Último Domingo de Octubre: Milagro Eucarístico de Lanciano (~750)

Último Domingo de Octubre
Año: ~750 / Lugar: LANCIANO, Italia
Milagro Eucarístico
Un monje de San Basilio



Milagro Eucarístico de Lanciano

Lanciano es una pequeña ciudad medieval, situada en los montes Abruzzi, a 200 km. al este de Roma, en la costa del Mar Adriático.

En torno al año 700, en el Monasterio de San Legonziano (que algunos identifican con San Longinos, el soldado que traspasó el Corazón de Cristo en la cruz), un monje Basilio pasaba una época de tentaciones contra la fe. Dudaba de la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía. No podía creer que al pronunciar las palabras de la Consagración sobre el pan y el vino, éstos se convirtieran en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El sacerdote estaba sumido en la oscuridad de la duda. La celebración de la Santa Misa se convirtió para él en una rutina y un deber más.

La situación del mundo no contribuía a fortalecer su fe. En aquella época había muchas herejías, algunas de las cuales negaban la presencia real de nuestro Señor en la Eucaristía. Estas herejías le iban convenciendo cada vez más.

A pesar de todo, oraba con insistencia a Dios, para que le quitara esas dudas. Y Dios oyó su oración.

Una mañana, mientras celebraba Misa, estaba siendo atacado fuertemente por la duda. Al pronunciar las palabras de la consagración, vio como la Hostia se convirtió en un pedazo de Carne viva y el vino en Sangre. Quedó largo rato asombrado. Se puso a temblar y comenzó a llorar incontrolablemente de gozo y agradecimiento. Estuvo parado por un largo rato. Después se volvió hacia los fieles, con el rostro radiante pero bañado en lágrimas, diciéndoles: “¡Oh, afortunados testigos a quienes Dios, para confundir mi incredulidad, ha querido revelarse en este Santísimo Sacramento y hacerse visible ante nuestros ojos! Venid y maravillaos ante nuestro Dios tan cercano a nosotros. ¡Contemplad la Carne y la Sangre de Nuestro amado Jesucristo!”

Las personas se apresuraron a ir al altar y, al presenciar el milagro, empezaron a clamar, pidiendo perdón y misericordia. Unos se daban golpes de pecho, confesando sus pecados, declarándose indignos de presenciar tal milagro. Otros se arrodillaban en señal de respeto y gratitud por el regalo que el Señor les había concedido.

La Carne se mantuvo intacta, pero la Sangre se coaguló en el cáliz, formando como cinco piedrecitas irregulares, de forma y de tamaño diferentes, que fueron colocadas en un precioso envase de marfil.

Rápidamente la noticia del Milagro y el testimonio de la transformación del sacerdote se extendieron por la ciudad y el país. La fama del santuario se propagó a través de la región y muy pronto toda Italia comenzó a peregrinar a Lanciano para venerar la Hostia convertida en Carne y el vino en Sangre. Aumentó la fe y devoción a la Eucaristía por todo el país.

Estas peregrinaciones no se limitaron a aquel espacio y tiempo, pues de todo el mundo siguen llegando fieles a venerar el Corazón de Jesús, tal como se reveló en la Eucaristía (más adelante veremos por qué).

Desde el principio, la Iglesia aceptó este milagro como un verdadero signo del cielo, y veneró el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor en la Eucaristía con procesiones. Especialmente el día de su fiesta, el último Domingo de Octubre.

Se han escrito muchos relatos para mostrar la autenticidad del Milagro eucarístico y otros milagros espirituales y físicos que se han dado en este lugar. La historia de los hechos ha sido cuidadosamente registrada.

Al irse los monjes de San Basilio en 1176, se hicieron cargo de la iglesia los Benedictinos, los cuales a su vez se la cedieron en 1252 a los Franciscanos, que edificaron en 1258 la iglesia actual.

