“Ofrecer Mis Divinas Llagas a Mi eterno Padre… de ahí ha de venir el triunfo de la Iglesia, el cual pasará por Mi Madre Inmaculada.”

Del Libro: La Hermana María Marta Chambon de la Visitación de Santa María de Chambéry Las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo

Las Santas Llagas y la Iglesia.

Nuestro Señor renovó con frecuencia a la Hermana María Marta la promesa del triunfo de la Santa Iglesia por el poder de Sus Llagas y de la Virgen Inmaculada.

“Hija Mía: Es necesario que desempeñes bien tu cargo, que es el ofrecer Mis Divinas Llagas a Mi eterno Padre, porque de ahí ha de venir el triunfo de la Iglesia, el cual pasará por Mi Madre Inmaculada.”

Pero, desde un principio, Nuestro Señor previene toda ilusión, como todo equívoco. ¡No podría ser cuestión del triunfo material, visible, con que sueñan ciertas almas!… Ante la barca de Pedro jamás se doblegarán las olas con perfecta docilidad; aun algunas veces la harán temblar con los furores de su agitación… Luchar, siempre luchar; ésta es una ley de la vida de la Iglesia:

“No se comprende lo que se pide al pedir su triunfo… Mi Iglesia no tendrá nunca triunfo visible.”

Sin embargo, a través de las luchas y las angustias continúa cumpliéndose, en la Iglesia y por la Iglesia, la obra de Nuestro Señor Jesucristo: La salvación del mundo. La obra de Nuestro Señor Jesucristo se cumple tanto mejor cuanto la oración —que tiene su lugar en el plan divino— implore más los socorros del Cielo.

Y se comprende que el Cielo se deje especialmente vencer cuando se le implora en el nombre de las Llagas redentoras. Jesús insiste con frecuencia en este punto:

“Las invocaciones a las Santas Llagas le obtendrán una incesante victoria…”

“Es necesario que tú saques sin cesar de estos manantiales para el triunfo de Mi Iglesia.”

“¡Ay!, mi buen Maestro: ¡Desde el tiempo que me hacéis hacer esto!… y el triunfo no viene” —exclamó con su sencillez habitual.

“Hija Mía —respondió nuestro benigno Salvador—: Deberíais estar ya muy contenta de que no os castigue más… Tú detienes Mi Brazo. Yo te prometo darte el triunfo poco a poco.”

El Santo Fundador vino a completar la lección del Maestro:

“Aun cuando Nuestro Señor promete el triunfo por María Inmaculada, no debéis de aflojar en la oración y ofrecimiento de las Santas Llagas.”

En el momento de una grande persecución de la Iglesia, la Hermana María Marta pedía a menudo a Jesús que cubriera con la protección de sus Santas Llagas al soberano Pontífice. Esta oración agradaba mucho a Nuestro Señor. Hizo ver a nuestra Hermana que la gracia sobreabundaba sobre el Santísimo Padre Pío IX y que las oraciones hechas por la Comunidad contribuían grandemente a ello.

“De Mis Llagas sale para él una gracia particular.”

Hacia el fin de 1867, Nuestro Señor le reveló, que “Su Santidad tendría mucho que sufrir, que no habría ya más paz; pero que gracias a la oración, el Papa podría subsistir sobre la Santa Sede en la tribulación.” ¡Se ve que Nuestro Señor no quiere ilusión! Lo que no Le impide exigir siempre oraciones:

“Yo quiero que esta Comunidad sea el sostén de la Santa Sede por la oración y sobre todo por la invocación de las Santas Llagas. Así oponéis una barrera a sus enemigos.”

No deja tampoco de manifestar Su satisfacción por las oraciones hechas:

“Estoy contento de las oraciones que tu Comunidad hace para sostener a la Iglesia. Tendréis un grado más de gloria por haber sido buenos soldados del Santo Padre. Estaréis siempre en el caso de serlo; es necesario orar mucho por la Iglesia.”

Concluye por la seguridad de una Protección contra la cual nada podría prevalecer:

“¡Mientras Mis Llagas os guarden, nada tenéis que temer ni para vosotras ni para la Iglesia! Si este bien llegara a faltaros, comprenderíais entonces lo que poseéis.”


Las santas Llagas y las Almas del Purgatorio.

“El beneficio de las Santas Llagas hace bajar las gracias del Cielo y subir al Cielo las Almas del Purgatorio.”

“Cada vez que miréis al Divino Crucificado con un corazón puro, obtendréis la libertad de cinco almas del Purgatorio: una por cada Fuente.”

“Obtendréis también el mismo favor, por el mérito de cada una de Mis Llagas, en cada una de las estaciones haciendo el Vía Crucis, si vuestro corazón es muy puro y muy desprendido.”

“Cuando ofrezcáis Mis Santas Llagas por los pecadores, no hay que olvidar el hacerlo por las Almas del Purgatorio, porque hay pocas personas que piensan en aliviarlas.”

“Las Santas Llagas son el tesoro de los tesoros para las Almas del Purgatorio.”

