“El mar se alzará gigante amenazando tragar la tierra”

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Declaraciones de Benita Aguirre
SECCIÓN II
…(continuación)

Núm. 22.- Instrucciones de Jesús sobre la resignación en los padecimientos

“Nada hirió más fuertemente Mi corazón en los últimos momentos de mi vida como la visión profética de la persecución que habían de sufrir los predestinados a la gloria, y que estaba representada por los escribas y fariseos del pueblo, quienes, todos a una voz, viéndome sujeto al Madero, sin poder evadirme de sus garras, repetían: —Tú, que eres el Hijo de Dios, que destruyes el templo y lo reedificas en tres días, sálvate si puedes. A otros has salvado y a Ti mismo no puedes. Espera en Dios, pues, que venga a salvarte, si puede.— Todas estas exclamaciones os serán dichas a vosotros, cuando llegue la hora de salvar mi Doctrina. Cuando os veáis necesitados y alarguéis la mano para socorrer la miseria os dirán: ¿Dónde está vuestro Dios? Aquél que hacía alarde de tener cielos y tierra en un puño, ¿por qué os deja pasar esta miseria? ¿No veis como los canallas y criminales son considerados y gozan de magnífica posición? ¿Dónde está vuestro Dios? Más, no temáis, los hombres hacen las guerras y Yo las dirijo. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos. ¡Qué pocos ricos entrarán en él!

Abrazaos a mi Cruz. Con ella venceréis al mundo y a mis adversarios. Sufrid, orad, callad, obrad, dejad que os calumnien y vituperen, porque entonces es cuando estáis ganando más méritos para el cielo. Sufrid con paciencia, que muy pronto sonará la hora de que Yo pondré en claro vuestro honor. Jesús”.

(¡Oh, Padre, dice la vidente, qué cosas me muestras! Hay un monte que es muy alto. En la punta de ese monte hay un hombre acompañado de un ángel. Por él suben muchas personas que llevan cruces al hombro: Unas, suben bastante bien; otras, caen y se levantan; y otras, están caídas y no se levantan. ¿Qué significa esto, Padre? Veo que el monte no tiene caminos y que por él todos suben reunidos, revueltos.) 

“¿Dices que esto significa la salida de los hombres del mundo, al final del juicio? Las almas que suben bien son las que siguen mis consejos; para éstas mi yugo es suave y mi carga ligera, pero que suben muy cansadas; para purificarlas, las llevo por un camino secreto, y luego de estar en él poco tiempo, llevarán la Cruz muy bien hasta que lleguen a la mansión de delicias. Pero de entre éstas hay dos grupos: Unas, los que siguieron con perfección el camino de la Cruz; y otras, que sacaron mayor provecho, son las que llevan la Cruz, no sólo para alcanzar la gloria, sino para que, ayudándome a Mí alcanzaré Yo victoria”.


Núm. 23.- Instrucción profética de Jesús sobre la falacia e inutilidad de las riquezas

“Estoy entre ellos y no me ven. Día vendrá que me buscarán y no me hallarán. Buscad mi Reino, os he dicho, y no ponen los medios para encontrarle. Muchos ricos serán castigados por no haber hecho buen uso de sus riquezas. Correrán, se dispersarán y no tendrán lugar de refugio, pues les preocupan los castigos. Más les valiera preocuparse de las causas que los van a producir. Tienen miedo a la muerte. ¿No murió por ellos otro que fue mayor que ellos? Hay muchos con partidos; otros están en pedazos; y otros no tienen corazón. Sin Dios están muy bien. Les importa esto, porque aquí, lo que les permiten lo ven. Lo Mío no lo ven, pero es bastante más cierto que todo lo del mundo. Día llegará que en ese mundo se prometerán las cosas que no se cumplirán. Yo lo he prometido, pero, para poseerlo hay que dejar lo que estorba. Eso os probará, hijos míos, que lo que Yo prometo es más grande que lo del mundo. En el mundo y a la hora presente, aquél que quiera recibir algo, cuanto peor sea, antes lo consigue. Conmigo no os pasará igual. Para conseguir lo que os prometo tendréis que seguirme, para seguirme tendréis que sufrir; pero no sufrir de cualquier forma: Sufrir como Yo he sufrido por vosotros. Porque si Yo he sufrido tanto, y soy todo un Dios, vosotros no sois de mejor condición que Yo. Debéis de sufrir por lo menos como Yo he sufrido. Y así conseguiréis aquello que os he prometido, que es tan grande.

