25 de Octubre y 3 de Diciembre: Historia de Nuestra Señora de Las Victorias (1836)

25 de Octubre y 3 de Diciembre
Año: 1836 / Basílica Nuestra Señora de Las Victorias, PARÍS, Francia
Inicios de la Consagración al Inmaculado Corazón de María
Vidente: Padre Carlos Eléonor des Genettes



Historia de Nuestra Señora de Las Victorias


Antecedentes de la Devoción al Inmaculado Corazón

En París, durante la década de 1830 a 1840 hubo tres Apariciones de la Santísima Virgen mostrando Su Inmaculado Corazón y Su deseo de que seamos Consagrados a él.

En la segunda Aparición a Santa Catalina Labouré, el 27 de Noviembre de 1830, la Virgen le muestra el modelo de la Medalla Milagrosa para ser acuñada, dada a conocer y distribuida. En lo alto estaban escritas en letras de oro estas palabras: “Oh, María, Sin Pecado Concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.” Y en el reverso los Corazones de Jesús y de María, de los cuales el Primero estaba circundado de una Corona de Espinas, y el Segundo traspasado por una Espada.

 

 

 

 

 

Diez años después, el 28 de enero de 1840, en la misma Capilla de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en la calle Du-Bac de París, la Santísima Virgen se aparece a la Hermana Justina Bisqueyburu y le muestra el Escapulario de Verde de Su Inmaculado Corazón. Al reverso del Escapulario la religiosa vio “un Corazón ardiendo con rayos más deslumbrantes que el sol y tan transparente como el cristal.” El Corazón estaba perforado por una espada y rodeado por una Oración en forma oval: “Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte.”


Historia de la Iglesia de Nuestra Señora de Las Victorias

Para apreciar el significado del evento ocurrido en 1836 en esta iglesia, es necesario entender su historia.

Basílica de Nuestra Señora de Las Victorias, en París.

En Diciembre de 1629 fue puesta la primera piedra de la Iglesia conventual de los Padres Agustinos, llamados “Los Padrecitos”, a la cual Luis XIII, que financiaba los trabajos, le puso el nombre de “Nuestra Señora de Las Victorias”, en reconocimiento a la Virgen por sus recientes victorias que garantizaron la unidad de su reino. La Virgen quería aquel lugar para atraer hacia Dios a Sus hijos dispersos por el pecado y sus consecuencias, que son las guerras y el ateísmo.

Durante la Revolución Francesa (1789-1799), cuando se extendió el terror por toda Francia, los padres Agustinos fueron expulsados de su convento y en su iglesia instalaron la bolsa de valores. Las cosas cambiaron cuando Napoleón quiso, por intereses políticos, aparentar ser amigo de la Iglesia, de modo que entre 1800 y 1809 la Iglesia pudo ser erigida en Parroquia. Pero, como estaba en un barrio de negocios y la revolución había causado un gran abandono de la fe, había muy pocos feligreses. Los esfuerzos humanos no lograban mejorar las cosas. Había una iglesia abierta pero los corazones estaban muy lejos de Dios.

Así eran las cosas, cuando el 27 de agosto de 1832, el Padre Carlos Eléonor des Genettes fue instalado como párroco de Nuestra Señora de la Victorias. La Iglesia estaba abandonada y pobre. El estado espiritual de la parroquia era tan decadente que el domingo siguiente a su asignación como párroco, el Sacerdote pudo contar como asistencia solamente a 4 personas además del coro, y durante todo el año de 1835, solamente 720 comuniones fueron distribuidas.

Por cuatro años y medio, el Párroco soportó la tortura espiritual de ver todos sus esfuerzos y trabajos no dar fruto. Empezó a deprimirse por la esterilidad de su ministerio y por la aparente desesperanza de su situación. Así se encontraba el Sacerdote cuando…


Aparición de la Virgen
3 de Diciembre de 1836

El Padre Carlos Eléonor des Genettes mientras celebraba la Santa Misa en el altar de la iglesia de Nuestra Señora de Las Victorias, hizo las oraciones de la liturgia de la época y al pronunciar las palabras: “Judica me”, sintió una gran conmoción interior. “¡Júzgame, oh Señor!” Si el Señor fuera a juzgarlo, ¿cómo lo encontraría? ¿Quizás como un fracasado? —Se preguntó interiormente: “¿Ha habido un sacerdote tan estéril en su ministerio como yo?”

