“Todos mis hijos están siendo víctimas de los que a su Madre no creen.”

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Declaraciones de Benita Aguirre
SECCIÓN II
…(continuación)


Núm. 9.- Mensaje de la Santísima Virgen sobre acontecimientos de Ezquioga

“Hija: Los designios de mi Hijo Jesús no son para tomarlos a juego. Llegan los tiempos horribles. No sospecha el mundo cómo está envuelto. Todo va en contra de la Madre que les ama. En todas las clases sociales tengo hijos que son mis enemigos. Nadie cumple sus deberes como debe: Familias que se tienen por cristianas, no me aprecian en sus hogares. Sacerdotes, que descuidan los ministerios a que Dios les destina. Religiosos de ambos sexos, que descuidan las devociones. Las flores se secan. La mies es mucha, pero no hay operarios. La vid, madura; los racimos son grandes; la recolección se acerca. El Dueño del campo separa la vid de los sarmientos. Unos serán llevados donde se puedan conservar por eternidades. Con los demás se hará el fuego, y en él se consumirán los deseos que no fueron satisfechos.

Todo llega y todo pasa; y como llegan las horas de gozo en la vida, llegará el día de la tristeza y amargura. Días negros y borrosos, en los cuales el Sol de los soles se eclipsará y no dará luz a la tierra; en que los hombres pedirán misericordia, y ésta se habrá terminado; y en que se sembrará y la tierra no dará fruto. Los hombres gritarán, clamarán, y sus voces no serán oídas. Días de desolación, de espanto y ruina; días en los cuales sólo los míos encontrarán el consuelo y mitigarán sus pesares.

Mi manto es grande, muy grande, y en él caben muchos. Yo los llamo, pero no oyen. ¿Hay mayor angustia para una Madre que llamar a los hijos y no ser atendida? Hay muchos que en mi Monte sagrado profanan el lugar. Hay otros en los cuales sólo reina la curiosidad. Hay otros, y estos son los más, que vienen solamente por el afán de aparentar, por el deseo de ser vistos. Todas estas cosas algún día acabarán. Todos mis hijos están siendo víctimas de los que a su Madre no creen. No os importe, hijos del alma. Decid claro y fuerte que Yo bajo a mi Monte Santo; y a aquellos que lo nieguen decidles que algún día no dirán, que esto que ahora piensan de Mí, llegará día en que se tendrá que publicar; más entonces no les valdrá. Todo tiene su término en la vida, y mi verdad resplandecerá por los cuatro ámbitos de la tierra. Llegará día en que, claramente en todas las regiones Yo, vuestra Madre, la Virgen de Ezquioga obrará la conversión de todas las gentes. Más entonces no será tiempo. Ahora es cuando lo es. Entonces creerán, porque verán las maravillas que obraré cuando llegue su día. Los que creen ahora, ésos serán los míos.

Si mis hijos hubieran seguido como empezaron… La culpa (es necesario se diga) la tienen los sacerdotes, que no han sabido sacar el provecho que debían de ello; que no han sabido dirigir a mis hijos. Todo se ha convertido en burlas, rechiflas, desorden… ¿Qué me detiene para hacer las cosas? Los milagros que estoy haciendo en otras partes, los hubiera obrado aquí.

Pero los ojos que están cerrados no verán nunca. No han visto nada. ¿Qué haré para mis hijos? No se puede hacer más. Para que abran los ojos es menester herir, Mi Hijo espera aún, pero el Padre tiene lleno el cáliz hasta el borde. Pronto está dispuesto a herir. Rayos caerán a la tierra. Ciudades enteras han de desaparecer. Y después que esto ocurra, ¿creéis que han de creer? Entonces pensarán que es cosa de la tierra. ¡Oh, España! Tú, que has sido siempre cuna del Corazón que te ama, ¿por qué te dejas vencer? Crees que puedes dejarte a tus propias fuerzas. ¡Pobre España! Caerás, sucumbirás, como se sucumbe al golpe del tirano; harán girones tu piel y te harán beber la hiel de corazones podridos. ¡Españoles! ¿Por qué estáis tan dormidos? Os llaman a la pelea y es segura la victoria”.


