Visiones sobre los Últimos Tiempos que Impactan a la Iglesia, por el Padre Wilson Salazar

MENSAJE DE DIOS PADRE
Al Padre WILSON SALAZAR
Colombia, 14/02/2011

El Amor de Dios Padre Creador, el Amor de Dios Salvador, el Amor de Dios Santificador esté con todos vosotros.

Os cubro y os bendigo en el Corazón Purísimo de vuestra Madre, la Reina Purísima que tanto ora por vosotros. Ella es el Refugio de los últimos tiempos, la elegí para ser la Capitana que guíe Mi ejército en los últimos tiempos. En Ella he depositado toda Mi confianza para los últimos tiempos. ¿Qué haríais sin Ella? ¿Qué haréis  sin Mi Hija predilecta? Ella es quien  recluta las almas para los últimos tiempos.  Os lo aseguro, el que no esté unido a la Reina no alcanzará el Reino, Ella es quien los cubrirá en Su Santo Corazón en los últimos tiempos, en Ella estaréis seguros y firmes en la verdad de Mi Iglesia.  

Escrito está en Mi Palabra, Ella es la Mujer vestida de sol, con la luna bajo Sus pies  y una corona de doce estrellas sobre Su Cabeza: Mi Iglesia. Ella es la encargada de guardar la Iglesia, Mi Verdadera Iglesia. Es la encargada de llevar el resto fiel a los pastos y al  agua viva, Ella es vuestra Barca de Salvación, Ella es el Arca de los últimos tiempos; es el Refugio de vuestro corazón, los sencillos serán refugiados en Su Corazón, los humildes, los que Me aman de verdad, pero cierro las puertas de Mi Reino a los orgullosos a los soberbios y arrogantes, a los que destruyen Mi Iglesia con sus falsedades, a los soberbios por sus elucubraciones, ideas, teorías y falsos razonamientos humanos; les cerraré el Reino de los Cielos a los que Me retan cambiando Mi Palabra eterna por sus teorías modernistas infiltrándolas en Mi Iglesia, no verán la Luz del Reino de los Cielos.  

¡Ay!,  de los que han creído en sus falsas teorías, ay de ellos que suplantan Mi Evangelio acomodándolo a sus propios intereses e interpretando mal Mi Evangelio aboliendo Mi Ley y poniendo leyes falsas, que se atreven a negar la Sagrada Escritura con sus teorías, ideas  y elucubraciones, con sus creencias y falsedades; ay de los teólogos de los últimos tiempos que se ufanan de decir que la Iglesia debe cambiar, que Mi Iglesia debe caminar con el  mundo moderno y acomodarse a la modernidad, compaginándose con las ideas  protestantes que son obra del demonio,  con ideas y doctrinas falsas que jamás YO di y que no son Mías, que jamás inspiré Yo; jamás cambiaré Mi Palabra Santa por los deseos e intenciones de los falsos profetas, de los modernos teólogos; jamás cambiaré Mi Santa Verdad por los reformadores y teólogos modernos que se ufanan de conocerlo todo creyéndose dioses en Mi propia Iglesia.

Jamás cambiaré Mi Palabra Eterna por lo que vive el mundo moderno, Yo no soy un Dios relativista ni falso, Soy un Dios Verdadero y lo que he dicho en Mi Palabra es Palabra Eterna. Yo no soy un Dios que cambie como cambia el mundo y acepte todas las abominaciones y pecados que se han convertido en vivencias comunes y aceptadas por el mundo, Soy un Dios serio y radical que no cambia Su Verdad Eterna por lo que el mundo desea, Soy un Dios celoso y firme y no cambio  Mi Palabra con los tiempos, Mi Palabra es Mi Verdad incambiable, Mi Verdad indivisible  y Mis Mandamientos son eternos y no los cambiaré jamás como quieren los traidores e infieles teólogos y protestantes en Mi Iglesia. Son Judas infiltrados por demonios que desean cambiar Mis Leyes y Mi Verdad, ¿y  acaso no  han cambiado ya Mis verdades Eucarísticas por la pestilencia del demonio? ¿Acaso no han infiltrado en Mi Eucaristía sacrilegios y profanaciones y herejías tocando el Cuerpo de Mi Hijo quienes no he mandado? ¿Quién mandó eso? ¿Acaso fui Yo? ¿Yo mandé que a Mi Hijo lo tocara cualquiera? Eso no lo mandé Yo, son falsedades de los falsos y Judas infiltrados en Mi Iglesia. ¿Yo mandé instaurar esas falsedades en Mi Iglesia infiltrando cosas peores en el Divino Sacramento del Altar?  Traidores, traidores, traidores son esos que desean cambiar Mi Sacerdocio infiltrando maldades y aberraciones demoníacas. A esos innovadores teólogos y modernistas  que cambian Mis Mandamientos por aberraciones demoníacas, a esos que no Me aman pero sí aman a Santanas queriendo destruir Mi Iglesia, a esos que han corrompido Mi Iglesia, a esos Judas que venden Mi Iglesia a este mundo moderno y sus complacencias perversas y demoníacas, a esos que quieren cometer la abominación de los primeros padres que se han dejado seducir por la antigua serpiente,  a esos falsos que han dejado seducir su vida como Adán y Eva comiendo del fruto prohibido queriendo ser dioses de sí mismos y de Mi iglesia, queriendo hacer su voluntad cambiando Mi Verdad Eterna, Mi Santa Palabra en Mi Santa iglesia, a esos les cierro las puertas del Reino de los Cielos; a esos que están infiltrando toda clase de abominaciones en Mi Iglesia Verdadera los rechaza Mi Corazón, a esos los rechazo y no entrarán en Mi Reino, traidores de la verdad, de Mi Iglesia, a esos no le daré parte en Mi Reino, Judas orgullosos y soberbios que se creen dioses cambiando Mis Leyes Santas prescritas en Mi Santa Palabra para Mi Iglesia.

