17 de Agosto de 1224: Apariciones de la Virgen de Tres Fuentes – Valgañón, España

17 de Agosto
Año: 1224 / Lugar: VALGAÑÓN, La Rioja, España
Virgen de Tres Fuentes
Vidente: pastora Inés 



Las Apariciones de la Virgen de Tres Fuentes

Hallábase Inés cierto día apacentando cuidadosa, como de costumbre sus ovejas en el verde y ameno monte que llaman la Dehesa, y estando recostada junto a un risueño arroyuelo formado por un manantial que poco más arriba nacía, vio que bajaba del monte una hermosísima Señora, bella como el sol naciente entre nubes de rosa y nácar; de esbelto talle y semblante dulce y amoroso.

Entre temblores inspirados por la grandeza y majestad de tan extraordinaria visión, sentía Inés como embargado y confortado su ánimo de una dulce confianza y todavía fue mayor su alegría cuando, deteniéndose delante de Ella, oyó de los amorosos labios de la Señora estas sencillas palabras; con dulce acento pronunciadas:

“Dime, Inés, ¿qué haces aquí?”  

Inés contestó enseguida: “Guardo, Señora, aquestas ovejas que mis padres confiaron a mis cuidados”.

“Y dime: ¿por qué razón ayunas hoy?”

“Porque es viernes y tengo devoción de ayunar en obsequio de María Santísima todos los viernes del año”.

“Me agrada tu devoción tanto como tu inocencia pero te dispenso del ayuno. Porque he determinado confiarte un encargo importantísimo, para ti y para todos los habitantes de este pueblo de Valgañón.

Escúchame pues, atentamente: Yo soy, hija Mía, la Virgen María, Madre de Jesús y quiero habitar aquí, en este pueblo para siempre. Pero son tantos los pecados con que ofenden a Mi querido Hijo aquestos paisanos tuyos, que han demorado hasta el presente, el cumplimiento de Mi deseo.

Está ya próxima a llenarse la medida de la Justicia Divina, y antes que el Cielo descargue sobre ellos Su justa cólera, quiero usar de Mi Amor y Misericordia con estos moradores.

Baja, pues, a Valgañón. Cuéntales este suceso y diles que si en el plazo de cuarenta días no se arrepienten de sus muchas culpas, y se enmiendan y corrigen, todos serán destruidos sin que quede piedra sobre piedra en todo su territorio. Si se arrepienten, desde ahora les prometo ser su especial protectora y habitar aquí entre ellos”.

Y dicho esto, desapareció la Augusta Señora.

Repuesta nuestra inocente pastorcita del asombro que le causara tan admirable visión, emprendió sin tardanza su marcha hacia la Villa, con presuroso andar.

Llegó Inés a su pueblo rebosante de felicidad y, al mismo tiempo, impaciente por comunicar a sus vecinos el contenido del mensaje recibido de labios de la Señora.

Sin embargo, la inmensa alegría que la acompañó mientras descendía de la Dehesa, pronto se trocó en motivo de aflicción por la actitud de rechazo que encontró en las primeras personas a quienes refirió el contenido de su misiva.

Ninguno dio crédito a sus palabras; pero, no obstante, los moradores de Valgañón no tardaron en conocer lo que Inés decía haber sucedido en el monte.

Les refirió con todos sus detalles la historia de tan maravilloso suceso; pero ninguno dio crédito a las palabras de Inés. Tratáronla de ilusa unos, otros de loca y visionaria y, los más, diciendo que estaba soñando y no sabía lo que decía, aunque ella se esforzaba una y otra vez para convencer a sus paisanos de la veracidad de los hechos referidos.


Segunda Aparición de la Virgen

Al día siguiente, muy de mañana, salió con su rebaño, según acostumbraba, en busca del pasto que sus ovejas necesitaban, en tanto que su pensamiento iba a los felices momentos vividos al lado de la Señora y a la amarga desilusión que le proporcionaron sus paisanos.

De inmediato hizo Su Aparición por segunda vez la Virgen María, y todas las angustias que momentos antes experimentó la joven, se disiparon al instante y la alegría volvió a resplandecer en su rostro cuando la Santísima Virgen María se dirigió de nuevo a nuestra pastorcilla, de esta manera:

“¿Es posible, Inés, que ese pueblo ingrato y soberbio se muestre todavía duro y rebelde a mis maternales voces ya tus palabras inocentes?”

“Señora, —contestó Inés entre sollozos y lágrimas: Es verdaderamente terco y duro este pueblo mío y, por eso, le compadezco más. Creo que si vos misma no me dais una señal patente de Vuestra Aparición con que den crédito a mis palabras, no habrá remedio para estas gentes, y su perdición es segura”.