Núm. 10.- Instrucciones de la Santísima Virgen, sobre los padres de familia

“No es pobre todo el que pide. Pobre es aquel que no alcanza misericordia. Vienen grandes castigos: Las órdenes religiosas serán expulsadas, y en su lugar pondrán personas que no entienden lo que les encomienden. En los colegios, donde hay pocos niños, a escondidas, aún se podrá enseñar Religión; donde haya muchos, no será posible. Los padres católicos, por defender a sus hijos de las garras de esas fieras, serán ultrajados y víctimas, ya que alguno morirá en defensa de sus hijos. Las criaturas perderán los principios cristianos: en los padres está el saber guiarlos y guardarlos.

¡Padres y madres de familia: Oídme! No hay nadie que, con derecho, pueda usurpar vuestros hijos. El niño tiene un alma y una conciencia. De la primera, mi Hijo es el dueño, y ha puesto en ella todos sus entusiasmos y afanes. Pero llegará día en el cual la pedirá porque es suya, y por tanto le pertenece. De la segunda tienen derecho los padres, y bajo la responsabilidad de éstos está la conciencia de sus hijos, y en ella la obligación estrecha de educarlos y defenderlos de las garras de las fieras que piensan que, porque ellos no la tienen, el que la tenga, tiene obligación a vivir sin ella. Padres: Estad alerta, defended a vuestros hijos, porque los hombres como lobos hambrientos, escapados de la manada, rodearán la tierra, ávidos de comer lo que con tanto trabajo, a costa de tantos esfuerzos, ha sido creado por mi Jesús.

La tierra está como pelota de goma en mano de niño. Mirad lo que sucede con ella: La pelota está hueca. El niño no es capaz de comprender que, al jugar con ella y darle tantos golpes contra el mismo sitio, se puede romper. Observa, hija, y verás como el niño pega, mete la tijera y la rompe. Así está el mundo: Hay muchas personas peores que el niño; tienen mayor malicia al obrar; saben que con lo que hacen, la tierra se puede cambiar; pero siguen en su intento, y como no logran lo que quieren, meten la espada de los instintos para romper las costumbres. Una vez rotas, la tierra se abre, dando lugar al desenfreno de las pasiones, que estaban encerradas dentro de la corteza de los fingimientos que envuelven esa tierra; saldrán a luz todos los malos hábitos. ¡Pobres, los que estén ocultos, porque serán blancos de escarnio! El mar envolverá esa tierra, arrastrando todo lo que en ella haya; habrá muchos muertos. Se acerca y no quieren creerlo, pero viene a pasos agigantados.

Yo te daré orden de esto que digo para que se den cuenta las casas religiosas, y tomen su determinación, si no quieren ser víctimas, como lo fueron en la semana trágica de Barcelona. Habrá muchos seglares que se cebarán en ellos. ¡Pobres ornamentos sagrados! Iglesias cerradas, saqueadas y quemadas, las casas asaltadas, los bancos destruidos, fortunas sepultadas. ¡Qué horrores hace el ir contra la Doctrina de mi Hijo!

Comunistas, anarquistas, reuniones izquierdistas serán los protagonistas de la obra. A vosotros, padres de familia, os toca luchar en defensa de la Religión de vuestros hijos. No queráis política ninguna. Mi reino es muy grande, pero será para aquellos que tengan la política que deben tener: el reinado de las almas en mi Jesús. ¡Qué diversidad de ideas, qué pensamientos tan distintos, qué vueltas tan aparatosas, qué hijos tan desgraciados, qué padres y qué madres tan poco observantes de su obligación!

Padres y madres: los tiempos se acercan. Vuestros hijos, y sólo vuestros hijos es vuestra obligación. Quieren implantar la ley por la cual los padres, desde que el niño llega a tener uso de razón, no mandan en él, no lo admitáis. Tenéis derecho a vuestros hijos hasta el fin de su existencia. Silencio absoluto de todo, nadie lo ha de saber…

Hija, hay un refrán que dice: El que ha de corregir no ha de tener vicios. Pues, ¿qué van a corregir unas personas las cuales o entre las cuales se cometen toda clase de ignominias? ¿Cómo va a corregir aquél que está lleno de vicios? En el mundo nadie puede corregir a nadie, porque nadie está sin defecto. Al único que toca corregir es a mi Hijo, que es prudencia, sabiduría, rectitud y gloria eterna. El que sigue sus correcciones llegará al término, y será en los días de angustia el consuelo para él, porque verá que aquello que Dios pide, es lo que él ejecuta y le quedará la tranquilidad de conciencia; pero aquellos que van en camino contrario, muchos, por desgracia, tendrán que entrar en el verdadero sendero a fuerza de golpes; porque, así como cuando un hierro está torcido, para ponerlo derecho hay que someterlo al fuego y al martillo, así el alma que está torcida al golpe de la justicia…”


