3 de Julio: Santo Tomás, Apóstol y Mártir (†73)

Tomado de La Leyenda de Oro para cada Día del Año – Vidas de Todos los Santos que venera la Iglesia. Madrid–Barcelona 1853. Tomo III. Diciembre, Día 21, Página 562.



Santo Tomás o Tomé, Apóstol

Fue Santo Tomás de nación galilea, y pobre pescador, y uno de los doce Apóstoles, que Dios Nuestro Señor escogió para predicadores de Su Evangelio, y conquistadores del mundo: y parece que entre los otros Apóstoles fue uno de los más aventajados; pues la Santa Iglesia en el canon de la Misa, y en las Letanías le pone luego después de San Juan y en el quinto lugar.

Lo que hallamos de este glorioso Apóstol en el Sagrado Evangelio, es primeramente, que cuando Cristo Nuestro Señor quiso volver a Judea para resucitar a Lázaro, diciéndole los otros discípulos que no fuese, y que se acordase que poco antes los judíos le habían querido apedrear; sólo Santo Tomás con grande ánimo le dijo: Vamos nosotros también y muramos con Él; que es señal del grande amor que tenía a su Divino Maestro; pues quería dar la vida por Él, y de su gran constancia y fortaleza: porque aquellas palabras no son de hombre que temía, sino de hombre que amaba; no de quien ponía espanto, sino ánimo a los demás: ni de quien creía poco, sino de quien confiaba mucho.

Después de esto, en la noche de la Cena, habiendo el Señor ordenado de Sacerdotes y comulgado a los Apóstoles, y haciéndoles sobre cena aquel dulcísimo y amorosísimo sermón, entre otras razones les dijo que iba a aparejarles lugar, y que sabían el camino por donde iba. Aquí Santo Tomás, mostrando el deseo que tenía de saber y aprovechar, dijo: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo es posible que sepamos el camino? Y con ocasión de esta pregunta respondió el Señor una sentencia maravillosa y suavísima, y de gran consolación para todos los fieles: Yo (dice) Soy el Camino, la Verdad y la Vida: porque (como dice San Cirilo) Cristo es Camino, enseñándonos lo que hemos de hacer: es Verdad, que con la luz de la fe nos alumbra; y es Vida, que nos santifica: y (como dice San León, Papa ) es Camino de santa conversación, Verdad de doctrina divina, y Vida de bienaventuranza sempiterna: y (como dice San Bernardo) es Camino en el ejemplo, Verdad en la promesa, y Vida en el premio: es Camino de los que comienzan, Verdad de los que aprovechan, y Vida de los perfectos: y (como dice San Agustín) según la humana naturaleza es Camino, y según la divina es Verdad y Vida.

Además de esto, el mismo día de la Resurrección de Cristo, estando los otros Apóstoles juntos en el Cenáculo, se les apareció el Señor y les mostró Sus Llagas, dándoles a entender que Él era el mismo que antes había tratado y conversado con ellos, y que ya había resucitado. No se halló a esta vista Santo Tomás, porque estaba ausente: la causa no se sabe: pero cuando volvió y supo de los Apóstoles cómo Cristo Nuestro Señor se les había aparecido vivo, triunfante y glorioso, y con las señales de las Llagas que en la Cruz había padecido, resplandecientes y hermosas; Tomás dijo aquellas palabras que escribe el evangelista San Juan: «Si yo no viere con mis ojos en Sus manos las Llagas de los clavos, y entrare estos mis dedos en ellas, y si no pusiere mi mano en Su Costado, no creeré que es Él, ni que ha resucitado»: las cuales palabras, dado que algunos santos doctores, por excusar a Santo Tomás, las han querido interpretar blandamente, como San Ambrosio, que dice, que dudó Tomás, no de la resurrección de Cristo, sino de la manera con que había resucitado: y San Agustín, que dice, que no dijo estas palabras Tomás porque él dudase, sino por quitar de los otros cualquiera duda e incredulidad; y que eran palabras de quien preguntaba, y no de quien negaba; y San Cirilo Alejandrino, y San Gaudencio y Metafraste, que por varios caminos las excusan; pero no hay para qué buscar estas interpretaciones y excusas, sino confesar llanamente que Tomás dudó, y fue incrédulo, como Cristo Nuestro Redentor le dijo: Noli esse incredulus, sed fidelis: No quieras ser incrédulo, sino fiel: y permitió el Señor que cayese, para que no cayésemos nosotros, y que al principio no creyese, y tocase con sus manos las Llagas, para confirmar nuestra fe y sanar la infidelidad de muchos: y así San Gregorio: «¿Pensáis (dice) que fue acaso que Tomás, escogido discípulo de Cristo, fallase, cuando Él vino a los apóstoles? ¿Y que después viniendo, oyese: oyendo, dudase: dudando, palpase, y palpando, creyese? No se hizo esto acaso, sino por dispensación divina. Porque la soberana clemencia del Señor trazó las cosas de manera, que dudando el discípulo, tocase en su Maestro las Llagas de la carne, para sanar en nosotros las llagas de la infidelidad: porque más nos aprovechó para despertar nuestra fe la infidelidad de Tomás, que la fe de los otros discípulos: porque cobrando él la fe por tocar las Llagas, nuestros corazones se establecen en la misma fe, y desechan todas las dudas que nos pueden inquietar.» Esto es de San Gregorio.