 Yo Soy un Dios Verdadero, discernid los últimos tiempos, ¿acaso no los veis? ¿Acaso no veis lo que está pasando en la humanidad?  ¡Me duele Mi Iglesia! Cuántos traidores hay al lado de Mi Papa, cuánto sufre Mi Vicario, Mi representante en la Tierra, cuántos falsos hay en contra de Mi Verdad que sólo sirven para hacer perder miles y miles de almas en el infierno. Yo, vuestro Padre, os los digo, preparaos, hijos, preparaos; preparaos porque el Señor de Universo castiga este mundo. Lo que estáis viendo por los medios de comunicación, los cambios políticos, las guerras en las naciones, las catástrofes y todo aquello, eso no es nada para lo que se viene sobre el mundo. Oídme bien, cumplid Mi Sagrada Escritura, ¿acaso no os lo dijo Mi Hijo que todo se cumpliría? No pasara una tilde sin que se cumpla Mi Palabra. Cielo y Tierra pasarán, mas Mi Palabra no pasara. Se cumplirá hasta la última tilde de Mi Palabra.

¡Ay!, de los gobiernos orgullosos, soberbios, ¿qué os habéis creído? Os derrumbaré de vuestros pedestales y renovaré esta humanidad.  Purificaré este mundo con mano poderosa y brazo extendido y veréis la renovación más grande que jamás se haya visto en la historia de la humanidad. Derrumbaré la soberbia de los que se creyeron dioses de este mundo y retaron Mi poder. Os habéis encumbrado como Torre de Babel queriendo tocar al mismo Dios y haciéndoos dioses de este mundo; hipócritas y falsos que pensáis que sois dioses, os derrumbaré con Mi Poder, Yo os derrumbaré por vuestra soberbia y por haber creído más en el mismo demonio que en Mí, el Dios Verdadero. Os habéis dejado guiar por los demonios inmundos y os creéis dioses, pues os derribaré con mano poderosa y os cierro las puertas de Mi Reino, soberbios y arrogantes. Habéis destruido el mundo con vuestra masonería infernal guiada por el demonio, pues Yo os castigaré por vuestras maldades e iniquidades, por haber seguido al señor de las tinieblas y no al Señor del Cielo y de la Tierra. Caeré este mundo por el castigo misericordioso del Creador. Yo Soy el Único Señor y no Me amáis como al Señor. Este mundo será purificado con Mi poder misericordioso de tanta maldad y falsedad, porque todo lo que he dicho en Mi Palabra Santa se cumplirá. Yo Soy un Dios verdadero y todo lo escrito se cumple porque es Mi Palabra y se debe cumplir, porque Soy un Dios Verdadero. Yo Soy Dios y Yo mismo pastorearé Mi Iglesia manteniéndola firme en la Fe; el que cree en Mí no morirá para siempre.  

¡Ay!, de los Pastores. ¡Ay!, de los pastores que no aman a Mi Hijo en la Eucaristía, que no aman a Mi Hijo en la Eucaristía. ¡Ay!, de los sacerdotes malos, de los pastores traidores y pecadores que tocan a Mi Hijo con manos impuras, en pecado mortal, llenas de crímenes y pecados, más les valdría no haber nacido. ¡Ay!, de ellos, que con manos impuras Lo tocan y no Le aman; manipulan a Mi Hijo y Lo tratan como cualquier cosa, Lo levantan como cualquier cosa y lo dan a cualquiera para que Lo toque. Llegará el día en que recibirán Mi castigo.

¡Ay, de Mi Iglesia, Yo Soy Dios! ¡Ay!, de los pastores que se apacientan a sí mismos acomodándose a este mundo y dejando perder Mis almas, dejándolas a merced del enemigo para su perdición y llevando sacrilegios en Mi Iglesia. ¡Ay!, de los pastores que han corrompido Mis Sacramentos y manipulan a Mi Hijo haciendo sacrílego lo más Sagrado que se les dio en sus manos, más les valdría no haber nacido. Traicionan lo más Sagrado que encomendé a Mi Iglesia: Mi Hijo amado. ¡Ay!, de los pastores que se apacientan a sí mismos, porque Me darán cuenta del rebaño y Yo se los quitaré por sus maldades. 

