“El Papa es el mismo Pedro”, por Luis Eduardo López Padilla

Hoy comenzamos la publicación, autorizada por su autor, Luis Eduardo López Padilla, de algunas partes de su último libro, “TÚ ERES PEDRO.”
http://www.apocalipsismariano.com/; @lopezpadilla7

Del Libro: Tú eres Pedro. Profecías sobre el Papa, la Iglesia y el Mundo. Escrito por: Luis Eduardo López Padilla

Tú eres Pedro_López Padilla

Prólogo

El 13 de marzo del 2013 fue electo el Cardenal Jorge Mario Bergoglio como el sucesor 266 del Apóstol Pedro.

Por razones que envuelven el misterio sobrenatural de la Iglesia, la expectación natural ante la elección del nuevo Papa se multiplicó exponencialmente en virtud de la sorpresiva e inusual renuncia de Benedicto XVI. Análisis iban y venían de los llamados vaticanistas; y aumentó el morbo natural sobre quién sería el elegido sobre los supuestos y posibles candidatos a ocupar la Silla de Pedro.

Pero existían otros factores que sumaban hacia un momento lleno de incertidumbre pero a la vez de desconfianza: la deteriorada imagen de la Iglesia manchada por escándalos sexuales, el llamado Vatileaks por filtración de documentos confidenciales del Papa; corrupción vaticana por la falta de transparencia en las finanzas del Banco Vaticano, conocido también como el IOR (Instituto de Obras de Religión); las disputas y divisiones internas cada vez más de conocimiento público; así como el alejamiento de la Iglesia por parte de muchos fieles.

Así las cosas, la elección de un Papa latinoamericano fue una gran sorpresa para el mundo completo, pero más aún por los inmediatos y primeros gestos del nuevo Romano Pontífice que, al tomar el nombre de Francisco mandaba, él o el Espíritu Santo, una señal a todos de lo que sería este nuevo pontificado para la Iglesia y para el mundo. Se dice, y con razón, que el Espíritu Santo manda el Papa que en ese momento necesita la Iglesia. Y vaya que en este caso el Cielo fue la mar de asertivo. Necesario era un Papa como Francisco para este tiempo. Y cada vez se confirma más.

Ahora ya han pasado casi 3 años desde la elección del Papa argentino. La mayoría de los fieles católicos aceptan y quieren al Papa. Les causa una grata impresión pues ven y sienten que quiere mostrar otra cara muy distinta de la Iglesia. Que vive y predica con el ejemplo. Es auténtico, sencillo y austero y se ha esforzado por llamar a todos de vuelta a la Iglesia. Con la forma en que se ha conducido como Romano Pontífice se ha convertido muy probablemente en el mayor líder mundial. Y ha dejado saber la hoja de ruta de su Pontificado: “El nombre de Dios es Misericordia”.

Pero no todos piensan igual. De hecho, desde el día de su elección, apenas aparecer el Papa en la Logia de las Bendiciones, un cierto y reducido sector llamado tradicionalista y mayormente de la Argentina – nadie es profeta en su tierra – levantó e hizo comentarios muy punzantes contra aquél a quien despectivamente llaman sólo… Bergoglio. Y la mayoría de estos grupos no solo han continuado sus juicios contra el Papa, sino que han endurecido su postura lanzando toda clase de improperios a su persona e investidura, y desde luego calificándolo hasta de hereje, falso, e ilegítimo. Esta postura ha encontrado cierto eco en otros grupos vinculados a algunas mariofanías que, haciendo un errado discernimiento, estiman que Francisco es el antipapa anunciado en muchas revelaciones privadas (recordemos que en el libro del Apocalipsis se habla de un falso profeta que tiene “dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero habla como dragón” C.XIII). A esto hay que agregar que los medios también contribuyen a ello presentándolo muy “moderno y liberal”, abierto y listo para cambiar la Doctrina de la Iglesia en temas de los divorciados vueltos a casar o de los gays. Por internet existen cualquier cantidad de videos que lo denuestan, acusándolo de haber traicionado la fe de la Iglesia. Ciertos vaticanistas, un día sí y otro también, reportan lo que a su juicio son inquietudes o perplejidades sobre el decir o actuar del Papa. Hubo uno incluso que escribió un libro para probar su tesis de que Francisco no es Papa pues supuestamente se violaron normas del proceso de elección.