Y San Agustín dice: «¡Qué buena fue la ignorancia que instruyó a los ignorantes y enseñó a los incrédulos! ¡Qué provechosa fue aquella incredulidad que sirvió a la fe de todos los siglos!» Mas si Tomás falló y poco tiempo fue incrédulo, presto se levantó y recompensó aquella culpa con una perfectísima y excelentísima confesión de su fe: porque el benignísimo Salvador, como vigilante y amoroso Pastor, viendo a aquella oveja fuera de camino, la recogió y redujo a Su rebano; y tornando después de ocho días a aparecerse a los Apóstoles, estando con ellos Tomás, y habiéndolos saludado, se volvió a él y le dijo: Pon aquí un dedo y mira Mis manos: extiende tu mano y toca Mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel. Quedó asombrado Tomás con la vista y dulzura del Salvador, y entendió que era Dios el que había visto su corazón, y estando ausente, sabido lo que había dicho: y tocó (por obedecer) las Llagas en aquel cuerpo sagrado y glorioso, esmaltadas y resplandecientes: porque aunque para su fe bastaba el haberlas visto (como dice San León); pero para nosotros importaba mucho que las tocase con sus manos: y traspasado de amor y atónito con la novedad, y derretido de gozo, alzó la voz y dijo: Dominus meus, et Deus meus: Señor mío y Dios mío; confesando que aquel Señor que había sido crucificado, y ahora veía resucitado, era verdadero Señor suyo, y Señor de todo lo creado, y que juntamente era verdadero Dios, y en todo igual al Padre.

Y aunque parece que creyó Tomás lo que vio; todavía (como dice San Agustín) una cosa vio, y otra creyó: vio al Hombre, y creyó que era Dios; y con su confesión y tocamiento de las Llagas nos enseñó lo que debemos creer, y deshizo todos los errores que acerca de la gloria de Cristo los herejes habían de inventar: y por esto el artículo de la resurrección de Cristo, en que confesamos en el Credo que resucitó, y decimos aquellas palabras: Surrexit a mortuis; San Agustín y otros las atribuyen a Santo Tomás.

Otra vez se hace mención en el Evangelio de Santo Tomás: porque yendo San Pedro a pescar, llevó consigo algunos de los Apóstoles y discípulos, y entre ellos a Tomás. Gastaron toda la noche en pescar sin provecho alguno: les apareció a la mañana el Salvador; y estando en la ribera, les mandó que echasen la red a la parte derecha del navío, así lo hicieron, y prendieron gran copia de peces, y salieron con ellos a tierra, en donde los aguardaba el Hijo de Dios, y allí dio el sumo pontificado a San Pedro. Esto es lo que hallamos de Santo Tomás en el sagrado Evangelio: lo demás hemos de sacar de graves y antiguos autores, dejando algunas cosas apócrifas sin fundamento, que otros escriben en su vida.