Núm. 11.- Mensaje dictado por la Santísima Virgen sobre el porvenir próximo y el encargado del campo

“Las iglesias se van cerrando, porque el gobierno mete miedo a los curas y éstos no saben defender lo que deben. —Los castigos del cielo no atienden a clases. ¡Que no se tomen estas palabras igual que las que se tomaron las de la M. Rafols! Sería malum signum. Este mensaje es del verano de 1933.—

Habrá gran niebla; el círculo será cada vez más obscuro, porque cada vez se ve menos a pesar de haber más luz. Vienen cosas gordas que están cerca. Son ramalazos que mi Hijo da para ver si despiertan. El que tenga el foco interior de la fe, ése será el que vea, pues los demás morirán en las tinieblas. El que no tenga fe en ese momento decisivo, no podrá defenderse, porque lo que se ha de tratar son cosas de fe. Como que se trata de defender el amor que se nos tiene a los dos, y el que no tiene fe no podrá defendernos. Es el momento que espera el demonio para coger a los que no tienen fe.

Mucha guerra, mucha guerra. Los pirineos no han conocido otra igual. La catástrofe ha prometido empezar por el extranjero para avisar a los españoles.

En esta época los curas serán los peores. El Gobierno les ha dicho que les quitará las iglesias, y esto será lo que les sublevará, siendo esto un castigo por no saber cumplir con su ministerio. Que hay muchos que están deseando vestir de paisano, porque antes de cumplir con la obligación que tienen, se ocupan de política, círculos y reuniones.

Los tiempos están malos y se avecinan sucesos terribles. La humanidad, hija, cree encontrar la felicidad en la tierra, pero se equivoca, porque a mayor orgía, placer y diversión, hay menor camino espiritual. El alma se dedica menos a lo que debe atender. No sabe que los placeres y diversiones de la tierra no calman el dolor que producen las amarguras de la vida, no disminuyen el peso que produce la cruz. Al contrario, después de que todo eso pasa, porque todo tiene su fin en la vida, vuelven a reaparecer con más ímpetu los dolores: la cruz pesa más. ¿Cómo van a encontrar remedio en el dolor si huyen de Aquél que solo puede calmarlo? ¿Cómo van a encontrar el camino suave, la carga ligera, si no miran, acuden y piden consejo a la Madre que sólo quiere su bien?

Al bajar del cielo a la tierra mi deseo no fue otro que el qué, por medio de mis llamadas, acudiesen mis hijos; y junto con ellos, nos empleásemos todos en la misma obra, trabajando para hacer fértil el campo de la vida a fin de que en él aparecieran los corazones cicatrizados por las heridas causadas por la zarpa del enemigo infernal.

El trabajo era grande. Yo creí encontrar quien me ayudase. A las primeras llamadas fueron muchos los que acudieron. Y, aunque tuve que hacer gran separación, mi Hijo y Yo estábamos satisfechos. Pasó el tiempo. El enemigo entró en el campo. Las plantas que estaban bien arraigadas, que tenían las raíces muy profundas, crecieron. Las otras, débiles, fueron arrancadas por el enemigo. Mi alma sufrió entonces amarguras grandes, porque vi la confusión terrible, la confusión espantosa por la que el director del campo había de pasar. El tiempo pasó. Se suceden los días, y en el transcurso de ellos, veo que las plantas son tronchadas. Cuando llega la noche, el enemigo se encarga de devastar mi campo. No tengo más que un encargado. Puse cuatro, y tres han huido cobardemente. No importa. Quedarán pocas, pero esas pocas quiero que sean cuidadas de los embates de los demás. Hay que trabajar, hay que luchar hasta que esas plantas se desarrollen por completo. Sus raíces adquirirán fuerza suficiente para mantenerse en pie. Las demás no soy Yo quien las planté ni quien las cuida. Hay una mano que, con habilidad satánica, procura y hace esfuerzos para que se desarrollen más que las mías. No están conmigo. Yo no las veo. No les da el sol. El agua con que son regadas está podrida. No tienen frutos, y al no tenerlos, esa mano se los coloca y las hace ver que de ellos nacieron. ¡Pobres! Vendrá el día de la recolección, y entonces mis operarios, dirigidos por el mayordomo, que cuidó el campo, recogerán mi fruto sazonado, regado por los consejos que esta Madre da a quien debe practicarlos.