Los hombres lucharán por defender sus intereses, y en la lucha, después de esa batalla no quedarán más que las obras de ellos. Los intereses se perderán. No se entenderán. Porque su propósito es tan dificultoso como la erección de la torre de Babel. Se confunden y no se entienden. Porque no hay dos que tengan la misma intención, el mismo pensamiento. Todo es torcido. Preparaos, preparaos, porque la noche se acerca. La luz se extinguirá. Los truenos recorrerán la tierra. Los rayos se soltarán de la mano justiciera que los atenaza. Poco tiempo le basta a mi poder para destruir cientos de mundos. Los crié para que los disfrutaseis, pero dentro de ese goce, reconocieseis la Mano del Creador; mas no habéis querido. Os llamé y no me respondisteis. Mandé a Mi Madre y la rechazasteis. Pues tendréis el pago del trabajo que habéis ejecutado.

¡Oh, mundo! Trabajaste mucho, es verdad, pero trabajaste para tu ruina. No te supiste aprovechar del tesoro que Yo puse en la entraña de ese mundo. Correréis en su busca, pero desaparecerá, como desaparecen las naves en el fondo de los mares. El agua invadirá este mundo. Sus aguas sacudirán la tierra, y en sus sacudidas producirá efectos asombrosos que el mundo no los cree. El agua no bastó para limpiar en un tiempo ese mundo. El fuego no supo consumir del todo sus maldades. La espada justiciera sabrá darles cortes agudos a ese gran mundo.

No creen que Yo, que lo he hecho, pueda destruirlo. No creen que, si están en él, es por obra de misericordia. No saben agradecerlo. Yo les demostraré cual fue mi fuerza para con ellos. Sabré agradecerles, sabré pagarles cual merecen. ¡Oh, hijos, los que andáis torcidos! Enderezad vuestros pasos antes que la hora llegue. En aquel momento no tendréis tiempo. No habrá quien os escuche. No tendréis quien os dé lo más necesario. Todos los que ahora os alaban, todos los que os hacen promesas, en aquella hora no os atenderán, mirad que es vuestro Padre quien os habla. Mirad que para Mí nada necesito. Mirad que lo único que me mueve es el amor que os tengo, y mediante ese amor, quiero conseguiros la felicidad de vuestras almas. No despreciéis mis consejos. Mirad que os amo, hijos; veo que el tiempo se acerca, y antes de que llegue quiero reunirme con vosotros. No seáis traidores a la cita. Será la última despedida que hagáis conmigo a partir de ese mísero mundo. No hagáis caso a lo que pasa; fijad vuestras esperanzas en Aquél que siempre dura.

Muchas de las personas que hoy pasan por cristianas (me refiero a las que suben al Monte santo de mi Madre) muchas, hija, temblarán, como tiembla la rama en el árbol; temblarán porque no piensan que lo que ahora hacen no me agrada: Ostentación, envidia, orgullo, falsedad, pobreza de intención, poca rectitud de conciencia. No saben guiarse por aquella base y cimiento que les di. Dejad el yo y seguidme. Vais a vivir poco; os vais a marchar y no os podréis llevar lo que tanto ambicionáis en este mundo.

Médicos; ¿por qué cobráis tan altas sumas, cuando vosotros estáis expuestos a enfermar y  a morir? Sacerdotes, ¿por qué no creéis en aquello que os manda creer el estudio que de ello habéis hecho? También moriréis, y entonces veréis claro que todo cuanto habéis leído es real y verdadero. ¿Por qué, pues, lo negáis? Ricos, potentados, hombres de fortuna; ¿por qué atesoráis riquezas que se pueden concluir? Os habéis de morir, lo habéis de dejar, pues, ¿qué os importa de ello? Coged y guardad riquezas que con ellas podáis dar razón de vuestra vida: riquezas que puedan pasar al lugar donde Yo os destine. Trabajáis en balde, porque Yo no excluyo a los ricos por ser ricos y porque valgan más, porque tengan mejor posición. Entrarán y pasarán por el crisol de la prueba para que Yo sepa dar crédito y firmeza a todo lo que Yo os he expuesto.