Después que el Santo Apóstol Tomás recibió el Espíritu Santo con los demás Apóstoles, y hubo predicado en Jerusalén y Judea aquella doctrina del cielo, que había oído a su Maestro y Señor; apartándose de los demás, se fue por varias y diferentes provincias y naciones del mundo, para sacarlas de la ceguedad en que estaban, y alumbrarlas con la luz del Evangelio. Primeramente fue a Oriente, donde halló a los tres bienaventurados reyes magos, que de aquella región, guiados por la estrella, habían venido a Belén a dar vasallaje y adorar a Dios Niño recién nacido, y los bautizó el Santo Apóstol, y los tomó por compañeros en su trabajo y predicación. Así lo dice el autor sobre San Mateo, que con nombre de San Juan Crisóstomo anda entre sus obras: y Doroteo y Sofronio y un calendario antiguo dicen lo mismo.

Además de esto, envió este glorioso Apóstol a Tadeo, uno de los setenta discípulos, a Abagaro, rey de Edesa, para que le predicase el Evangelio, como Cristo Nuestro Redentor por cartas se lo había prometido: así lo afirma Eusebio Cesariense en su Historia, y Nicéforo Calixto. Después ilustró los medos, persas, hircanos, y el Martirologio romano añade los bracmanes y otras muchas naciones, y con los rayos y resplandores de la luz evangélica penetró hasta la India, como lo dice el Martirologio romano, y se saca de Orígenes, y de Eusebio Cesariense, y de San Gregorio Nacianceno. San Juan Crisóstomo añade, que los etíopes fueron lavados y blanqueados por este Santo Apóstol con el agua del bautismo: y los abisinios, que son los pueblos de Etiopia, sujetos al preste Juan, hoy día tienen particular devoción y reverencia a Santo Tomás como a su primero y propio Apóstol: y no menos le tienen por tal los pueblos de Alemania, como lo dice el Obispo Guillermo Lindano, varón doctísimo: y en aquella provincia hay templos muy antiguos, dedicados a Santo Tomás, Apóstol: y aun en las partes más septentrionales, y casi debajo del mismo polo ártico, hay iglesias de Santo Tomás, reconociendo aquellas gentes el beneficio que por medio de su predicación recibieron.

Y no solamente predicó el Santo Apóstol a todas estas provincias y naciones; pero en el Brasil, escribe el P. Manuel de Nóbrega, provincial de la Compañía de Jesús, que fue en aquella provincia, que los naturales de ella tienen noticia de Santo Tomás, y de haber pasado por aquella tierra, y que muestran algunos rastros y señales de ello, las cuales el mismo padre había visto por sus ojos.

Pero donde el Santo Apóstol más tiempo vivió, fue en la India Oriental, como en propia y particular provincia que el Señor le había encomendado para labrarla y cultivarla, y sembrar en ella la semilla del Cielo. En esta provincia dice Simeón Metafraste que entró Santo Tomás muy humilde y muy pobre, sus cabellos crecidos y desmelenados, el rostro amarillo y seco, su cuerpo tan extenuado, que más parecía sombra que cuerpo, cubierto con un vestido viejo y roto: de esta manera despreciado en los ojos de la gente, y rico con el tesoro de Cristo, que llevaba en su corazón, comenzó a predicar que los dioses que adoraban eran falsos, y que no había sino un Dios vivo y verdadero, Creador del cielo y de la tierra, y Salvador del género humano, Jesucristo, confirmando con innumerables milagros su predicación apostólica, y convirtiendo a muchos a nuestra santa religión. Por esto los enemigos de ella y amigos del culto de sus falsos dioses, le alancearon y mataron; y el Santo Apóstol, libre de las miserias de esta temporal y breve vida, se fue a gozar de la eterna; y su martirio fue en la ciudad de Calamina, que ahora se llama Malipur, a 21 de diciembre, y en el año de Cristo de 73, según Onufrio, imperando Vespasiano. Esto es lo que se tiene por cierto, sacado de buenos y graves autores.

Otras cosas hay o fabulosas, o menos ciertas y probables: y Gelasio, Papa, da por apócrifos los actos de Santo Tomás, y antes de Gelasio, San Agustín los tuvo por sospechosos. Otros libros con nombre de este Santo, intitulados Circuitus, Actus, Evangelium, et Apocalypsis Thomae, son reprobados por San Atanasio, Epifanio, Inocencio Papa, Cirilo y por Gelasio Papa. Y puesto caso, que en la vida de Santo Tomás, que escribió Abdías Babilónico, a quien otros autores modernos han seguido, puede ser que haya algunas cosas verdaderas; pero como no sabemos cuáles son y están mezcladas con otras falsas y reprobadas de la Iglesia; es bien que nos guardemos de ellas, para que no afirmemos lo incierto por cierto, y lo falso por verdadero.