¡Ay, de Mi Iglesia, vengo con poder a purificarla! El cisma que habrá en la Iglesia, que se viene sobre Mi Iglesia será grande y nefasto y servirá también  para comprobar quiénes son los fieles a la Verdad, y quiénes son los Judas traidores. Llegará el día, hijos Míos, y ya ha entrado en Mi Iglesia la abominación de la desolación en el Templo Sagrado, y llegará el día que querrán abolir el Sacrificio Sagrado por compaginar con la falsa religión, la masonería del demonio, que los amos del mundo desean implantar en la humanidad; falso ecumenismo, falsa religión, que desea quitar a Mi Hijo Amado del Divino Sacrificio de la Cruz. El que tenga oídos para oír que oiga, y discierna los signos de los tiempos, no permitiré que Mi Iglesia sea arrasada por las mentiras e infiltraciones del demonio con su masonería maldita.

¡SOY EL REY DE REYES!, y vengo con poder a castigar el mundo y a purificar Mi Iglesia. No temáis, pequeño rebaño, manteneos fieles al Papa, Mi Papa que sufre por Mi Verdad y está rodeado de traidores Judas. Manteneos fieles; manteneos fieles, pequeño rebaño, manteneos fieles, fieles. Os cobijo en el Corazón de María Reina, Ella es la Capitana del ejército de los últimos tiempos; con Ella, con Ella, con María, en María, os refugio en la Verdad y nadie os tocará porque a los pequeños y humildes les revelo Mis grandes Misterios, a los soberbios y orgullosos los aparto de Mi vista y no les doy Mi Verdad. El que tenga oídos para oír que oiga. ¡Amad a vuestra Iglesia! Amadla en la verdad y luchad por la verdad en ella. Sed valientes y radicales a Mi Verdad en la Sagrada Escritura, en Mi Iglesia.

Veréis Mi castigo amoroso sobre esta humanidad; lo veréis, es el castigo amoroso que todo lo purificará y lo renovará. No temáis, pequeño rebaño, os cubro en el Corazón de María, os doy todo Mi Amor, os doy toda Mi bendición, os doy toda Mi Presencia a los que son fieles a  la Fe auténtica de los Apóstoles guiados en la Verdad de la Iglesia por la Sagrada Escritura, los cuidaré y os llevare a Mi Reino. Os llamo a la Verdad, os llamo a la valentía, os llamo a estar firmes y valientes para que podáis ver los Cielos y la Tierra Nueva.

Os doy toda Mi Bendición de Amor. Mi Paz os dejo, Mi Paz os doy.  Os amo, os amo, os amo. AMÉN. AMÉN. AMÉN.

El Sagrado Corazón de Dios Padre.


LAS VISIONES SOBRE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
QUE IMPACTAN A LA IGLESIA.

Padre Wilson Salazar de Colombia.

Amados hijitos de Dios y de Mamita María, estos mensajes los doy a conocer bajo la obediencia a Dios, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos, en el Corazón de María. Quien desee puede divulgar estos mensajes si lo ve conveniente por el bien de las almas en la Santa Iglesia…
Padre Wilson Salazar


PRIMER MENSAJE
:

Estando en oración en uno de los Santuarios más grandes del mundo en donde se apareció la Santísima Virgen María, mi vida fue transportada al lugar de la Aparición y en el cielo aparecieron rayos luminosos azules y un Santo Ángel se posó en el lugar santo con una espada inmensa.

Vi a la Santísima Virgen vestida de azul y Sus manos se extendieron resplandecientes, y todo se tornó de una luz indescriptible a la inteligencia humana; yo, postrado, sólo pedía Misericordia al Altísimo Dios.

La Santísima Virgen dirigió Su mirada sobre mí y me dijo palabras de amor; yo lloraba profundamente pidiendo perdón al Señor, y Ella me decía palabras de bendición y palabras personales que sólo debo guardar en mi corazón, muchas de ellas, sobre los últimos tiempos, pero que por obediencia a la Virgen Santa no puedo revelar en este momento.

Sólo revela esto que te diré ahora sobre la Santa Iglesia, y aunque Me duela el Corazón, debo decirlo para que muchas almas se conviertan y vivan la santidad de la Divina y Santa Iglesia de Dios:

Las puertas de la Iglesia están cerradas al Señor, ya no dejan entrar ni al mismo Señor porque le han cerrado las puertas a la fe, a la esperanza y al amor; le cierran las puertas a la Verdad, al Santo Evangelio de Mi Hijo amado; le cierran las puertas a la Fe verdadera, a las Santos Mandamientos de Dios, a los Divinos Sacramentos.

Hoy, más que nunca en la Iglesia, los ministros del Señor consagrados le cierran las puertas al Señor para hacer su propia voluntad humana y no la Voluntad Divina. Hoy los ministros sagrados se han profanado con orgullo y soberbia, llenos de mentira y falsedad; escasean los Sacerdotes santos y fieles al Evangelio, viven bajo las garras del demonio y siguen sus mentiras y perversidades como si nada pasara, y dicen que todo en la Iglesia está bien, cuando crecen los escándalos y las infidelidades por haber abandonado al Señor, pero ellos siguen proclamando que todo está bien.

