su nacimiento y nunca había andado, ni tenido uso de sus pies, por aquel milagro, asombrado el pueblo, le quisieron adorar, y sacrificarle toros, y ofrecerle coronas, aunque poco después le apedrearon. En la ciudad asimismo de Filipo, en Macedonia, dice San Lucas que sanó el Apóstol una moza que tenía el espíritu pitónico, y adivinaba y descubría por arte del demonio las cosas hurtadas y ocultas, y por vía de encantamiento traía embaucada la gente y daba mucha ganancia a sus amos. La cual, o porque Dios se lo hacía decir para que sus siervos fuesen conocidos, o porque el demonio pretendía estorbarles su oración y hacerlos caer en alguna gloria vana, muchas veces iba tras San Pablo y sus compañeros, y decía a gritos: «Estos hombres son siervos de Dios excelso, los cuales os muestran el camino de la salud.» Y el Apóstol San Pablo, compadeciéndose de ella, se volvió una vez y dijo al demonio: «En nombre de Jesucristo, te mando que salgas de esta mujer,» no queriendo ser loado de él, y luego salió el demonio, y la moza quedó libre. Pero sus amos, viendo que habían perdido lo que con aquel mal espíritu solían ganar, movieron contra ellos toda la ciudad, y los azotaron y maltrataron gravemente, y los echaron en la cárcel y aprisionaron. Mas estando orando aquella noche tembló la cárcel y se abrieron las puertas, y se manifestó en ellos la virtud de Dios, y al día siguiente los libraron.

En la ciudad de Traade, predicando una vez San Pablo, y con el fervor de su espíritu alargando la plática hasta la media noche, un mozo, llamado Eutiquio, que la estaba oyendo desde una ventana alta, vencido del sueño cayó de ella en el suelo, y luego murió, y el apóstol abrazándole le restituyó la vida con grande admiración y consuelo de los circunstantes. Finalmente, dice el evangelista San Lucas, hablando de los milagros de San Pablo, que no eran comunes y ordinarios, sino extraordinarios y exquisitos, y que con poner sus lienzos y pañuelos más viles sobre los enfermos y endemoniados todos quedaba libres de sus dolencias y de los demonios que los atormentaban; y el mismo Apóstol, hablando con los de Corinto, dice: «Las señales de mi apostolado ha obrado Dios sobre vosotros, en toda paciencia, en milagros y prodigios, y en obras maravillosas.». Y no hay duda sino que fueron innumerables, admirables y muy provechosos los milagros que hizo Dios por San Pablo, para confirmación de Su Evangelio y conversión del mundo.

Pero el mayor de todos a mi ver, y el mayor testimonio de la doctrina que predicaba, era la vida que vivía. La cual no era vida de hombre mortal, sino de hombre venido del cielo: era vida de hombre en quien vivía y por quien hablaba y obraba Dios, y que con verdad pudo decir: «Vivo yo, más ya no yo, sino Cristo vive en mí.» Y: «Mi vida es Cristo, y el morir es ganancia para mí.» Y: «Nuestra vida y nuestra conversación está en el cielo.» Y: «¿Queréis prueba para saber cierto que Cristo habla en mí?» De manera que San Pablo era un retrato de Cristo, y no tanto vivía vida natural por el alma, que era forma de su cuerpo y le daba ser, cuanto vida sobrenatural y divina, por el aliento y espíritu que le comunicaba la gracia del Señor. ¿Qué trasformado estaba en Cristo el que decía que no sabía otra cosa sino a Cristo, y Cristo crucificado? ¿El que decía: «No permita Dios que yo me gloríe sino en la cruz de mi Señor Jesucristo, por el cual el mundo me aborrece y yo aborrezco al mundo?» ¿El que todas las cosas transitorias de este mundo pisaba y las tenía por basura, por ganar, abrazar y poseer a Cristo? ¿Qué fuego de amor divino, y que incendio padecía el que desafiaba a todas las adversidades, y con tanto fervor decía: «¿Quién nos apartará de la caridad de Cristo? ¿Por ventura la tribulación o la aflicción, la hambre, la desnudez, el peligro, la persecución, el cuchillo? Yo soy cierto que no me podrá apartar de la caridad de Dios, que manifestó en su Hijo Jesucristo, Señor nuestro, ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades del cielo, ni los bienes presentes, ni los venideros, ni la fortaleza, ni la alteza, ni la profundidad, ni otra cosa alguna que esté en el cielo ni en la tierra?»

¿Con qué copia e ímpetu se derivaba este río de fuego de amor en los prójimos y en todo el mundo, pues siendo tan grande como es, no henchía el corazón de Pablo y mil mundos fueran pocos para él? ¿Qué caridad tenía para con sus enemigos el que, hablando de los judíos, que tanto le perseguían y procuraban desarraigar de la tierra, dice que deseaba ser anatema y apartado de Cristo por ellos, a trueque de librarlos de la ira del Señor? ¿El que enfermaba con los enfermos, y se afligía con los afligidos, y se consumía y abrasaba de dolor cuando alguno se escandalizaba y caía? ¿El que para todos era padre y madre, y ama amorosa, que con la leche de su dulcísima doctrina sustentaba como a niños tiernos a los nuevamente convertidos? ¿Qué desinteresado era el que no buscaba las haciendas, sino las almas de los que trataba? ¿El que por no serles cargoso ni manchar la gloria del Evangelio que predicaba, se sustentaba con el trabajo de sus manos y con su sudor, y habiéndose empleado todo el día en la salud de los prójimos gastaba las noches en hacer riendas de cuero para tener un pedazo de pan que comer? No porque no pudiese tomar lo necesario de aquellos a quienes predicaba, que sí podía, y ellos se lo debían, y los Apóstoles así lo usaban; mas porque los judíos, a quienes los otros predicaban, tenían por costumbre proveer a sus padres y maestros espirituales de lo que habían menester para su sustento, y no se escandalizaban que lo recibiesen, como se escandalizaran los gentiles a quienes San Pablo predicaba, si él lo tomara de ellos con menoscabo del Evangelio.

Pues ¿qué diré de las otras virtudes admirables de este glorioso Apóstol? ¡Qué fe tan viva, qué esperanza tan firme, qué templanza tan excelente, qué justicia tan igual, qué prudencia tan divina, qué fortaleza y constancia tan acabada y perfecta! ¡Qué penitencia y rigor en castigar y domar su cuerpo, para no aprovechar a otros con daño suyo y quedar seco, regando y fertilizando los campos ajenos! Basta oír las palabras que él mismo dice de sí, que son éstas: «Si son ministros de Cristo, más lo soy yo, ejercitado en muchos trabajos, encarcelado más veces que no ellos, lastimado con llagas sobremanera, y muchas veces en peligro de la muerte. Cinco veces he sido azotado de los judíos, y recibido en mi cuerpo cada vez treinta y nueve golpes, según su ley. Tres veces he sido herido con varas, y una vez apedreado. Tres veces he dado al través y padecido naufragio. Una noche y un día he estado en el profundo del mar, peregrinando toda la vida, pasando peligros de ríos, de ladrones, de judíos, de gentiles, en la ciudad y en la soledad, en el mar y en la tierra, y de los falsos hermanos, cansado por los trabajos y fatigado por las angustias, y consumido de las vigilias, de hambre y sed, de los continuos ayunos, del frio y desnudez.»

Y en otro lugar: «Hasta la hora presente estamos muertos de hambre y sed, y andamos desnudos y abofeteados, sin tener morada cierta en que nos acoger, trabajando con nuestras manos. Nos maldicen, y nosotros bendecimos: padecemos persecución, y estamos fuertes, y la sufrimos con alegría: somos blasfemados, y nosotros rogamos por los que nos blasfeman. Finalmente, somos tenidos y tratados como el desecho del mundo, como un poco de polvo, horrura y basura de la tierra, y como hombres que los gentiles sacrifican por todo el pueblo, para aplacar la ira de sus falsos dioses.»

Pero ¿quién dignamente podrá referir aquella profundísima humildad, raíz y fundamento de todas las virtudes que tuvo este bienaventurado apóstol? El cual, con ser tan excelente y aventajado sobre todos, que cuando se dice Apóstol absolutamente se entiende por eminencia el Apóstol San Pablo; él mismo dice de sí: «Yo soy el mínimo de todos los Apóstoles e indigno de ser llamado apóstol, porque perseguía la Iglesia de Dios» Y en otro lugar dice: «Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el mayor. Mas Dios me ha perdonado para mostrar Su longanimidad y paciencia, y con este ejemplo mover a los creyentes que esperasen en Su Divina Misericordia, y de esta manera alcancen la vida eterna.»

Y para magnificar más la sobreabundante misericordia de Dios, dice que había sido blasfemo y perseguidor, y vaso de ira y de contumelia. Pero lo que más se debe considerar es, para conservar en esta humildad tan necesaria e importante a su apóstol, y preservarle de la vanidad y complacimiento de sí, que le podían causar tantas y tan grandes revelaciones divinas, y la predicación del Evangelio con tanto fruto y aplauso, y los milagros sin número que obraba, Nuestro Señor permitía que el estímulo de la carne le afligiese y apretase, y le hiciese conocer que era hombre y necesitado del favor de Dios, y que le pidiese tres veces que le librase de él y no lo alcanzase, porque así le convenía para conocer su flaqueza y ser fuerte en Dios, y no en sí. Porque hacía Dios con Su apóstol lo que los romanos con el que triunfaba, y que saliendo el senado romano y toda la ciudad con gran pompa y aparato a recibirle, y yendo los cautivos delante, y los soldados y ejército victorioso acompañándole, y todo el pueblo aclamando al triunfador, iba también detrás un esclavo, que entre las alabanzas y voces de la gente decía: «Acuérdate que eres hombre;» para que el que así triunfaba con aquel aviso conociese lo que era, y no se desvaneciese con las voces, alabanzas y aclamaciones que oía de los otros en su loor. Esto mismo hizo el Señor con San Pablo, cuando con tanta gloria triunfaba del mundo, dándole como esclavo el estímulo de la carne, que algunos Santos dicen, que era lo que suena, para que le dijese: «Acuérdate que eres hombre;» porque no hay cosa que más nos haga conocer nuestra flaqueza y miseria que ésta. Y otros dicen que eran las enfermedades y persecuciones que el Santo Apóstol padecía, que fueron tales y tantas, especialmente las de los judíos, y sufridas con tan espantosa paciencia y alegría, que ponen admiración. Porque como si el Apóstol fuera un enemigo común y cruel de todo el linaje humano, así los judíos le perseguían en todos los lugares, tiempos y ocasiones, procurando darle la muerte con grande ahínco y vehemencia, como si en ella estuviera la conservación de la vida de cada uno de ellos.

Y de tal manera alguna vez le apretaron, que el mismo Apóstol dice de sí estas palabras: «Queremos, hermanos, que sepáis la tribulación grande que hemos tenido en Asia, la cual nos ha afligido sobremanera, y sobre nuestras fuerzas, y nos ha angustiado tanto, que nos daba fastidio la misma vida: todas las cosas pronosticaban y amenazaban la muerte, y como ya desahuciados y sin remedio, nosotros mismos la esperábamos, permitiéndolo Dios para que aprendiésemos a no confiar en nos, sino en aquel Señor que resucita los muertos, y con su poderoso brazo nos libró y libra de tan grandes peligros.» Y en otro lugar dice: «Yo me gozo en mis enfermedades, en las contumelias, necesidades, persecuciones y aflicciones que padezco por Cristo; porque cuanto en mí soy más flaco y abatido, tanto soy más fuerte y poderoso en el Señor.»