Pero no será contra esto el referir aquí, lo que en la India, donde predicó el Santo Apóstol, se tiene comúnmente por cierto de su predicación, vida y muerte, según lo escriben los padres de la Compañía de Jesús, que hoy día andan por aquellas mismas tierras, alumbrando a los gentiles y reformando a los cristianos, y haciendo oficio de apóstoles del Señor. Dicen, pues, que el apóstol Santo Tomás comenzó a predicar en la India por la isla de Zocotota, y que allí hizo algunos cristianos: de allí pasó a los reinos de Jaranganor y Colon, que son de malabares: y que después atravesó las altas sierras de la India, y pasó a los reinos de Narsinga, o hizo su asiento en la ciudad de Malipur, y por otro nombre Calamina, que está junto al golfo de Bengala o Coromandel.

En esta ciudad dicen que fabricó un templo, con ocasión de cierto milagro que hizo, trayendo muy fácilmente una viga de inmensa grandeza, que mucho número de hombres y elefantes no podían mover, y que en esta iglesia puso una Cruz de piedra, con una letra que decía: «Cuando llegare el mar a esta piedra, por divina ordenación vendrán hombres blancos de tierras muy remotas a predicar la doctrina que yo ahora enseño, y a renovar la memoria de ella.» Dicen más: que cuando los portugueses conquistaron aquella tierra, ya entonces llegaba el mar a aquella piedra: de lo cual tuvieron grande admiración y consuelo los cristianos. Y añaden, que habiéndose convertido el rey Sagamo, que a la sazón era señor de aquella tierra, y otros muchos con él, por la predicación del Santo Apóstol, los bracmanes y sacerdotes cobraron grande enojo y saña contra él: y no habiendo podido con calumnias ni embustes derribarle, se determinaron a matarle, pareciéndoles que mientras él viviere, ni ellos ni sus dioses serían estimados como solían: y así un día, estando el Santo Apóstol en una cueva, como media legua de la ciudad, haciendo oración como solía delante de una Cruz, que tenía esculpida en una piedra, arremetiendo a él como lobos rabiosos, hiriéndole con palos y piedras, uno de ellos le atravesó con una lanza, de cuya herida cayó muerto. Tomaron el santo cuerpo sus discípulos, y le sepultaron en el templo que él mismo había edificado, y con él pusieron un pedazo de la lanza con que había sido muerto, y el báculo que traía, y un vaso en que recogieron alguna tierra de la que había sido regada con su preciosa sangre. Esto es lo que de la India escriben, y lo que los naturales tienen escrito en sus anales, y lo que cantan comúnmente por las calles los niños malabares en su lengua.

Altar y Cruz en la cueva de Santo Tomás, Pequeño Monte (Chinnamalai).

 

 

El cuerpo de este glorioso Apóstol, dice el Martirologio romano que fue trasladado de la India a la ciudad de Edesa en Mesopotamia, y que de allí fueron traídas sus preciosas reliquias a la ciudad de Ortona. Sócrates, Sozomeno, Rufino y otros autores graves hacen mención de esta traslación, y escriben que en Edesa se le edificó un solemne templo, al cual venían en romería los fieles de muchas y distantes provincias de la cristiandad por su devoción: y San Juan Crisóstomo añade, que tenían en tan gran veneración el sepulcro de Santo Tomás, como el de los Apóstoles San Pedro y San Pablo; y el Obispo Equilino refiere un milagro, que se hacía de un sarmiento seco, que ponían en las manos del Santo Apóstol cada año, la víspera de su fiesta, y el día de ella se hallaba verde, y con un racimo de uvas, con grande admiración de todos, suponiendo que estaba en Edesa el cuerpo del Santo Apóstol. Bien puede ser, que por haberse edificado en Edesa templo a Santo Tomás, y haber él enviado a Tadeo (como dijimos) al rey Abagaro, y convertido aquella ciudad, se haya creído que su santo cuerpo estaba allí sepultado, o (y es lo más probable) por haberse traído de la India allí alguna reliquia, y parte de su cuerpo.