Oiréis grandes cosas. Tened paciencia porque todo llegará. El día en que vuestro honor sea probado está cercano. ¡Ay de aquellos que emplearon su honor en las pompas de la tierra! ¡Ay de aquél cuyos mayores coloquios haya tenido con los hombres del mundo!

Mis casas serán cerradas. Mis ministros serán cobardes. Mis hijos tendrán que guarecerse y las fiera se pasearán dando saltos de muerte. Vendrá la desolación, el espanto; la obscuridad reinará en torno de aquellos que, habiendo visto mi Luz, no hayan querido su claridad. En la hora de la angustia llamarán, y sus voces no serán oídas. Tendrán hambre y sus graneros estarán vacíos, porque la tierra por mi mandato, no habrá producido fruto. Querrán salvarse y estarán mar adentro. Las costas se alejarán. Las barcas a merced de las olas y el viento, naufragarán en el mar del olvido. ¡Cuántas personas, en esas horas de angustia, reflexionarán que tuvieron ocasiones propicias para salvarse! El sufrimiento será entonces mayor. Mas, que tengan en cuenta que ahora hacen pasar por mi mente las atrocidades más grandes que han conocido los tiempos.

¡Oh, montes, temblad, porque muchos desaparecerán, como desaparece el humo en el espacio! Pobres, aquellos que no estén bien cimentados. Los golpes serán certeros, la sangre correrá a torrentes, los muertos formarán montones enormes. Mis hijos serán pocos. No importa. He prometido no abandonar a aquellos que sean míos. Yo os daré la fuerza necesaria para saber encaminaros al lugar de vuestra dicha. No olvidéis mis consejos. No echéis en olvido mis palabras. Recordadlas, y que ellas os servirán, junto con mi bendición, para alentaros a querer mucho a este Padre que os ama: Jesús.”


Núm. 24.- Instrucción profética de la Santísima Virgen sobre los prontos  castigos

“Jesús vino al mundo a enseñar a los hombres a padecer, instrucción que no quieren recibir. Muere por la salvación de los hombres, y estos no reconocen la sublimidad del Padre. Ven que los días transcurren veloces, y no saben aprovecharse de aquello que les dio. Y el tiempo se termina. La Obra de mi Hijo va a empezar. Dichoso de aquél qué está bien preparado, porque su fin será dichoso y duradero. Desgraciado de aquél que no se encamina en esas condiciones, porque el espíritu del mal se aprovecha de él. Tendrá su término en la guarida de las tinieblas. Todo el que me ame, que me escuche:

Hija: Llegará un día en que todo el universo, mandado por mi Hijo, obedecerá a las leyes que éste le impondrá. El sol se obscurecerá. El cielo se rasgará para dejar libre paso a los rayos de la justicia de mi Hijo. Los montes desaparecerán. Las piedras se romperán unas contra otras. Los muertos saldrán de sus sepulcros. Los hombres se matarán unos a otros. La humanidad correrá de un lado para otro, esperando encontrar lo que hace tanto tiempo buscaba. Las casas se hundirán. Los ríos se desbordarán. El mar se alzará gigante amenazando tragar la tierra, y mientras esto suceda, sin intermisión ni descanso, mi Hijo lanzará rayos sobre la tierra. Serán varias horas, al final de las cuales quedará así: Muchos pueblos habrán desaparecido. De la mayor parte de las ciudades, unas serán tragadas por el mar; otras, la sangre teñirá sus calles. Los montones de cadáveres darán lugar a epidemias horribles. Habrá poca tierra. De las personas que hayan quedado, las que fueron ricas serán pobres. No tendrán más que aquello que hicieron en beneficio de mi Hijo. Los pobres que hayan creído en Él serán ricos, porque no les faltará la alegría en sus espíritus. Los pobres serán amparados por Mí, puesto que supieron luchar en mi defensa. Muchos se convertirán; pero muchos, también muchos, se condenarán.