Para el que esto escribe lo más delicado y es causa de más confusión de la que ya de por sí existe, es el hecho de que existen personas, laicos y sacerdotes, en diversos grupos o apostolados o individualmente y que se han destacado por años como fieles a la Tradición y enseñanza de la Iglesia, y con influencia en ciertos medios, que han caído en la tentación de dudar del Papa o, más grave, de desconocer su Autoridad Papal, creando mucha confusión, pues sus dudas las difunden por redes sociales. Y católicos sin mucha formación son grandemente afectados con las consecuencias que ello implica.

Este pequeño ensayo quiere aportar un poco de Luz a estos tiempos de mucha confusión que estamos viviendo y que estaban reiteradamente profetizados para el mundo y para la Iglesia si no hacíamos caso al llamado de conversión por parte del Cielo. Hasta cierto punto es normal tanta incertidumbre en torno al Papa, pues la situación en la Iglesia está muy lejos de ser medianamente optimista; al contrario, cada vez son mayores las nubes negras de tormenta que se avecinan; y esto hay que agregarle la renuncia de su predecesor, que vive cerca de Francisco y se le conoce como Benedicto XVI, el Papa emérito. Esto aumenta las suspicacias y las odiosas comparaciones frente a un cuadro nada usual en la Iglesia.

Quisiera recordar a los lectores, que a partir de la renuncia de Benedicto XVI, este servidor comenzó a escribir un libro que terminé a los pocos días de la elección del nuevo Papa. El libro se llamó “Su Santidad Francisco”, y como subtítulo: “Estrategia de la Sabiduría”. Básicamente el ensayo tuvo como propósito enfatizar la especial presencia del Espíritu Santo en un momento tan difícil para la Iglesia con la elección del nuevo Romano Pontífice. Las profecías auténticas revelaban que el nuevo Papa sería conocido como el “rompedor” – lo cual así ha sido – y que llevaría a la Iglesia por un camino diferente en la forma de guiarla. Más aún, comenté que los “poderes del infierno” estarían furiosos pues ahora con el nuevo Papa tendrían que ajustarse a esta nueva realidad eclesial, lo que sería motivo de agitación para que se acrecentaran las ya acostumbradas críticas al Romano Pontífice, y que en el caso de Francisco serían ocasión de denuestos, descalificaciones, censuras, cuestionamientos de no pocos católicos, y demás persecuciones que sufriría a lo largo de su ministerio petrino. Y eso es precisamente lo que se ha constatado.

Un entrañable amigo, apenas ayer me escribía a raíz de lo que ha leído en algunos artículos de esas páginas que calificaríamos de “antibergoglio” y que bien pudieran aplicarse a muchos de los críticos del Papa. Cito textual:

Qué decepción descubrir que… se haya levantado como un líder anti Francisco de gran difusión siendo un top articulista. Estoy harto del engolamiento y soberbia como se usa Tradición y Magisterio como martillo demoledor contra la “heterodoxa” misericordia. No tienen caridad en sus juicios ni la frescura del amor ancho y grande. No saben acoger al “extraño”, sólo saben hacer consideraciones intelectuales y rigoristas, cargadas de soberbia y vacías de amor. Usan la fe sólo para obtener el certificado de calidad. Pero la fe no certifica la caridad. Dios es el dueño de la Iglesia, y Él a veces enseñaba con la palabra, otras con parábolas y otras con el propio ejemplo. Pero mayoritariamente los ponía en evidencia al predicar para que se avergonzaran o provocar la comedia del rasgamiento de vestiduras. En fin, que el vulgar y proscrito samaritano les resultaría una insultante comparación ejemplarizante. Y hoy pasa igual. No se dan cuenta que, en orden a las prioridades del amor, la primera es el socorrer y curar; hacerlo rápido y sin preguntar nada, que ahí está el mérito de amar sin medida. No en los discursos ni en los doctorados. Siento asco de la falta de caridad que hay en muchos corazones acorazados de Tradición, Magisterio y Evangelio, como si fueran los tres ejércitos para ganar la batalla de los tiempos. Y está bien, pero si les falta el amor, de nada les va a servir. Ni tan siquiera el día que acierten en la profecía se salvarán del rigor del juicio divino, pues si no hay amor sin límites no habrá abrazo infinito de Dios. ¡Qué pena! ¡Qué drama!”