Cuando la invasión de los Turcos, Fray Giovanni Antonio de Mastro Renzo desconfió del Poder de Dios para salvarlos a él y a su pequeño grupo de Franciscanos del ataque. Con el deseo de salvar Milagro Eucarístico de la furia turca, cogió el relicario que contenía la Carne y la Sangre del Señor y con sus frailes desapareció de la ciudad. Caminaron toda la noche.

Antes del amanecer, Fray Giovanni sintió que ya había suficiente distancia entre ellos y el enemigo y ordenó a sus frailes que descansaran. Al salir el sol se dieron cuenta de que estaban de nuevo a la entrada de la ciudad. Creyeron que el Señor había intervenido porque quería que el Milagro Eucarístico de Lanciano fuera un signo de seguridad para las personas de la ciudad, un signo de que Dios no los abandonaba. Los frailes decidieron permanecer en la Iglesia y proteger el Milagro Eucarístico con sus vidas.

En 1713 el relicario de marfil fue reemplazado por el de plata y cristal, que hoy exhibe las dos reliquias.

La Hostia que se convirtió en Carne está expuesta en la Custodia y las partículas de Sangre coagulada en un pequeño Cáliz de cristal, que muchos creen que es el cáliz original donde se dio el milagro.

En 1887, el Arzobispo de Lanciano, Monseñor Petrarca, obtuvo del Papa Leo XIII, una indulgencia plenaria perpetua para los que veneraran el Milagro Eucarístico durante 8 días después del día de fiesta.

En 1902 construyó el altar monumental donde está actualmente. Se puede contemplar de cerca el milagro.

Investigaciones científicas

El primer estudio conocido de las Reliquias lo realizó el Arzobispo Rodríguez el 17 de febrero de 1574. Entonces ocurrió un hecho inexplicable: Aunque las cinco “piedrecitas” partes de Sangre coagulada son de diferentes tamaños y formas, cuando las pesaron comprobaron que todas pesaban lo mismo.

Además, cualquier combinación daba el mismo resultado en el peso: Daba lo mismo pesar una sola, que dos o tres juntas, o las cinco al mismo tiempo: El resultado de la pesada era siempre el mismo. Estos resultados están marcados en una tabla de mármol en la Iglesia.

Actualmente el peso del conjunto de las piedrecitas de Sangre coagulada es de 16,505 gramos, y el de cada una de ellas es, respectivamente, de 8 gr., 2,45 g., 2,85 gr., 2,05 gr., y de 1,15 gr. Hay que añadir 5 mg. de polvo de sangre.

En noviembre de 1970 los Franciscanos de Lanciano sometieron las reliquias a un examen científico. Era un desafío, pero ni la fe católica ni una tradición histórica de más de doce siglos tenían nada que temer de la ciencia.

Fue elegido el profesor Odoardo Linoli, (Catedrático de Anatomía, Histología patológica, Química y Microscopía Clínica y Jefe de servicio en el Hospital de Arezzo). Le ayudó el Dr. Ruggero Bertelli (Profesor emérito de Histología de la Universidad de Siena).

La Hostia de Carne parecía tan deteriorada por el moho, que parecía difícil poder hacer un análisis científico, ya que el tejido corría el peligro de estar desprovisto de todo elemento de identificación.

El 4 de marzo de 1971 estaba completo el Informe. Los análisis, realizados con absoluto rigor científico y documentados por una serie de fotografías al microscopio, dieron los siguientes resultados:

