11 de Abril: Martirio y Milagros de San Estanislao de Cracovia (1030-1076)

Tomado de La Leyenda de Oro para cada Día del Año – Vidas de Todos los Santos que venera la Iglesia – Madrid-Barcelona, 1865 – Tomo II, Mayo, Día 7, Página 41.

Ubicación…

San Estanislao, Obispo y Mártir

El bienaventurado San Estanislao, Obispo y Mártir, nació en la ciudad de Cracovia, cabeza del reino de Polonia, de padres ricos y nobles, los cuales, habiendo sido casados ya treinta años, sin tener hijos, por sus oraciones y lágrimas impetraron del Señor a San Estanislao. Desde niño comenzó a mostrar lo que había de ser, así en habilidad e ingenio para todo género de letras, como en la vergüenza, modestia y honestidad de sus costumbres. Estudió primero en la ciudad de Guiesna, y después en la universidad de París, las artes liberales, el derecho canónico y la sagrada teología, con grande aprovechamiento; y volviendo a Polonia, siendo ya muertos sus padres, repartió a los pobres el rico patrimonio que le habían dejado. Tuvo deseo de renunciar a todas las cosas del siglo y hacerse religioso; pero Nuestro Señor, que se quería servir de él en otro ministerio, ordenó que fuese canónigo y predicador, y después Obispo de la Iglesia de Cracovia, y que sucediese en ella a Lamberto, lo cual aceptó con gran repugnancia y dificultad, y por no resistir a la Voluntad del Señor, que le llamaba y lo quería poner sobre el candelero, como una hacha resplandeciente, para alumbrar con la luz de su vida y doctrina a todos aquellos pueblos que Él le encomendaba.

Admirable fue la santidad, vigilancia, prudencia y valor de este Santo en el gobierno de su obispado, y la caridad y misericordia para con los pobres y necesitados. Era el más humilde de todos, blando con los flacos, severo con los rebeldes, piadoso con los afligidos, manso en sus injurias, celoso y terrible en las cosas de Dios. Era rey de Polonia en aquella sazón Boleslao, hijo del rey Casimiro, el cual, habiendo dado al principio muestras de valeroso príncipe en las guerras que trabó con los rusos, después con el regalo se estragó y se dio a todo género de vicios y deshonestidades, y se convirtió en una bestia, no sólo carnal, sino también fiera y cruel y derramadora de sangre humana. Y como los vicios de los príncipes son más notados y más dañosos, todo el reino de Polonia estaba muy escandalizado y afligido por el mal ejemplo y tiranía de su rey. Le pareció a Estanislao que tenía obligación de avisar, como padre espiritual, a Boleslao de sus desafueros. Lo hizo con humildad y grave modestia, suplicándole una y muchas veces que se reportase, y se fuese a la mano y considerase que los pecados de los reyes son mucho más feos que los de las personas particulares, así por la mayor obligación que tienen a Dios, que los ha hecho reyes, como por el mayor daño que se sigue a todo el reino: el cual, con el mal ejemplo de su rey, se inficiona. Que si no se enmendaba, supiese cierto que Dios le castigaría, y por ventura le quitaría el mando y la corona, y le privaría del reino que Él mismo le había dado. Salió fuera de sí Boleslao por esta tan santa y justa amonestación del Obispo, porque no quería desistir de su mala vida, ni que hubiese persona en su reino que se atreviese a reprenderle. Determinó perseguir a Estanislao y hacerle callar mal de su grado, y echarle de su iglesia, y como no hallase ocasión verdadera para poderlo hacer, buscó una fingida y aparente.

