“Rezad, hijos, rezad por aquellos días, para que el Señor tenga Misericordia de vosotros y os llene de Su fuerza y Su Misericordia.”

La vidente Isabel recibe Locuciones de Nuestro Señor Jesucristo respaldadas por su director espiritual y publicadas en el sitio: http://elpastorsupremo.es/

MENSAJE 6 DE NOVIEMBRE, 2017

¡Oh, Jerusalén!, vendrán días de justicia y desolación a este mundo perdido y sin rumbo porque no ha querido escuchar la voz de su Dios. El Único Dios[1] sobre toda la Tierra y sobre el Universo, sobre lo creado y lo increado.

Yo Soy[2], aquí estoy, pueblo Mío. No te cansas de buscar otros dioses, dioses falsos que te llevarán a la ruina de tu vida y tu alma; pero tú estás ansioso de buscar y buscar sin parar fuera del camino de tu Salvador. Nada encontrarás fuera de Mí, pueblo Mío, sólo tristeza y desesperación en un mundo que nunca llenará tu corazón.

Aquí estoy, pueblo Mío, vengo para ti, para estar contigo y rescatarte de las tinieblas más terribles que te envuelven. No ves, hijo, y lo triste y dramático es que tú crees que ves[3] y no buscas la luz, la luz en tu alma, la luz en tu corazón, la luz en tu vida.

¡Oh, Jerusalén de Mis entrañas que Me abandonas!, que Me vuelves a abandonar de nuevo porque no crees en Mi venida, en Mi llegada a tu corazón, donde verás todos los pecados de tu vida pasar de uno a uno en medio del dolor más terrible de tu alma, porque por primera vez verás el daño más grande y el mal terrible de todos tus pecados. Llorarás, llorarás de amor y arrepentimiento, y de ver Mi Auxilio y Mi Misericordia. Sí, hijo, ese día buscarás como el aire para respirar el Amor de tu Maestro y Mi Misericordia sobre ti, porque tus pecados te llenarán de dolor y abatimiento, el dolor más grande que has experimentado nunca, y el abandono más absoluto con todos y de todo lo que te rodea[4]. Estarás solo, solo ante Mí, y nada ni nadie vendrá en tu ayuda, en auxilio en ese momento; sólo pedirás acogerte a Mi Perdón y a Mi Misericordia; buscarás Mi Amor como nunca lo hiciste antes, porque por primera vez te sentirás verdaderamente criatura de Dios[5] y abrazarás al que te dio la vida, al que te salvó[6] de las garras del diablo, al que te da la vida cada instante en tu corazón con sus gemidos inefables,[7] orando por ti y en ti. ¡Oh!, sí, hijo, sí, ese día sabrás por primera vez quién eres: hijo de Dios[8], hijo del Altísimo, y nada ni nadie de todo lo ocurrido hasta ahora en tu vida será algo para ti; sólo tu Dios llenará ese momento, ese instante de tu vida cuando tengas ante ti la ruina moral de todos tus pecados en tu vida.

Sólo en Mi Amor y Mi Misericordia encontrarás la paz y la fuerza para seguir viviendo después de haber visto tanta maldad y tanto pecado en tu vida. Nada ni nadie te sostendrá, sólo Yo, sólo Mi Amor, sólo Mi Misericordia, sólo Mi Perdón; y esto buscarás sin cesar en esos momentos de agonía y tristeza, abandono de todo lo creado y conocido en ese silencio de la creación que te espera, solo ante Mí.

Pero, hijo, tú sabes que te quiero, que te amo y no te dejaré sin Mi auxilio en esos momentos si de verdad Me buscas en tu corazón y quieres Mi Cruz que te salva y te redime[9].

Ahora prepárate ya para ese momento con la asiduidad a Mis Sacramentos y en el silencio de tu vida.

Busca el silencio, busca el abandono de todo y de todos, porque allí estoy Yo, en tu soledad[10]. No Me busques en el ruido, en la agitación de la vida porque allí no estoy; estoy en tu corazón, hijo, en tu alma, en el corazón del hermano que te necesita, en los ojos del niño hambriento y dolorido, en el pobre y mendigo que anda perdido y confundido presa de Satanás y te necesita, hijo, búscame en el que sufre[11], en el que ríe[12] porque está lleno de Mí; búscame, hijo, en la verdad y en el amor; búscame, hijo, en lo más hondo de tu corazón, en la verdad de tu vida; búscame, hijo, y Me encontrarás aquel día. Ponte a trabajar ya en la verdad de tu vida, en las preguntas que nunca te atreviste a hacerte, búscame en la cruz que no quieres mirar, que no quieres mostrar porque temes la humillación, el dolor, el abandono, el silencio, porque te pone frente a ti como un espejo, que no te oculta ni el más pequeño defecto en ti.

Es tarde y la noche de los tiempos se acerca a este mundo.

Paz, hijos, paz a vosotros,[13] pero la paz no es ausencia de lucha y violencia en el interior por acabar con el hombre viejo que hay dentro; no, hijo, lucha y hazte violencia, la violencia que arrastra y arranca todo lo malo que hay en ti, y ha crecido en ti, en tu pobre corazón.

Ánimo, hijo, y ponte a trabajar en el seguimiento serio de tu Salvador. Yo te espero en el que sufre y en el silencio de tu vida, te busco en los hermanos. Acude a Mí, hijo, acude a la fuente de Mi Gracia, de Mi Salvación: Mis Sacramentos, y encuéntrate Conmigo y empieza a preparar el momento tan esperado del encuentro con tu Salvador en lo más hondo de tu corazón, en el silencio de tu vida.