Hoy los ministros de Mi Hijo han sacado al Señor de los templos con sacrilegios, herejías, apostasías, dándose a espíritus engañadores. Las puertas de la Iglesia se cierran cada vez más a la única y santa Verdad de Mi Hijo amado en la Cruz, que pocos son los Sacerdotes que se crucifican con el Señor Jesús, y son miles los que viven de los placeres de mundo y de la carne olvidando la verdad sobre la cual se edificó la Divina Iglesia. Los ministros sagrados le cierran las puertas a Mi Hijo Jesús con sus infidelidades y desobediencias a la única verdad del Evangelio y se las abren al demonio y su ejército, y convierten los templos en moradas de orgullo y placer donde no se hace la Voluntad de Dios sino las de sus propios caprichos; convierten los templos en cueva de ladrones donde todo los Sagrado se vende y se negocia. Cierran las puertas a la Verdad única de la Palabra de Dios y la Tradición, y las abren a las falsedades del mundo moderno diciendo que la Santa Iglesia debe modernizarse. Se ve claramente que nunca leen el Evangelio donde Mi Hijo amado vino a proclamar la verdad contra todo lo que no era divino.

Hoy muchos ministros sagrados cierran las puertas a la Madre Santa, ya no Me aman ni proclaman Mi devoción; hasta hay ministros consagrados que se burlan de Mis devociones y se las prohíben al pueblo, como lo es el Santo Rosario, hasta llegan a negar Mis Santos Dogmas.

La Iglesia Santa de Dios se derrumba cada día más porque no hay santidad ni pequeños que deseen ser santos; cuánto Me duele el Corazón ver a la Iglesia de Dios abriendo las puertas a la maldad y acomodada al mundo moderno. Por eso el Reino de los Cielos es para los pequeños, los humildes y sencillos de corazón que se dejan amar por el Señor.

Sé que son duras estas Mis palabras, pero son la realidad que se vive hoy día en la Iglesia del Señor y aunque la verdad duela, Yo, la Madre Santa, estoy puesta por Dios para hablar en estos últimos tiempos y llamar a la verdadera conversión. Llamo a las almas puras, humildes y sencillas que se unan a Mi Corazón Inmaculado por la salvación de la Santa Iglesia. Oren, ayunen, reparen y pidan Misericordia por los Sacerdotes hijos predilectos de Mi Corazón. Orad por los ministros sagrados a quienes tanto amo para que su corazón vuelva a la Casa del Padre, en la verdad que debe reinar en la Santa Iglesia de Mi Hijo.

Os amo y os bendigo, haced penitencia y oración, Yo os amo y os acompaño en los tiempos difíciles por los que pasa la Iglesia del Señor. Os amo.


SEGUNDO MENSAJE
:

Entonces, un Santo Ángel del Señor me trasladó fuera de este mundo y pude ver al mundo en toda su dimensión, y me dijo el Ángel del Señor:

Siervo de Dios, mira.

Y vi cómo una oscuridad inmensa se abatía sobre la Tierra, eran sombras negras y oscuras, seres terribles; eran como serpientes, dragones, seres gigantes, horribles a la visión humana que no puedo describir con palabras ante la fealdad de dichos seres; eran millones y millones que se abalanzaban sobre la Tierra, y a su paso todo se iba oscureciendo, el sol, la luna, las estrellas y todo a su paso era devastado y oscurecido, cada uno tenía nombres terribles de diferentes pecados; muchos se llamaban muerte y destrucción, ruina, peste, enfermedad, plagas y muchos más. Todo se iba cubriendo de pestilencia y olores fétidos, todo iba siendo destruido.

Y entonces vi cómo la Santísima Virgen extendía Su Santo Manto sobre la humanidad, y vi a San Miguel Arcángel con un ejército de Santos Ángeles en orden de batalla para combatir ese ejército maligno. Una lucha se entabló entre el Cielo y la Tierra, pero los mortales no se daban cuenta porque su estupidez era tal, que parecían convivir con los seres terribles como si nada pasara.

Me dijo el Santo Ángel:

No te asustes ni te acobardes, sigue mirando.

Entonces, vi a la Santísima Virgen cuidando el mundo y la Santa Iglesia con San Miguel y sus Santos Ángeles, pero se veía cómo el mundo y la Iglesia rechazaban tal cuidado, porque se sentían bien con los seres que convivían. Los demonios entraban y salían de los templos como si fuera su casa, los ministros sagrados convivían con esas sombras funestas, con los pecados de la carne, del tener y del poder, asmodeo y mammon era su nombre. Muchos demonios conducían a sacerdotes que todo lo desacralizaban y no creían ya en las verdades de la fe y hacían que la piedad y la devoción no estuvieran más en los templos del Señor.