Habiendo Nuestro Señor librado muchas veces a Su Apóstol de manos de los judíos quiso que una vez cayese en ellas para ser más glorificado, y para que tuviese ocasión de ir preso y encadenado a Roma, y manifestar en aquella ciudad, que era cabeza del mundo, y en el mismo palacio del emperador, que señoreaba, el Nombre de Cristo, que por este medio quería triunfar y sujetar la grandeza y majestad del imperio romano debajo de los pies de un pobre oficial y siervo Suyo, acusado, aprisionado y tenido por el desecho del mundo; y fue de esta manera. Iba el apóstol a Jerusalén, y llegado a Cesarea, el profeta Agabo, tomando el cíngulo de San Pablo, se ató con él los pies y las manos, y dijo con instinto del Espíritu Santo: «De esta manera ataron los judíos en Jerusalén al dueño de este cíngulo, y le entregarán en manos de gentiles.» Y como oyendo esto los otros discípulos rogasen al apóstol que se librase de aquel peligro y no pasase a Jerusalén, él con grande ánimo y constancia les dijo: «¿Qué hacéis? ¿Por qué lloráis y me afligís? Yo no solamente estoy aparejado para ser atado, sino para morir en Jerusalén por el Nombre de mi Señor Jesucristo.» Fue a Jerusalén, porque no se lo pudieron estorbar con ruegos y lágrimas. Entró en el Templo a hacer oración. Le vieron algunos judíos venidos de Asia, y alborotando el pueblo echaron mano de él, y con grandes voces y alaridos le arrastraron y sacaron fuera del Templo, dándole muchos golpes, y sin duda le acabaran si el tribuno o el maestre de campo Claudio Lisias, temiendo alguna sedición, no acudiera luego con su gente de guerra y se les quitara de las manos.

Le envió Lisias á Félix, presidente de Judea, con relación de lo que pasaba; y Félix, después de haber oído las quejas y cargos que los judíos le hacían, y sus descargos, como no pudo sacar el interés que esperaba de San Pablo, por dar contento a los judíos, al cabo de dos años que le tuvo le dejó en la cárcel, remitiendo su causa a Festo, que en el gobierno de Judea le había sucedido; porque el Señor estimó en más el provecho que Su Apóstol y vaso escogido había de recibir en su alma aquellos años de prisión, que el gran fruto que, estando libre, en los otros pudiera hacer. Festo, por congraciarse con los mismos judíos (los cuales querían matar a San Pablo en el camino), le convidó a ir a Jerusalén, para que allí más despacio se viese y examinase su negocio; mas el apóstol, entendiendo las asechanzas que le tenían aparejadas, y animado con una revelación que el Señor le había hecho, en la cual le dijo: «Seas constante, porque así como has dado testimonio de Mí en Jerusalén, así es necesario que le des en Roma.»

Apeló al tribunal de César, y fue enviado en una nave con un centurión y muchos soldados al mismo emperador, el segundo año de su imperio, como dice Eusebio, a los veinte y cinco de la Ascensión, como escribe San Jerónimo, mandando a los acusadores que pareciesen en Roma, y delante del César siguiesen su causa.

La navegación fue muy trabajosa y peligrosa, y todos se tuvieron por perdidos, y sin duda se perdieran, si el Señor, por las oraciones de Su Apóstol, no los salvara, a quien envió un Ángel, certificándole que no padecería nadie, y que Dios les daba las vidas de todos los que estaban con él. Finalmente, pasando una terribilísima tempestad por muchos días, y habiendo estado catorce días sin comer, perdiéndose la nave en que iban, se salvaron todas las personas, que eran doscientas y sesenta y seis, y por los merecimientos y oraciones del Apóstol dieron en la isla de Malta, donde fueron acogidos de aquellos isleños y bárbaros, que por salir la gente mojada de la mar, y ser tiempo lluvioso y frio, encendieron lumbre para abrigarlos. Y como el Apóstol tomase algunos sarmientos para cebar el fuego, una víbora, que estaba entre ellos, sintiendo el calor, saltó fuera, y asió la mano de Pablo, y quedó colgada de ella. Los bárbaros vieron esto, y unos a otros decían: «Sin duda que éste debe de ser algún homicida y mal hombre; pues habiendo salido con tanto trabajo de la mar, sus pecados le persiguen (porque como hombres ciegos no sabían que no siempre las penas que da Dios en esta vida son castigo de culpas, ni todas las culpas son castigadas acá, y que Nuestro Señor muchas veces da bienes temporales a los malos, y males a los buenos en este mundo porque así conviene a la disposición de Su Divina Providencia.)» Mas el apóstol, sacudiendo la víbora, la echó en el fuego sin lesión alguna. Y como los bárbaros estuviesen atentos y viesen que no se hinchaba, ni caía, ni moría, ni había recibido daño alguno, comenzaron con otro nuevo y mayor pasmo a decir que aquel no era hombre, sino Dios. Con este milagro, y con haber sanado San Pablo al padre de Publio, señor de aquella isla, que estaba enfermo y fatigado con calenturas y otras enfermedades, le trajeron todos los enfermos de la isla, a los cuales curó y dio salud.

Después que el apóstol estuvo en la isla de Malta, y en ella le sucedió lo que hemos referido de la víbora, para memoria de cosa tan señalada, y mayor gloria del mismo Apóstol, ha sido Dios servido que las serpientes de aquella isla no sean ponzoñosas ni hagan daño. De allí siguió el Apóstol su navegación por Zaragoza de Sicilia, por Rijoles de Calabria, por Puzol de Nápoles hasta llegar a Roma, saliéndole a recibir al camino los cristianos que ya había en ella, y abrazándole y reverenciándole como a Apóstol de Jesucristo, y encadenado por Su Amor.

Entró en Roma San Pablo, según el Cardenal Baronio, a los 59 años del Señor, y en el tercero del imperio de Nerón. Estuvo preso dos años con un soldado de guarda, en una casilla que hoy día se muestra en la iglesia de Santa María in vía Lata, que es título de cardenal diácono, donde se dice por tradición que moró San Pablo. En el espacio de estos dos años tuvo muchas disputas y reyertas con los judíos, de los cuales fue acusado y perseguido bravamente. Se examinó su causa delante del mismo emperador, y del senado, y de los pontífices, por ser causa de religión; y porque le vieron tan apretado y acosado, teniendo por cierto que darían sentencia de muerte contra él, muchos de los que le habían acompañado le desampararon. San Lucas acaba la historia de la peregrinación de San Pablo, y el libro de los Hechos apostólicos, en los dos años de la prisión que tuvo en Roma San Pablo, al cual consoló Dios y le visitó, esforzó y libró de la boca del león, que así llama el mismo San Pablo a Nerón, para que acabase el ministerio de la predicación evangélica, que el mismo Señor le había encomendado.

Teniendo ya al cabo de los dos años libertad, y juntándose con el príncipe de los Apóstoles San Pedro, no se puede fácilmente creer el progreso que con dos caudillos tan esforzados y valerosos hizo nuestra religión, y la gente que, despedidas las tinieblas de su ceguedad e idolatría, recibió en Roma la luz del Evangelio. Mas porque San Pablo había sido escogido para llevar el nombre del Señor por el mundo, y manifestar a los gentiles el misterio de nuestra Redención, no se detuvo mucho en Roma, antes (como lo dice Metafrastes y otros autores) fue por Italia y Francia, sembrando la semilla y doctrina del Cielo, y llegó a España, y predicó en ella, y hay rastros hoy día y argumentos no pequeños de ellos; porque en Narbona, que es en la provincia de Languedoc, en Francia, tienen a Paulo el procónsul, que convirtió San Pablo, por su primer Obispo, y dicen haberle dejado allí el mismo Apóstol. Y en Tortosa, en España, se celebra fiesta a San Rufo, uno de los hijos de Simón Cirineo, el que ayudó a llevar la cruz a Cristo, y le tiene aquella ciudad por su prelado, afirmando haberle traído San Pablo, cuando vino a España, donde se convirtió el divino Hieroteo, nuestro español, a quien tanto alaba y ensalza el gran Dionisio Areopagita. Y en la historia de los Santos Mártires Facundo y Primitivo, que fueron españoles, se dice que preguntándoles el juez quién les había enseñado aquella doctrina, respondieron que San Pablo, Apóstol, no porque la hubiesen oído de él mismo (que no le alcanzaron a ver), sino de los que la habían aprendido de San Pablo. Y aun añade Metafrastes que, andando el Apóstol predicando por España con gran fruto, una mujer principal y rica, movida de la fama del Apóstol, deseó mucho verle y oír sus palabras, y que una vez con particular instinto de Dios fue a la plaza y le vio, y pareciéndole hombre blando y de santas costumbres, persuadió a su marido, llamado Probo, que le hospedase en su casa, y así lo hizo; y estando en ella vio en la frente de San Pablo escritas con letras de oro estas palabras: «Paulo, predicador de Cristo;» y movida con esta vista se arrojó a sus pies, y se convirtió, y bautizó la primera, y se llamó Xantipe, y tras ella su marido y los demás.

No sabemos si el Apóstol, de España pasó a África, ni si después que vino de Jerusalén a Roma volvió más a las partes de Oriente. De la caridad de San Pablo se puede presumir que no dejó cosa por hacer que fuese de trabajo suyo, gloria de Cristo y bien de las almas. Mas cuando él se despidió de los Obispos, Presbíteros y cabezas de la iglesia de Éfeso, claramente les dijo que no le verían más; y así se despidieron de él con grandes lágrimas y sollozos, como de hombre que no habían de ver más su cara. Lo que se entiende es que, habiendo gastado el Apóstol ocho años (después que en Roma fue dado por libre) en la predicación del Evangelio, y peregrinado por las provincias que hemos dicho, alumbrándoles con la luz y doctrina del cielo, volvió a Roma a los doce del imperio de Nerón, del cual fue mandado prender juntamente con el Apóstol San Pedro, por las causas que dijimos en su vida: las cuales no hay para qué repetir, ni el modo con que estos Apóstoles fueron sacados de la cárcel, y se despidieron el uno del otro, y finalmente dieron la vida por Cristo. Sólo quiero añadir lo que es propio del Santo Apóstol Pablo, cuya vida aquí escribimos.

Llevaban al suplicio al glorioso Apóstol con grande acompañamiento y estruendo. Llegado a la puerta de la ciudad, vio a una señora nobilísima, llamada Plautila, muy triste y llorosa: le pidió un velo para cubrir los ojos (como era costumbre, a los que cortaban la cabeza), prometiéndole que se le volvería, y ella se le dio con gran voluntad. En el mismo camino se convirtieron tres soldados de los que le llevaban, a la fe de Cristo, que se llamaban Longino, Acesto y Megisto, y fueron mártires, y la Santa Iglesia celebra su memoria a 2 de julio. El lugar donde le degollaron fue el que ahora se llama Las Tres Fontanas, donde después los gentiles hicieron carnicería de los cristianos, y mataron a San Zenón y a diez mil y doscientos y tres soldados, sus compañeros. Allí se puso en oración sosegada y fervorosa, y con grande alegría y júbilo de su corazón tendió el cuello al cuchillo. Pero fue cosa maravillosa (como dice San Crisóstomo) que de la cabeza cortada no salió sangre, sino un río de leche. Y no es maravilla, porque, según dice San Ambrosio, el que como ama daba el pecho a los fieles y los criaba con la leche dulcísima y purísima de su doctrina, derramase en su muerte leche y no sangre, y la misma cabeza por tradición se sabe que dio tres saltos, y con ellos hizo tres fuentes, que hoy día se ven en Roma en el mismo lugar, y son reverenciadas con gran devoción de los cristianos. Y por estos milagros que sucedieron en el martirio de San Pablo, se convirtieron treinta y seis hombres a nuestra Santa religión, como lo afirma San Juan Crisóstomo; y el mismo Apóstol después apareció a Plautila, y le restituyó el velo y sudario que le había prestado para cubrir los ojos. El cuerpo de San Pablo tomó después una señora ilustrísima, llamada Lucina, y le enterró en una heredad suya, con gran reverencia y piedad.

Fue San Pablo pequeño de cuerpo y algo encorvado, de rostro blanco, y que en el semblante mostraba más años de los que tenia; la cabeza pequeña, los ojos graciosos, las cejas caídas hacia abajo, la nariz hermosa, corva y larga, la barba asimismo larga y muy poblada: se mostraban en ella y entre los cabellos de la cabeza algunas canas; su vista era venerable y provocaba a devoción, dando indicio de ser vaso de la Divina Gracia. San Crisóstomo escribe, que San Pablo vivió sesenta y ocho años, y murió a los sesenta y nueve del Señor, y a los trece del imperio de Nerón, según Baronio.

