“Te buscaré, te buscaré día y noche, ovejita de Mi rebaño”

La vidente Isabel recibe Locuciones de Nuestro Señor Jesucristo respaldadas por su director espiritual y publicadas en el sitio: http://elpastorsupremo.es/

MENSAJE 53
2 DE NOVIEMBRE, 2018 

Te buscaré, te buscaré día y noche, ovejita de Mi rebaño,[1]para darte todo Mi Amor, el bien y la felicidad de todo un Dios que se anonadó en el seno de María[2]por ti, por tu amor y tu salvación.

¡Oh, Israel de Mi Corazón, cuánto tiempo esperando este momento de estar junto a ti, de contemplar tus calles, tu vida, tu bullicio, tu alegría, tu vida!; pero a ti te busco, te busco sin parar día y noche y no te encuentro[3], no te dejas encontrar por tu Dios y tu Salvador.

Estás ante Mí, Israel de Mi Amor, pero te escondes, te escondes sin parar, no quieres ver el rostro de tu Salvador, te avergüenzas de tu pecado de idolatría[4], de tu falta de fe.

¡Oh!, Jerusalén de Mi Amor, cuánto tiempo he deseado volver a vivir contigo, estar junto a ti, pero te escondes, te escondes por tu pecado, por tu ceguera que te impidió ver al Hijo de Dios que estaba ante ti[5], junto a ti.

No respondéis a Mi llamada de Amor; no respondéis, hijos, seguís en vuestras cosas y el tiempo pasa inexorablemente, pero no hacéis caso, estáis embotados en las cosas de esta vida, esta vida efímera que pasa y pasará, y no dejará huella; sólo vuestro amor quedará[6], vuestros actos de amor, vuestro perdón[7]a todos, sólo el amor quedará como huella imborrable en vuestras almas y en la de todos vuestros hermanos: el amor que recibisteis, el amor que disteis, todo el amor de vuestras vidas quedará[8]como huella imborrable, eterna, en vuestros corazones, en vuestras almas.

¡Sagrado Corazón de Jesús!, decís, y es agradable al Padre, pero ¿miráis, contempláis el fuego de Amor que arde en Mi Corazón? Es un fuego[9]que quema el pecado, que quema la idolatría en vuestras vidas, que purifica vuestras almas.

Sagrado Corazón de Jesús, decís, pero no os acercáis al Él, al fuego que arde en Mi Corazón por vosotros, por vuestro amor.

Cuánto tiempo, ¡oh Israel!, queriendo darte Mi Amor, pero tú lo rechazas una y otra vez, y Mi Corazón sangra de dolor, un fuego inextinguible de caridad, de amor, que quema hasta lo más profundo de Mis entrañas por vosotros, hijos, y no os acercáis a él.

Venid, hijos, benditos de Mi Padre[10], y calentaos en el fuego de Mi Amor, los que estáis ateridos del frío de este mundo de la soledad, del abandono, del dolor.

Venid, hijos, benditos de Mi Padre, y acercaos al fuego que no quema, pero arde con la fuerza del Amor Eterno, con el calor del Amor que no termina nunca, que es Eterno. Es para vosotros, hijos, es para vuestras vidas y vuestras almas.

Venid, hijos, venid, porque no encontraréis en este mundo más amor que el que arde en Mi Corazón, es el único Amor que llenará vuestras vidas y, con el Amor que arde en Mi Corazón, pondré en vosotros de Mí[11]para que deis a vuestros hermanos, a los que yacen en sombras de muerte[12]por el pecado de Satanás, que anda buscando vuestras almas para condenarlas al alejamiento del Sagrado Corazón de Jesús, quiere alejaros de Mi Santo Corazón[13], no le dejéis, hijos, no le dejéis.

Acudid al Sacramento de la confesión y acercaos a Mi Santo Corazón, calentaos en Mi fuego de Amor por vosotros, vivid la Caridad ardiente que brota de Mi Corazón por vosotros, irradiad después lo recibido[14]a todos, porque este mundo muere de frío y de inanición porque se ha alejado de la Vida, del Calor, del Alimento[15]para sus almas.