Mas los autores modernos, graves y dignos de fe, afirman estar hoy día en la ciudad de Malipur, donde fue martirizado, y traen tan ciertos testimonios, que no se puede dudar de ello: porque siendo rey de Portugal don Juan el III, el año de 1523, cavando dentro de una capilla, y rompiendo un muro debajo de dos grandes piedras, se halló el cuerpo del sagrado Apóstol, y junto a él la lanza con que le martirizaron, y un bordón con que andaba: y don Duarte de Meneses, virrey, mandó labrar allí una iglesia, y poner en ella en una arca de plata el cuerpo del Santo Apóstol: por cuya devoción muchos portugueses vinieron a poblar aquella ciudad, y por honra del sagrado Apóstol se llamó después ciudad de Santo Tomás. Esto refiere don Juan de Barros, diligente historiador portugués, en la tercera década de Asia.

Según la tradición, la Cruz tallada en piedra sobre la que estaba rezando el apóstol, que fue manchada con su propia sangre en su martirio, se conserva hoy día en el Santuario.

Y el Obispo Gerónimo Osorio, varón doctísimo y de grande autoridad, al fin del libro III de la Historia del rey Manuel de Portugal escribe, que en el año del Señor de 1572, el Obispo de Coenin (que es en la India) envió al infante Cardenal don Enrique (que después fue rey asimismo de Portugal) una información auténtica, en la cual se contenía: que en la ciudad de Malipur o de Santo Tomás, en la iglesia, que por tradición se tiene ser el lugar donde fue martirizado, se muestra una Cruz cortada en piedra, con algunas manchas de sangre, los remates de la cual son unas flores de lis, y en el de en medio una paloma, y sobre ella un arco con ciertas letras incógnitas, todo en una pieza. Tiene toda la ciudad devoción de asistir a una Misa que se dice con grande solemnidad, en honra de la Anunciación de la Virgen, cada año el día de la fiesta de Su Expectación, a los 18 de diciembre, y tres días antes de la fiesta de Santo Tomás. Sucedió que el año de Cristo de 1571, al tiempo que en la Misa se decía el Evangelio, viéndolo todos los que estaban presentes, la Cruz comenzó a destilar sangre por las manchas que se ha dicho tenía: y fue en tanta cantidad, que el Sacerdote que decía la Misa, limpiando con los corporales la sangre, quedaron bañados en ella, y la Cruz con mejor lustre que primero. Causó esto grande admiración y devoción a los que allí estaban, y alabaron todos a Dios. Lo mismo sucedió otros años el mismo día y a la misma hora. Leyeron aquellas letras incógnitas, que dijimos, dos bracmanes muy doctos entre indios, y sin saber el uno del otro, se conformaron que decía así: «Tomás varón divino, enviado por el Hijo de Dios y su discípulo, fue a los reyes de Sagamo, para dar noticia del verdadero Dios a la gente que en él había, donde obró grandes maravillas; y al cabo puesto de rodillas sobre esta piedra, haciendo oración a Dios, fue por un brácmano alanceado y muerto.» Todo esto refiere el Obispo Gerónimo Osorio.

Y los padres de la Compañía de Jesús lo mismo, como cosa ciertísima; y dicen, que alguna vez ha sucedido este milagro de la Cruz, diciendo ellos la Misa el día de la Expectación del parto de Nuestra Señora: y que es cosa maravillosa, que en comenzando a decir el Evangelio de la Misa mayor, y no antes, comienza también la Santa Cruz a mudar poco a poco su color natural (que es blanco): trocándole en amarillo, y después en negro, y de negro en otro más claro color del cielo: hasta que acabado el Sacrificio de la Misa, se torna a su color natural. Y lo que más admira y aumenta la devoción es, que así como va mudando la Santa Cruz el color, va destilando unas pequeñas gotas de sangre, y poco a poco se van engrosando, hasta caer con tanta copia, que los paños con que se limpia quedan teñidos de la misma sangre: y si algún año deja de haber este milagro, se tiene por cierta señal de algún gran trabajo que les ha de venir, como la experiencia lo ha mostrado. Por este tan insigne y tan ordinario milagro que Nuestro Señor obra en glorificar a Su Santo Apóstol, todos aquellos cristianos le tienen gran devoción y acuden a su sepulcro: y no solamente los cristianos, pero los mismos sarracenos y gentiles visitan aquel templo, y hacen fiesta al Santo el 1° día de julio: y aunque no siguen ni obedecen a su doctrina, le tienen en grande veneración.