Las alabanzas y grandezas que todos los Santos antiguos y modernos dan a los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo son tantas y tan admirables, que no se pueden recoger en tan breve escritura como ésta, y por mucho que digan todo es poco respecto de lo que queda por decir. San Juan Crisóstomo, hablando con los mismos Apóstoles, dice: «Vosotros sois alabados del mismo Dios; Él os llama luz del mundo; sois más poderosos que los reyes, más valerosos que los soldados, más abastados que los ricos, más sabios que los filósofos, más elocuentes que los oradores, y no teniendo nada lo poseéis todo. Vosotros sois ejemplo de los mártires, corona de las vírgenes, regla de los casados, forma de los monjes, ornamento de los reyes, defensa de los cristianos, freno de los bárbaros, y martirio y confusión de los herejes.» Esto es de San Juan Crisóstomo.

Eusebio Emiseno llama a estos dos Apóstoles dos fuentes que salen del Trono de Dios como de un río impetuoso, para apagar la sed de las almas, dos médicos del cielo, dos saetas agudas, despedidas de la aljaba de Dios; dos trompetas que despiertan con su sonido a los hombres, y dos lámparas que dan luz a todo el mundo. San Gaudencio, Obispo de Bresa, dice que son lumbreras del mundo, columnas de la fe, fundadores de la Iglesia, maestros de la inocencia, y autores de la santidad, y que no se pueden alabar dignamente sino con las palabras del Salvador. San León, Papa, dice en un sermón (que es el primero que hizo de la festividad de estos dos Apóstoles) que aunque en el cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, respecto de los otros Santos, son como los dos ojos de la cara, y que sus merecimientos y virtudes exceden y son mayores que todo lo que de ellos se puede decir, no debemos pensar que entre los dos hay diferencia, porque fueron pares en la elección, y semejantes en el trabajo, y en el martirio iguales. Sería nunca acabar si quisiésemos aquí referir los dichos de los otros Santos en alabanza de estos dos príncipes de la Iglesia. Amémoslos como buenos hijos a sus padres, oigámoslos como discípulos a sus maestros, sigámoslos como ovejas a sus pastores, imitémoslos como a Santos, pidámosles socorro y favor como a bienaventurados, sabiendo que no nos le negarán.

Refiere Gregorio Turonense que un hombre devoto de San Pablo, estando gravemente tentado y desesperado, y teniendo ya el lazo puesto a la garganta para ahorcarse, no dejaba de invocar el nombre del Santo Apóstol, y decir: «San Pablo, ayúdame;» y que al tiempo que así le llamaba se le puso delante el demonio, como una sombra temerosa, dándole prisa para que acabase lo que tenía comenzado; pero que luego le apareció el mismo Apóstol San Pablo, con cuya vista el demonio desapareció, y el hombre miserable volvió en sí, y tuvo arrepentimiento de sus pecados, y con muchas lágrimas pidió perdón de ellos al Señor, e hizo gracias al Apóstol que le había librado de la muerte temporal y eterna. El Señor nos libre de ella por los merecimientos y oraciones de Su Santo Apóstol. Amén.

(P. Ribadeneira.)


Fuente:
https://books.google.co.ve/books/about/La_Leyenda_de_Oro_para_cada_dia_del_a%C3%B1o.html?id=7SEMOaLhxFwC&redir_esc=y
https://es.wikipedia.org/wiki/Tumba_de_San_Pedro
http://www.vatican.va/roman_curia/institutions_connected/uffscavi/documents/rc_ic_uffscavi_doc_gen-information_20090216_sp.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Bas%C3%ADlica_de_San_Pablo_Extramuros

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27 de Junio: Aparece la Pintura milagrosa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (1499).

27 de Junio 
Año: 1499 / Lugar: Creta, Grecia – ROMA, Italia
Apariciones y Milagros de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
Videntes: Un mercader, una familia

Icono Original de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que está en el altar mayor de la Iglesia de San Alfonso.



Apariciones de la Virgen del Perpetuo Socorro

Historia

En el siglo XV un comerciante acaudalado de la isla de Creta (en el Mar Mediterráneo) tenía la bella pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Era un hombre muy piadoso y devoto de la Virgen María. ¿Cómo habrá llegado a sus manos dicha pintura?, no se sabe. ¿Se le habría confiado por razones de seguridad, para protegerla de los sarracenos? Lo cierto es que el mercader estaba resuelto a impedir que el cuadro de la Virgen se destruyera como tantos otros que ya habían corrido con esa suerte.

Por protección, el mercader decidió llevar la pintura a Italia. Empacó sus pertenencias, arregló su negocio y abordó un navío dirigiéndose a Roma. En ruta se desató una violenta tormenta y todos a bordo esperaban lo peor. El comerciante  tomó el cuadro de Nuestra Señora, lo sostuvo en lo alto, y pidió socorro. La Santísima Virgen respondió a su oración con un milagro. El mar se calmó y la embarcación llegó a salvo al puerto de Roma.


La Pintura cae en manos de una familia

Tenía el mercader un amigo muy querido en la ciudad de Roma así que decidió pasar un rato con él antes de seguir adelante. Con gran alegría le mostró el cuadro y le dijo que algún día el mundo entero le rendiría homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Pasado un tiempo, el mercader se enfermó de gravedad. Al sentir que sus días estaban contados, llamó a su amigo a su lecho y le rogó que le prometiera que, después de su muerte, colocaría la pintura de la Virgen en una iglesia digna o ilustre para que fuera venerada públicamente. El amigo accedió a la promesa pero no la llegó a cumplir por complacer a su esposa que se había encariñado con la imagen.

Pero la Divina Providencia no había llevado la pintura a Roma para que fuese propiedad de una familia sino para que fuera venerada por todo el mundo, tal y como había profetizado el mercader.

Nuestra Señora se le apareció al hombre en tres ocasiones, diciéndole que debía poner la pintura en una iglesia, de lo contrario, algo terrible sucedería. El hombre discutió con su esposa para cumplir con la Virgen, pero ella se le burló, diciéndole que era un visionario. El hombre temió disgustar a su esposa, por lo que las cosas quedaron igual.

Nuestra Señora, por fin, se le volvió a aparecer y le dijo que, para que su Pintura saliera de esa casa, él tendría que irse primero. De repente el hombre se puso gravemente enfermo y en pocos días murió. La esposa estaba muy apegada a la Pintura y trató de convencerse a sí misma de que estaría más protegida en su propia casa. Así, día a día, fue aplazando el deshacerse  de la Imagen.

Un día, su hijita de seis años vino hacia ella apresurada con la noticia de que una hermosa y resplandeciente Señora se le había aparecido mientras estaba mirando la Pintura. La Señora le había dicho que le dijera a su madre y a su abuelo que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro deseaba ser puesta en una Iglesia; y, que si no, todos los de la casa morirían.

La mamá de la niñita estaba espantada y prometió obedecer a la Señora. Una amiga, que vivía cerca, oyó lo de la Aparición. Fue entonces a ver a la señora y ridiculizó todo lo ocurrido. Trató de persuadir a su amiga de que se quedara con el cuadro, diciéndole que si fuera ella, no haría caso de sueños y visiones. Apenas había terminado de hablar, cuando comenzó a sentir unos dolores tan terribles, que creyó que se iba a morir. Llena de dolor, comenzó a invocar a Nuestra Señora para que la perdonara y la ayudara. La Virgen escuchó su oración. La vecina tocó la Pintura con corazón contrito, y fue sanada instantáneamente. Entonces procedió a suplicarle a la viuda para que obedeciera a Nuestra Señora de una vez por todas.


Accede la viuda a entregar la Pintura

Se encontraba la viuda preguntándose en qué Iglesia debería poner la pintura, cuando el cielo mismo le respondió. Volvió a aparecérsele la Virgen a la niña y le dijo que le dijera a su madre que quería que la Pintura fuera colocada en la Iglesia que queda entre la basílica de Santa María la Mayor y la de San Juan de Letrán. Esa Iglesia era la de San Mateo, el Apóstol.

La señora se apresuró a entrevistarse con el superior de los Agustinos quienes eran los encargados de la iglesia. Ella le informó acerca de todas las circunstancias relacionadas con el cuadro. La pintura fue llevada a la Iglesia en procesión solemne el 27 de marzo de 1499. En el camino de la residencia de la viuda hacia la Iglesia, un hombre tocó la Pintura y le fue devuelto el uso de un brazo que tenía paralizado. Colgaron la Pintura sobre el altar mayor de la iglesia, en donde permaneció casi trescientos años. Amado y venerado por todos los de Roma como una Pintura verdaderamente milagrosa, sirvió como medio de incontables milagros, curaciones y gracias.

En 1798, Napoleón y su ejército francés tomaron la ciudad de Roma. Sus atropellos fueron incontables y su soberbia, satánica. Exilió al Papa Pío VII y, con el pretexto de fortalecer las defensas de Roma, destruyó treinta iglesias, entre ellas la de San Mateo, la cual quedó completamente arrasada. Junto con la iglesia, se perdieron muchas reliquias y estatuas venerables. Uno de los Padres Agustinos, justo a tiempo, había logrado llevarse secretamente el cuadro.

Cuando el Papa, que había sido prisionero de Napoleón, regresó a Roma, le dio a los agustinos el monasterio de San Eusebio y después la casa y la Iglesia de Santa María en Posterula. Una Pintura famosa de Nuestra Señora de la Gracia estaba ya colocada en dicha Iglesia por lo que la Pintura milagrosa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue puesta en la capilla privada de los Padres Agustinos, en Posterula. Allí permaneció sesenta y cuatro años, casi olvidada.


Hallazgo de la Pintura por un Sacerdote Redentorista

Mientras tanto, a instancias del Papa, el Superior General de los Redentoristas, estableció su sede principal en Roma donde construyeron un monasterio y la Iglesia de San Alfonso. Uno de los Padres, el historiador de la casa, realizó un estudio acerca del sector de Roma en que vivían. En sus investigaciones, se encontró con múltiples referencias a la vieja Iglesia de San Mateo y a la Pintura milagrosa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Un día decidió contarle a sus hermanos Sacerdotes sobre sus investigaciones: La iglesia actual de San Alfonso estaba construida sobre las ruinas de la de San Mateo en la que, durante siglos, había sido venerada, públicamente, una Pintura milagrosa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Entre los que escuchaban, se encontraba el Padre Michael Marchi, el cual se acordaba de haber servido muchas veces en la Misa de la capilla de los Agustinos de Posterula cuando era niño. Ahí, en la capilla, había visto la Pintura milagrosa. Un viejo hermano lego que había vivido en San Mateo, y a quien había visitado a menudo, le había contado muchas veces relatos acerca de los milagros de Nuestra Señora y solía añadir: “Ten presente, Michael, que Nuestra Señora de San Mateo es la de la capilla privada. No lo olvides”. El Padre Michael les relató todo lo que había oído de aquel hermano lego.

Por medio de este incidente los Redentoristas supieron de la existencia de la Pintura, no obstante, ignoraban su historia y el deseo expreso de la Virgen de ser honrada públicamente en esa Iglesia.

Ese mismo año, a través del sermón inspirado de un jesuita acerca de la antigua Pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, conocieron los Redentoristas la historia de la Pintura y del deseo de la Virgen de que esta Imagen Suya fuera venerada entre la Iglesia de Santa María la Mayor y la de San Juan de Letrán. El santo Jesuita había lamentado el hecho de que el Cuadro, que había sido tan famoso por milagros y curaciones, hubiera desaparecido sin revelar ninguna señal sobrenatural durante los últimos sesenta años. A él le pareció que se debía a que ya no estaba expuesto públicamente para ser venerado por los fieles. Les imploró a sus oyentes que, si alguno sabía dónde se hallaba la Pintura, le informaran dueño lo que deseaba la Virgen.

Los Padres Redentoristas soñaban con ver que el milagroso Cuadro fuera nuevamente expuesto a la veneración pública y que, de ser posible, sucediera en su propia Iglesia de San Alfonso. Así que instaron a su Superior General para que tratara de conseguir el famoso Cuadro para su Iglesia. Después de un tiempo de reflexión, decidió solicitarle la Pintura al Santo Padre, el Papa Pío IX. Le narró la historia de la milagrosa Imagen y sometió su petición.

El Santo Padre escuchó con atención. Él amaba dulcemente a la Santísima Virgen y le alegraba que fuera honrada. Sacó su pluma y escribió su deseo de que el Cuadro milagroso de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera devuelto a la Iglesia entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. También encargó a los Redentoristas de que hicieran que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera conocida en todas partes.