¡Oh!, hijos de los hombres, que buscáis el amor en vuestras vidas y no os acercáis Al que es el Amor, Al que os busca día y noche para daros todo Su Amor, Al que os puede salvar de la condenación eterna[16]. Dejad ya la bisutería barata de este mundo, dejad de seguir a los que os hablan de amor, pero no son poseedores de él, venid Al que muere por vosotros en la Cruz[17]por el Amor ardiente que arde en Su Santo Corazón: El Hijo de Dios[18], Jesús de Nazaret[19], el Hijo de María[20]y del carpintero José[21], el que se anonadó[22]en el seno de una Virgen[23]para daros la vida, para daros el Amor, todo el Amor.

¡Oh!, ciegos de este mundo, que buscáis entre el estiércol y la basura la felicidad en esta vida.

¡Oh!, ciegos de este mundo, que ponéis en los bienes de este mundo vuestra alma y vida[24]: ¡Qué pronto os daréis cuenta del vacío de vuestra búsqueda!, o lo que es peor, os enredaréis en ella y será vuestra perdición.

¡Oh!, ciegos de este mundo, que vendéis vuestra alma por un placer efímero de esta vida[25].

La condenación eterna será vuestra paga por tanto mal y pecado en vuestra vida, porque habéis rechazado el amor, el Único Amor y la Salvación que os vino a traer el Hijo del hombre.

¡Oh!, guías ciegos, que os tragáis un camello y filtráis un mosquito, siempre pensando y mirando las cosas de este mundo, y os saltáis el amor y la caridad[26]. No veláis por Mis hijos, sólo por las cosas de este mundo, y lo pagaréis ante el Hijo de Dios cuando venga en Gloria y Majestad[27], porque debéis velar por el alma de vuestros hijos, no por vosotros[28].

No es tiempo de buscar las cosas de este mundo, no es tiempo de seguir a los que os hablan de las cosas de este mundo, porque perderéis un tiempo que necesitáis para disponeros a estar ante el Hijo de Dios.

Velad, hijos, velad para no caer en tentación[29], porque Satanás persigue vuestras almas para alejarlas de Mí, el Santo de los santos, el tres veces Santo[30], el que os busca día y noche sin parar para daros una felicidad eterna junto al Hijo de hombre.

¡Oh!, Jerusalén de Mis entrañas, de Mi Amor, ¿cuándo reconocerás tu idolatría, tu falta de fe, y mirarás al cielo pidiendo perdón por tanto desamor, tanta crueldad con la que recibiste al Hijo de Dios[31], que vino a ti por tu Amor, por tu Salvación?[32]

Estad dispuestos, hijos, estad dispuestos porque el tiempo de la cosecha[33]se acerca y no encuentro racimos maduros[34].

La Sangre del Hijo del hombre vertida[35]por vosotros, el Amor de todo un Dios clavado en la Cruz[36], las lágrimas de Su Madre vertidas por el dolor y el sufrimiento de ver a su Hijo clavado en la Cruz[37], de ver vuestro odio al Salvador, a Su Hijo amado.[38]

¡Oh!, hijos, que os declaráis sin fe, acudid al horno ardiente de Mi Sagrado Corazón, porque vuestro pecado está ante Mi vista y las puertas del infierno se abren para vosotros cada día. Buscad la fe[39]en el camino del Hijo del hombre[40], buscadla y la hallaréis[41], pero si no la buscáis y la despreciáis seréis reos de muerte porque sucumbiréis ante los lazos de Satanás, el diablo[42], para el que sois presa fácil; os arrebatará de Mi mano, porque os dejaréis embaucar por el enemigo de vuestras almas. ¡Ojo, hijos, alerta debéis estar!

No presumáis nunca de no tener fe, porque es como el que presume de no tener ojos, de no tener corazón, ¿un muerto puede presumir acaso de estar muerto? Pues eso hacéis vosotros cuando presumís de no tener fe, presumís de estar muertos, de que vuestra alma esta negra como el carbón, vuestro cuerpo descompuesto y lleno de gusanos y alimañas, ése es el aspecto del que presume de no tener la Vida, la Gracia, y el Amor en su vida. Vuestros rostros desfigurados por el pecado: es lo que está ante Mi vista; no sigáis al que rompe la belleza[43]en vuestras vidas, en vuestras almas.

