“El que Me coma y Me beba tendrá la Vida eterna y recibirá el verdadero Espíritu”.

VIDENTE IDA PEERDEMAN / ÁMSTERDAN, HOLANDA
Posición de la Iglesia: 
http://www.de-vrouwe.info/es/posicion-de-la-iglesia 

AÑO 1958

54ª APARICIÓN
19 de febrero de 1958

(Miércoles de Ceniza)[1]

Predicción de la muerte del Papa Pío XII

Esta noche me desperté otra vez de sobresalto, pues fui llamada a las tres en punto de la madrugada. Vi otra vez la luz y oí la voz de la Señora que decía:
“Aquí estoy de nuevo. La Paz del Señor Jesucristo sea contigo. Has hecho bien. Has decidido con tu libre voluntad y has llevado el mensaje a tu director espiritual. Esta obediencia producirá buenos frutos, que verás tú muy pronto. Tu director espiritual conoce su deber. Estate tranquila. Te voy a comunicar algo, que no podrás decirle a nadie, ni siquiera al sacristán o a tu director espiritual. Cuando se haya realizado, podrás decirles que la Señora te lo había dicho hoy. Se trata de lo siguiente, escucha:
Este Santo Padre, el Papa Pío XII, será llevado con los Nuestros a principios de octubre de este año. La Señora de todos los Pueblos, la Corredentora, Medianera y Abogada, lo llevará al gozo eterno”.
[2]
Yo me asusté oyendo este comunicado y ni siquiera me atrevía a creerlo. La Señora dijo:
“No te asustes, hija. Su sucesor proclamará el dogma”.
Le di gracias a la Señora y Ella dijo solemnemente:

“Amén”.


55ª APARICIÓN
31 de mayo de 1958

Una experiencia celestial

Estábamos sentadas hablando y, de pronto, vi llegar una luz en la otra habitación. No veía a la Señora. Fue como si se corriera un velo ante mis ojos y me sentí en un estado celestial, sobrenatural. Me parecía que allí estaba Alguien inmensamente poderoso, grande y puro. Mientras me arrodillaba, percibí con el oído una delicada música sagrada y la habitación se inundó de luz. La luz brillaba tan intensamente, que tuve que juntar las manos llevándomelas al pecho e inclinarme profundamente. No podía ni me atrevía a mirar, pero entonces miré; no me es posible describir lo que vi. Era algo celestial, si se me permite decirlo así, humildemente. Entonces aquello se me cubrió con un velo, y vi a la Señora de pie, pero muy de lejos. ¡Se la veía tan afectuosa y tan amable! Ella me habló muy dulcemente. Yo no podía repetir nada de lo que decía, pues me quedé sin voz. Ella dijo todo seguido, mientras me miraba. Yo pensé: Ojalá pueda acordarme de todo. Creo que la Señora me entendió, porque sonrió y repitió la primera parte. Entonces hice un gesto afirmativo. La Señora dijo:

“Por el Señor a la Señora, por la Señora de todos los Pueblos al Señor de todos los Pueblos. La relación permanecerá. Advierte al clero sobre las doctrinas erróneas, sobre todo respecto a la Eucaristía. Transmite esto al sacristán. Dile que la Señora le pide que te conduzca al Sumo Pontífice. Te repito que reces mucho pidiendo buenos sacerdotes y por la conversión de los pueblos. Pero…”

En toda calma retornaré a Aquel que me ha enviado

La Señora se detuvo de repente e hizo un movimiento con la cabeza, como diciendo: Escucha y repite lo que digo. Entonces recobré de pronto mi voz. La Señora dijo:
“Yo vine en toda calma. En toda calma retornaré a Aquél que me ha enviado”.
Mientras decía esto, se fue elevando lentamente, cada vez más y más lejos. Yo sentí: Ya se aleja de mí. Me puse muy triste y empecé a llorar. La Señora dijo:

“No estén tristes. No los dejaré huérfanos. Él, el Consolador y Ayudante, vendrá”.