Lección que ha de servir de norma en el tiempo que podáis vivir, hasta que mi Hijo se sirva segar las cabezas de esas flores. Y con la sabia que ellas saquen, pueda regenerar y dar vida a otras flores tronchadas. Las otras, sin mayordomo, acabarán mal; quien ciertamente, trabaja sin mirar arriba, trabaja con fines humanos, y no obtendrá fruto; y al ver que su trabajo no rinde el fruto apetecido, antes de doblar la cerviz ante quien se le está previniendo, acabará mal.

El cielo es grande, es hermoso, pero los medios para conseguirlo, han de ser proporcionados al fin que deseáis. Si el cielo es grande, grandes tienen que ser los medios para adquirirle. Con medios sólo humanos, con fines rastreros y pasajeros no se llega a él.

En la vida todo es jugar, todo pasa, como el rayo cruza el espacio. No hay más que una verdad. No hay más que un solo fin, al que debéis aspirar para conseguir lo que debéis. La verdad es la muerte; el fin es Dios; el medio que debéis apetecer y al cual estáis obligados es vuestra alma. Lo demás no os debe importar nada. Sufrir, padecer, sin que os importen los desprecios, insultos y vejaciones porque podáis atravesar. Dejad que los demás hablen y digan. Vosotros, como fieles soldados, al mando de vuestro capitán en la tierra, el capitán único para vosotros, al cual debéis ser fieles en las órdenes que os imponga, seguid el camino emprendido. Es largo, difícil, lleno de obstáculos. En sus laderas tenéis escondido, entre sus matorrales, enemigos que quieren asaltar vuestra empresa. No tembléis, marchad con ánimo, no volváis la cabeza a ver quién os sigue. Siempre de frente, y al compás del himno triunfal que os ha de servir de lema en vuestros trabajos, vivid y caminar con la esperanza de encontrar pronto el fin apetecido.

En vuestra marcha, la Madre no dejará a sus hijos; y al final de la jornada, el Padre os recibirá con los brazos abiertos. Frotará el sudor que corra por sus mejillas, y os dará el agua que reponga vuestras fuerzas, agua de vida, agua que os aplacará la sed que os devora.

Recibid la bendición que, juntamente con mi Jesús, os da vuestra Madre, María.”


Núm. 12.- Mensaje del Divino Corazón sobre el amor práctico de Jesús

“Hija: Di a mis hijos que con cuánta satisfacción recogería Yo las manifestaciones de la fe suya. Pero se olvidan de mis palabras: “El que cree en Mí tiene vida eterna”. Siempre me encuentran dispuesto a favorecerles. No temáis que salga fallida vuestra fe en la santa Eucaristía. Allí deben de estar guardados todos nuestros cariños. El Sagrario ha de ser el lugar de vuestros recuerdos, porque él será siempre el nido de vuestros amores. Procurad quitar de vuestros corazones todo lo que me molesta, el pecado que mata el alma y hace que no sirva la vida de la fe. Quiero ser el dueño de vuestro corazón, y si me lo dejáis de buena gana, veréis qué gozo tenéis. Quiero que la fe que tengáis la forréis de buenas obras; quiero que tengáis respeto en mi casa, obediencia ciega, piedad cuando habléis conmigo; que tengáis odio al pecado, cualquiera que sea la forma como os la presente el enemigo. Que no descansen vuestros corazones en nadie más que en Mí… Aunque todo os falte, siempre me tendréis a Mí. Yo no moriré, porque no puedo morir, y os amo como nadie os ha amado. Mi Corazón siempre arde y no se consume, porque mi fuego no se apaga. Pues, si todo lo puedo, no os puedo faltar y soy vuestro fin, ¿qué puede preocuparos, si vivís vida de unión conmigo y Yo estoy satisfecho de vosotros?

Si me amáis, cual es mi deseo, tendréis el cielo en la tierra, porque os lo anticipará; seré Padre cariñoso, amigo que os acompañará en esta vida hasta la eternidad. Si estáis conmigo tendréis la seguridad de entrar en el cielo, porque lo crié para mis amigos fieles y mis promesas no os pueden faltar. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras serán cumplidas a la letra; y como prometo el cielo a los que me sirvan, es vuestro, si seguís el camino que yo os trazo. No os pido sino amor, traducido en obras buenas, porque no todos entrarán en el cielo, sino aquellos que hagan la voluntad de mi Padre celestial.