No te desesperes nunca del fracaso de tu vida, de los sinsentidos del camino, y busca la luz y el amor en Quien es poseedor de ella, porque es la Luz y el Amor. No busques sucedáneos ni consuelos baratos, porque ese día no te sostendrán; busca el amor, busca al que es el Amor.

Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida[14], dice el Señor, todo el que es de Mí no se perderá.

Alabad al Señor.

Yo, Jesús, os hablo por Mi querida niña del alma y os acojo a todos los que leéis estas palabras en Mi Santo Corazón con una Gracia especial que derramo sobre vosotros: la Gracia de los últimos tiempos, de la preparación para el Aviso, para el encuentro Conmigo. Paz a vosotros. Amén.

Vigilad vuestra alma, vigilad vuestro corazón, no os descuidéis porque estoy cerca. Amén, aleluya.

Días vendrán, ¡oh Jerusalén!, que ansiarás encontrar Mis Palabras y no podrás, porque el león rugiente[15] impedirá todo lo santo, lo que es de Mí.

Ahora, ahora es el momento: conviértete y cree en el Evangelio[16], y te salvarás[17], hijo. Acógete fuerte a la Cruz de tu Redentor, deja que te cubra con Mi Sangre y tendrás la Vida Eterna.

Ahora, ahora es el momento de preparar tu alma y tu corazón para Mi venida; ahora tienes Mis Palabras, hijo: sé agradecido con la Gracia que hoy derramo sobre ti con estas palabras y lleva Mi mensaje a todos los que puedas llegar, para que el mundo sea apremiado a Mi llamada a la conversión, para prepararse a estar ante Mí.

Ánimo, hijos de Mi Alma, os llevo en Mi Santo Corazón y ni un instante te olvido, hijo de Mi Cruz, hijo de Mi Pasión; no te olvides de Mí, y ayúdame a llegar a todos y a salvar a todas las almas que busquen Mi Salvación. Amén, amén.

Estoy en la Cruz para ti, por ti, por tu amor, por tu salvación. Ven a Mí, hijo, ven a Mí.

El cielo se oscurecerá, porque la Luz brillará en el mundo como nunca antes lo había hecho: tu alma y corazón se llenarán de la Luz que viene de lo Alto. Verás, hijo, verás tu vida sostenido por Mi Amor y Mi Misericordia: prepárate para ese día porque será un día de rigor y de justicia como nunca lo ha habido ni lo habrá. Los justos exultarán con el Señor y los caídos —por el mal que vivan ya en las tinieblas del infierno y Me rechazan cada día en sus vidas—, llorarán y se arrepentirán por la Misericordia de la Sangre de Cristo sobre ellos, y otros Me rechazarán para siempre, y harán la guerra a los santos de Dios los últimos días de este mundo, donde tanto dolor y tanta sangre será vertida por la influencia de Satanás en tantos corazones que ha comprado con las armas del mal y la perdición eterna. Cuántas almas compradas por él le servirán y le seguirán los últimos días y harán verter la sangre de los justos, de los hijos del Altísimo, que Le serán fieles hasta el último instante de sus vidas, y morirán por su fe entre los cantos de Mis Ángeles. El cielo se abrirá aquellos días para recibir a tantas almas que subirán al Cielo víctimas del martirio por la fe a su Salvador. Rezad, hijos, rezad por aquellos días, para que el Señor tenga Misericordia de vosotros y os llene de Su fuerza y Su Misericordia.

Nada más debo deciros por ahora. Sed fuertes y valientes[18] y ayudadme a salvar las almas que andan perdidas y sin rumbo presas del mal. Ayudadme, hijos, porque ellos también son Mis hijos y vertí Mi Sangre en la Cruz por ellos. Ayudadme, hijos, y sufrid el abandono y el sufrimiento que el seguimiento a estas palabras causarán en vuestra vida.

Alabad al Señor y dad gracias siempre y en todo lugar por Su Amor y Su Misericordia. Amén.

Nada ocurrirá sin Mi permiso.

________________________
[1] 1 Tim 1, 17
[2] Éx 3,6.14-15; Is 41, 4; 44,6-8
[3] Mt 15, 14
[4] 1Cor 4,5
[5] Gén 1, 26-31; 2, 21-25
[6] Flp 3, 20 ; 1 Jn 2, 1-2
[7] Rom 8, 26
[8] Gál 3, 26 – 4, 7; 1 Jn 3,1-2
[9] Gál 3, 13 ; 1 Cor 1, 18
[10] Os 2,16
[11] Mt 25, 31-41
[12] Rom 12,15
[13] Jn 20, 19-21
[14] Jn 14, 6
[15] 1 Pe 5, 8
[16] Mc 1, 14-15
[17] Mc 8, 35
[18] Jos 1, 9

Fuente:
http://elpastorsupremo.es/wp-content/uploads/2017/11/MENSAJE-06-11-2017.pdf

Mensajes de la vidente Isabel publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/vidente-isabel/

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2 respuestas a “Rezad, hijos, rezad por aquellos días, para que el Señor tenga Misericordia de vosotros y os llene de Su fuerza y Su Misericordia.”

  1. Olga Kliwadenko dijo:

    Fátima, te envío un link con apariciones de la Virgen y Nuestro Señor en Brasil; es muy interesante, por favor investígalo para difundir:http://www.santuariodeitapiranga.com.br/
    También ver:https://www.religionenlibertad.com/itapiranga-apariciones-jesus-maria-jose-amazonas-aprobadas-60612.htm
    Un cordial saludo

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