Hijos: Trabajad por mi honra. Trabajad para saber agradar a mi hijo el beneficio tan inmenso que os hizo. Mirad que la hora de la despedida está cerca. Mirad que a última hora os encontraréis solos. Quiero probar hasta dónde llega vuestro esfuerzo y voluntad. El tiempo está cercano. La vid llega a su sazón. La recolección se hará forzosa. Los operarios serán pocos. Hay mucha vid. Vosotros lucharéis, vosotros trabajaréis, vosotros ganaréis la partida, no desfallezcáis.

Mi Hijo quiere estar breves momentos con vosotros antes de la lucha. Quiere daros órdenes de cómo habéis de ejecutar la batalla. Tenéis muchos traidores. El enemigo está emboscado. Las ramas que lo encubren son crecidas. Mirad mucho. Yo os ayudaré a esclarecer la verdad. Vuestra Madre, María.”


Núm. 25.- Alocución enérgica y profética de la Santísima Virgen sobre la persecución episcopal a todo lo referente a Ezquioga

“Hija: Daos mucha prisa. Sabed que es mi deseo que os adelantéis. El enemigo ha preparado el terreno. Sabed vosotros buscad las emboscadas. Daos prisa, no tardéis, vosotros, los míos, en mi trabajo. El tiempo apremia porque el día se acerca. El enemigo ve todo muy claro. Pero vosotros lo veréis más claro, porque Yo os daré mi luz. No os importen las prohibiciones que decreten contra vosotros. Obedeced los mandatos de no acudir a mi Monte. Con esa obediencia seréis y daréis a entender que sois más hijos míos. La tormenta pasa y la calma renace; y entonces, todos esos decretos caerán por tierra, como caen las hojas arrastradas por el vendaval; y entonces serán impuestas todas mis obligaciones y todos los mandatos de mi Hijo.

No todos sufrirán callando. Alguien se levantará contra la prueba que Yo os envío. Será prueba para los míos, desesperación para los otros y castigo para los demás. En mi Monte no me faltará gente; aunque no sea más que uno, siempre lo tendré. Vosotros, los unos, no tengáis miedo, porque esas prohibiciones no pueden obligarme a no estar con mis hijos. Son mis hijos los que os habéis sujetado a mis mandatos y a las órdenes del Padre. No tembléis, porque sois míos y Yo soy vuestra Madre. Saldré en defensa de mis hijos cuando estos hayan sabido defenderme; y cuando creáis que estáis solos, cuando creáis que está todo peor, cuando penséis que os he abandonado, me tenéis cerca. Os alentaré más, rogaré por vosotros y os bendeciré.

Quiero que los pequeños sean los que más, en estos días, acudan a mi Monte. Es mi gusto que deis a conocer que sois míos. Detrás de una firma os pedirán la segunda. No podéis mentir por nada ni por nadie. No podéis negar que estoy con vosotros, cuando los efectos que en vosotros produzco acreditan ser cierta mi Aparición. Os harán que neguéis: no lo hagáis. Responded que no podéis negar una cosa que aun no existe. Decid que lo que se palpa no admite negación. Decidles que lo nieguen ellos, a pesar de las gracias que les di, porque quieren quedar bien con aquél que me ha vendido. Decid que las ventas del mundo concluyen pronto. Decid que el que vende a su Madre, no espere que, al final de los tiempos, que están próximos, la Madre salga en defensa suya. Decidles que con las madres juegan los pequeños cuando son pequeños. Que los hijos mayores deben de ser el apoyo de la Madre que les dio todo cuanto tienen y poseen: Que no es mayor aquél que más se burle de su Madre, porque llegará un día en que esa misma burla le servirá para su condenación: Que no consiste en decir que se ama a una persona solamente con decirlo, pues las obras de ese amor han de corresponder a la persona a quien se ama. Y, siendo Yo la Madre de la humanidad la que sufre y padece, la que ruega y pide por todos los hijos del mundo, di que creo que no soy digna de que se me trate así.

He bajado para llamarlos, he bajado para avisarlos; pero ni los ruegos ni las súplicas me sirven para atraerlos. Mi Hijo me dice que no ruegue más. La justicia del Padre no admite súplicas. La misericordia está para terminar. Mis hijos siguen igual. El tiempo corre, la hora se acerca, y ellos no lo ven. ¡Ay de aquellos que a última hora quieran enmendarse!