Esto es lo que el buen Maestro quiso enseñar a la Hermana María Marta. Un domingo de Cuaresma, no permitiéndola su estado de sufrimiento asistir a la plática, su muy Amado vino a ella y le dijo:

“Voy a darte una ocupación: tú ofrecerás tus sufrimientos, en unión con los Míos divinos, por las Almas del Purgatorio.”

La Hermana empezó a hacer este ofrecimiento, y cada vez que le renovaba, veía subir un alma al Cielo. Llevaba ya veinte, cuando el Eterno Padre se le apareció:

“Te doy el mismo poder que a Mi Hijo, con tal que tú Me ofrezcas tu corazón unido al Suyo.” Se esforzó en hacerlo, y a cada acto de ofrecimiento y de unión iban al Cielo —según su expresión— una bandada de almas, “como una bandada de pájaros”.

Las almas libradas por ella venían algunas veces a darle gracias y le decían:

“Que la fiesta que las había salvado, la fiesta de las Santas Llagas, no pasa jamás. ¡No hemos conocido el valor de esta Devoción sino en el momento en que hemos gozado de Dios! Ofreciendo las Santas Llagas de Nuestro Señor, obráis como una segunda Redención.”

En el número de esas almas, hay algunas más cerca del corazón de una Religiosa; ésas son las almas de sus propias Hermanas. Nuestra Hermana María Marta sufría más particularmente por ellas, y la Santísima Virgen le manifestaba Su satisfacción:

“Las almas de vuestras Hermanas en el Purgatorio son Mis hijas. Yo tengo gran placer en oíros rogar por su libertad… Sufro tanto de verlas en ese fuego… ¡A él van casi todas!… ¡Yo soy Reina, y quiero que esas almas reinen Conmigo! A pesar de todo nuestro poder, Mi Hijo y Yo no podemos librarlas; deben expiar. Pero podéis tan fácilmente aliviarlas y abrirlas el Cielo ofreciendo a Dios Padre por ellas las Santas Llagas.”

“Ofrecedlas por todas las faltas a la Regla” —añadió un día Nuestro Señor.

Una de sus Hermanas difuntas, apareciéndosele gloriosa, poco después de su muerte, le dijo:

“Yo creía que hacía todas mis acciones bien, puramente por Dios, y cuando me las han mostrado, las he visto todas llenas de movimientos naturales. La confianza que he tenido en las Santas Llagas de Nuestro Señor es la que me ha salvado… ¡Ay! ¡Qué bueno es morir pasando por las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo!”


Las Santas Llagas y el Cielo.

Para dar como una coronación a estas magníficas promesas, Nuestro Señor muestra en fin en Sus Llagas las “Arras de nuestra futura gloria” y hace entrever a la Hermana María Marta la felicidad que en los Cielos proporciona su contemplación:

“Las almas que oran con humildad y meditan Mi Pasión, tendrán participación un día en la gloria de Mis Divinas Llagas; sus miembros recibirán una belleza y una gloria centelleantes.”

“¡Cuánto más hayáis contemplado Mis Llagas dolorosas en esta vida, más las contemplaréis gloriosas en el Cielo!”

“Un alma que durante su vida ha honrado y aplicado las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo y las ha ofrecido al Eterno Padre por las Almas del Purgatorio, será acompañada, en el momento de la muerte, por la Santísima Virgen y los Ángeles, y Nuestro Señor en la Cruz, todo resplandeciente de gloria, la recibirá y coronará.”

Un día, la Hermana María Marta pensaba que perdía su tiempo ofreciendo las Santas Llagas, y Nuestro Señor la respondió:

“¿Es que Mis Bienaventurados no hacen nada Conmigo, porque hacen siempre la misma cosa?… Ellos Me aman, Me adoran, contemplan Mis Llagas y Me dan gracias… y su alegría es siempre plena y entera.”

En el mismo instante, la feliz Hermana recibió el favor de ver a la Santísima Virgen con los Santos contemplando las Llagas de Jesús.

“Sí, Yo estoy en el Cielo y los Santos también —le dijo la buena Madre—; todos estamos allí por los méritos de las Divinas Llagas de Mi querido Hijo. Vosotras, explotando estas Santas Llagas, os haréis también grandes…”

Continuó Nuestro Señor:

“Hija Mía: ¿Dónde sino en Mis Llagas se han hecho Mis Santos?… Todos Mis Santos son el fruto de Mis Llagas.”

“¡Mis Llagas son eternamente para Mi gloria y la vuestra! ¡En Mis Llagas, en el fulgurar de estos cinco soles, es donde Mis esposas deben reinar algún día! Los Bienaventurados que las contemplan desde hace ya siglos, aun no están saciados… las contemplarán siempre y gozarán de ellas siempre… ¡Ah, qué poca cosa es la tierra en vista de un tan gran bien!…”

Con frecuencia, la vista del Cielo se ofrece a esta querida alma, mientras que se hacía oír la Voz de Dios Padre.

¡Mira, hija Mía: Todo esto es fruto de los sufrimientos de Mi Hijo!… ¡Se te ha enseñado todo esto, a fin de que puedas con más confianza y alegría ofrecer las Santas Llagas de Jesús.”

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Fuente:
http://www.maria-marta-chambon.info/

De los escritos de la Hna. María Marta Chambon aquí publicados:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/hna-maria-marta-chambon/

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