No se sabe por dónde entró, pero aquel petirrojo no levantó el vuelo para despedirse definitivamente de la casa hasta que Rosita inició su vuelo a los Cielos.

De los Escritos de andrésdeMaría
ROSITA: HISTORIA DE UNA FLOR

ALGUNAS ANÉCDOTAS

Y ahora voy a recordar algunas anécdotas de esta niña santa durante su estancia en Orduña. Estancia muy corta, ya que apenas duró desde el otoño de 1954 hasta el 11 de marzo de 1956, cuando voló al Cielo.

La familia, aunque recién llegada de Bilbao, era ya conocida y apreciada por los jesuitas, y es que Francisco, el padre de Rosita, tenor que con su voz acariciaba el oído, era ya conocido porque había cantado en el coro de los jesuitas en alguna de las solemnidades que se celebraron por aquel entonces.

Qué cosas pasan en la vida Señor, y que Tú, que conoces el guion, nos las vas dando a conocer en los momentos que consideras más oportunos.

Iglesia de San Juan, regentada por los Jesuitas en aquellos años. En el fondo del medio arco que aparece a la izquierda, estaba la puerta donde iba Rosita a visitar al Hno. Garcia.

Y digo esto, porque Francisco, cuando aún era novio de María, fue repetidamente invitado para ir de gira por Europa, y cantar con su preciosa voz de tenor, la Zarzuela de La Dolorosa. Pero quedó zanjada la idea, cuando María le advirtió que daba por finalizado el noviazgo si se iba a cantar al extranjero, por entender que ponía en peligro la formación de la futura familia.

“Dolorosa” que Francisco no cantó fuera de España, porque en los planes del Señor, estaba previsto, que tenía que ofrecer las últimas canciones, con lágrimas en los ojos, a su hija antes de irse al Cielo.

Y ahora, algunas sencillas anécdotas que nos harán conocer un poco mejor a Rosita, haciéndonos sonreír al “escucharla” en su ambiente familiar:

SOBREMESAS INOLVIDABLES

En la primera de las dos viviendas que ocupó la familia en su estancia en Orduña, y cuando aún José Mari no había ido a Canarias a cumplir como voluntario el servicio militar, voy a comentar una anécdota que se vivía en esa casa, dándonos una idea del ambiente festivo que entonces existía en la familia.

Francisco y Jose Mari, como ya sabemos, trabajaban en Gama, y al mediodía, los primeros en empezar a comer eran María y los tres pequeños.

La familia al llegar a Orduña. Al frente, desde donde está sacada la fotografía, está situada su primera vivienda. A la espalda, la sierra que circunda el valle de Orduña. Con la mano derecha, Angelines sostiene un racimo de uvas que estaba comiendo Rosita, y es de notar la delicadeza de Rosita, cuando al quitarle el jersey para sacar la siguiente fotografía, extiende la mano derecha para evitar cualquier contacto que le pueda ensuciar el vestido.

Ciertamente Rosita era muy mala comedora, motivo por el que no se sabe, si dejaba pasar el tiempo con la mano inmóvil cogiendo la cuchara, debido a su inapetencia, o porque esperaba a su hermano José Mari para poder así asistir como primera invitada, a la celebración diaria que su hermano la ofrecía para ir así vaciando su plato.

Y es que José Mari, nada más llegar del trabajo, era el encargado de “mover” la cuchara para darle de comer a Rosita, mientras los demás, esperaban el comienzo del festival, que, además, cada día era diferente.

Y era tal la variedad del repertorio de fantasías que se inventaba, que no hubo día en el que no se quedase vacío el plato, ni dejase de reír Rosita.

María feliz con el ambiente creado, le preguntó sonriente a Rosita, si se estaba creyendo todo lo que su hermano les contaba:

“Rosita, ¿no te creerás las cosas que te cuenta tu hermano?”

Y la pequeña dio en el “clavo” con su respuesta:

“No, mamá, pero las risas que nos pasamos”.

Respuesta que nos indica a las claras el formidable ambiente que se vivía entonces en aquella casa.

Y cuando al final haga referencia a una anécdota encabezada con el título de “lo que me contó María después de muchos años”, puedo casi asegurar que el ofrecimiento que al final veremos que hizo al Señor, era debido a lo feliz que vivía la familia en el primer año que vivieron en Orduña.


LA LLEGADA DE LA CIGÜEÑA

Habían cambiado de vivienda, Jose Mari ya se había ido a la “mili” y la cigüeña anunciaba la nueva primavera que traía el año 1955.

Y fue María la que invitó a Rosita para ver a la cigüeña en el nido, y decirle después, que si quería que abriese la ventana para que así pudiese entrar a comer a casa.

Rosita, al ver las dimensiones de la presunta invitada, con la firmeza de quien sabe muy bien lo que se dice, le indicó a su madre:

“No la abras, mamá, que nos bebe toda la leche”.

Y digo lo del tamaño, porque cuando volvió el invierno, entonces sí que tuvo una visita de un petirrojo del que hablaremos muy pronto.

Y si dijo lo de la “leche”, es porque era uno de los alimentos que más le gustaban… ¡y el chocolate!, cómo seguidamente comprobaremos.

VISITANDO A LA TÍA ANGELITA

En una visita a Santurce, donde vivía su tía Angelita, hermana de María, la pobre Rosita no sabía cómo salir del apuro en el que estaba metida.

La sirvieron el primer plato y Rosita con la cabeza mirando al suelo, no empezaba a comer a pesar de que se lo insinuaron varias veces.

Cómo era muy callada y humilde, no se atrevía a decirle a la tía el motivo, hasta que al fin se vio obligada a confesar, con no poca congoja, y ayudándose en la explicación con las manos, alejándolas un palmo del estómago, para dejar claro que aquel espacio, ahora ocupado por el aire, estaba destinado para llenarlo con el chocolate:

“porque se me pone la tripa así y luego no me cabe el chocolate”

Y es que Angelita la había dicho anteriormente que tenía preparado el chocolate para tomarlo como postre.

A la tía le entró la risa, la retiró el plato e inmediatamente le sirvió el chocolate.


LA VISITA DEL PETIRROJO

Pienso que estando la Providencia al tanto de todos y cada uno de los acontecimientos, y al quedarse Rosita sin la compañía de su hermano José Mari, dispuso que al llegar el invierno y estando nevado el pueblo, tuviese Rosita un invitado para que le ayudase cuando estaba sentada a la mesa.

No se sabe por dónde entró, pero aquel petirrojo no levantó el vuelo para despedirse definitivamente de la casa hasta que Rosita inició su vuelo a los Cielos. Y es que después de morir Rosita y ya entrando en la primavera, el humo que se formó en la cocina, sirvió de disculpa para despedirse definitivamente.

Durante el día andaba por la casa como un huésped con derecho a cocina, derecho más que merecido, ya que, a la hora de las comidas, acompañaba a Rosita, levantando el vuelo hacia ella, animándola con su ejemplo, al ponerse a comer en su plato, lo que acababa de cocinar María.

Angelines y Enrique, admirados por la tan repetida escena, hicieron la prueba de quedarse inmóviles, para ver si iba a comer a sus platos, pero el petirrojo no hizo ningún caso de la jugada.

Continúa…

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Escritos de andrésdeMaría publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/andresdemaria/  

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