Había comprado el Santo Obispo una heredad de un hombre rico, llamado Pedro, para su iglesia, y pagado enteramente el precio de ella; pero no tenía bastantes escrituras para poderlo probar. Era ya muerto tres años antes el dueño de la heredad de quien él la había comprado, y los herederos del difunto, por dar gusto al rey y aprovecharse de la ocasión, pusieron pleito al Obispo, diciendo que aquella heredad que él había usurpado era suya de ellos. Se vio el negocio en cortes delante del rey, y como al Obispo le faltasen los recaudos necesarios, y los testigos que sabían la verdad no lo quisiesen decir por temor del rey, fue condenado, mandándole que restituyese la heredad. Pidió tres días de término para traer allí, a Pedro, tres años antes, como se ha dicho, difunto, que se la había vendido. Se los dieron haciendo burla de él. Mas el Santo ayunó, veló y oró con gran fervor a Nuestro Señor, suplicándole que pues aquella era causa Suya, Él la defendiese; y al cabo de los tres días, habiendo ofrecido el Santo Sacrificio de la Misa, se fue a la sepultura donde Pedro estaba enterrado, e hizo quitar la losa que estaba encima, cavar la tierra y descubrir el cuerpo, y tocándole con el báculo pastoral, le mandó que se levantase. Al mismo punto obedeció el muerto a la voz del Santo vivo, y se levantó, y por su mandato le siguió hasta el tribunal donde estaba el rey, y los grandes y jueces de su corte. Les dijo Estanislao. «He aquí a Pedro, el que me vendió la heredad, el cual de muerto ha resucitado y está presente. Preguntadle si es verdad que yo le pagué enteramente lo que para la iglesia me vendió. El hombre es conocido, la sepultura está abierta, Dios ha sido el que le ha resucitado para confirmación de la verdad, su palabra debe ser más firme y cierto argumento de ella, que todos los dichos de los testigos ni escrituras que se pueden alegar.»

De este milagro tan grave y tan manifiesto quedaron atónitos y helados los adversarios del Santo Obispo, y no tuvieron qué decir, porque Pedro les declaró toda la verdad, y amonestó a sus deudos que hiciesen penitencia de su pecado, y de las molestias que contra justicia habían dado a Estanislao; el cual le ofreció que si quería vivir algunos años, él se los alcanzaría del Señor. Y Pedro escogió antes volverse a la sepultura y tornar a morir, que quedar en una vida tan congojosa y peligrosa, diciendo al Santo que él estaba en el Purgatorio, y le quedaba poco tiempo para acabar de purgar los pecados que había cometido en esta vida; y que más quería estar seguro de su salvación, aunque fuese padeciendo las penas que  le restaban por padecer, que ponerse en contingencia de perderla, volviendo al golfo y tormenta del mar tempestuoso de este siglo. Que lo que le suplicaba era que rogase a Nuestro Señor que le remitiese aquellas penas, y le llevase presto a gozar de Sí entre los bienaventurados. Con esto, acompañándole el Obispo y gran número de gente, volvió Pedro a la sepultura, y compuso sus miembros, y pidiendo a los circunstantes que le encomendasen a Dios, murió la segunda vez para vivir con Dios eternamente. ¿A quién no convirtiera un milagro tan ilustre y tan evidente como éste? ¿Qué pecho tan duro y empedernido puede haber que no se ablande y enmiende, viendo a un hombre resucitado y que quisiera antes tornar a morir que vivir en esta frágil y miserable vida? Mas estaba el corazón del rey tan abrazado con sus vicios y tan encarnizado en sus deshonestidades y crudezas, que todo esto no bastó para reducirle y rendirle a Dios; antes como una fiera se relamía en la sangre inocente de sus súbditos, y como animal inmundo se revolcaba en el cieno de sus torpezas, con notable escándalo de su reino.

Tomó Estanislao primero todos los medios suaves y blandos que pudo para sanar aquella llaga tan encancerada del rey, y viendo que todos le salían en vano, vino a tomar el postrero del hierro y fuego, y a excomulgarle apartándole de la comunión de los fieles, como miembro podrido, para que con este golpe, o volviese en sí y se enmendase, o de tal manera se perdiese, que no perdiese juntamente consigo el reino. Pero el rey, como otro Faraón, con los azotes Dios más se endureció, y sabiendo que el Santo Obispo iba a decir Misa a una iglesia de San Miguel, envió sus soldados y ministros que le sacasen de ella, y le arrebatasen del altar si fuese menester, para matarle. Fueron, y queriendo poner las manos en el Santo, que estaba celebrando el Misterio de nuestra Redención, espantados con una súbita y excesiva luz del cielo, cayeron en tierra sin poder ejecutar su maldad. Y lo mismo sucedió la segunda y tercera vez a otros soldados que el rey había enviado para el mismo efecto. Habiendo ido Boleslao para hallarse presente a aquel detestable espectáculo, y recibir contento viendo por sus propios ojos la muer te del que tenía por cruel enemigo; y como los sayones despavoridos volviesen atrás sin poder ejecutar lo que su señor les había mandado, y reprendiéndoles de flojos y pusilánimes, arremetió al Santo, y él mismo por su mano le dio con la espada un golpe tan terrible en la cabeza, que los sesos se esparcieron por las paredes; y luego, los de su guarda, allí en el altar donde estaba le acabaron de matar; y le hicieron pedazos; arrojando aquellos miembros sagrados por los campos, para que fuesen comidos de los perros y de las fieras. Mas el Señor envió de cuatro partes cuatro águilas de notable grandeza, que se pusieron allí cerca del santo cuerpo, y milagrosamente le defendieron dos días enteros; y fueron vistas muchas luces de noche en el aire sobre aquellas santas reliquias.