Hija: Los hombres no me escuchan. De las mujeres, a muchas de las cuales he distinguido con mi amor, no han hecho caso de mis llamadas. ¿Por qué, si lo han prometido no lo cumplen? La hora se acerca para X. El remordimiento entrará en su corazón. Porque le contradije su voluntad…, porque lo que ella quería no podía cumplirse…: Así pagan mis hijos el bien que Yo les concedo.

¡Con cuánta satisfacción hubiese Yo recibido a todos los que elegí! ¡Pero, se alejan de Mí, y qué mal fin van a tener! El capitán, que las ha echado a perder se quedará en la miseria; ya ha empezado a padecer y peor quedará luego. Que hay más todavía, pues dicen lo que no es…”


Núm. 26.- Mensaje del Divino Corazón sobre las almas que hay en la tierra y sus sufrimientos por ellas, y sobre los sacerdotes enemigos de las Apariciones de su divina Madre en Ezquioga

“Hay muchas clases de almas, aunque en el principio del mundo hice a todas igual. Las primeras que formé, pecaron, y al parecer, se contaminaron todas. Después sufrí muerte de cruz por librarlas del infierno. Desde entonces el mundo está revuelto; muy poco sirvió mi Sangre, pero en la culpa no todas incurren lo mismo. Hay distintas almas, hija. Hay almas que son de oro; otras de plata; las más de cobre, y también hay otras de plomo. ¡Cómo pesan éstas, hija!

Las almas de oro son aquellas que supieron corresponder a la gracia que les di, sacando mucho partido. De éstas, unas las llevé a descansar y otras están aún en el mundo.

De plata son aquellas en que mi gracia obra directamente, más son pobres de voluntad y flaquean. No están siempre lo mismo. No saben conservar la gracia que les doy. De éstas, también me he llevado algunas, pero han ido al purgatorio, de las cuales unas han salido ya y otras muchas lo están todavía.

Las de cobre son obscuras. Tienen mucho cardenillo. Aunque mi gracia las lava no saben secarse y dejan que se le forme el mugre. De éstas, muchas se convierten a última hora, más también hay algunas que han de purgar mucho.

Las de plomo son aquellas con las cuales andan formadas sociedades antirreligiosas y sectas. Todas, o la mayor parte, salen revolucionarias. De los partidos que hay en el mundo, el de ellas es el de los peores. Éstas han sido formadas igual que las otras, hija; pero el demonio las coge, las trabaja mucho, y por más que me empeño en derramar sobre ellas mis gracias, nada consigo, porque su alma está fría. De estas, se salvan muy pocas y son con las que tengo mayor trabajo. Es una carga pesada y en el mundo abundan más.

No quieren creer que mi Madre haya bajado al mundo. Baja y bajará antes que el Padre celestial descargue su justicia a la tierra. Es Madre, y en su corazón la distinción no puede caber. Todos son iguales para Ella; y a los que no están conformes con que baje, podéis decir, de parte del Hijo de Ella, que ha elegido aquel rincón porque es el que más falta le hacía. Que bajará bastante tiempo aún, porque Ella quiere traérmelos todos a Mí, a su Hijo.

¡Sacerdotes, sacerdotes!: Todos los días conmigo y ¡qué poco piensan, qué poco!  Dicen muchos dislates —Se refiere a los sacerdotes que regatean a la Virgen Madre los privilegios singulares de que goza— Creen que mi Santísima Madre no tiene poder para ello. Sepan, y dilo alto, hija, que mi Madre, mi Madre, ¿entiendes bien? Posee muchas gracias, muchas, muchas. Que es Reina, y como tal, puede hacer lo que quiera. Es Madre de misericordia, no es madre de esas madres justicieras. Que tiene un corazón grande que, al morir el Hijo suyo, se hizo dueña del universo entero. Di que puede bendecir; y que aquellos hijos, sobre todo sacerdotes, entiéndelo bien, que se burlan de mi Madre en los hijos que se muestra en la tierra, de ninguna manera piensen que podrán entrar en el cielo, sin antes purgar el delito que cometieron. Que no son compatibles dos cosas que realizan: Decir Misa a la mañana y comulgar; y, por la tarde, subir a reírse de mi Madre. Que si en el monte no la ven, tampoco me ven a Mí a la mañana. Que si deben respetar el lugar donde celebran, también deben respetar el lugar donde mi Madre aparece; el cual, si hoy no es más que un monte, día vendrá que será iglesia; pero que un castigo de los que voy a dar va a ser el que no llegará a celebrar ninguno de ellos en aquella iglesia.