Aparece y se venera, por fin, la Pintura de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Ninguno de los Agustinos de ese tiempo había conocido la Iglesia de San Mateo. Una vez que supieron la historia y el deseo del Santo Padre, gustosos complacieron a Nuestra Señora. Habían sido sus custodios y ahora se la devolverían al mundo bajo la tutela de otros custodios. Todo había sido planeado por la Divina Providencia en una forma verdaderamente extraordinaria.

A petición del Santo Padre, los Redentoristas obsequiaron a los Agustinos una linda pintura que serviría para reemplazar a la milagrosa.

La Imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue llevada en procesión solemne a lo largo de las vistosas y alegres calles de Roma antes de ser colocada sobre el altar, construido especialmente para Su veneración en la Iglesia de San Alfonso. La dicha del pueblo romano era evidente. El entusiasmo de las veinte mil personas que se agolparon en las calles llenas de flores para la procesión dio testimonio de la profunda devoción hacia la Madre de Dios

A toda hora del día, se podía ver un número de personas de toda clase delante de la Pintura, implorándole a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que escuchara sus oraciones y que les alcanzara misericordia. Se reportaron diariamente muchos milagros y gracias.

Hoy en día, la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se ha difundido por todo el mundo. Se han construido Iglesias y Santuarios en Su honor, y se han establecido archicofradías. Su retrato es conocido y amado en todas partes.


Signos de la Imagen de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro
(Conocida en el Oriente bizantino como el Icono de la Madre de Dios de la Pasión)

Aunque su origen es incierto, se estima que el Retrato fue pintado durante el decimotercero o decimocuarto siglo. El Icono parece ser copia de una famosa pintura de Nuestra Señora que fuera según la tradición, pintada por el mismo San Lucas. La original se veneraba en Constantinopla por siglos como una Pintura milagrosa pero fue destruida en 1453 por los Turcos cuando capturaron la ciudad. Fue pintado en un estilo plano característico de iconos y tiene una calidad primitiva.

  • Todas las letras son griegas.
  • Las iniciales al lado de la Corona de la Madre, la identifican como la “Madre de Dios” (Theotokos).
  • Las iniciales al lado del Niño “ICXC” significan: “Jesucristo”.
  • Las letras griegas en la aureola del Niño: OWU significan “El que es”.
  • Mientras las Tres Estrellas sobre la cabeza y los hombros de María Santísima indican Su virginidad antes del parto, en el parto y después del parto.
  • Las letras más pequeñas identifican al Ángel a la izquierda como “San Miguel Arcángel”; el arcángel sostiene la lanza y la caña con la esponja empapada de vinagre, instrumentos de la Pasión de Cristo.
  • El Ángel a la derecha es identificado como “San Gabriel Arcángel”, sostiene la Cruz y los clavos.
  • Nótese que los Ángeles no tocan los instrumentos de la Pasión con las manos, sino con el paño que los cubre.
  • Cuando este Retrato fue pintado, no era común pintar aureolas. Por esta razón el artista redondeó la cabeza y el velo de la Madre para indicar Su santidad. Los halos y coronas doradas fueron añadidos mucho después.
  • El fondo dorado, símbolo de la Luz Eterna da realce a los colores más bien vivos de las vestiduras. Para la Virgen el maforion (velo-manto) es de color púrpura, signo de la Divinidad a la que Ella se ha unido excepcionalmente, mientras que el traje es azul, indicación de Su humanidad.
  • En este Retrato la Madona está fuera de proporción con el tamaño de Su Hijo porque es —María— a quien el artista quiso enfatizar.
  • Los encantos del retrato son muchos, desde la ingenuidad del artista, quien quiso asegurarse que la identidad de cada uno de los sujetos se conociera, hasta la sandalia que cuelga del pie del Niño.
  • El Niño Divino, siempre con esa expresión de madurez que conviene a un Dios eterno en Su pequeño Rostro, está vestido como solían hacerlo en la antigüedad los nobles y filósofos: túnica ceñida por un cinturón y manto echado al hombro.
  • El pequeño Jesús tiene en el Rostro una expresión de temor y con las dos manitas aprieta la derecha de Su Madre, que mira ante sí con actitud recogida y pensativa, como si estuviera recordando en Su Corazón la dolorosa profecía que le hiciera Simeón, el misterioso Plan de la Redención, cuyo siervo sufriente ya había presentado Isaías.

En su doble denominación, esta bella Imagen de la Virgen nos recuerda el centralismo salvífico de la Pasión de Cristo y de María, y al mismo tiempo la socorredora bondad de la Madre de Dios y nuestra.

Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro – Iglesia de San Alfonso.

 


Fuente:
http://www.corazones.org/maria/perpetuo_socorro.htm

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26 de Junio: La Virgen del Trompone sana a la vidente que era jorobada, tartamuda y epiléptica (1562).

26 de Junio
Año: 1562 / Lugar: MONCRIVELLO, Italia
La Virgen del Trompone sana instantáneamente a la vidente.
Vidente: Doménica Millianoto, mujer jorobada, tartamuda y epiléptica

Beata Vergine del Trompone



Aparición de la Virgen del Trompone

El 26 de junio de 1562 la Santísima Virgen María se aparece sobre un gran tocón de castaño (en dialecto llamado “trumpa” o “trompone” a Doménica Millianotto: una mujer jorobada, tartamuda y epiléptica que pasaba su vida con dolores y tristezas, consolándose únicamente con la oración. Un día, mientras estaba rezando durante una de sus breves transferencias, pasa delante del “trompone”, cuando de improviso ve aparecer justo sobre el tronco, una luz vivísima, la Virgen Santísima con el Niño Jesús en brazos, que le sonrió amablemente. Al mismo tiempo siente fluir en su pobre cuerpo la vida: la espalda se le endereza, su lengua se desenreda y todos los males se van. Se siente completamente curada.

La Virgen le ha dicho también que deseaba que se edificara en el Trompone una Iglesia, para poder convertirse justo ahí en la distribución de gracias a los que sufren.

La noticia del milagro se difunde de inmediato en los pueblos vecinos. La mujer se vuelve famosa, sus curaciones son evidentes. La gente se dirige al Trompone para rezarle a la Virgen y para llevar a sus propios enfermos al lugar de la Aparición. Se verifican de inmediato nuevos milagros: sanaciones de ciegos, de cojos y de personas golpeadas por varias enfermedades.

Algunos meses después, el 19 de Agosto, pueblo y Clero de Moncrivello se dirigen en procesión al Trompone y sobre un altar móvil, el Sacerdote Giovanni Battista Ferraris celebra una Misa solemne “en honor a Dios y a la Virgen Santísima”, terminada la cual viene sobre puesta la primera piedra de una pequeña iglesia.

El marqués de Moncrivello, Cesare majo, en ocasión de una audiencia en Roma, informa al Papa de los hechos del Trompone. El Papa Pío IV, que de Cardenal había sido Comendatario del hospital SantÁndrea de Vercelli, responde con una Bula, con fecha del 31 de Agosto de 1562, en la cual reconoce la curación de la mujer de Cigliano, toma acto de la devoción suscitada por el acontecimiento y de las numerosas gracias obtenidas, y autoriza la construcción de una Iglesia “sin obligación de pedir la autorización del Ordinario del lugar.

Concede además la indulgencia plenaria a todos los fieles que cada año visiten la Iglesia del Trompone, en ocasión de la Fiesta del Domingo in albis, (I Domingo de Pascua – Domingo de la Divina Misericordia).

Santuario Beata Vergine del Trompone


Fuente:
http://www.aparicoesdenossasenhora.org/es/avm/home

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24 de Junio: Comienzan las Apariciones de la Virgen en Medjugorje (1981)

24 de Junio
Años: 1981-2018 / Lugar: MEDJUGORJE, Bosnia-Herzegovina
Apariciones de la Virgen María, Reina de la Paz (La Gospa)
Videntes: Ivanka, Jakov, Ivan, Vicka, Marija y Mirjana

Reina de la Paz de Medjugorje – La Gospa



Apariciones de la Virgen en Medjugorje

Medjugorje es un pueblo pequeño situado en Bosnia Herzegovina, de lengua y mayoría croata. En la época en que inician las Apariciones pertenece a la Yugoslavia comunista, que soportó la dictadura de Tito, bajo un régimen comunista y ateo. Este sistema político generó numerosas persecuciones contra las religiones presentes allí y especialmente contra la Iglesia Católica, pero a pesar del régimen comunista, los residentes de esta pequeña aldea, en su mayoría cultivadores del tabaco y de la uva, han sido gente católica y muy piadosa, que han conservado siempre su fe. Es justamente aquí, en este enclave, donde la Virgen Santísima se hace presente para hacerle al mundo el último llamado a la conversión.

Su nombre se pronuncia ‘Medyugorie’, que significa “entre montañas”, el terreno es sumamente pedregoso, y efectivamente se encuentra al pie de dos montañas, el Potbrdo (Colina de las Apariciones) y el Krízevac (Monte de la Cruz), y contempla al norte, a lo lejos, una elevada cadena montañosa. Allí, en el Kricevac, en 1933 las mujeres de la aldea construyeron una gran cruz para conmemorar los mil novecientos años de la muerte de Jesucristo, pidiendo por el regreso de sus hombres, que tenían que ir a sitios como Alemania para trabajar.

Desde el comienzo de las Apariciones esta Cruz ha sido objeto de numerosas señales para los habitantes de Medjugorje, quienes la han contemplado iluminada durante la noche o dando vueltas en distintas direcciones. También, en ocasiones, han visto la silueta de la Virgen en vez de la Cruz.

La parroquia de Medjugorje es franciscana y está dedicada a Santiago Apóstol.


Los Videntes

Vicka, Jakov, Mirjana, Ivanka, Marija e Ivan

Seis muchachos, entre los 10 y 16 años, afirman ver a la Virgen desde el 24 de junio de 1981. Hoy ya son adultos. Según su testimonio la Virgen se les sigue apareciendo todos los días a la misma hora y frecuentemente Ella les da mensajes destinados al mundo entero.


Primer Día

El 24 de junio de 1981, aproximadamente a las seis de la tarde, en la zona de la Colina de Crnica, conocida como Podbrdo, los jóvenes Ivanka Ivankovic, Mirjana Dragicevic, Vicka Ivankovic, Ivan Dragicevic, Ivan Ivankovic y Milka Pavlovic vieron una increíblemente bella Mujer joven, con un Niño pequeño en brazos. No les dijo nada, pero les indicaba con gestos que podían acercarse. Sorprendidos y asustados, tuvieron miedo de acercarse, aunque pensaron inmediatamente que era la Virgen.


Segundo Día

Al día siguiente, el 25 de Junio de 1981, los niños quedaron en encontrarse nuevamente en el mismo lugar, esperando ver a la Virgen nuevamente. De repente, un destello de luz. Los niños miraron hacia arriba y La vieron, esta vez sin el Niño. Era indescriptiblemente bella, sonriente y alegre. Les hizo gesto con Sus manos de que se acercaran. Se animaron y subieron hacia Ella.

Inmediatamente cayeron de rodillas y empezaron a rezar el Padrenuestro, Avemaría y Gloria. La Virgen rezaba con ellos, menos el Avemaría.

Después de rezar, la Virgen empezó a hablar con los niños. Ivanka, primero que todo, le preguntó por su madre, que hacía dos meses había fallecido. Y Mirjana pidió a la Virgen alguna señal para dar a la gente, para demostrarles que no estaban ni locos ni mentían, como algunos habían dicho.

La Virgen dejó a los niños con estas palabras finales:

“¡Dios esté con vosotros, Mis ángeles!”

Antes, cuando le preguntaron si la volverían a ver al día siguiente, les contestó asintiendo con la cabeza.

Según los videntes, todo el encuentro fue indescriptible. Ese día, dos de los jóvenes que formaban parte del grupo el primer día, no estaban: Ivan Ivankovic y Milka Pavlovic. En su lugar vinieron otros dos: Marija Pavlovic y Jakov Colo (de diez años). Y desde entonces, la Virgen se les aparece regularmente.

Milka Pavlovic e Ivan Ivankovic, que estuvieron presentes el primer día de las apariciones, no volvieron a ver más a la Virgen, aunque volvían al lugar de las Apariciones con la esperanza de verla.


