14 de Mayo: San Matías, Apóstol y Mártir (†60)

Tomado de La Leyenda de Oro para cada Día del Año – Vidas de Todos los Santos que venera la Iglesia – Madrid-Barcelona, 1844 – Tomo I, Febrero, Día 24, Página 377.

San Matías, Apóstol y Mártir

Habiendo venido el Hijo de Dios del Cielo, para redimir al mundo y para conquistar los corazones de los hombres, tomó para esta conquista doce Apóstoles, pescadores, pobres y bajos, y les armó de Su Gracia y Espíritu, para que, como valerosos y fortísimos capitanes Suyos, hiciesen guerra al pecado, al demonio y al mismo infierno. Quiso que fuesen doce, y no más ni menos, figurados por los doce patriarcas, por los doce títulos del altar, por los doce príncipes que llevaban el Arca del Testamento, por las doce piedras del río Jordán, por las doce fuentes, por los doce bueyes del mar de metal que estaba en el templo, por las doce espías de los hebreos, por los doce leones del trono de Salomón, por las doce piedras preciosas del racional de Aarón, por las doce estrellas de la corona, que la Mujer vestida del sol tenía en Su cabeza, y por los doce fundamentos y doce puertas de la ciudad celestial. Entre estos doce apóstoles fue uno Judas Iscariote, el cual después de haber sido sublimado a la mayor dignidad, que hay en la Iglesia, que es el apostolado, y haber estado algunos años en la escuela de Jesucristo, y predicado y hecho muchos milagros en Judea; vencido de la codicia, vendió a su santísimo y dulcísimo Maestro por treinta dineros, y le entregó en manos de sus enemigos: y viéndole condenado a muerte, y desesperado de poder alcanzar perdón de su culpa; él mismo por sus manos se ahorcó, y reventó, y dio su alma infelicísima al demonio: para que con este tan lastimoso ejemplo todos temblemos y sepamos, que no hay seguridad en esta vida; y el que está en pié, no se desvanezca, sino agradezca al Señor que le tiene en pie, y le suplique humildemente, que no le aparte de Su mano para que no caiga: y para que entendamos, que para ser buenos, no aprovecha solamente la compañía de los buenos, si no nos aprovechamos de su buena vida, e imitamos sus ejemplos: y que no hay lugar seguro, por santo que sea, si el hombre no vive en él con cuidado y recato; pues el ángel cayó en el cielo, nuestro padre Adán en el Paraíso, y Judas en el colegio apostólico en compañía del Señor. Y además de esto, de la caída de Judas podemos aprender, que cuando cae el que recibió mayores dones de Dios, y por ellos está más obligado a servirle, no cae como quiera, sino que se despeña hasta lo más profundo del abismo de la maldad, haciéndose capitán y guía de los malos, como San Pedro dice que se hizo Judas de los judíos, para prender al Señor, porque del buen vino, como dicen, se hace buen vinagre, y de un gran santo, un gran demonio, cuando no persevera en su santidad. Y ésta es la causa, porque el religioso, que vive en su religión santamente y persevera en ella hasta la muerte, es dechado de virtud y un retrato del cielo; y el que, vencido de su flaqueza, vuelve las espaldas a Dios y como apóstata deja los hábitos, comúnmente es escándalo y es tropiezo de los que con él viven; aunque no es de maravillar, por lo que se ha dicho. Habiendo, pues, tenido Judas tan desdichado fin, y caído de la cumbre del apostolado en tan extrema miseria, escribo San Lucas en los Hechos apostólicos, que después de la Ascensión a los cielos de Cristo Nuestro Salvador, estando todos los apóstoles y los otros discípulos del Señor juntos, se levantó San Pedro, como cabeza y pastor universal de todos, y después de haberles referido brevemente la maldad y castigo de Judas, les dijo: que para cumplirse la profecía de David, se había de escoger uno, de los que allí estaban, y habían conversado con Cristo, desde el bautismo de San Juan Bautista hasta el día, en que subió a los Cielos, para que entrase en el lugar de Judas, y fuese testigo y predicador de la resurrección del Señor, con los demás Apóstoles: y pareciendo bien a todos los que allí estaban, y eran como ciento y veinte personas, de común consentimiento escogieron entre todos, dos, á José, que tenia por nombre Barsabas, y por su gran santidad llamaban Justo, y a Matías, que ambos eran de los setenta discípulos del Señor: y puestos todos en oración, le suplicaron humildemente, que pues Él solo conocía los corazones, y sabia, cuál de los dos era más a propósito para aquel ministerio; declarase su voluntad y manifestase, a cuál de los dos, que ellos le presentaban, había escogido, para que en lugar de Judas en el apostolado le sirviese. Declaró Dios Su Voluntad, y cayó la suerte sobre Matías: la cual suerte, dice San Dionisio Areopagita, y otros doctores, que le siguen, que fue un rayo de divina luz, que vino sobre Matías, y una sensible señal, de que Dios lo había escogido. Aunque otros doctores dicen, que aquella suerte fue de las que en el viejo Testamento usaban los judíos, y que puesta en las manos de Dios con aquella humilde, y devota oración de los fieles, él la encaminó de aquella manera: pero otros hay, que interpretan estas suertes, por la elección de los apóstoles, y otros fieles, en la persona de Matías, alumbrados, y movidos de Dios, a quien ellos suplicaban, que los inclinase, y pusiese en el corazón aquel, que de los dos propuestos era más a propósito; y el Señor acudió a su petición, inspirándoles, que escogiesen a Matías: y así lo hicieron, concurriendo con gran consentimiento todos los votos en su persona: y esta exposición parece más conforme al texto griego, el cual donde nosotros leemos: Adnumeratus est cum undecim: Fue contado con los otros once; dice: Suffragiis additus est: Fué añadido a los once por votos. De manera, que se dice, que cayó la suerte sobre Matías; porque declararon, que él había de ser preferido a Barsabas, y gozar de la dignidad apostólica: y que fue elegido de Dios; porque los apóstoles en elegirle no siguieron el afecto de la carne, y de la sangre, ni tuvieron respeto, a que José era deudo de Cristo, y hermano de otros tres apóstoles; sino solo a la luz, o instinto del Espíritu Santo, que los inspiró que eligiesen a Matías, dejando a José, que tenía nombre, y obras de justo: para enseñarnos, que en la provisión de los oficios, y beneficios eclesiásticos, no nos movamos por carne, y sangre: y escogió a Matías, para darnos a entender, de cuán santa vida, y altos merecimientos era, el que en aquella oposición de tanta dignidad había sido preferido al justo, y puesto en el número de los doce Apóstoles. Y llamarse suerte esta elección de Dios no es cosa nueva en la Sagrada Escritura; porque en este mismo razonamiento, que hizo San Pedro a los discípulos, para que eligiesen otro en lugar de Judas, llama al apostolado, que tuvo Judas: Suerte: no porque se le hubiese dado por suerte (que no se dio, sino el beneplácito, y mera voluntad del Señor); sino porque así como no está en la mano del hombre, que le caiga la tal, o tal suerte; tampoco estuvo en manos de Judas ser escogido para tan alta dignidad. Y San Pablo llama suerte a la misma elección, y Salomón dice de sí, que como por suerte había alcanzado buena alma; porque Dios se la había dado por su gratuita voluntad.