Todo es el egoísmo marcado, hija de mi alma. Celebran a la mañana, y lo hacen con respeto, no porque crean en el Sacrificio, sino porque hay gente que les mira y que tienen que cobrar; y allí, en aquel monte había gente, cierto es, y gente hay, aunque poca. Mas ellos no tienen que hacer ningún papel en que los puedan subir a la altura a que apetezcan y no tienen que cobrar. ¡Qué vergüenza! Hacen las cosas nada más que por aparentar, por ser bien mirados. Y ¡son sacerdotes, hija! El ministerio que tienen ha de ser para dar ejemplo; y si ellos son así, ¿qué extraño es que los demás se tuerzan al verlos como les ven?

Estamos atravesando el mar, que está muy picado; ya renacerá la calma. Después que la alta marea baje, quedarán al descubierto. ¡Oh, cuántas atrocidades! ¡Cuántas personas que van, que salen por ese mar, no podrán volver atrás, porque habrán sucumbido! Otras, tendrán que luchar contra el oleaje para ganar la orilla. Y otras, en fin, tendrán que doblar la cerviz ante la verdad tan grande. Cuando llegue ese momento, mi Madre se dará a conocer con algo muy portentoso, pero será cuando el reposo renazca, cuando no haya tropiezos, cuando todo sea suave, cuando no queden sino aquellos que la han defendido. ¡Cuántos habrá que tendrán que declarar que estuvieron ofuscados! Dichosos si así lo hacen. Porque si conocen la verdad, y no obstante, se mantienen en las suyas, oh, entonces, más les valiera no haber nacido, Yo soy el Rey de la gloria, el Padre amante y bueno; más, entiéndelo bien, hija, soy también el juez justiciero.

Mirando a los delitos de la tierra, cuanto más grande es la persona ofendida, mayor castigo se da al ofensor. Eso, siendo aquélla polvo, nada; pero es por obedecer a las leyes que rigen. Pues, ¿qué será ofenderme a Mí? Yo, que no he tenido principio ni tendré fin, trataré con más rigor los delitos cometidos contra mi Madre. ¿Quién no ama con delirio a su madre en la tierra? Pues, ¿cómo no amaré Yo a mi Madre, Virgen bendita entre todas las mujeres, sin mancha ni pecado, en quien desde su animación, obró el Espíritu Santo? ¿Qué mujer hay en el mundo que goce de tantas gracias? Ninguna. Pues la ofensa que Ella recibe se pagará, ¡oh, terriblemente!, con penas nunca vistas. Jesús.”


Núm. 27.- Alocución de Jesús sobre la vana ciencia del siglo

“Hija mía: No hagas aprecio de la elegancia y delicadeza de los discursos de los hombres; pues no está el Reino de Dios en ellos, sino en la virtud. Considera con atención Mis palabras, que son las que abrasan el corazón, alumbran el entendimiento, dan compunción y consuelan de varios modos. Jamás leas Mis palabras con la intención de ganar nombre de sabia. Aplícate a mortificar tus deseos desordenados, que de esto sacarás más provecho que de entender muchas cuestiones delicadas. Por más que hubieses leído y estudiado, es preciso que, por último, vengas a un solo principio, y es, que el Señor enseña la ciencia a los hombres, y concede a los humildes inteligencia más clara que la que son capaces de comunicar todos los maestros y doctores. Aquél a quien Yo hablo será prontamente sabio y adelantará maravillosamente en la perfección.

¡Ay de aquellos que estudian por contentar su curiosidad y viven poco aplicados a servirme! Tiempo vendrá en que Yo, Maestro de los maestros y Señor de los ángeles, apareceré a tomar la lección a todos; esto es: a examinar la conciencia de cada uno. Entonces registraré con luces lo más escondido de Jerusalén y se manifestará lo que estaba oculto en tinieblas y callarán los argumentos de los hombres.