Construyan aquí una sola Comunidad

Entonces, la Señora se fue lentamente y le oí decir:
“Escucha, sigue la Luz”.
La luz se fue de la habitación. Yo la busqué en la otra habitación, pero la luz se me adelantó al vestíbulo de nuestra casa y yo la seguí hasta la calle. La luz me precedía hasta llegar a la calle Wandelweg, donde se detuvo. Yo la buscaba por el suelo y entonces oí la voz que decía:

“¿Qué buscas?”.
Entonces vi entre las nubes a la Señora con la Cruz, la esfera terrestre y las ovejas. Ella estaba contra un cielo azul radiante. Mientras Ella se elevaba lentamente, le oí decir:

“Este es el lugar en que yo retorno a Él. Construyan aquí una sola Comunidad para todos los pueblos”.
Entonces vino una nube grande y luminosa que la cubrió y ya no pude verla. Pero mientras Ella ascendía como envuelta en una niebla, en lugar de Ella vino —no puedo explicarlo de otra forma— una enorme Sagrada Hostia, radiante de luz, muy grande. De esa Sagrada Hostia salían tres haces de luz: en el centro, un haz de hermosos colores; a la derecha y a la izquierda, dos haces de una hermosa luz brillante, cuyos rayos terminaban, a la derecha en una cruz y a la izquierda en una paloma, iluminadas espiritualmente, diría yo. Después todo desapareció lentamente.
[3]


AÑO 1959

56ª APARICIÓN
31 de mayo de 1959

La Señora coronada en la Gloria celestial

Era domingo, hacia las tres de la tarde. Estábamos todos juntos en la sala. De repente vi desde nuestra ventana que algo sucedía en el cielo. Del susto, dije a mis familiares: “¡Miren allá!” y señalé el cielo. Fuimos todos a la ventana. Entonces vi de repente la luz, una enorme luz sobre la calle Wandelweg. No podía ni mirar y me cubrí los ojos con las manos. Los otros no veían lo que pasaba y preguntaron qué era. Yo me arrodillé y crucé las manos, pero me sentí obligada a mirar. Mientras miraba, me pareció que el cielo se rasgaba. Lo que vi era que realmente el cielo se rasgaba.

En ese momento vi a la Señora de pie y en toda su gloria. Me es imposible describir una visión tan maravillosa, tan celestial, tan gloriosa. Nunca hasta entonces la había visto así. No vi ni ovejas, ni globo terrestre, ni cruz, sólo la Señora, pero rodeada de un inmenso resplandor de luz y de gloria. Me fijé en su cabeza y vi que tenía una corona. Yo jamás había visto algo así. No vi oro o diamantes, pero, con todo, sabía que era una corona, refulgente de luz por todos lados, más hermosa que la más bella corona de diamantes. La misma Señora era también toda esplendor. Repito: Algo celestial y glorioso, no puedo explicarlo de otra manera.

Hagan penitencia

Por debajo de esa escena gloriosa vi un pedazo de cielo azul y transparente, y más abajo todavía, la parte superior del globo terrestre. Era completamente negro. Me dio una sensación muy triste y desagradable. Entonces vi que la Señora amonestaba con el dedo y sacudía la cabeza (como un gesto de desaprobación y de advertencia), dirigiéndose al mundo. Le oí decir:
“Hagan penitencia”.

Luego vi algo muy extraño. Vi que de ese mundo oscuro y negro emergían cabezas de seres humanos. Vi que salían poco a poco de la tierra esas cabezas, luego sus cuerpos, y finalmente los vi de cuerpo entero de pie sobre ese hemisferio. Mientras miraba pensé: ¿Cómo es posible que existan tantas razas y gentes diferentes? Mientras contemplaba asombrada a todas esas personas, vi que la Señora extendía las manos y las bendecía a todas, y ya no se veía tan triste. Le oí decir:
“Ofrézcanle actos de reparación”.

El Señor se aparece

De repente la Señora desapareció y en su lugar vi una Hostia. Era una Hostia inmensa; por eso vi que era una Hostia común, como las que vemos en la iglesia, de oblea o pan. Luego apareció un gran cáliz delante de la Hostia y vi que el cáliz era de oro puro. El cáliz se inclinó hacia mí y vi que de él salían raudales de sangre. La sangre se derramó cayendo sobre la superficie del globo terrestre. Era una escena muy trágica, yo me sentí muy mal, la sangre caía y caía. Esto duró largo rato.