No tengáis otro deseo sino amarme sin medida, con amor afectivo, llevando una vida ejemplar, evitando todo lo que disguste a mi Corazón y lo que no sea digno de un alma puesta a Mí servicio y a mi amor. Debéis de ser obedientes y sumisos a vuestros mayores; amar la virtud, cualquiera que sea su forma; amar mi Doctrina y ponerla siempre en práctica; amar la pureza, porque Yo no puedo ver cosas impuras; amar la humildad, recibiendo con abatimiento las correcciones que os hagan; amar la piedad, practicando los rezos con intención de complacerme; amarme en todo aquello que sepáis que me agrada.  Si me amáis así viviréis; no apartaré mi vista de vosotros y veréis qué alegría inunda vuestro espíritu.

Yo suspiro por el amor de mis hijos para hacerlos felices. No os conforméis con decirme que me amáis, sino que vuestra vida esté conforme con vuestras palabras. Todas las virtudes me encantan, pero ninguna tanto como la santa pureza. Si la ponéis en práctica tendréis un lugar preferente en mi Corazón. Con esta virtud os parecéis a mi Madre en su blancura, y seréis ángeles en la tierra. Habéis de huir de todo aquello que pueda marchitar esa flor hermosa. A esa virtud añadid una entera sumisión a mi voluntad. No debéis de querer más que lo que Yo quiera. Sin que os espanten mis mandatos, que serán suaves y fáciles con mi ayuda.

Guardad mis mandamientos, esto es lo que os pido; y si lo hacéis, me amaréis y seréis felices. Quiero que me améis por los que os ofenden, por los que no se acuerdan de Mí. Nada hay que me haga olvidar tanto mis ofensas, como los corazones que sólo piensan en tenerme contento. Amadme por encima de todas las criaturas y más que a todas las cosas, y así estaré contento con vosotros; no exijo más. Ya veis que todo me parece poco para daros; poco me pareció el morir muerte de cruz; poco el quedarme para vuestro alimento, y no vacilo en daros a mi Madre también.

Llamadla, invocarla con cariño y confianza sin límites. Es Madre cariñosa que espera vuestra súplica. No tengáis miedo de molestarla. Siempre está preparada para favoreceros: no tiene otro oficio. Os la di para vuestro consuelo y vuestra protección. Amadla mucho; sed buenos hijos para con Ella y no hagáis nada que lastime su Corazón. Quiero que hagáis todos los días algo en honor, y sobre todo, en imitación de sus virtudes de pureza y humildad, y así os haréis acreedores a su protección.

Esto es lo que desea de vosotros vuestro Jesús.” 


Núm. 13.- Mensajes de la Santísima Virgen sobre consejos y ejemplos a los amantes de Ezquioga

“Hija: El día de los palos llega pronto. Más pronto de lo que piensan. Van a quedar pocos míos, muy pocos. Mi deseo es que ningún hijo mío (habla de los videntes) hable con ningún seglar. Los que son míos de verdad, que se distingan por el silencio. No pidáis (en lo mío) parecer a nadie, pues lo que quieren es fastidiaros. Si la gente quiere saber algo que lo pregunte al Padre. —Se refiere al autor—. Vosotros, nada de explicaciones. Dirán que sois groseros… Poca piel os queda (se refiere a la crítica despiadada contra todo lo de Ezquioga) ¿Qué importa aunque os la quiten toda? Os hacen un favor con quitarla del todo, pues os saldrá una nueva.

No os fiéis, no todos son devotos. No consiste la devoción en rezar mucho, condolerse mucho y saber cosas del otro mundo. La devoción consiste en entregarse por entero a Jesús; y esto se hace mediante una hermosa meditación, que da por fruto el cambio de vida y el abandono de las propias pasiones. Por eso, hija, hay tan pocos devotos. La devoción es una virtud que empuja el alma al cumplimiento exacto de los mandamientos de Dios, y al cumplimiento de los deberes y a obedecer las inspiraciones sobrenaturales.