“No; no quiero que perezcan —dijo la hermosa Señora, como hablando consigo misma— y porque veas, Inés, cuánto deseo tu salvación y también la de tu pueblo llégate a Mí y te daré como señal un prodigio permanente”.

Acercóse tímida la humilde pastorcilla, y sintió que la Santísima Virgen imprimía con dulzura inefable los cinco virginales dedos de Su diestra mano en su mejilla izquierda, traspasando al mismo tiempo todo su ser una conmoción tan agradable e intensa que la hacía completamente feliz y dichosa. Al mismo tiempo oyó de Sus celestiales labios, estas cariñosas frases:

“Ahí llevas una nueva señal, con la cual te creerá tu pueblo.”

Y quedaron en el rostro de la jovencita las bellísimas huellas que señalaron dedos virginales que conservó hasta su muerte.

Con estas gloriosas y patentes señales se presentó nuevamente en su pueblo, que lleno de admiración y asombro, la contemplaban sin apenas atreverse a acercarse a ella: tanta era la veneración y tan grande el respeto que infundía aquella faz marcada.

No fue necesario que Inés emplease muchas palabras para hacerles comprender la realidad del nuevo milagro pues, aquellos signos de su cara les sirvieron de punto de reflexión para acabar de comprender que estaban ante un acontecimiento singular, de forma que los insultos y burlas recientes, se convirtieron en lamentos al reconocer anteriores culpas y extravíos, preludio de un formal arrepentimiento.

Durante varios días se suceden en el templo diversos actos penitenciales que, de manera individual y espontánea, realizaban los vecinos de Valgañón, y ante este espontáneo y general movimiento de conversión, se reunió el venerable Cabildo y noble Ayuntamiento para tratar acerca de lo que convenía hacer y acordaron que todos los habitantes fuesen vestidos de penitencia hasta el cerro de la Dehesa en donde, según el testimonio de Inés, se había aparecido María Santísima.

Ya los negros pendones y estandartes tremolaban a los vientos y hasta las sagradas imágenes y la santa y adorable Cruz, iban con velos negros cubiertas, la ordenada procesión va caminando hacia la Dehesa, muchos con los pies desnudos, y todos, Clero y pueblo clamando arrepentidos al Señor con cánticos de sincero dolor.

Suben la empinada y escabrosa cuesta que conduce a la Dehesa, precedidos y guiados por la ya admirada pastorcita; la cual, lleva sobre sus débiles hombros un pesado madero y ya cerca del cerro, manda Inés que se detengan todos y, ella sola, cargada con su cruz, rendida de fatiga, pero animada y de forma prodigiosa fortalecida, dirige con ligereza sus pasos hacia la cristalina fuente.


Tercera Aparición de la Virgen

Allí la bella encantadora imagen se le aparece irradiando mil fulgores y le dice:

“No tengas ningún temor: deja ya el pesado leño y acaben tus lágrimas y pesares. Ve, ve ligera y di a tu pueblo que ya Mi Hijo ha oído tus clamores. Ha visto su contrición y aceptado sus penitencias y que, por Su Misericordia, ya están perdonados. Que se despojen de sus lutos y que Me busquen en este lugar y Me bajen a la villa porque quiero desde hoy ser protectora perpetua de Valgañón”.

Así habló la Virgen y, al momento, desapareció. La encantadora niña voló a comunicar a sus paisanos tan buena nueva y los encontró postrados en tierra y humilladas sus frentes mientras imploraban del Cielo favor y clemencia.

Cuando Inés comunicó a su pueblo la existencia de la Imagen que la Virgen María había puesto de manifiesto ante sus ojos no fue posible contener un momento más el ardiente deseo que todos tenían de contemplar la veneranda Imagen.

Apresurando el paso, hallaron en la fuente el hermoso simulacro de la Madre de Dios con un bellísimo Niño, risueño y apacible, sentado sobre Sus celestiales brazos y reclinado en Su amoroso pecho.

Con veneración, los Sacerdotes, después de rendirse a las plantas del Cordero y de Su Santa Madre, cargan sobre sus hombros venerables el peso virginal y, juntos con todo el pueblo, entonan himnos y cánticos de regocijo y alegría, mientras descienden de la montaña portando la imagen de Nuestra Señora hacia la ermita en que decidieron entronizarla hasta disponer de otro Santuario más acorde con la importancia y santidad de la imagen.

El día 7 de Noviembre de 1224, el Obispo don Mauricio, consagró la Iglesia que la Villa de Valgañón erigió a la Santísima Virgen recientemente aparecida y que, luego, será de todos conocida con el nombre de Virgen de Tres Fuentes.


Fuente:
http://forosdelavirgen.org/219/virgen-de-tresfuentes-espana-17-de-agosto/

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