Veía con mucho dolor, cómo la Santísima Virgen María lloraba viendo como el mundo no deseaba amar a Dios, y con su vida lo sacaba admitiendo a los demonios que llevaban toda clase de maldad y perversidad en todo el mundo, con leyes, normas y formas de vida que son contrarias a los Mandamientos del Señor. Eran tan pocos los que se veían amando a Dios y cumpliendo Sus Mandamientos, sólo pocas luces se veían en medio de tantas tinieblas, todos guiados por María Santa.

El Ángel me dijo:

Hijo, estos son los últimos tiempos y nadie está preparado porque el demonio y los suyos han acomodado la humanidad y parte de la Iglesia al pecado y la comodidad de la vida

¡Ay!, de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado sobre ella sabiendo que le queda poco tiempo. ¡Ay!, de los vivientes, porque les esperan los más terribles castigos del Cielo. La Misericordia de Dios castigará al mundo, ¿y quién está preparado? Sólo los santos se salvarán, los que vivieron el testimonio de Jesús y los Santos Mandamientos, sólo los que se refugien en el Corazón de la Santísima Virgen María. ¡Ay!, de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado sabiendo que le queda poco tiempo.

He visto a la Santa Iglesia, y cómo la oscuridad se cierne sobre ella porque no vive radicalmente la Verdad, y ha dejado entrar el sacrilegio, la herejía, en el Altar Santo.

La Iglesia será purificada con mano de hierro. ¡Ay!, de los pastores, porque el Señor vendrá a pedirles cuentas de su rebaño y no son dignos de Dios por su traición a la Verdad. ¡Ay!, de la Iglesia, porque le esperan las más grandes persecuciones por no vivir la santidad del Señor que la fundó.

¡Ay!, de la humanidad, porque el Rey de reyes está cerca, y las profecías divinas se cumplen en estos tiempos. ¿Quién podrá resistir cuando el Señor los visite? El mundo y la Iglesia no están preparados para los terribles castigos que se vienen porque no creen en las santas revelaciones del Cielo.

¡Ay!, cuando el Señor os visite, ¿quién podrá resistir? Vigilad y orad porque no sabéis ni el día ni la hora.


Visión después de la Santísima Comunión,
en una Santa Eucaristía de un Domingo.

De pronto me encontré en un espacio mediano, alguien estaba a mi lado con mucha luz; era mi Ángel de la Guarda que me conducía, pero no me decía nada y sólo me conducía en silencio, casi no o podía mirar por el resplandor que salía de él, y me dijo:

Mira.

Cuando miré vi que era una iglesia en ruinas, sin techo, unas vigas muy podridas y llenas de ramas podridas que colgaban de ella. Se veían muros muy desechos y arruinados, llenos de mugre, y tan deteriorados que parecían tambalear para caer. Miré el piso, y estaba muy sucio muy deteriorado y resquebrajado por todas partes, lleno de basura y como si nunca le hubieran hecho aseo; todo era tan sombrío, yo me encontraba en la mitad de esa iglesia en ruinas mirando tanto deterioro pero no decía nada, y no se me ocurría preguntarle al Santo Ángel, qué era aquello. Me sentía como aturdido, cuando de pronto me dijo el Ángel:

Mira.

Levanté un poco la mirada y me indicó el fondo del presbiterio, miré y vi que no tenía Altar, sólo un pedazo viejo y casi destruido, como si lo hubieran arrancado a golpes y hubieran dejado un pedazo que no se pudo arrancar con nada. Y vi una luz que salía del fondo de donde estaba el Sagrario, y el Ángel me dijo:

Mira bien con los ojos del alma.

Miré bien y era el Señor en el Santísimo Sacramento, una pequeña Hostia, y dije: Ay, Dios mío; ay, Dios mío, estás aquí. Y el Ángel me dijo:

¿Qué esperas? Póstrate, humíllate y adora la Divina Majestad.

Yo me postré y anonadado y pedía perdón por mis pecados y los del mundo, y sentía mucho dolor en mi alma. El Ángel Santo me dijo:

Quédate así, postrado, pero levanta un poco tu vista y mira:

Es la Virgen María, le dije, es la Virgen.

Ella estaba vestida de manto azul, y el vestido era blanco, hermoso. Sus manitos abrazaban el Santísimo como cuidándolo y Su mirada era muy triste, le salían Lágrimas de Sangre y suspiraba. Me pareció escuchar que susurraba en baja voz y suspiraba, diciendo:

Te amo, Te amo.

De pronto aparecieron unas personitas muy devotas que se postraban en adoración y lloraban ante el Santísimo, pero no veían nada, sólo adoraban con amor; eran solo tres personitas llenas de amor por el Señor. De pronto me dijo el Ángel Santo:

Levántate con reverencia, quiero que mires.

Me levanté como me dijo, y me indicó las entradas ruinosas de la iglesia y de la sacristía, y de pronto empezaron a salir Sacerdotes de todas partes, revestidos con los ornamentos sagrados, como si celebraran los Sagrados Misterios, y también muchos religioso con hábitos muy diferentes; entraban y salían, como si trabajaran allí y ejercieran su ministerio allí todos. Yo solo miraba, hasta que me dijo el Ángel:

No tengas miedo a lo que vas a ver.

