Fiesta del Corpus Christi: Milagro Eucarístico de Bolsena (1263)

Fiesta del Corpus Christi
Año: 1263 / Lugar: Iglesia de Santa Cristina en BOLSENA, Italia
Milagro Eucarístico
El Sacerdote Pedro de Praga

Sacra Piedra de mármol manchada de Sangre durante el Milagro Eucarístico.



Milagro Eucarístico de Bolsena

Este milagro, que impresionó a toda Europa, sucedió en 1263, cuando se difundía por Europa la herejía de Berengario, que negaba la presencia real del Señor en la Eucaristía.

Un Sacerdote de Bohemia, llamado Pedro de Praga, tenía dudas sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía. Como solución a sus sufrimientos interiores, decidió peregrinar a Roma y pedir ante la tumba de san Pedro fortaleza en la fe. Puesto en camino, tuvo que hacer noche en la ciudad italiana de Bolsena, en la provincia de Viterbo.

A la mañana siguiente, cuando con el corazón oprimido por sus dudas de fe celebró la Santa Misa en la iglesia de Santa Cristina, tuvo una clara respuesta de Dios, para que la realidad del Misterio Eucarístico le entrara por los ojos. En el rito de la fracción del Pan brotó súbitamente Sangre de la Forma: un chorro como de una herida abierta, que cayó en el cáliz, lo llenó, lo desbordó, se derramó sobre los corporales. El Sacerdote, perplejo, intentó contener con sus manos aquella Sangre, recogerla entre los pliegues de los corporales; pero la Sangre seguía brotando a borbotones; incontenible, llenaba sus manos y empapaba los manteles del altar… Pedro de Praga creyó volverse loco.

Bolsena, altar donde sucedió el Milagro.

Pintura de Francisco Trevisani.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras la noticia corría como un reguero de pólvora por la pequeña ciudad y la gente acudía corriendo a ver el prodigio, el Sacerdote, sin saber qué hacer, bajó las escalerillas del altar, casi como queriendo huir. En el cuenco de sus manos consagradas, que eran un cáliz de Carne, la Sangre brotada incontenible de la Sagrada Forma, goteando a los pies del altar, sobre las piedras del piso.

A unos 30 kilómetros, en Orvieto, estaba entonces la Corte Pontificia, y la noticia llegó muy pronto al Papa Urbano IV.

El Papa envió al Obispo de Orvieto a Bolsena para comprobar la veracidad.

El Papa encargó a San Buenaventura, que en aquel tiempo era Superior General de los Franciscanos, presidir una comisión de teólogos que estudiara el caso. Testificaron el Sacerdote Pedro, los clérigos que estaban en la iglesia de Santa Cristina y los demás testigos del prodigio. La comisión confirmó la verdad de los hechos y Urbano IV ordenó al Obispo de Bolsena que le llevase a Orvieto los corporales y manteles del altar llenos de Sangre, casi fresca todavía.

El Papa decidió establecer la Fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia. Lo hizo el 11 de agosto de 1264, con la Bula Transiturus. No es que ese milagro diera origen a esta Fiesta, que había sido pedida por el Señor a la beata Juliana de Mont-Cornillon cincuenta y cinco años antes, cuando ésta tenía dieciséis años de edad, pero sí influyó mucho en el ánimo del Papa Urbano IV en orden a extender esta Festividad a toda la Iglesia.

El mismo Papa encargó a Sto. Tomás de Aquino la preparación de un Oficio litúrgico propio para esta Fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo en la Eucaristía. Todavía cantamos algunos de ellos: “O Salutaris Hostia”, “Pange lingua”, etc.

Parte de los corporales y manteles de altar, empapados en Sangre, fueron trasladados a la catedral de Orvieto, donde se conservan.

Catedral de Orvieto, Capilla del Sagrado Corporal.

 

 

 

 

 

 

 

Otra parte quedó en la iglesia de Santa Cristina, en Bolsena, donde se veneran también las manchas de Sangre en el suelo, debidamente protegidas. 

Bolsena, reliquias indirectas.

 

 

 

 

 

 

 


Actas notariales y sucesivos análisis han certificado siempre que se trata de verdadera Sangre humana.

Dos siglos y medio más tarde, el prodigio fue inmortalizado artísticamente por Rafael, en un fresco (La Misa de Bolsena) de la llamada Estancia de Heliodoro, en el Vaticano.

Catedral de Santa Cristina en Bolsena.


Fuente:
P. Ángel María Rojas S.J.  LA EUCARISTÍA MILAGRO VIVO.
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