Altar Mayor con la Imagen de Nuestra Señora de Las Victorias-

Este pensamiento, que muchas veces vino a su mente, en ese momento se convirtió como en una espada que traspasaba su corazón. No podía pensar en nada más que en esto, hasta el punto que no pudo concentrarse en las restantes oraciones de la Misa. Concluyó que lo mejor era presentar su renuncia como Párroco.

Cuando comenzó la Oración Eucarística, hizo un esfuerzo supremo para recogerse y concentrarse en el momento sublime de la Consagración. Sin embargo, se sintió más perturbado que nunca. Suplicó al Señor que lo librara de las distracciones para ofrecer el Santo Sacrificio en un estado digno. Fue entonces cuando escuchó muy claramente unas palabras que se le pronunciaron con gran solemnidad:

“Consagra tu parroquia al Santísimo e Inmaculado Corazón de María.”

Estas palabras resonaron en su corazón, e inmediatamente experimentó una gran paz interior, desapareciendo la obsesión de pensamiento que había tenido unos minutos antes. En la conclusión de la Misa y durante el tiempo de acción de gracias, repasaba en su mente todo lo que había ocurrido. Se dijo a si mismo que todo había sido una fantasía, producto de su imaginación. Pero cuando se iba a levantar de su silla para terminar la celebración de la Santa Misa, volvió a escuchar las palabras que antes oyó:

“Consagra tu parroquia al Santísimo e Inmaculado Corazón de María.”

Cayó de rodillas ante esas palabras que ya había escuchado previamente. Pero todavía tenía temor de aceptarlas como auténticas, pues pensó que fueran el resultado de una ilusión. Trató de ignorarlas, de olvidarse de ellas, pero seguían viniendo a su mente con más intensidad. Finalmente, para alcanzar su paz interior, más que por creer que habría algún resultado para su parroquia, decidió responder a la petición que había escuchado dos veces.

Ya que había resuelto obedecer a la Voz, el padre decidió entrar de lleno en el espíritu de esa petición. Era evidente que el propósito de dicha Consagración de su parroquia al Inmaculado Corazón era motivar a los parroquianos a orar al Inmaculado Corazón y frecuentemente recurrir a la protección y cuidado maternal de la Santísima Virgen. Pensó que la mejor forma de llevar esto a cabo era establecer una Asociación Religiosa con oraciones específicas, reuniones y normas.

En ocho días el Padre Genettes tenía escritos y aprobados por el Arzobispo de París los Estatutos para la Asociación. El domingo 11 de diciembre anunció desde el púlpito que empezarían esa misma tarde unas Devociones y Oraciones para pedir al Señor, a través de la intercesión del Inmaculado Corazón de María, la conversión de los pecadores.

Ya que sólo diez hombres habían asistido a la Misa y oído el anuncio, el Sacerdote no esperaba que llegaran muchas personas esa tarde. Sin embargo, la Virgen María empezó a mostrar Su Plan cuando, después de la Misa, dos hombres que casi nunca asistían a Misa, se acercaron al P. Genettes y pidieron el Sacramento de la Confesión. A las siete de la tarde, la hora anunciada para empezar las Devociones al Inmaculado Corazón, de cuatrocientas a quinientas personas se hicieron presente en la Iglesia. Todos estaban estupefactos, no podían creer el gran número de personas que habían asistido… por años no se había visto en esa parroquia más de diez personas.

Al principio del servicio de oración, estaban un poco indiferentes, pero mientras avanzaban las Devociones, sus corazones se fueron gradualmente derritiendo bajo el calor maternal del Corazón de María. Ya para el final, todos unían sus voces en el canto de las Letanías de Nuestra Señora y las Alabanzas Divinas ante el Santísimo Sacramento. Salieron decididos a volver a la Iglesia y participar de estas Devociones que habían reanimado su fe y devuelto la paz y el gozo.


Primeros Milagros

El párroco, P. Genettes, estaba sobrecogido de emoción, sin embargo, no estaba plenamente convencido que este camino, trazado por el mismo Señor, que lo dirigía hacia el Corazón de María, tendría todo el resultado esperado. El padre pidió a la Virgen Santísima una señal, la conversión del señor Joly, quien había sido el último ministro de Luis XVI. En su juventud este hombre había aceptado doctrinas anticlericales y prejuicios contra la Iglesia. Ahora tenía ochenta años, estaba ciego y muy enfermo y por mucho tiempo había renunciado a practicar ninguna religión. El padre había tratado muchas veces de acercarse al señor Joly sin éxito.