Yo intenté mirarlo, pero no podía; no era posible mirarlo, sólo sentir que estaba allí. Me dijo:

Abre los ojos de tu alma, mira bien.

Cuando de pronto, empezaron a salir serpientes de toda clase, grandes y pequeñas pero monstruosas, y animales terribles salían del techo, de las paredes, del suelo, de todas partes toda clase de animales raros y horrendos; yo me asuste mucho, pero sentí seguridad porque sentía el Ángel a mi lado, él me dijo:

Son demonios, demonios.

Esos demonios, en todas sus formas, se reían, y parecían estar en su casa; olían asquerosos y dejaban como una baba por donde pasaban, y se burlaban; no miraban al Santísimo ni a la Virgen, pero emitían grandes carcajadas y por donde se metían, destruían.

Y veía cómo los sacerdotes, que eran muchos, y hasta obispos y jerarcas, y muchos religiosos de muchas comunidades, y mucha gente, aparecían como trabajando en sus cosas eclesiásticas dentro de la iglesia y no veían nada; no veían a los demonios entraban y salían, y los demonios, muchos, iban con ellos, y parecía como si convivieran sin ningún problema a su lado. Y muchos de esos horrendos seres parecían que guiaran a muchos eclesiásticos, y les decían cómo convivir. Yo sólo miraba, no decía nada. El Ángel Santo me dijo:

Mira, mira, mira.

Y yo miré al frente, pasaban por en frente del Santísimo y no hacían ni reverencia, sólo ocupados y ocupados en sus quehaceres; todos revestidos con ornamentos santos, nadie se fijaba en el Santísimo en ruinas. Y vi con dolor, cómo muchos eclesiásticos eran abrazados por esos terribles seres, y en la misma Casa de Dios cometían inmoralidades, infidelidades y adulterios; y muchos pecados capitales eran como abrazados por esas serpientes de muchas cabezas y se reían todos como si nada. Yo sentía mi corazón y empecé a decir: Perdónanos, perdónanos, perdónanos, Señor, somos muy pecadores. El Santo Ángel me dijo:

Calla, hijo, calla, que te van a hablar. Póstrate, póstrate.

Y sentí que él se postró, y yo caí de bruces, sin fuerzas, en cruz, y sentí una luz que se acercó y me cubrió; sentí algo indescriptible, y una Voz poderosa me dijo:

Hijo, hijo, hijo, lo que has visto es Mi Iglesia. Así está Mi Iglesia, ¿quién Me ama? ¿Quién Me ama? ¿Quién Me ama? ¿Tú Me amas?

Yo sólo decía, desde el fondo de mi alma: Perdóname, Señor, perdóname. Perdón, perdón, misericordia. De nuevo me dijo:

Mira a Mi Iglesia, ora y repara; ora y carga la Cruz. Te bendigo.

Ama a Mi Madre, y sufre y repara con Ella. Te bendigo.

Mantente en la Verdad de Mi Corazón Eucarístico y Mariano, las fuerzas del infierno no prevalecerán contra ella. Te bendigo.

El Juicio se acerca, el castigo misericordioso es inminente, ora en María. Te bendigo.


Visión dada por Dios Santo Sacrificio de la Eucaristía
Después de la Consagración, en la Santa Misa.

Sentí la Mano de Dios sobre mí, una luz me cubrió y caí boca abajo. Cuando caía, vi la Santa Iglesia representada en el Vaticano; era blanca, hermosa, grande, inmensa, en el centro tenía a los Doce Apóstoles del Señor y los cubría el Manto de la Santísima Virgen María, pero habían muchos seres negros que caminaban presurosamente por la Iglesia y no se veía nada bien. Y al lado de ellos vi muchos eclesiásticos, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y andaban con esos seres dentro de la Iglesia y vivían con ellos como algo normal. La Virgen los miraba y lloraba con mucho dolor, y lo mismo los apóstoles en el centro miraban con dolor y oraban guiados por la Santa Madre de Dios.

La Iglesia seguía resplandeciendo, y yo no sabía por qué si estaban tantos demonios aun dentro de ella; eran miles de millones, incontables, que estaban con los eclesiásticos. Y yo miraba asustado y no sabía por qué aún la luz seguía tan brillante; sólo había pocos eclesiásticos postrados en oración, a los cuales los demonios no los podían tocar, y también algunos fieles postrados resplandecían mucho en medio de todos.

Cuando vi debajo de la Iglesia unas Manos grandes, doradas, hermosas, que sostenían la Iglesia; de ella salía una Cruz esplendorosa y de ambos la Luz que a la Santa Iglesia. Y una voz me dijo:

Es Dios, es Dios, es Dios el sostiene Su Obra. Es el Padre con Sus Manos Santas, el Hijo con Su Cruz Poderosa, y el Espíritu Santo con Su Luz Esplendorosa.