Pronto voy a castigar. Que tiemblen los que no han querido escuchar la voz de la Madre. No quieren otra cosa que su felicidad terrena. El día está cercano, y los míos serán pasados por la criba de la pureza. Los que han sido míos, y me han abandonado, —habla de los que fueron videntes— esos pasarán por el crisol del dolor. Yo les haré ver palpable que la ofensa cometida es más grave de lo que pensaron. Conmigo no se puede jugar; porque además de poder obrar Yo por mi misma, tengo por defensor a mi Hijo, y Él no consiente las burlas y los desprecios a su Madre.

He querido vuestro bien y no lo habéis admitido. Pensé en colmaros de gracias y las habéis despreciado. Pues, solos, sin nada, sin apoyo ni consuelo tendréis que atravesar el sufrimiento y padecer las penas ocasionadas por vuestra culpa. Nada de eso quería Yo, vosotros lo habéis buscado. ¡De cuán distinta manera era mi intención que estuviéramos en las horas presentes! Quise formar legión, que un día había de ser la gloria de las generaciones. La han rechazado, no la quieren. Pues de ellos tendré esa mies, el grano lleno, la espiga dorada; y los míos serán los que reciban todo lo que había de dar a los demás. En todos los tiempos hay santos. En todas las edades ha habido hombres perfectos, y en los tiempos presentes los habrá también.

De este pequeño grupo saldrán grandes, muy grandes santos. Todo está en que sepan seguir los consejos de aquel a quien Yo he puesto como maestro de ellos. Los que queden sean fieles, observen mis consejos, y estén seguros de que nada ni nadie podrá contra ellos, porque Yo, su Madre, velaré siempre, y nunca les faltará mi protección y auxilio. Los demás serán arrojados para escarmiento de los hombres. Quise hacer un bien y no lo admitieron. Ellos se lo han buscado. ¡Qué giman entre tormentos! La misma Obra, y ¡qué distinta manera de obrar! El mismo fin, y ¡qué distintos caminos para alcanzarlo!

Seguid a mi Jesús. Él os indicará el sendero que os será más provechoso. No imitéis en nada la conducta de los demás. Mirad que los capitanes de los dos ejércitos son contrarios. Mirad a aquél cuya gloria y honor os eleve hasta la región donde está vuestra Madre. Desde aquí, y al final de la jornada, veréis que las intenciones del capitán opuesto son perjudiciales. Que su ejército, elevado por riscos y peñas, se precipita en los abismos para no volverse a levantar. Veréis la tristeza marcada en los semblantes y una risa irónica y falaz en el falso capitán. Mientras tanto, habréis caminado por sendero llano, aunque lleno de espinas. Y si os miráis, veréis alegría en vuestros semblantes. Si miráis a vuestro capitán, lo encontraréis con rostro satisfecho dar la bendición a aquellos que han sabido seguirme hasta el fin.

Trabajad mucho para no perder lo que Jesús y Yo os damos. No tengáis miedo, que si así lo hacéis, sabréis defendernos. Nosotros en ocasión propicia, sabremos agradeceros. María.”


Núm. 14.- Instrucción dada por la Santísima Virgen sobre lo que hay que hacer ante la persecución episcopal

“Hay muchas personas que ignoran sus desgracias, y las hay que con desgracias tienen que trabajar para que los demás conozcan las suyas. Que en las horas de felicidad y de calma todos los hijos son buenos, y en las horas de amargura todos los hijos, que parece que son buenos se escapan.

No puede el obispo mandar una cosa que no puede practicar. Es muy fácil decir a los otros que sean buenos, pero no es tan fácil el ser a si mismo bueno.

Si el báculo y la mitra dan libertad para poder mandar, también tienen mucha obligación que poder cumplir. Si él, como obispo, tiene derecho a mandar; también como obispo, tiene obligación de hacer.

Difícilmente se puede discutir y poner remedio a una cosa, la cual no se entiende, porque no se conoce. No pondrá remedio un labrador si a un pastelero se le queman los pasteles. ¿Por qué será? Porque no entiende la materia en que el pastelero trabaja. Pero a él aún le pasa peor. Él conoce los ingredientes que han de entrar en la materia que ha de formar, pero no conoce la forma de trabajarla, no puede saber si quedará bien o mal.  Sabe teología, suponiendo que la sepa: que si la supiera a fondo y la tuviera bien estudiada, sabría que muchas de las cosas, que hasta ahora ha hecho, son erradas y torcidas.