El 12 de Diciembre, el Padre des Genettes regresó a casa del señor Joly y tocó la puerta. Los empleados no querían dejarle pasar, pero éste insistió de nuevo y por fin pudo llegar donde el anciano. No habían cruzado más que unas cuantas palabras corteses, cuando el señor Joly pidió al Padre que lo bendijera. Movido profundamente, el Sacerdote lo bendijo, y en ese momento el anciano exclamó:

“¡Su visita me está haciendo tanto bien, padre! No le puedo ver, pero siento su presencia. Desde que entró a mi cuarto sentí una paz, calma interior y felicidad que nunca antes había experimentado.”

Entonces el padre, al ver la disposición tan extraordinaria que tenía el señor Joly, le preguntó si quería confesarse, a lo cual contestó inmediatamente que sí.

El Padre des Genettes había pedido una señal y la había recibido claramente. Ahora, ya estaba convencido de que estaba haciendo la Voluntad de Dios y que tenía una misión auténtica que cumplir. Encontraría muchos obstáculos, como todas las obras de Dios, pero la Asociación inmediatamente floreció. En diez días, 214 personas se hicieron miembros.

La Asociación continuó gradualmente creciendo y se extendió por toda la ciudad de París, luego por toda Francia, y más tarde por el mundo entero. Para la primavera de 1838, la extraordinaria historia de la Asociación, la cual había sido muy instrumental en obtener conversiones grandes, milagros e innumerables gracias, llegó a la atención del Supremo Pontífice. Impresionado por la idea de la Asociación y del maravilloso éxito que había adquirido, el Papa Gregorio XVI emitió un informe erigiendo perpetuamente en la Iglesia de Nuestra Señora de Las Victorias, la Archicofradía del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, para la conversión de los pecadores. La humilde y pequeña asociación, que comenzó como el medio para levantar una parroquia pobre, se convirtió en una organización espiritual mundial, reconocida oficialmente y con sede en París. Pronto tendría miembros afiliados por todo el mundo.

Escapulario Blanco de la Archicofradía del Inmaculado Corazón de María.

Igual que la Medalla Milagrosa, a través de la aprobación Papal, Nuestra Señora de Las Victorias con la fundación oficial de Su Archicofradía, alcanzó un empuje global que la convirtió en la gran precursora de Fátima, Aparición que sería un foco luminoso para promover la Devoción al Inmaculado Corazón, por todo el mundo.

*******

Acto de Desagravio al Inmaculado Corazón de María

¡Oh, Inmaculado Corazón de María!, traspasado de Dolor por las injurias con que nosotros, pecadores, ultrajamos Tu Santísimo Nombre y Tus Excelsas Prerrogativas. Aquí me tienes, indigno (a) hijo (a) Tuyo (a), postrado (a) a Tus Pies, y agobiado (a) por el peso de mis culpas, vengo arrepentido (a) y con ánimo de reparar las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirige contra Ti el hombre insolente y malvado.

Deseo desagraviar con este acto de amor y entrega que hago delante de Tu Amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra Tu Inmaculada Concepción, contra Tu Perpetua Virginidad o Tu Divina Maternidad, y cuando al mismo tiempo no quieren reconocerte como Madre de los hombres; todas las blasfemias de aquellos que ultrajan directamente Tus Santas Imágenes o rechazan Tus Apariciones y Mensajes; y las ofensas de los que siembran públicamente la indiferencia o el desprecio a Tu Maternal Amor e Inagotable Misericordia.

Acepta, ¡oh, Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño, junto con el firme propósito que hago de serte fiel en adelante, de salir en defensa de Tu Santa Honra, cuando la vea ultrajada, y de propagar Tu Santo Culto y Tus Santas Glorias. Concédeme, ¡oh, Corazón Inmaculado de María!, que viva y crezca incesantemente en Tu Amor, hasta verle consumado en la Gloria. Amén.

  • Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Fuente:
http://www.corazones.org/maria/victorias_nuestra_senora.htm
https://carifilii.es/apariciones/listado-de-apariciones/nuestra-senora-de-las-victorias/
https://en.wikipedia.org/wiki/Basilica_of_Notre-Dame-des-Victoires,_Paris

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