Tercer Día

El día 26 de Junio de 1981, muy ilusionados los niños, esperaron hacia las seis de la tarde, que era cuando se les había aparecido previamente. Iban hacia el mismo lugar, para encontrarse ahí con Ella.

Estaban muy contentos, aunque al preguntarse cuál sería el resultado de todo ello, su alegría se mezclaba con temor. A pesar de todo, los niños sentían algún tipo de fuerza interior empujándoles a encontrarse con la Virgen.

De repente, mientras los niños se encontraban aún de camino, una luz destelló por tres veces. Para ellos, y para quienes les seguían, era una señal indicando el paradero, la presencia de la Virgen.

En ese tercer día, la Virgen se apareció todavía más arriba que en los días anteriores. De golpe, la Virgen desapareció. Pero cuando los niños empezaron a rezar, volvió a acudir. Estaba alegre y sonriendo serenamente, y otra vez más, Su belleza era irresistible.

Cuando salieron de casa, algunas mujeres mayores les aconsejaron llevar agua bendita con ellos para asegurarse de que no fuera el demonio.

Cuando estuvieron con la Virgen, Vicka cogió el agua y la echó en dirección de la visión, diciendo: “Si tú eres nuestra Madre bendita, por favor quédate, y si no, aléjate de nosotros”. La Virgen sonrió al oír eso y se quedó con ellos. Entonces fue cuando Mirjana le preguntó Su nombre, y Ella le contestó:

“Soy la bienaventurada Virgen María.”

Ese mismo día, bajando del Podbrdo, la Virgen se apareció nuevamente, esta vez sólo María, diciendo:

“Paz, paz, paz y sólo paz”.

Detrás de Ella, Marija pudo ver una Cruz. Tras lo que la Virgen, con Lágrimas, corroboró:

“La paz debe reinar entre el hombre y Dios, y entre todos los pueblos!”.

Esto tuvo lugar hacia medio camino subiendo al lugar de las Apariciones.


Cuarto Día

El 27 de Junio de 1981, la Virgen se apareció tres veces a los niños. Esta vez, los niños le preguntaron todo tipo de cuestiones, y la Virgen les respondió.

Para los Sacerdotes, dio el siguiente mensaje:

“Han de creer firmemente, y han de cuidar la fe del pueblo”.

Nuevamente, Jakov y Mirjana pidieron una señal, porque la gente había empezado a acusarles de mentir o tomar drogas.

“No tengáis miedo de nada”, —les contestó la Virgen.

Antes de despedirse, al preguntarle si volvería, dijo que lo haría. Bajando el Podbrdo, la Virgen se apareció una vez más para despedirse con estas palabras:

“¡Que Dios esté con vosotros, Mis ángeles, idos en paz!”


Quinto Día

El día 28 de Junio de 1981, grandes multitudes, de todas partes, iban juntándose ya desde muy temprano. Hacia el mediodía, había unas quince mil personas. Ese mismo día fray Jozo Zovko, el párroco, interrogó a los niños sobre lo que habían visto y oído en los días anteriores.

A la hora de costumbre, la Virgen nuevamente se apareció. Los niños rezaron con Ella, y luego le preguntaron.

Así, Vicka, le preguntó: “Mi querida Señora, qué quisieras de nosotros, y qué de nuestros Sacerdotes”. La Virgen le contestó:

“La gente debe rezar y creer firmemente”.

De los Sacerdotes, dijo que debían ser fuertes en la fe, y ayudar a los demás a creer firmemente.

Ese día, la Virgen acudió y se fue varias veces. Una de esas veces, los niños le preguntaron por qué no se aparecía en la parroquia, para que todo el mundo la pudiese ver. Contestó:

“Bienaventurados aquellos que sin haber visto, han creído”.

Aunque la multitud les importunaba con sus preguntas y curiosidades, y el día era bochornoso y pesado, los niños se sentían como en el cielo.


Sexto Día

El 29 de Junio de 1981, los niños fueron llevados a Mostar para un reconocimiento médico, tras el que se les diagnosticó como “sanos”. El informe del médico jefe de servicio fue: “No están locos los niños, sino la persona que los ha traído aquí.”

La multitud ese día, en la Colina de las Apariciones, fue mayor que nunca. Tan pronto como los niños llegaron al lugar de siempre y empezaron a rezar, la Virgen se apareció.

En esta ocasión, la bienaventurada Madre de Dios les exhortó a tener fe, diciéndoles:

“La gente debe creer firmemente y no tener miedo”.

Ese día, una doctora que iba siguiendo y observándoles a los niños durante la Aparición, deseó tocar a la Virgen. Los niños guiaron su mano al lugar donde se encontraba el hombro de la Virgen, y sintió como un estremecimiento. La doctora, aunque fue agnóstica, tuvo que reconocer que: “Aquí, algo extraño está pasando”.

El mismo ese día, un niño llamado Daniel Setka, fue milagrosamente curado. Sus padres lo llevaron a Medjugorje, rezando específicamente para su curación. La Virgen había prometido que ello se haría si los padres rezaran, y ayunaran, y creyeran fuertemente. El niño fue sanado de repente.


Séptimo Día

El 30 de Junio de 1981, dos chicas jóvenes propusieron a los niños videntes irse lejos en coche, para poder dar un paseo. De hecho, su intención era llevarlos lejos de la zona, y retenerlos hasta después que el tiempo usual de la Aparición hubiera pasado.

Sin embargo, aunque los niños se encontrasen bastante lejos del Podbrdo, en el momento normal de la Aparición, pasó como si una llamada interior les incitara a pedir de salir del coche.

Tan pronto como lo hicieron, y se pusieron a rezar, la Virgen se acercó hacia ellos, desde la dirección del Podbrdo, que en ese momento se encontraba a un kilómetro. Rezó siete padrenuestros… Así la trampa de aquellas jóvenes quedó sin efecto.

Muy pronto después de esto, la policía empezó a entorpecer a los niños y los peregrinos de ir a Podbrdo, el lugar de las Apariciones.

Aunque primero a los niños y luego a la multitud, se les prohibió ir, la Virgen siguió apareciéndoseles en lugares escondidos, en sus casas y en el campo. Los niños ya habían conseguido confianza y abiertamente hablaban con la Virgen, buscando ilusionadamente sus consejos, escuchando sus advertencias y mensajes.


Siguientes Apariciones

Las Apariciones continuaron de esta forma, hasta el 15 de enero de 1982.

En ese tiempo, el párroco empezó a acoger a los peregrinos en la iglesia, permitiéndoles participar en el Rosario y en la celebración de la Eucaristía. Los niños también rezaban ahí su Rosario.

La Virgen se apareció a veces, durante este período, en la iglesia. Incluso una vez, el mismo párroco, mientras rezaba el Rosario, vio a la Virgen. Inmediatamente interrumpió la oración, y espontáneamente empezó a entonar un canto popular: “Lijepa si, lijepa Djevo Mario”; “Oh, qué bella que eres, Santísima Virgen María”.

Toda la iglesia pudo apercibirse de que algo fuera de lo corriente le ocurría. Luego declaró que la había visto. Y así, él, que hasta entonces había no solamente dudado, sino estado en contra del más mínimo habla sobre Apariciones, se convirtió en el defensor de ellos. Dio testimonio de su apoyo hacia las Apariciones hasta tal punto que fue condenado a prisión.

Desde el 15 de enero de 1982 en adelante, los niños vieron a la Virgen en una estancia lateral de la parroquia. El párroco lo preparó así por las dificultades e incluso peligros que nuevamente se presentaron.

Previamente, los niños se aseguraron de que ello estaba de acuerdo con los deseos de la Virgen. De todas formas, debido a la prohibición del Obispo diocesano, desde abril de 1985 en adelante, los niños dejaron de usar el entorno de la iglesia como lugar de las Apariciones. Así, en cambio, fueron a una habitación de la casa parroquial.

En todo el tiempo comprendido entre el principio de las Apariciones hasta hoy, sólo ha habido cinco días sin que ninguno de los niños haya visto a la Virgen.

La Virgen nunca se ha aparecido en el mismo lugar, ni incluso al mismo grupo, o a una sola persona, ni tampoco Sus Apariciones duran un tiempo específico. A veces dos minutos, a veces una hora. Tampoco se aparecía cuando los niños lo deseaban. En alguna ocasión, rezaban y esperaban, pero la Virgen no aparecía hasta un momento después, inesperadamente y sin advertencia. También a veces se aparecía a uno y no a los demás.

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Fuente:
https://reinadelapaz.tv/medjugorje_documental_completo_las_apariciones_los_videntes_los_mensajes_y_los_secretos

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Oficio Parvo de Nuestra Señora – Maitines

OFICIO PARVO

DE NUESTRA SEÑORA

La Santísima Virgen María

Madrid – Año 1787

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P R Ó L O G O

La devoción, que tienen muchas personas piadosas de rezar todos los días el Oficio Parvo de María Santísima, es de las más santas, y agradables a Dios, y a Su Santísima Madre; porque en él alaban a Dios, y a la Virgen con Salmos, Himnos, y Cánticos: Se instruyen en la doctrina santa del Señor, y en las excelencias, y prerrogativas de la Señora, con las Lecciones, Capítulos, y Responsorios. Y por la intercesión de la Santísima Virgen, con las Oraciones, o Colectas piden a Dios los favores, y gracias que necesitan. En esta devoción pone nuestra Madre la Iglesia en la boca de sus hijos, e infunde en sus corazones las mismas palabras, y afectos, que el Espíritu Santo nos dejó escritos en las sagradas letras; mas como no todos entienden el Latín, en cuyo idioma ha formado la Iglesia el Oficio Parvo; por esto emprendí traducirlo al Castellano, siguiendo la versión de varios pasajes de la Sagrada Escritura, que el P. Fr. Luis de Granada tiene esparcidos por toda su obra; y para aclarar los lugares obscuros, y dificultosos de la Escritura, he puesto las Notas que me han parecido necesarias, sacándolas de los Santos Padres que citan los Autores Católicos, que en ellas se expresan.

Para antes de rezar el Oficio de Nuestra Señora.
ORACIÓN

Abre, Señor, mi boca para bendecir Tu Santo Nombre: purifica mi corazón de todo vano, perverso, y ajeno pensamiento: ilumina mi entendimiento, inflama mi voluntad; para que digna, atenta, y devotamente pueda yo rezar este Oficio, y merezca ser, oído ante Tu Divina Majestad. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Señor, uniendo mi intención con la que tuviste en este mundo, siempre que hiciste Oración a Tu Padre en alabanza Suya, Te rindo yo el tributo de estas Horas en alabanza Tuya.

Para después del Oficio.
ORACIÓN

La Sacrosanta, e indivisible Trinidad, a la Santa Humanidad de Nuestro Señor Jesucristo crucificado, a la Maternidad pura, y santa de la bienaventurada, y gloriosísima siempre Virgen María, y a toda la Congregación de los Santos rinda toda criatura alabanza eterna, honor, virtud, y gloria; y concédanos el Señor el perdón de todos los pecados: por todos los siglos de los siglos. Amén.

V. Bienaventuradas la entrañas de la Virgen María, que llevaron al Hijo del Padre Eterno.
R. Y bienaventurados los pechos que criaron a Jesucristo nuestro Señor.

Padre nuestro, Ave María.

MAITINES

DIOS te salve: María, llena eres de gracia, el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.

La siguiente salutación se dice al principio de todas las Horas, excepto a Laudes, cuando se dicen inmediatamente después de los Maitines:

V. Señor, Tú abrirás mis labios.
R. Y mi boca anunciará tus alabanzas.

V. Dios, entiende en mi ayuda.
R. Señor, no tardes en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén. Alleluia.[1]

Desde el Domingo de Septuagésima (3 semanas antes de la Cuaresma) hasta las Vísperas del Sábado Santo, en lugar de Alleluia, se dice: Alabado seas, Señor Rey de eterna gloria.

Invitatorio. Dios te salve María, llena eres de gracia: * el Señor es contigo.
Se repite: Dios te salve María…


SALMO 94.
[2]  Venîte, exultêmus.

VENID, alegrémonos delante del Señor, cantemos a Dios nuestro Salvador: presentémonos ante su cara, confesando su gloria[3], y con Salmos le alabemos.