Y de pronto sentí venir sobre la Iglesia una sombra inmensa, oscura, tenebrosa. Y yo, asustado, buscaba dónde esconderme, pero no pude; me recosté sobre una base de la iglesia iluminada y esa sombra furiosa se vino sobre mí, y era el demonio; lo vi, lo vi, me asusté tanto, temblaba todo mi ser, pero me apoyaba en la columna de la Iglesia y sentí los rayos esplendorosos de la Iglesia que me cubrieron. Y el demonio se acercó hasta muy cerca de mi cara, y me gritó:

Te voy a matar, te voy a matar, te voy a matar.

E intentaba con sus garras hacerme daño, y gritaba fuerte:

La destruiré como sea, acabaré con la Iglesia, la destruiré con mi poder.

Pero no podía hacerle daño. Yo me cubría el rostro, pero el demonio no podía tocarme ni dañar la iglesia; el demonio miró tras de mí y yo seguí su mirada, y grito muy duro:

Te voy a destruir, te voy a destruir. Haré lo que sea para destruir a la Iglesia.

Estaba mirando a la Iglesia, y dentro de ella había una pequeña comunidad; era muy pequeñita, parecía insignificante. En toda la Iglesia estaban cubiertos por una lucecita azul y ellos no se inmutaban, estaban postrados en oración y nada los perturbaba y seguían así con mucho amor a Dios. Y el demonio gritaba mas fuerte:

Te voy a matar; los voy a destruir, acabaré con la Iglesia.

Y me dio miedo, mucho miedo, y decía groserías horrendas. Y yo invoqué a Mamita María, pero el demonio no me tocaba.

Cuando de pronto sentí delante de mí y de la Iglesia una Luz grandísima que venía como un rayo, y se puso en medio, entre el demonio y la Santa Iglesia. Era San Miguel Arcángel, sacó su espada delante del demonio y su escudo, cubrió toda Santa Iglesia y plantado delante del demonio, con rostro poderoso y enérgico dijo:

¿Quién como Dios? ¿Quién como Dios? ¿Quién como Dios? Las fuerzas del infierno no la derrotarán.

Y el demonio calló su voz infernal y se esfumó como aturdido y desolado, dejando un olor fétido y gritando con gemidos inenarrables, muy fuertes.

Y San Miguel quedó allí plantado con poderosa presencia. Y yo miré otra vez a la Santa Iglesia, y una voz me dijo:

Vigilad y orad por la Santa Iglesia. Velad y orad, porque el demonio ha infiltrado su infernal ejército para hacerle daño; ya lo viste, ya lo viste, ya lo viste su ejército infiltrado. Orad y vigilad, como María en el Cenáculo con los Apóstoles, orad y vigilad.

Vigilad y orad, porque no sabéis ni el día ni la hora. Son los tiempos, son los tiempos, son los tiempos. El fin se acerca y nadie está preparado.

Vigilad, los tiempos se terminan y satán ha desencadenado con furia su poder para hacer daño a la Iglesia Santa, y ha infiltrado maldad en la Iglesia haciéndola pasar por verdad.

Vigilad y orad, los tiempos del apocalipsis están aquí; el que tenga oídos que oiga. Convertid los corazones y amad a la Iglesia en la verdad. Dios está cerca.


Visión dada por Dios después de la Santa
Consagración de la Santa Misa.

De pronto, me encontré en una Iglesia grande, con columnas doradas, resplandeciente de luz. Estaba yo parado con las vestiduras santas del Sacerdocio; eran doradas blancas y rojas, signos del Padre (blanco), del Hijo (rojo), del Espíritu Santo (dorado). La iglesia estaba vacía, yo miraba para todas partes la hermosura de la Luz de la Iglesia, que no era artificial sino venida del Cielo. Todo estaba en silencio, un silencio muy especial, muy celeste cuando de pronto, al lado mío, se apareció un Santo Ángel grande y resplandeciente. No le podía mirar el rostro por su resplandor, se le veían sus alas hermosas que desplegaban un brillo sobrenatural, y me dijo:

Sacerdote del Señor, toma y lee. Toma y lee. Toma y lee.

Y me entregó un pergamino dorado. Yo tomé en mis manos el pergamino y cuando lo desenrollé, empezaron a salir palabras grandes de él. Y el Ángel me dijo:

Lee en voz alta. Lee lo que se te manda leer desde el Cielo.

Y volví a mirar el pergamino, y decía:

††† Vigilad y orad. Preparad el camino del Señor. Está cerca el Señor de los señores †††

Le dije al Ángel Santo: ¿Y qué pasará? Y el Santo Ángel me dijo:

Mira y lee. Mira y lee. Mira y lee.

Miré y aparecieron otras palabras que decían:

††† Los signos de los tiempos están presentes, los Ángeles del flagelo divino están actuando en el mundo, y vienen cosas terribles aun, pero nadie hace caso a los signos que se presentan en todo el mundo. La naturaleza se rebela contra el hombre por su crueldad, para decirle que debe volver su corazón al Creador que tiene Misericordia, pero nadie hace caso. Son muy pocos los que se convierten, pocos creen en el llamado de Dios y piensan que no es verdad, y siguen con su vida de pecado. Se avecinan calamidades y catástrofes grandes en el cielo y en la tierra, pero nadie presta oído a la Voz del Señor para convertir su vida. El tiempo se agota, y el Señor de los señores se acerca.