Para tener un más claro discernimiento de lo que sucede en la Iglesia, es menester tener presente que en sentido estricto ha comenzado este breve tiempo de la Historia donde estamos llegando al final de los llamados “tiempos de las naciones”, y que estos se van a caracterizar por su falta de fe en el mundo y particularmente en la confusión en todos los órdenes de la vida. Las extrañas creencias y filosofías erradas oscurecen la verdad y esto no es ajeno a la misma Iglesia, salpicada de muchos problemas, conflictos y divisiones, no de ahora, sino desde principios del siglo pasado, pues ha intervenido – decía el beato Paulo VI – un poder adverso llamado Satanás. Y el mundo no es nada mejor, muy al contrario, el egoísmo humano, como causa primaria de todo mal, ha arrojado a la humanidad a una profunda indiferencia a las cosas de Dios, donde cada vez más le falta la fe, la esperanza y la caridad. Pues sus valores son el dinero la avaricia y el materialismo, regentados por el demonio Mammon; el placer, el erotismo y la lujuria, encabezados por el demonio Asmodeo; y el orgullo, soberbia y vanidad dirigidos por el demonio Leviatán.

Así que ante este panorama el Espíritu Santo mandó a su Iglesia un Papa con ciertas características y que además tomó el nombre de Francisco, ícono de la sencillez, humildad, pero también de la austeridad y del sacrificio, y al que Nuestro Señor le encomendó Reconstruir su Iglesia. Y, por si fuera poco, Jesuita, es decir, con espíritu evangelizador y misionero.

Estamos ante una gran encrucijada de la Historia. Grandes cambios están por venir al mundo y a la Iglesia. Pudiéramos decir que viene una derrota necesaria para la Iglesia para que llegue su gran victoria. Y al mundo le viene una gran destrucción para que pueda tener una gran reconstrucción. Es a la luz de este panorama en que podremos comprender mejor las palabras de Jesucristo a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella”. (Mt XVI, 18). Y luego la especial promesa de Cristo a su Vicario: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca” (Lc. XXII, 32).

Estamos ante un Año de Júbilo dedicado a la Misericordia de Dios. Más valdría bien acogernos a ella y no hacer oídos sordos a este llamado (¿el último?) pues las profecías nos dan certeza de que estamos ya muy cerca.

El autor.

I

Yo he rogado por ti…

Hay quienes piensan, al menos así lo muestran con sus escritos y dichos, que el Papa no goza de la Asistencia Divina sino en sólo determinados momentos y casos concretos. Por tanto, fuera de esos casos determinados, o sea, fuera de cuando habla ex cáthedra,[1]  el Papa es como cualquier persona, como uno de nosotros y por lo tanto deja de ser Papa y se puede equivocar como cualquiera, incluso puede enseñar herejías. Sin embargo, Jesucristo jamás hizo esta distinción, ni jamás la ha formulado así el Magisterio de la Iglesia de modo alguno.

Es decir: se afirma que mientras el Papa no hable ex cáthedra – al menos como persona privada – puede caer en herejía, y, por tanto, dicen algunos, el Papa cesa automáticamente de ser Papa.