Pero en un instante todo eso cambió y se convirtió en una Sagrada Hostia, radiante y resplandeciente. Tanta era la luz que emanaba, que tuve que taparme los ojos con las manos. No podía mirarla, creí que me iba a quedar ciega, pero me sentí forzada a mirarla de nuevo. La Sagrada Hostia parecía ser un fuego blanco, con una pequeña abertura o profundidad en el centro; no puedo explicarlo de otra forma.

A continuación, pareció que la Hostia se abría de repente y que de ella salía una Figura, una Persona, como en el aire, tan imponente, tan majestuosa… perdónenme, yo no puedo describir la grandeza y la potencia que esa Figura irradiaba. Era demasiado majestuosa, yo no me atrevía a mirar. Al mirar esa Figura tan impresionante e imponente, de pronto percibí muy fuertemente en mi interior: Es el Señor. Me sentí terriblemente insignificante, ante su indescriptible majestad. Una especie de paño envolvía su cuerpo, descendiendo transversalmente desde un hombro al resto del cuerpo. Su rostro resplandecía enormemente. Sus pies estaban puestos uno sobre el otro, como en los crucifijos. Sobre sus pies vi las llagas, de las que brotaban haces de luz. Tenía las manos un poco levantadas, una más que otra. En las manos vi también una especie de llagas, de las que también brotaban raudales de luz maravillosos. Yo veía una Persona, pero el pensamiento me decía: Y sin embargo, son dos. Pero al mirar veía solamente una. No obstante, mi pensamiento repetía: Sin embargo, son dos.

Un instante después, en medio de Ambas, salió una luz inefable, y dentro de ella, en medio de Ambos —no puedo describirlo de otra forma— vi aparecer una Paloma, que rápidamente, como un rayo, se precipitó sobre el globo terrestre. Una luz indescriptible la precedía y un haz de luz la seguía. Aquella luz era tan resplandeciente, que tuve que taparme otra vez los ojos, pues no podía mirarla. Me dolían los ojos, pero una vez más, me vi obligada a mirar. ¡Qué gloria y qué potencia salía de todo eso: De esa Figura suspendida en los aires, majestuosa, poderosa y sublime, y de aquella Luz que ahora iluminaba completamente el mundo! Entonces oí decir:
“El que Me coma y Me beba tendrá la Vida eterna y recibirá el verdadero Espíritu”.

Despedida de la Señora

Después de haber contemplado esto durante un buen rato, la Señora volvió con toda su gloria, como al principio. Pero ahora pude ver claramente la diferencia de su gloria, si se me permite decirlo así, y la gran potencia y majestad de la Figura fluctuante en el aire. Era como si la Señora se encontrara a la sombra del Señor; fue la sensación que me dio.
La Señora se veía contenta. Me miró con dulzura desde lejos y oí que me decía:
“¡Adiós!”.
Y muy despacio añadió:

“Hasta que nos veamos en el Cielo”.
Esto me puso tan triste que no pude repetir las últimas palabras. Empecé a llorar, porque sentí que esa fue su despedida, para siempre. Muy lentamente vi desaparecer a la Señora y después la luz.
[4]


[1] Véase el apéndice III, que relata lo ocurrido en la semana anterior a este mensaje.
[2] Por orden de su director espiritual, la vidente anotó este mensaje y en un sobre cerrado se lo entregó para que lo guardara. Ella misma se quedó con una copia. Inmediatamente después de la muerte del Papa Pío XII, la vidente comunicó a su director espiritual el contenido del mensaje y le hizo leer la copia que ella conservaba. La carta cerrada fue enviada inmediatamente al Sacristán del Papa. Véase también la carta del Padre Frehe en el apéndice III.
[3] A raíz de este mensaje, la vidente escribió una carta al Padre Frehe, su director espiritual. Véase el apéndice VI.
[4] El 24 de junio de 1959, en un sueño se le explica a la vidente que esta visión representa la oración.

Fuente: http://www.de-vrouwe.info/es/1945-1959/124-botschaft-1958
http://www.de-vrouwe.info/es/1945-1959/125-botschaft-1959

Mensajes de Ida Peerdeman publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/ida-peerdeman/

Esta entrada fue publicada en Mensajes y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.