Comenzó San Matías, luego que fue hecho Apóstol, a hacer su oficio, habiendo recibido con los otros Apóstoles, y discípulos del Señor el Espíritu Santo, y a predicar a los pueblos el misterio escondido, o inefable de la Cruz con gran santidad de vida, fervor de espíritu, y celestial doctrina: porque además de la que siendo mozo había aprendido, el mismo Espíritu Santo era su Maestro, y su Doctor, y el que le alumbraba el entendimiento con Su Luz, abrasaba el afecto con Su ardor, y le daba lengua de Fuego Divino, para encender los corazones de los que le oían.

Después en el repartimiento, que hicieron los sagrados Apóstoles de las provincias, en que habían de predicar, a San Matías le cupo Judea, y en ella predicó admirablemente, y convirtió innumerables pueblos al Señor, como dice San Isidoro en su vida, y penetró su predicación, y doctrina, hasta lo interior de Etiopía, como dice Sofronio, Nicéforo, y Doroteo; y padeció muchos, y muy graves trabajos, de caminos por tierras ásperas y fragosas, de persecuciones de los judíos y gentiles: de los cuales finalmente fue apedreado, y descabezado por el Señor. Murió cerca de los sesenta años de Cristo, imperando Nerón. El cuerpo de San Matías con el tiempo se trajo a Roma, y está en Santa María La Mayor, donde se muestra su cabeza; aunque Juan Ekio, alemán, varón grave, docto, que disputó, e hizo callar a Lutero, escribe, que el cuerpo de San Matías se llevó de Roma a la ciudad de Augusta; y puede ser, que se haya llevado alguna reliquia, o parte de él, quedando en Roma la mayor parte del cuerpo, y la cabeza, donde hoy día es reverenciada.


Fuente:
https://books.google.co.ve/books/about/La_Leyenda_de_Oro_para_cada_dia_del_a%C3%B1o.html?id=7SEMOaLhxFwC&redir_esc=y

Esta entrada fue publicada en Mensajes y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.