Yo comunico, en un instante, a las almas humildes más claridad sobre las verdades eternas que la que pudieran adquirir en diez años de escuelas. Yo enseño sin sonido de palabras, sin diversidad de opiniones, sin ostentación y sin altercación de argumentos. Yo soy el que enseño a despreciar las cosas de la tierra y mirar con tedio lo presente, desear y buscar lo eterno, huir los honores, no seguir los malos ejemplos, poner la esperanza en Mí, no desear fuera de Mí cosa ninguna y amarme sobre todas las cosas con toda el alma.

Amándome de corazón han conseguido algunos, especial conocimiento de las cosas espirituales y hablaban de ellas admirablemente. Con renunciar a toda afición y apego adelantaron más que si hubiesen estudiado las cuestiones más curiosas y difíciles.

Pero, a unos digo cosas comunes; a otros, especiales; a algunos Me comunico, poco a poco, por medio de símbolos y figuras; y a otros, descubro misterios con harta claridad. Los libros hablan a todos de un mismo modo, pero no instruyen con igualdad a todos: Porque Yo soy el que enseño la verdad a las almas, el que registro los corazones, el que penetra los pensamientos, el que mueve a hacer las buenas obras, y el que distribuye, según mi voluntad, los dones y talentos. Jesús.”


Núm. 28.- Avisos, lamentos y máximas sobre los próximos castigos, que el Divino Corazón da a la misma vidente

“Si supiesen cuántas cosas tienen escondidas…, mas pronto saldrán a la luz.

No todos los que se arrepienten se salvarán, porque muchos lo harán por temor”.

(Veo a España, sigue la vidente, convertida en una Babilonia. Todos están mezclados. Tiene siete boquetes. A Portugal y Francia los veo separados. En San Sebastián, hay un boquete. En Galicia, dos. En Cataluña, tres agujeros. En Sevilla, Córdoba y Navarra, mucha sangre. En Almería, un caminito estrecho que va hasta Cádiz. En Cádiz, un sendero grande que va a Portugal. En París, un agujero grande. En Oporto, soldados. En Madrid, ¡qué horror!, muchas casas cerradas, y de las que están abiertas salen osos; todos van hacia una casa muy grande que tiene una escalinata ancha con columnas. ¡Pobres criaturas! ¿Qué culpa tendrán ellos si no tienen culpa de nada? Eso es Rusia: Veo ejércitos de rusos que vienen. ¡Cuántos vienen! ¡Pobre España! La masticarán. Los rusos; pero, ¿es posible, Padre? Están en pacto, ¿con quién? Estaban fingiendo. Que todo no acaba ahí. ¡Oh, que gordo es eso! No lo diré, pues me da mucho miedo pensar que eso va a llegar. ¿Qué subsistirán pocos edificios en pie? ¿Conventos que existen y que dentro de poco no existirán? ¿Quemados? La gente verá que donde se guardan reliquias no quemarán. Ya tenemos, pues, unas cuantas. La gente no ve. ¿En dónde? En Canarias. ¡Qué horror! No te entiendo.)

“Todos los que están no son y todos los que fueron no están.

¿Qué van a pasar grandes cosas, dentro de poco? ¿Qué se oirán muchos gemidos, más nadie les aliviará? Tienen el tiempo de sobra y no quieren emplearlo, pues cuando les haga falta no podrán hallarlo.

Los hombres no se han de entender y algunos se pegarán. Las mujeres rabiarán por no poder comprender. ¡Tanto como hablan ahora, y tan poco como creen! ¡Ya veremos a qué lo atribuyen! Hay mujeres que son malas de verdad. Estas nuestras cosas las atribuyen a hechicería, magia, diablo. Todo lo malo que ellas hacen lo atribuyen a Dios: Dios lo quiere. Eso tiene que ser. Mientras tanto fastidian al prójimo.

Hay un refrán que dice: El que ha de reprender no ha de tener vicios. El único que puede reprender es Dios.