Dios te salve María, llena eres de gracia: * el Señor es contigo.

Porque nuestro Señor es gran Dios, y Rey grande sobre todos los dioses; porque no desechará el Señor su pueblo; pues en su mano están todos los fines de la tierra, y las alturas de los montes suyas son.[4]

El Señor es contigo…

Suyo es también el mar, y él lo hizo, y sus manos fundaron la tierra: venid pues, y adoremos a Dios, y postrémonos delante de él: lloremos delante del Señor que nos ha criado; porque él es nuestro Señor, y nuestro Dios, y nosotros somos su pueblo, y ovejas[5] de su manada.

Dios te salve María, llena eres de gracia: * el Señor es contigo.

Si hoy oyereis su voz, no queráis endurecer vuestros corazones, no me irritéis, os dice el Señor, como vuestros padres en el desierto, donde me tentaron, experimentaron mi poder, y vieron las maravillas que obré.

El Señor es contigo.

Cuarenta años estuve cerca[6] de aquel pueblo, y dije: su corazón siempre va errado. No han conocido[7] mis caminos; por esto en mi ira les juré, que no entrarían en mi descanso.

Dios te salve María, llena eres de gracia: * el Señor es contigo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

El Señor es contigo.
Dios te salve María, llena eres de gracia: * el Señor es contigo.


H I M N O

A Quien el mar, los astros, y la tierra
reverencian, adoran, y engrandecen,
y a su gobierno, y orden obedecen,
de María el sagrado claustro encierra.

A quien la luna, el sol, todas las cosas
sirven en todo tiempo con desvelo,
una agraciada Virgen toda un cielo
alberga en sus entrañas amorosas.

¡Oh, Madre tan feliz que has merecido,
que tu mismo Hacedor tan Soberano,
que contiene los orbes en su mano,
se encerrase en tu vientre esclarecido.

Dichosa, un Ángel bello te ha anunciado,
del Espíritu Santo has concebido,
de tu tálamo virgen ha nacido
el Hijo de las gentes deseado.

Jesús, sea a ti gloria, y alabanza,
que de Virgen naciste el más hermoso:
con el Padre, y Espíritu amoroso,
por los siglos eternos sin mudanza. Amén.

Estos tres Salmos siguientes se dicen el DOMINGO, LUNES, y JUEVES.
Añadir. Bendita tú eres…


SALMO 8.
[8]  Dómine, Dóminus

SEÑOR, Señor nuestro, *¡cuán admirable es tu nombre en toda la tierra!
Porque tu magnificencia es más elevada *que los cielos.
Tú sacaste una perfecta alabanza de la boca[9] de los párvulos, y de los niños de pecho, para confundir tus enemigos, *y destruir al adversario, y al vengador.
Cuando yo veré tus cielos, que son obras de tus dedos: *la luna, y las estrellas, que tú fundaste;
Diré: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él? *¿O el hijo del hombre, para que lo visites?
Lo hiciste un poco menor[10] que los Ángeles, lo coronaste de gloria, y de honra: *y le diste el dominio sobre todas las obras de tus manos.
Todas las cosas pusiste bajo de sus pies: *las ovejas, los bueyes, y todos los animales del campo;
Las aves del cielo, y los peces de la mar, *que caminan por las sendas de la mar.
Señor, Señor nuestro, *cuán admirable es tu nombre en toda la tierra

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén. 

Añadir. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre.
Añadir. Santa Madre de Dios.


SALMO 18.
[11]  Cœli enárrant.

LOS cielos predican la gloria de Dios, *y el firmamento anuncia las obras de sus manos.
El día lo habla al día que le sigue, *y la noche enseña estas alabanzas a la noche que la sucede.
No hay lenguas,[12] ni naciones, *que no entiendan este lenguaje.
El sonido de su voz se extendió por toda la tierra: *y sus palabras se oyeron hasta los fines del mundo.
Estableció en el sol[13] su morada, *y este sol es como un esposo que sale de su tálamo nupcial.
Se esforzó como gigante para correr su camino, *saliendo de un extremo del cielo, del Oriente.
Y pasando hasta el otro extremo, el Occidente, *ninguno hay que se esconda de su calor.
La ley del Señor es pura, la cual convierte las almas: *el testimonio del Señor es fiel, el cual da sabiduría a los párvulos.
Las justicias del Señor son rectas, las cuales alegran los corazones: *el mandamiento del Señor es claro, y alumbra los ojos del alma.
El temor del Señor es santo, y permanece en los siglos de los siglos: *los juicios del Señor son verdaderos, y justificados en sí mismos.
Son más apetecibles que el oro, y las piedras preciosas: *y más dulces que el panal, y la miel.
Por esto los guarda tu siervo, *y en guardarlos halla grande recompensa.
¿Los delitos quién los conoce? De mis pecados ocultos líbrame; *y perdona a tu siervo los ajenos.
Si ellos no me dominaren, entonces estaré puro; *y seré limpio de un grande pecado.[14]
Y las palabras de mi boca te serán agradables; *y la meditación de mi corazón estará siempre delante de ti.
Señor, tú eres mi ayudador, *y mi Redentor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Santa Madre de Dios, tú has exhalado un olor suave como el de la mirra escogida.
Añadir. Delante del tálamo.


SALMO 23.
[15]  Dómini est terra.

DEL Señor es la tierra, y todo lo que ella contiene: *el mundo, y todos los que lo habitan.
Porque él mismo lo fundó sobre los mares; *y lo estableció sobre los ríos.
¿Quién subirá al monte del Señor? *¿O quién estará en su lugar santo?
El que tuviere las manos inocentes, y el corazón limpio; *el que no ha recibido en vano[16] su alma, ni ha jurado en falso contra su prójimo.
Éste recibirá la bendición del Señor, *y la misericordia de Dios su Salvador.
Tal es la generación de los que le buscan, *de los que buscan ver la cara del Dios de Jacob.
Levantad,[17] Príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas, *y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria? *El Señor fuerte, y poderoso: el Señor poderoso en las batallas.
Levantad, Príncipes, vuestras puertas, y levantaos, puertas eternas; *y entrará el Rey de gloria.
¿Quién es este Rey de gloria? *El Señor de los ejércitos, él mismo es el Rey de gloria.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Delante del tálamo de esta Virgen, cantadnos con frecuencia dulces Cánticos Dramáticos.

V. En tus labios se ha derramado la gracia.
R. Por esto te ha bendecido Dios para siempre.

Padre nuestro, secretamente.

V. Y no nos dejes caer en tentación.
R. Mas líbranos de mal. 

Absolución. Se hallará antes de las Lecciones.
Estos tres Salmos siguientes se dicen el MARTES, y VIERNES.
Añadir. Con tu belleza.


SALMO 44.
[18]  Eructâvit.

MI corazón ha producido[19] una excelente palabra: *al Rey[20] digo mis obras.
Mi lengua es como pluma de un escribiente, *que escribe velozmente.
Tú, oh Jesucristo, eres el más hermoso de los hijos de los hombres: en tus labios se ha derramado la gracia; *por esto te ha bendecido Dios para siempre.
Cíñete tu espada sobre tu muslo, *Señor poderosísimo.
Con tu belleza, y hermosura, *asesta el tiro de la flecha: camina con felicidad a vencer, y reina.
Por la verdad, por la mansedumbre, y por la justicia: *y tu diestra te hará obrar maravillas.
Tus flechas son agudas: los pueblos caerán a tus pies; *porque ellas penetrarán los corazones de los enemigos del Rey.
Tu trono, oh Dios, subsistirá en los siglos de los siglos: *el cetro de tu reino será cetro de rectitud.
Tú amaste la justicia, y aborreciste la iniquidad; *por esto, oh Dios, tu Dios te ungió[21] con el óleo de alegría con preferencia a los que tienen parte contigo.
Tus vestidos, y casas de marfil exhalan olor de mirra, de áloe,[22] y de canela: *de este olor, atraídas las hijas de los Reyes se deleitaron en medio de tu gloria.
La Reina[23] está en pie a tu diestra, vestida de oro, *y adornada de diversos colores.
Oye, hija[24], mira estame atenta; *y olvídate de tu pueblo, y de la casa de tu padre.
Y codiciará el Rey tu hermosura; porque él es tu Señor Dios, y los pueblos lo adorarán.
Y las hijas de Tiro vendrán con sus dones: *todos los ricos del pueblo se presentarán a ti con súplicas.
Toda la gloria de la hija del Rey dentro está escondida; *y está guarnecida con fajas de oro, y vestida de diversos colores.
Las vírgenes la seguirán, y serán llevadas al Rey: *te serán presentadas como amigas[25] suyas.
Se te presentarán con alegría, y regocijo: *al templo del Rey serán conducidas.
Te han nacido hijos en lugar de tus padres: *tú los constituirás Príncipes sobre toda la tierra.
Perpetuarán la memoria de tu nombre *de generación en generación.
Por esto los pueblos te alabarán eternamente, *y en los siglos de los siglos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Con tu belleza, y hermosura, asesta el tiro de la flecha, camina con felicidad a vencer, y reina.
Añadir. Dios la asistirá.


SALMO 45.
[26]  Deus noster refúgium.

DIOS es nuestro refugio, y nuestra fortaleza: *él ha sido nuestro ayudador en las tribulaciones, que nos han acometido con exceso.
Por esto no temeremos cuando se turbe[27] la tierra: *y sean transportados los montes al corazón de la mar.
Haciendo un espantoso ruido, se agitaron sus aguas: *con su furia fueron trastornados los montes.
El ímpetu del rio alegra la Ciudad de Dios: *el Altísimo ha santificado su tabernáculo.
Dios está en medio de ella; pues nunca será movida: *Dios la ayudará muy temprano desde la mañana.[28]
Turbáronse las gentes, y los reinos fueron abatidos: *hizo resonar su voz del Evangelio, y tembló la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros: *el Dios de Jacob es nuestro defensor.
Venid, y ved las obras del Señor, y las maravillas que ha obrado sobre la tierra: *desterrando las guerras hasta los fines de la tierra.
Hará pedazos del arco, y quebrará las armas; *y quemará los escudos en el fuego.
Vivid en paz, y considerad que yo soy Dios: *yo seré exaltado entre las gentes, y seré exaltado en toda la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros: *el Dios de Jacob es nuestro defensor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

 Añadir. Dios la asistirá con su presencia: Dios está en medio de ella; pues nunca será movida.
Añadir. Santa Madre de Dios.


SALMO 86.
[29]  Fundaménta ejus.

SUS cimientos están sobre los montes santos: *el Señor ama las puertas de Sión más que todas las tiendas de Jacob.
¡Cuán gloriosas cosas se han dicho de ti, *Ciudad de Dios!
Me acordaré[30] de Rahab, y de Babilonia, *que me conocen.
Mira como los extranjeros, los de Tiro, y el pueblo de Etiopia, *se juntaron allí.
¿Por ventura, no se dirá a Sión, a la Iglesia: que un gran número de hombres ha nacido en ella por el Bautismo? *¿Y que el mismo Altísimo la fundó?
El Señor,[31] en el padrón de los pueblos, y de los Príncipes, *dirá el número de los que estuvieron en ella.
Vivirán con alegría todos, *los que habitan dentro de ti, oh Ciudad de Dios.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Santa Madre de Dios, todos los que habitamos contigo, vivimos con alegría.

V. En tus labios se ha derramado la gracia.
R. Por esto te ha bendecido Dios para siempre.

Padre nuestro, secretamente.

V. Y no nos dejes caer en tentación.
R. Mas líbranos de mal.

Absolución. Se hallará antes de las Lecciones.
Estos tres Salmos siguientes se dicen el MIÉRCOLES, y SÁBADO.
Añadir. Alégrate, Virgen María.


SALMO 95.
[32]  Cantâte Dómino.