Venid, venid, hijos benditos de Mi Padre[44], venid a Mi Santo Corazón y guareceros en él de la inclemencia del tiempo, del mal de Satanás, de la perdición de vuestras almas.

Venid, hijos, y no hagáis sufrir más al Salvador de vuestras almas, al que os busca día y noche sin parar, por amor.

No es tiempo de esperar más, para revisar vuestra vida ante Mí; dadme vuestros pecados en el sacramento de la confesión, dádmelos, hijos, con todo vuestro amor y arrepentimiento que Yo, Jesús, los llevaré al abismo y allí los sepultaré y no los tendré en cuenta cuando estéis ante Mí[45]. Ese día llega, llegará, hijos, está llamando a vuestras puertas.

Venid, hijos, venid a Mí, que Yo, Jesús, os aliviaré[46]de vuestra carga[47], de vuestros pecados y os daré un Reino[48]Eterno de Amor. Hacedme caso, hijos, hacedme caso y no os lamentaréis aquel día.

Yo, Jesús, estoy con vosotros y no os dejo ni os dejaré nunca[49], no os separéis de Mí[50], venid a Mí.

Hablad a María, Mi Madre Santísima, pedidla su ayuda en vuestro caminar.

Un día clareará como nunca lo habíais visto antes, es el día, preparaos porque llego, llego y no tardo. Amén, amén. Preparaos, hijos de los hombres, para recibir a vuestro Salvador. Amén, amén.

Un día le veréis bajar entre nubes[51]: “Es el Día”, diréis, pero antes, hijos, os espero en vuestro corazón; allí estaréis ante Mí, ante el Hijo de Dios, vuestro Dios y Salvador.


[1] Jn 10, 1-16
[2] Lc 2, 26-38; Gál 4, 4
[3] Is 65, 2; Rom 10, 21
[4] Jer 10, 1-16
[5] Lc 2, 25-32; 7, 29-35;
[6] 1 Cor 13, 8
[7] Mt 18, 21-22.35
[8] 1 Cor 13, 13
[9] Lc 12, 49-50
[10] Mt 25, 34
[11] Rom 5, 5; 8, 38
[12] Lc 1, 79
[13] Rom 8, 35-37
[14] Mt 10, 8
[15] Am 8, 11
[16] Lc 19, 10; Sant 4, 12
[17] Mc 14 y 15; Gál 2, 20
[18] Lc 1, 32-33
[19] Mt 21, 10-11
[20] Mt 13, 55
[21] Mt 1, 18-25 ; Mc 6, 3 ; Lc 2, 1-7; Lc 2, 16
[22] Flp 2, 6-8
[23] Is 7, 14
[24] Lc 12, 19-31
[25] Lc 8, 14; 1 Tim 5, 6; 2 Tim 3, 1-5; Tit 3, 3
[26] Mt 23, 17-23
[27] Mt 25, 31
[28] Lc 12, 45-47
[29] Mt 26, 41
[30] Is 6, 3 ; Ap 4, 8
[31] Mt 11, 16-24; Lc 19, 41-44; Jn 1, 10-11
[32] Mt 26 y 27
[33] Ap 14, 14-20
[34] Mt 21, 43
[35] Jn 19, 34
[36] Lc 23, 33-38
[37] Jn 19, 25
[38] Lc 2, 35
[39] Heb 11
[40] Jn 14, 6
[41] Mt 7, 7-8
[42] Ap 12, 9
[43] Sal 45, 12
[44] Mt 25, 34
[45] 1 Cor 4, 5
[46] Mt 11, 28
[47] Mt 11, 30
[48] Jn 18, 36; 1 Pe 2, 9; Ap 1, 6
[49] Mt 28, 21
[50] Jn 15, 5
[51] Lc 21, 27

Fuente:
http://elpastorsupremo.es/wp-content/uploads/2018/11/MENSAJE-53.pdf

Mensajes de la vidente Isabel publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/vidente-isabel/

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Una respuesta a “Te buscaré, te buscaré día y noche, ovejita de Mi rebaño”

  1. pajares95 dijo:

    gracias lo pongo. dtb bs

    ________________________________

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