El padre San Francisco Javier, uno de los primeros compañeros que tuvo el Santo Padre Ignacio de Loyola, para fundar la religión de la Compañía de Jesús, y el primero de ella que pasó a la India Oriental, y la iluminó con los resplandores del Evangelio y con muchos y grandes milagros, y convirtió innumerables almas a la fe de Jesucristo; cuando quería emprender alguna grande hazaña en servicio del Señor y beneficio de aquellos pueblos, se iba en romería a visitar el cuerpo del Santo Apóstol Tomás, y se estaba allí muchos días y noches en oración, suplicando a Nuestro Señor por los merecimientos de Su Apóstol, que le diese a él parte de su espíritu, celo y fervor, para renovar la fe de Su Santo Nombre, que el Apóstol había plantado: y rogando al mismo Apóstol, que pues el Señor le había encomendado a él la viña de aquella gentilidad para que la cultivase, y ahora estaba tan destrozada y desierta; que le alcanzase gracia para seguir sus pisadas, imitar sus virtudes y renovarla para beneficio de las almas y gloria del mismo Señor: pues todo lo que él hiciese, lo haría como ministro suyo y ayudado de su familia, y refloreciendo la religión cristiana en aquellas partes, crecería su gloria accidental. Con el favor, pues, de este Santo Apóstol, animado el padre San Francisco Javier, y alentado con un aliento del cielo, acometió cosas tan grandes, y las acabó como se ve en su vida: y todo esto redunda en gloria de Tomás, a quien tan de veras se encomendaba y deseaba imitar.

Innumerables fueron los milagros que el Santo Apóstol hizo en vida y después de muerto. San Gregorio Turonense en el libro de la Gloria de los mártires refiere algunos, y dice, que en su tiempo la lámpara que ardía delante de su sepulcro de noche y de día, no tenía necesidad que le echasen aceite u otro licor, porque sin él perpetuamente ardía: que en la feria que se hacía el día de su fiesta y por los treinta días siguientes, concurriendo muchos mercaderes a comprar y vender sus mercaderías, no se hallaba mosca que diese fastidio a los que venían: que había gran copia de agua, que se hallaba muy somera a cada paso, siendo la tierra de suyo muy árida y seca: que pasados los treinta días volvía la falta de agua, y la muchedumbre de moscas; y que Dios enviaba una copiosa lluvia para limpiar las inmundicias que se habían hecho con la feria en aquella ciudad.

Marco Veneto (que anduvo por aquellas partes de la India, antes que los portugueses las descubriesen) escribe, que en la provincia de Malabar, en la cual está el reino de Calicut, había un linaje de hombres, que descendían de los que mataron a Santo Tomás, y que por más fuerza que les hagan, no es posible llevarlos y hacerlos entrar en el templo de Malipur, donde está el cuerpo del Santo Apóstol.

Algunos autores escriben otra cosa más notable y singular, y dicen: que el año de 1120, siendo Calixto II Sumo Pontífice, vino a Roma por su devoción un patriarca de la India llamado Juan, y que en público consistorio dijo al Papa y a muchos cardenales y prelados que estaban allí presentes, que el glorioso Apóstol Santo Tomás cada año aparecía visible, y con su propia mano comulgaba a su pueblo, dando la Sagrada Hostia a los dignos y dejando de darla a los indignos. Esto refieren muchos autores, y puede ser que sea verdad; porque para Dios, que es Todopoderoso y grande honrador de Sus Santos, no hay cosa imposible ni difícil.

De Santo Tomás Apóstol hacen mención los autores arriba citados, y escribieron su vida San Isidoro y Simeón Metafraste.

Catedral Basílica de Santo Tomás en MALIPUR, hoy CHENNAI (Madrás), India.

 

 


Fuente:
https://arquitecturaycristianismo.com/2015/11/17/santo-tomas-apostol-en-chennai-india/
https://books.google.co.ve/books/about/La_Leyenda_de_Oro_para_cada_dia_del_a%C3%B1o.html?id=7SEMOaLhxFwC&redir_esc=y

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