CANTAD al Señor un Cántico nuevo: *cantad al Señor todos los que habitáis la tierra.
Cantad al Señor, y bendecid su nombre: *anunciad todos los días cuanto ha hecho por nuestra salvación.
Anunciad su gloria entre las gentes; *y en todos los pueblos sus maravillas.
Porque el Señor es grande, e infinitamente loable: *es más terrible que todos los demás dioses.
Porque todos los dioses de los gentiles son demonios; *mas el Señor es el que ha hecho los cielos.
La alabanza, y la gloria están delante de él: *la santidad, y la magnificencia brillan en su santuario.
Venid pues, pueblos gentiles, presentad dones al Señor; ofreced gloria, y honra al Señor: *rendid al Señor la gloria que es debida a su nombre.
Tomad víctimas, y entrad en los atrios de su templo: *adorad al Señor en su santuario.
Tiemble toda la tierra delante de él: *decid a las gentes, que el Señor ha establecido su reino.
Porque afirmó toda la tierra, de modo, que no será movida: *juzgará los pueblos con equidad.
Alégrense los cielos, y regocíjese la tierra, conmuévase la mar, y todo lo que ella contiene: *manifestarán su gozo los campos, y cuanto hay en ellos.
Entonces se alegrarán todos los árboles de las selvas a vista del Señor, porque ha venido al mundo; *porque ha venido a gobernar, y a juzgar la tierra.
Juzgará toda la tierra con equidad, *y a los pueblos según su verdad.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Alégrate, Virgen María, tú sola has destruido todas las herejías en el mundo.
Añadir. Virgen Santa.


SALMO 96.
[33]  Dóminus regnâvit.

EL Señor ha reinado,[34] regocíjese la tierra: *alégrense todas las islas.
Cercado está de nubes, y de obscuridad: *la justicia, y el juicio son la basa[35] de su trono.
Delante de él irá el fuego,[36] *y abrasará sus enemigos por todas partes.
Sus relámpagos alumbrarán todo el orbe: *los vio la tierra, y fue conmovida.
Los montes se derritieron como cera a la presencia del Señor: *a la presencia del Señor se derritió toda la tierra.
Los cielos anunciaron su justicia; *y todos los pueblos vieron su gloria.
Confúndanse todos los que adoran los ídolos; *y los que se glorían, y confían en sus vanos simulacros.
Adoradlo, todos sus Ángeles: *Sión oyó que venía su Rey, y se alegró.
Y las hijas de Judá saltaron de alegría, *Señor, por causa de tus juicios.
Porque tú eres el Señor altísimo, que reinas sobre toda la tierra: *tú eres infinitamente exaltado sobre todos los dioses.
Los que amáis al Señor, aborreced el mal: *el Señor guarda las almas de sus Santos: él las librará de manos del pecador.
Amaneció la luz para el justo, *y la alegría para los rectos de corazón.
Justos, alegraos en el Señor; *y celebrad con alabanzas la memoria de la santificación, que de él habéis recibido.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Virgen Santa, hazme digno de publicar tus alabanzas: dame fuerzas para combatir contra tus enemigos.
Añadir. Después del parto.
En el Adviento. Añadir. El Ángel del Señor.


SALMO 97.
[37]  Cantâte Dômino.

CANTAD al Señor un Cántico nuevo; *porque hizo maravillas.
Su misma[38] diestra nos salvó, *y su brazo santo.
El Señor ha dado a conocer el Salvador que tenía prometido: *ha manifestado su justicia a la vista de las gentes.
Se ha acordado de su misericordia, *y de la verdad de sus promesas hechas a la casa de Israel.
Todos los términos de la tierra vieron *al Salvador que nuestro Dios ha enviado.
Todos los que habitáis la tierra, cantad con júbilo alabanzas a Dios: *cantad, saltad de alegría, cantad con instrumentos.
Cantad alabanzas al Señor con la cítara; con la cítara, y a son de salterio, *de clarines, y trompetas.
Cantad con alegría delante del Señor nuestro Rey: *muévase la mar, y cuanto ella contiene: la tierra, y todos los que la habitan.
Los ríos le aplaudirán con la mano, con el murmullo de sus aguas, y los montes darán saltos de alegría a la vista del Señor; *porque viene a juzgar; y gobernar la tierra.
Juzgará, y gobernará la tierra con justicia, *y los pueblos con equidad.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como ha sido desde el principio, sea ahora, y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

Añadir. Después del parto permaneciste Virgen invioladas; Madre de Dios, intercede por nosotros.
En el Adviento. Añadir. El Ángel del Señor anunció a María que sería Madre de Dios, y la Señora concibió por operación del Espíritu Santo. Alleluia.

V. En tus labios se ha derramado la gracia.
R. Por esto te ha bendecido Dios para siempre.

Padre nuestro, secretamente.

V. Y no nos dejes caer en tentación.
R. Mas líbranos de mal.


Para el primero, y tercer Oficio.
(Esto es todo el año, menos Adviento y Navidad)

Absolución. Por los méritos, e intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, y de todos los Santos, nos guíe el Señor al reino de los cielos.
R. Amén.

V. Padre,[39] manda que me echen la bendición.
Bendición. La Virgen María nos alcance la bendición de su piadoso Hijo.
R. Amén.

LECCIÓN I.[40]
Eclesiástico 24:11b-13

EN todas las cosas busqué descanso, y estableceré mi morada en la herencia del Señor. Entonces el Creador de todas las cosas me habló, y me ordenó: y el que me creó, descansó en mi tabernáculo, y me dijo: habita en Jacob, Israel sea tu herencia, y en medio de mis escogidos echa tus raíces.

Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.

R. María, cuya virginidad es santa, e inmaculada, no sé con qué alabanzas te venere: *Porque llevaste en tu seno al que no cabe en los cielos.

V. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. *Porque llevaste en tu seno al que no cabe en los cielos.

V. Padre, manda que me echen la bendición.
Bendición. La misma Virgen de las vírgenes interceda por nosotros al Señor.
R. Amén.

LECCIÓN II.
Eclesiástico 24:15-16

Y Así me afirmé en Sión, y también en la santa Ciudad hallé mi descanso; y en Jerusalén establecí mi poder. Me arraigué en el pueblo, que el Señor ha honrado, donde la herencia es la parte de mi Dios, y escogí mi morada en la compañía de todos los santos.

Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.

R. Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu vientre al Señor, Creador del mundo: *Tú engendraste al mismo que te hizo, y permaneces siempre Virgen.

V. Dios te salve María, llena eres de gracia: el Señor es contigo. *Tú engendraste al mismo que te hizo, y permaneces siempre Virgen.

Si se dice el Te Deum, se añadirá aquí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. *Tú engendraste al mismo que te hizo, y permaneces siempre Virgen.

V. Padre, manda que me echen la bendición.
Bendición. Concédanos el Señor por la intercesión de la Virgen su Madre, la salud y la paz.
R. Amén.

LECCIÓN III.
Eclesiástico 24:17-20

ESTOY exaltada como los cedros del Líbano, y como los cipreses del monte Sión: Estoy elevada como las palmas de Cadés, y como los rosales de Jericó: Estoy ensalzada como los bellos olivos de los campos, y como el plátano que está plantado en las plazas junto a la corriente de las aguas. Exhalé un olor como de cinamomo, y de bálsamo aromático: di tan suave fragancia como la de la mirra escogida.

Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.

Si no se dice el Te Deum, se añadirá aquí.

R. Dichosa eres, sagrada Virgen María, y muy digna de toda alabanza: *Porque de ti nació el sol de justicia, Jesucristo nuestro Dios.

V. Ruega por el pueblo, suplica por el clero, intercede por el devoto sexo de las mujeres: experimenten tu socorro todos los que celebran la memoria de tu santo nombre. *Porque de ti nació el sol de justicia Jesucristo nuestro Dios.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. *Jesucristo nuestro Dios.


Para el segundo Oficio.
(Esto es para Adviento y Navidad).

Absolución. Por los méritos, e intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, y de todos los Santos, nos guíe el Señor al reino de los cielos.
R. Amén.

V. Padre, manda que me echen la bendición.
Bendición. La Virgen María nos alcance la bendición de su piadoso Hijo.
R. Amén.

LECCIÓN I.
Lucas 1:26-28

ENVIÓ Dios el Ángel Gabriel a una Ciudad de Galilea, llamada Nazareth, a una Virgen desposada con un varón de la casa de David, llamado Josef, y era el nombre de la Virgen, María. Entrando el Ángel donde ella estaba, la dijo: Dios te salve llena de gracia: el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres.

Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.

R. Envió Dios el Ángel Gabriel a la Virgen María, esposa de Josef, y la anunció lo que se había de cumplir en ella; y asustada la Virgen del resplandor de su luz, la dijo: no temas, María: tú has hallado gracia delante del Señor: *Sabe que concebirás, y parirás un Hijo, que será llamado Hijo del Altísimo.

V. Y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob para siempre. *Sabe que concebirás, y parirás un Hijo, que será llamado Hijo del Altísimo.

V. Padre, manda que me echen la bendición.
Bendición. La misma Virgen de las vírgenes interceda por nosotros al Señor.
R. Amén.

LECCIÓN II.
Lucas 1:29-33

SE Turbó la Virgen al oír tales palabras, y estaba entre sí, pensando en la salutación. Y el Ángel la dijo; no temas, María; porque tú has hallado gracia delante de Dios: sabe que concebirás en tu vientre, y parirás un Hijo, a quien llamarás Jesús. Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará en la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.

R. Dios te salve María, llena eres de gracia: el Señor es contigo: *El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra: y así el fruto santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios.

V. ¿Cómo se hará esto?, porque yo no conozco varón. Y respondiendo el Ángel, la dijo: *El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra: y así el fruto santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios.

Cuando en las fiestas de Nuestra Señora en el Adviento, y en la fiesta de la Anunciación, se dice el Te Deum, se añadirá aquí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Y así el fruto santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios.

V. Padre, manda que me echen la bendición.
Bendición. Concédanos el Señor por la intercesión de la Virgen su Madre, la salud, y la paz.
R. Amén.

LECCIÓN III.
Lucas 1:34-38

DIJO María al Ángel: ¿Cómo se hará esto?, porque yo no conozco varón. Y respondiendo el Ángel, la dijo: el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra. Y así el fruto santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios. Y sabe que tu prima Isabel también ha concebido un hijo en su vejez; y la que todos llamaban estéril, ya está en el sexto mes de su preñado; porque para Dios no hay cosa imposible. Dijo entonces María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Mas tú, Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Demos gracias a Dios.

Cuando en las fiestas de Nuestra Señora en el Adviento, y en la fiesta de la Anunciación, se dice Te Deum, se omitirá el

R. Recibe, Virgen María la anunciación, que de parte de Dios te ha traído el Ángel: concebirás, y parirás un Hijo, que será Dios, y hombre juntamente: *De modo que serás llamada bendita entre todas las mujeres.

V. Parirás pues un Hijo, sin perder nada de tu virginidad: estarás encinta, y serás Madre siempre intacta. *De modo que serás llamada bendita entre todas las mujeres.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. *De modo que serás llamada bendita entre todas las mujeres.

El Himno Te Deum, se puede decir desde la Natividad de Nuestro Señor hasta Septuagésima; y desde el Domingo de Resurrección hasta el Adviento; y en el Adviento, y desde Septuagésima hasta la Pascua, no se ha de decir sino en las fiestas de Nuestra Señora.

HIMNO.  TE DEUM.

A Ti, oh Dios, te alabamos: a ti por Soberano Señor te reconocemos.
A ti, por Padre Eterno toda la tierra te venera.

A ti todos los Ángeles: a ti los cielos, y todas las Potestades.
A ti los Querubines, y Serafines cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de Sebaoth.
Los cielos, y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti el glorioso coro de los Apóstoles.
A ti la venerable multitud de los Profetas.
A ti el generoso ejército de los Mártires cantan tus alabanzas.

A ti la Iglesia santa confiesa, y publica por toda la tierra:
Que eres el Padre de inmensa majestad.

Y que debe ser adorado tu verdadero, y único Hijo,
Y también el Espíritu Santo consolador.

Tú, oh Jesucristo, eres el Rey de la gloria.
Tú eres el Hijo eterno del Padre.

Tú, que para libertar al hombre, quisiste hacerte hombre, y no te desdeñaste habitar en el vientre de una Virgen.

Tú abriste para los fieles el reino de los cielos, después de haber roto el aguijón de la muerte.

Tú estás sentado a la diestra de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que vendrás, para ser nuestro Juez.

Te rogamos pues, que socorras a tus siervos, que con tu Preciosa Sangre redimiste.
Haz que en la gloria eterna sean contados en el número de tus Santos.