  • Es inexplicable la conservación de estos cuerpos a lo largo de 12 siglos, expuestos a la acción de agentes físicos, atmosféricos y biológicos…
  • No hay almidón (uno de los componentes esenciales del pan). Por lo tanto, en la Hostia no hay pan. Aunque hecha de trigo, tras la Consagración se transformó en Carne.
  • La Carne es verdaderamente carne, y está constituida por el tejido muscular del corazón. Están presentes el miocardio, el endocardio, el nervio vago y el ventrículo cardiaco izquierdo. La Carne es un CORAZON completo en su estructura esencial.
  • La Sangre es verdadera sangre humana: El análisis cromatográfico lo demuestra con certeza absoluta e indiscutible.
  • En la Sangre también se encontraron estos minerales: Cloruro, fósforo, magnesio, potasio, sodio y calcio.
  • El estudio inmunológico manifiesta que la Carne y la Sangre son de naturaleza humana, y la prueba inmunohematolígica permite afirmar con toda objetividad y certeza que ambas pertenecen al mismo grupo sanguíneo AB.
  • Las proteínas contenidas en la Sangre están repartidas normalmente, en la proporción idéntica a la del esquema sero-proteico de sangre fresca normal.
  • Ninguna sección histológica ha revelado trazas de infiltración de sales o sustancias conservantes utilizadas en la antigüedad con la finalidad de momificar. La conservación de proteínas y minerales observados en la carne y en la sangre de Lanciano no es ni imposible ni excepcional: los análisis repetidos han permitido encontrar proteínas en las momias egipcias de 4 y de 5.000 años. Pero el caso de un cuerpo momificado según los procedimientos conocidos es muy diferente del de un fragmento de miocardio, dejado en su estado natural durante siglos, expuesto a los agentes físicos, atmosféricos y bioquímicos.
  • La Carne y la Sangre pertenecen a una persona VIVA.
  • El diagrama de esta Sangre corresponde al de sangre humana que fue extraída de un cuerpo humano ESE MISMO DIA.

El Profesor Linoli descarta también la hipótesis de engaño realizado en los siglos pasados: “Suponiendo que hubieran puesto el corazón de un cadáver, afirmo que sólo una mano experta en disección anatómica habría podido obtener un corte uniforme de una víscera excavada (como todavía se puede ver en la carne) y tangencial a la superficie de dicha víscera, como hace pensar el curso prevalentemente longitudinal de los haces de las fibras musculares, visibles en algunos puntos en las preparaciones histológicas. Además, si la sangre hubiera sido tomada de un cadáver, se habría alterado rápidamente por delicuescencia o putrefacción.

El Profesor Linoli, que tenía muchas dudas antes de empezar los estudios, al mes de comenzar las investigaciones envió un breve telegrama: «EN EL PRINCIPIO EXISTÍA EL VERBO. Y EL VERBO SE HIZO CARNE» Su relación fue publicada en revistas especializadas y suscitó un gran interés en el mundo científico.

En 1973 el Consejo Superior de la Organización mundial de la Salud, O.M.S. / O.N.U. nombró una Comisión científica para verificar las conclusiones del médico italiano. Los trabajos duraron 15 meses, durante los cuales realizaron más de 500 exámenes. Los resultados fueron los mismos que los realizados por el Prof. Linoli, con otros complementos.

La conclusión de todos los estudios confirmó lo que ya había sido publicado. En concreto, se afirmó que los fragmentos estudiados no tenían nada que ver con tejidos momificados.

Su conservación después de casi doce siglos, en relicarios de cristal y sin sustancias conservantes, antisépticas, anti-fermentativas y momificantes, no se explica científicamente.

Los vasos que contienen estas reliquias no impiden la entrada de aire, luz, ni de parásitos de orden vegetal o animal, vehículos ordinarios del aire atmosférico.

En cuanto a la naturaleza del fragmento de carne, la Comisión declara sin duda que se trata de un tejido viviente porque responde rápidamente a todas las reacciones clínicas propias de los seres vivos.

En el resumen de los trabajos científicos de la Comisión Médica de la OMS y de la ONU, publicado en diciembre de 1976 en Nueva Cork y en Ginebra, se declara que la Ciencia se ve incapacitada para dar una explicación.


Fuente:
P. Ángel María Rojas S.J.  LA EUCARISTÍA MILAGRO VIVO.

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