De aquel milagro, movidos algunos Sacerdotes y personas piadosas, que al principio estaban encogidas por miedo del cruel tirano Boleslao, tomando ánimo, recogieron los miembros de su santo cuerpo esparcidos, y los compusieron y tornaron a juntar; y con otro milagro, por Voluntad del Señor, vinieron a unirse y trabarse entre sí, tan sólida y enteramente como si nunca hubieran sido divididos ni apartados, y sin quedar rastro ni señal en ellos de las heridas. Enterraron el cuerpo entero a la puerta de la misma iglesia de San Miguel, donde había sido muerto: de allí a diez años le trasladaron a la ciudad de Cracovia, y con grande honra le sepultaron en medio del templo de la fortaleza de aquella ciudad.

No se puede fácilmente creer el sentimiento que hubo en el reino de Polonia y en los otros de la cristiandad, de un caso tan lastimoso y abominable, y lo que todos los buenos pronosticaron de los desastres y calamidades que habían de llover sobre aquel desventurado rey. Pero el que hizo mayor demostración fue el Sumo Pontífice Gregorio VII, el cual, queriendo castigar un caso tan atroz y la injuria tan extraña que se había hecho a la Iglesia, puso entredicho en todo el reino de Polonia. Excomulgó y anatematizó al rey Boleslao, y le privó del reino, y mandó a los Obispos que sin su licencia no ungiesen ni coronasen a nadie por rey: y a todos los que intervinieron en la muerte del Santo Obispo y Mártir los excluyó a ellos, y a todos sus descendientes hasta la cuarta generación, de todos los oficios, beneficios y rentas eclesiásticas. Y el miserable rey, aborrecido de todos, y atormentado del verdugo cruel de su propia conciencia, huyó de Polonia a Hungría, donde no mucho después, no pudiéndose sufrir, él mismo se mató: aunque otros dicen que yendo a caza cayó del caballo, y fue comido de los perros. Y no falta quien diga que hizo penitencia, y sin ser conocido estuvo en un monasterio sirviendo en la cocina, hasta que acabó su vida.

La muerte de San Estanislao (según Martín Cromero) fue el año del Señor de 1079, y fue a los 11 de abril. Y después se trasladó su cuerpo a los 8 de mayo; aunque por estar este día ocupado con la Aparición de San Miguel, celebra la Iglesia su fiesta a los 7 de mayo. Después, por los años de 1253, ciento setenta y cuatro años después de su muerte. Inocencio IV, Sumo Pontífice, le canonizó, y le puso en el catálogo de los Santos, habiendo precedido algunos singulares milagros que Dios obró para honrar y magnificar al Santo Obispo Mártir. Y nuestro muy Santo Padre Clemente VIII mandó que la fiesta de San Estanislao se pusiese en el Breviario romano, y que se celebrase con Oficio de duplex en toda la Iglesia Católica. Se sacó esta vida de fray Lorenzo Surio en el segundo tomo de las Vidas de los Santos, a los 11 de abril, de Juan Longino, canónigo de Cracovia, y de Wandalia de Alberto Krancio, en el tercero libro, a los capítulos doce, trece y catorce, y de Martín Cromero, autor muy grave, en su Historia de las cosas del reino de Polonia, al fin del cuarto, y en el principio del libro nono, y de las lecciones aprobadas con la autoridad de la sede apostólica.

(P. Ribadeneira.)


Fuente:
https://books.google.co.ve/books/about/La_Leyenda_de_Oro_para_cada_dia_del_a%C3%B1o.html?id=7SEMOaLhxFwC&redir_esc=y

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