En algún tiempo os reíais de las cosas antiguas, y hoy las mías son extravagantes. Si la humanidad no se hubiese entretenido en sí misma, no se hubiere acarreado los males. Todos mandan. ¡Maldito orgullo!

No hay humildad, amor, caridad. Si hubiese humildad, cada cual comprendería sus defectos. Si amor, nos doleríamos del prójimo. Si caridad, le remediaríamos.

El tiempo que se va no se halla. El que quiera salvarse que siga los mandamientos de la Ley. En el domingo V después de Pentecostés, dije a mis discípulos: Si vuestra manera de obrar no fuese más justa que la de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No matarás, y que quien matare será condenado a muerte en juicio. Yo os digo más, quienquiera que tome ojeriza con su hermano, merecerá que el juez le condene. Y el que le llamare “raca” (calificativo despreciativo), merecerá que le condene el concilio.  Mas quien le llamare “fatuo” será reo del fuego del infierno”.

Con que ya sabéis, si queréis dar vuestra ofrenda, el tiempo se avecina.

Todos los montes no son iguales, porque por ellos no andarán iguales personas.

Hay un punto luminoso que hoy brilla, pero algún día se obscurecerá para alumbrar dos caminos. Estamos sentados descansando, pero cuando estamos de pie trabajamos más. El que está dormido no se defiende, pero el que vela, evita.

Cuando hay muchos es más listo el que más calla, porque los demás no saben lo que piensa.

No se debe en todas ocasiones exteriorizar todos los sentimientos.

Es muy difícil que entre muchos todos piensen lo mismo.

No es igual sufrir que resignarse con el sufrimiento.

Hay alguien que cuando le llaman no oye, porque el que llama no le agrada; sin embargo, cuando no le llaman escucha, porque le interesa lo que dice.

Tanto se falta por desobedecer como por obedecer, cuando no hace falta.

Cuando tengáis que elegir, elegid lo más pequeño, que en lo grande hay mucho sitio y puede haber mucho malo.

Los días son cortos; empleadlos en Dios. El tiempo pasa y el fin llega.

La vida no tiene ningún atractivo más que el amor a Dios.

El fin está cercano. Siempre que amamos a Dios, ¿qué importa lo demás?

Cuando el mundo se acabe no querréis que digan que habéis sido buenos.

La bondad es Dios, la imperfección vosotros.

Dichoso el que haya empleado su vida en amor, porque al terminar, se encontrará con un Padre y no con un juez.

Siendo la vida tan corta, ¿por qué no habré amado siempre?

Hay muchos que siempre quieren hacer lo que no les conviene.

Cuando vayáis a devanar no toméis nunca la punta de abajo sino la de arriba.

Hay dos luces desiguales, y la que entra por los cristales distinta también. Así son las personas. Unas, cuando las necesitan, no se encuentran; cuando empiezan a hacer bien, es tarde. Otras, que valen menos, son más débiles, esas hacen más. Y otras que, aunque las maten, nunca dejan de alumbrar. Éstas son la perfección; aquéllas el sacrificio y las otras la mortificación.

Es una escalera alta. Allá arriba hay una vela. Suben hombres y más hombres y nadie la puede encender. Sube un niño, y éste la ha encendido.

En la tierra pasa igual. Hay muchos que siempre se empeñan en hacer una misma cosa. Los designios de Dios son que aquél que es más pequeño y se humilla, subirá más alto; y aquél podrá conseguir aquello que le hace falta. El menor es grande si va unido al sufrimiento.

Con la fe se ve, pero hay muchos que no la tienen.

No todos los que cantan alaban, porque en el canto no hay intención.

Los que llamo no vienen. ¡Ay de ellos!

No consiste en el querer, sino en realizar lo que uno quiere.

Muchas cosas que se hacen nos parecen mal, pero es porque en un principio no tuvimos buena intención.

Las cosas se deben hacer con dos fines: Por el amor de Dios y del prójimo.

Sin caridad no hay amor y sin amor no hay gloria.

Todo el que quiere no ama, pero sí ama todo el que quiere.

Los que me ven (se refiere a exvidentes) me han dejado, y los que no me ven, ¿qué pasará?

 ¡Y todavía los que me dejarán…! ¿Cómo no he de estar triste?

¡Dichosos los que creen sin ver!”

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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