Otros han ido más lejos y afirman que el actual Papa al ser hereje viene en realidad a revelarse como el falso profeta que anuncia el Apocalipsis para el final de los tiempos. Y algunos más, afirman que el Papa no es tal pues simple y sencillamente no fue electo válidamente, por tanto, el que sigue siendo papa legítimo y válido es Benedicto XVI. Ya ahondaremos en ello más adelante.


El Papa es el mismo Pedro

Comenzamos diciendo que la Doctrina de la Iglesia deja en claro que Pedro no es solamente un sucesor de Cristo, sino que es una sola cabeza y un solo fundamento de la Iglesia con el mismo Cristo, y que cada uno de los Papas no ha sido un simple sucesor de Pedro, sino que cada uno ha sido y seguirá siendo hasta el fin de la Historia, el mismo Pedro  – si bien no física, pero sí moralmente – de modo que, como el propio Pedro, ninguno puede desviarse ni desviarnos de la recta fe católica. Es así como tienen sentido las palabras de Jesucristo:

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la Tierra quedará atado en los cielos; y lo que desates en la Tierra quedará desatado en los cielos” (Mt. XVI, 18–19).

Así lo creyó siempre la Iglesia y lo definió como dogma el Concilio Vaticano I.

Ahora bien, hay quienes se refieren al Papa en muchos momentos de su pontificado como una mera “persona privada” que puede cometer errores y principalmente puede decir herejías. Digamos que la expresión “persona privada” relativa al Papa nace hasta mediados del siglo XV; en el mismo siglo se convierte en “hombre privado”; y más adelante la expresión moderna que se utiliza es la de “doctor privado”.


Es Pedro en todo momento

No obstante, la realidad es que el Papa ejerce el primado de manera constante ya sea de forma extraordinaria, o sea ex cáthedra, o de manera ordinaria, sin necesidad de definir dogmas. El gobierno – que incluye el Magisterio – lo ejerce todos los días y siempre es el Papa y cabeza de la Iglesia y es Pedro en todo momento, aunque nunca hablara ex cáthedra en su vida de Sumo Pontífice (Jn. XXI, 15–17).

Es así como tiene cumplimiento la gran promesa del Espíritu Santo por boca del Profeta Isaías (XLVIII, 21): “Hirió la roca y corrieron las aguas”. Y luego la especial promesa de Cristo a su Vicario: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca” (Lc. XXII, 32).

Para reforzar esta tesis, la Iglesia Católica siempre ha sabido y enseñado con certeza que hay una identidad de orden sobrenatural absoluta – de poderes divinos – entre el Papa, quienquiera que sea, y Pedro.

Por tanto, dice Orígenes[2] en su comentario a San Mateo (XII – XIV) que la promesa que Cristo le hizo a Pedro – tibi dabo claves regni coelorum – es “para cualquiera que sea Pedro”, ya sea San Pío X o el Papa Borgia Alejandro VI. Análogamente se aplicaría el mismo caso cuando el sacerdote pronuncia en la consagración las mismas palabras como si fuera el mismo Cristo. O más aún, por qué el sacerdote absuelve los pecados arrogándose un poder que sólo Dios posee, diciendo ego te absolvo… es decir, “yo te absuelvo”. ¿Por qué lo puede hacer si no es Dios? Y la Iglesia responde diciendo que es por el poder que Cristo le dio a Pedro, y que de Pedro reciben los obispos (Pío XII, Mystici Corporis Christi núm. 36), poder que éstos a su vez delegan en los presbíteros.

________________________
[1] Cuando en el ejercicio de su oficio de Pastor y Maestro de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica, el Papa define una doctrina de fe o costumbres que debe ser sostenida por toda la Iglesia, y posee, por la Asistencia Divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella Infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.
[2] Fue un importante escritor eclesiástico de principios del Siglo III y Padre de la Iglesia Oriental primitiva. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.

Fuente: http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/signos-de-los-tiempos/492-libro-tu-eres-pedro 

Escritos de Luis Eduardo López Padilla publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/luis-eduardo-lopez-padilla/

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