Salva, Señor, a tu pueblo, y bendice tu herencia.
Rígelos, y ensálzalos hasta la eternidad.

Todos los días te bendecimos.
Y alabamos tu nombre en los siglos, y en los siglos de los siglos.

Dígnate, Señor, en este día conservarnos sin pecado.
Ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros.

Descienda, Señor, tu misericordia sobre nosotros, según la esperanza que tenemos puesta en ti.
Señor, en ti he esperado; no sea yo jamás confundido.


Fuente:
https://books.google.co.ve/books?id=ZmeBU5yIT00C&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

[1] ALLELUIA. Es palabra hebrea, que significa: ALABAD AL SEÑOR. No está traducida al latín, ni a otro idioma; por ser el Cántico de alegría, que en lengua hebrea cantan los bienaventurados en el cielo; y por esto se omite desde Septuagésima hasta el Sábado Santo; por ser éste un tiempo de tristeza, y de penitencia. S. Agustín.
[2] David exhorta a su pueblo a alabar a Dios por su grandeza: y a obedecer sus preceptos; para no quedar privados de entrar en la tierra celestial de promisión; como sucedió a los Israelitas, que por no cumplir con la ley del Señor, no entraron en la tierra que Dios les había prometido. Saci.
[3] CONFESANDO SU GLORIA: o, confesando nuestros pecados con verdadero arrepentimiento, antes que nos juzgue el Señor con el rigor de su justicia. Belarmino.
[4] SUYAS SON. El Salterio Romano dice: Las MIRA bajo de su dominio, denotando con esto cuán gran grande es su poder. Belarmino.
[5] OVEJAS. Es una metáfora, que denota: que Dios, como buen Pastor, nos cuida, y nos mantiene. Belarmino.
[6] CERCA, oyendo sus quejas, y murmuraciones, que me provocaron a ira, y a descargar sobre ellos mi castigo. La vulgata dice: Estuve ofendido de sus rebeliones, y delitos. Belarmino.
[7] NO HAN CONOCIDO: Esto es: no anduvieron por los caminos de mi ley, que les di a conocer. Betarmino.
[8] Este Salmo es una alabanza del poder de Dios, de Su sabiduría, y de Su bondad para con los hombres. Se aplica a Jesucristo, a quien convienen estos atributos. Belarmino.
[9] DE LA BOCA. Esto es: Dios ha querido, para gloria, y alabanza suya, manifestar su grandeza a los humildes, e ignorantes, y les ha dado su gracia para cumplir con su ley, y defender el honor de su nombre a costa de sus vidas, como lo hicieron los Mártires: dejando de este modo confundidos a los sabios, y soberbios del mundo, que conociendo al Señor, no lo glorificaron. Belarmino.
[10] UN POCO MENOR. Se entiende de Jesucristo, en cuanto pasible, y mortal que son dos circunstancias, que no convienen los Ángeles. Puede entenderse también del hombre, a quien Dios ha dado el dominio sobre las demás criaturas. Belarmino.
[11] El Profeta hace ver en este Salmo, que las obras del universo nos dan un claro conocimiento de Dios. Y hace un elogio de la ley del Señor. Conviene a Jesucristo, y a sus Apóstoles, que predicaron el Evangelio por todo el mundo. Belarmino.
[12] NO HAY LENGUAS. Esto es: los cielos publican las glorias, y grandezas de Dios con tanta claridad, que como si hablaran en todas lenguas, entienden su idioma todas las naciones, hasta las más bárbaras, e idiotas. Belarmino.
[13] EN EL SOL. Esto es: en el sol es donde Dios manifiesta con la mayor claridad sus glorias, y grandezas. Id.
[14] DE UN GRANDE PECADO. De la soberbia, que es el origen de todos los pecados. San Agustín.
[15] Este Salmo es una Profecía de la Ascensión del Señor, y describe las cualidades de los justos, que han de entrar en el cielo. Saci.
[16] EN VANO. Esto es: el que no ha ocupado su corazón, ni su alma en las cosas vanas de este mundo, sino en el servicio de Dios, y en todo lo que conduce al fin, para que fue criado. S. Agustín.
[17] LEVANTAD. Hay puertas que se abren levantándolas, y así es lo mismo, que si dijera: PRÍNCIPES, Ángeles, abrid las puertas del cielo. Belarmino.
[18] Este Salmo es un Cántico en alabanza de la unión del Verbo Divino con la naturaleza humana, y del desposorio de Jesucristo con la Iglesia. Belarmino.
[19] HA PRODUCIDO. La vulgata dice: HA RESOLDADO; y es una metáfora para expresar: que así como, cuando está lleno el estómago, no se le puede impedir que se desahogue por el regueldo; a este modo, estando el corazón del Profeta lleno de grandes misterios, no pudo contener el impulso del Espíritu Santo, que le movía a publicarlos; y como no había de hablar lo que le dictaba su propio discurso, sino lo que le rebelaba el Espíritu Santo; por esto compara su lengua a la pluma de un escribiente, que escribe con velocidad; porque tiene quien le dicta. Saci.
[20] AL REY Jesucristo digo este Cántico, entendiendo el DICO de la vulgata de DICO DICIS; pero si se entiende de DICO DICAS, se dirá: al Rey dedico, consagro, y dirijo todas las obras de este Cántico. Bosuet.
[21] TE UNGIÓ. Te dio tal plenitud de gracia, que es infinitamente mayor, que todas las que ha dado a los justos coherederos tuyos, y compañeros de tu reino. Saci.
[22] ÁLOE. La vulgata dice GUTTA, el hebreo AHALOT, que es el aloe licor amargo, y oloroso; y esto es lo que aquí se traduce; Y si se quiere traducir el GUTTA, se dirá: DE LA GOTA, o del licor gomoso, y oloroso que salía sin incisión de los árboles nuevos, que llevan la mirra ordinaria. Belarm. Genebr.
[23] LA REINA. La Iglesia adornada del oro de la caridad, y de los colores de todas las virtudes. Saci.
[24] OYE, HIJA. Dice el Padre Eterno a la Iglesia; esto es, a los Judíos, y Gentiles que la componen: olvida las ceremonias de la antigua ley, y las supersticiones de la Gentilidad. Saci.
[25] COMO AMIGAS. La vulgata dice PRÓXIMAS, o unidas con ella. Esto es: sólo las Vírgenes unidas por la caridad con la Iglesia, cuya unión forma la más estrecha, y verdadera amistad, serán presentadas a Jesucristo; excluyendo con esto las que estén separadas por el cisma, o herejía. Saci.
[26] David da gracias a Dios por sus auxilios, con los que ha vencido sus enemigos. Conviene a la iglesia, y al alma justa, que con la asistencia del Señor triunfan de sus enemigos. Saci.
[27] SE TURBE. Son expresiones que denotan las persecuciones de la Iglesia. Saci.
[28] DESDE LA MAÑANA. Desde la Resurrección de Jesucristo, en que el Señor empezó a hacer lucir el día claro, y resplandeciente de sus gracias para la Iglesia. Saci.
[29] David hace un elogio de Jerusalén, figura de la Iglesia, y de la Jerusalén celestial. Saci.
[30] ME ACORDARÉ. Me daré a conocer por la fe no solo a los Judíos, sino también a los Gentiles, como son los Egipcios, BABILONIOS &c. y vendrán estos a adorarme en Jerusalén, o en mi Iglesia. Los verbos CONOCEN, SE JUNTARON, se entienden de futuro. Belarmino.
[31] EL SEÑOR. Como todo lo conoce, sabrá el número de los que forman su Iglesia, mejor que un Rey noticioso de los soldados que componen su ejército por la matrícula que tiene de ellos. Saci.
[32] David compuso este Salmo para la translación del Arca al monte Sión, y convida a los Judíos a alabar á Dios, y a los Gentiles a adorarle. Es una Profecía del establecimiento de la Iglesia. Saci.
[33] Este Salmo es una Profecía de las dos venidas de Jesucristo, y del establecimiento de su reino. Calmet.
[34] HA REINADO. Es reconocido por Rey, y Juez supremo. Saci.
[35] BASA. La vulgata dice: CORRECTIO, que significa rectitud, o dirección; y quiere decir: que su TRONO, o su justica se funda en la rectitud, y equidad. Belarmino.
[36] EL FUEGO. Son expresiones metafóricas, que significan los efectos del poder de Dios en el establecimiento del reino de Jesucristo, triunfando de todos los estorbos, y contradicciones de sus enemigos. Los verbos de pretérito, se entienden de futuro. Saci.
[37] Es una Profecía de las dos venidas de Jesucristo, y exhorta a alabar a Dios. Belarmino.
[38] SU MISMA. La vulgata dice: SIBI; esto es: Jesucristo salvó a los hombres para sí, quiere decir: para su gloria. San Agustín, Belarmino.
[39] PADRE. El Oficio dice: DOMNE, que es lo mismo que DÓMINE, que significa Señor, y en su lugar se traduce aquí, PADRE; por parecer más propio.
[40] En estas tres Lecciones se habla de la Sabiduría increada, que buscando donde establecer su morada, determinó fijarla en Israel su pueblo escogido; y con esta metáfora nos denota, que deseando Dios derramar sus favores, y gracias sobre los hombres, solo entre todas las naciones del mundo se dignó comunicarlas a los Israelitas. La Iglesia lo aplica a María Santísima, por cuya protección, y favor consigue el Pueblo Cristiano los beneficios que nos hace el Señor. Tirino.

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19 de Mayo: Nuestra Señora del Bosque devuelve el oído y el habla a un joven sordo-mudo (1583)

19 de Mayo
Año: 1583 / Lugar: Pannesi di LUMARZO, Italia
Nuestra Señora del Bosque de Lumarzo
Vidente: Sordomudo Felipe Olcese

Nostra Signora del Bosco di Lumarzo



Aparición de Nuestra Señora del Bosque de Lumarzo

El Santuario de Nuestra Señora del Bosque se encuentra en Pannesi, en el Municipio de Lumarzo, a pocos kilómetros de Génova. Se eleva entre espesos bosques de castaños donde, según la tradición, la Santa Virgen María se le aparece al sordomudo Felipe Olcese, de Pannesi, mientras estaba recogiendo hongos en el bosque.

La Virgen le pide al joven de hacerle construir un templo en Su honor y memoria, dándole además las indicaciones sobre su forma. El joven obtuvo al instante la audición y el habla.

De acuerdo con el deseo de Nuestra Señora, Felipe promovió con gratitud la construcción del Templo, del que tomaron parte todos los pueblos vecinos y en particular la cofradía dedicada al culto mariano.

El año de la edificación es todavía hoy controversial sobre la fecha de 1583 que está impresa en la piedra fijada sobre la puerta de la Sacristía. Añadiremos que algunas décadas atrás se encontraron paredes antiguas detrás del coro del Santuario actual; los restos podrían representar un testimonio de una capilla eremítica anterior o lugar destinado para personas de oración o religiosos dedicados a la soledad contemplativa,

El Santuario tiene tres navetas con presbiterio. Los altares son tres, todos de elevación, y el mayor está equipado con balaustrada de mármol. El de la izquierda se complementa con un cuadro adquirido en 1813 y dedicado al Santísimo Nombre de María Virgen; el de la derecha, por un icono adquirido en 1812 por la Cofradía del Santísimo Nombre de María, que representa, de acuerdo con Terrile, a María y el Papa Inocencio XI, con Giovanni Sobieski, rey de Polonia (vencedor de los turcos). Para Remondini en cambio, representaría a María, San Gregorio y San Jorge.

La estatua de la Virgen es llevada en procesión durante la Fiesta de la Ascensión y en la conmemoración del Nombre de María, que se celebra el domingo después del 8 de Septiembre.

El 19 de mayo se celebra la fiesta de la Aparición, fecha arraigada en las celebraciones seculares de 1400, que incluían bailes rurales, entretenimientos y diversos premios culminando con las celebraciones en honor de la Virgen.

Al externo del Santuario, además de un amplio espacio verde, surge una espléndida fuente con agua corriente.


Fuente:
http://www.aparicoesdenossasenhora.org/es/avm/home
https://it.wikipedia.org/wiki/Santuario_di_Nostra_Signora_del_Bosco
http://www.mariadinazareth.it/www2005/Apparizioni/Apparizione%20N.S.%20del%20Bosco.htm

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