¡Ay!, de los corazones débiles, pues no serán salvados. ¡Ay!, de los pecadores de doble vida, pues no serán preservados. ¡Ay!, de los que juegan a ser dioses, la Mano del señor pesa sobre ellos. ¡Ay!, de los que siguen su vida de pecado, a la hora de la venida del Señor morirán sin remedio. ¡Ay!, de los cobardes que nunca Me siguieron y se unieron a enemigo infernal viviendo de su mal inmundo, no serán salvados. ¡Ay!, de los que pensaban que todo era tan natural y se burlaban de Mis mensajes santos; recibirán severo castigo. ¡Ay!, de los incrédulos; no serán preservados cuando venga la gran oscuridad sobre la Tierra. Los días de oscuridad se acercan y pocos están preparados, piensan que son cosas de piadosos visionarios, pero llegará de repente. Y ¡ay!, de los que no aceptaron Mi Misericordia cuando se les dio por medio de los signos que, en la Sagrada Escritura dicen que pasarían antes del fin y por medios de Mis videntes calificados por Mí.

Soy un Dios Misericordioso, pero muy pocos aceptan Mi Misericordia y se convierten con todos los signos que muestro a la humanidad, y siguen en sus graves pecados que claman venganza divina. Se acerca el Día. Se acerca el Día. Se acerca el Día. Vigila y orad. Vigilad y orad. Vigilad y orad, cuando menos penséis vendrá el Hijo de Dios a pedir cuentas a esta pobre humanidad pecadora, aceptad Mi Misericordia mientras está con vosotros †††

Cuando acabé de leer, mi corazón palpitaba tan fuerte; sentí un dolor profundo y no podía hablar. Y el Santo Ángel me dijo:

Dame el rollo y mira.

Le entregué el rollo y miré. De pronto, empecé a ver que entraban en la Iglesia unas personas vestidas de blanco, con ramos en las manos; eran personas hermosísimas, no eran ángeles; eran personas que resplandecían por su luz, entraban en orden y llevaban ramos de rosas de colores hermosísimos, y cantaban el Ave María. Entraban por tres puertas que tenia la Iglesia, y se veían hermosísimas. Yo le pregunté al Santo Ángel, ¿quiénes son?, dime; ¿quiénes son? Y me dijo:

Son los hijos del Ejército de Dios, en María Santísima; son los que están preparados para la Hora del Hijo de Dios, cuando venga lo que tiene que venir sobre el mundo. Son el Ejército de María Santa, que creyó en la Verdad de la Santa Iglesia y en la misión de María Reina, y fueron fieles a la Verdad.

Seguían entrando muchas almitas, todas cantando el Ave María, y diciendo después de cada Ave María: ¡Oh, Señora mía, oh Madre mía, oh Reina mía, oh Capitana mía, hágase en mí la Santa Voluntad del Señor, firmes hasta la muerte.

De pronto, me dijo el Ángel Santo:

Mira otra vez.

Y miré, y empezaron a caer rayos del cielo terribles, y vientos fuertes pasaban furiosos por fuera de la Iglesia. Y un terremoto empezó a sentirse fuera de la Iglesia, pero no dentro, y las gentes empezaron a gritar y a llegar hasta la Iglesia. Y aunque la deseaban entrar no podían, y el terremoto destruía todo, y muchas personas sucumbían porque la Tierra se abría, pero en la Iglesia no se sentía nada. Y los que estaban dentro de la Iglesia estaban postrados orando, sin mirar hacia atrás, postrados ante el Santísimo. Y una Imagen de la Virgen Santa vestida de azul y con Tres Corazones en Su pecho, y de Sus manos salían dos rayos dorados que decían:

Dios Uno y Trino, misericordia.

Y fuera la gente iba vestida con sus vestidos normales, y el Ángel me dijo:

Esto pasará en el mundo cuando sea la Voluntad de Dios, pero los signos están cerca.

Y entonces, le pregunté al Ángel Santo: ¿Y por qué no pueden entrar esas personitas? Y él me dijo:

Hijo, porque no están vestidos de la Fe verdadera y nunca quisieron creer en lo que Dios tanto anunció, y en los signos de los tiempos; ellos no pueden estar aquí. El que cree se salva, el que no cree se condena, Dios ha dado y sigue dando oportunidad de conversión por Su Misericordia, pero muy pocos lo aceptan porque piensan que hay mucho tiempo por vivir; pero los tiempos se acercan, y el momento de la cosecha está muy pronto. Ora, y vigila. Oren y vigilen. María Santa es el Arca de la Salvación, como en tiempos de Noé.

Terminada la visión, debes postrarte ante Jesús Sacramentado y reparar por los pecados del mundo.

Vigilad y orad, porque a la hora que menos penséis vendrá el Señor. Amén. Amén. Amén.


Fuente:
http://uncioncatolica.blogspot.com/2010/08/ultimos-tiempos-padre-wilson-salazar.html

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