Suponiendo, hija, que sepa teología, ¿por qué no sabe poner en práctica aquello que debió estudiar a fondo, aquello que, si lo supiese, vería y entendería de lo que se trataba? Saben teología, es decir, tienen los datos para poder hacer aquello que intentan; pero como ignoran las proporciones, porque no las han estudiado, la cuestión que han de tratar les sale torcida. Cuanta más luz tienen, ven menos. ¿Creerá el obispo que con vestir las ropas, cumple y llena el ministerio que tiene? ¿Creerá que solamente, con las ropas que Yo le he dado —porque Yo se las he dado— podrá desempeñar el cargo que tiene? Es muy hermoso ser obispo. Pero el serlo implica una obligación extensísima. Él es pastor de su rebaño; mas, ¿cómo lo pondrá al abrigo, si él está en la mitad del campo? ¿Cómo ha de proporcionar calor a sus corderos aquél que se siente completamente frio? ¿Cómo alimentará una madre a su hijo, si ella no come primero? Pues, ¿cómo enseñará él la doctrina a sus hijos si él no la entiende?

¡Oh, vosotros, mis hijos! Que no tenga que decir nunca él que habéis desobedecido. Me refiero a los míos, a los que están colmados de mis gracias —a los videntes probados y obedientes—. No me refiero a los que suben a mi Monte. Obedecedle, y puesto que os priva de venir, no vengáis. ¡Tantos años de estudio para no poder entender que la Madre irá a donde están sus hijos! Porque lo sobrenatural se eleva siempre por encima de lo terreno. Él estriba las cosas que Yo hago con los míos en la cruz, que está puesta en la montaña, y la manda quitar. ¿Para qué han estudiado tanto? ¿Para qué tienes el cargo que te di, si no entiendes que ni a la Madre, ni a sus hijos les hacen falta monte alguno para poderlos Yo colmar de gracias y favores? No vengáis; Yo iré a donde estéis vosotros. En Mí no manda el obispo. Pero notad y decid, vosotros, los míos, que él no manda a los demás que dejen de venir al Monte. Por supuesto, porque no le conviene mandar tal cosa. Él quiere y sería gusto suyo, que no venga nadie al Monte, quedando así siempre libre de responsabilidad. Mas, como eso no puede ser. Porque al prohibir lo mismo que al mandar, tiene que haber una causa, que él tiene que conocer. Al dar esa causa queda al descubierto. Por eso no le conviene mandar que no vengan, y solo ruega, quedando así en buen lugar. 

Que me traigan muchos pequeños. Quiero pequeños. En los mayores no he sabido encontrar aquello que apetecía. No he podido formar aquello que era mi ilusión. Quedan pocos, pero como van a quedar menos —porque mi Obra con ellos va a empezar— con los que queden y con los pequeños que me traigan voy a hacer algo, a ver si el obispo calla de una vez.

Hijos: Hablo en general. No tengáis miedo en venir. No tendréis videntes en algún tiempo. Venid por Mí; Yo sabré agradecer vuestro sacrificio. No temáis, porque no puede haceros nada”.

Siguen encargos particulares y cargos a exvidentes y falsos videntes. Y continúa:

“Es mi gusto que los míos obedezcan en la tierra; y sin embargo, ellos —los exvidentes y falsos videntes— afirman que Yo he dicho que desobedezcan. Ninguno de ellos me ve, mal pueden decir que Yo he dicho tal cosa. Son engañados; y ¡cómo los tiene cogidos el enemigo! ¡Qué mal fin van a tener! Poco a poco, Yo les haré convencer y ¡cuánta vergüenza van a pasar! ¿Por qué escapar del Monte cuando afirman que Yo he dicho que va a pasar una cosa? Porque no es cierto. ¡Oh, todo el lujo que lleváis, todo lo que disfrutáis en viajes y recreos, cómo lo vais a pagar! Porque os vais a encontrar en necesidades grandes, sin tener quién os tienda la mano; pues aquél que os la tendía, bastante que hacer tendrá con pagar lo que debe. Que se dé por satisfecho si antes de morir, da por liquidadas las cuentas de acá abajo.

En las cosas de la vida hay dos partes: Unas son las alegrías, que os presenta el enemigo, las cuales se pasan muy veloces. Otras son las amarguras, que os envía vuestra Madre para probar vuestras almas y haceros ganar la gloria. El que mejor sepa cumplir, el que mejor sepa llevarlas, ése me agradará más. Vosotros habéis pasado la primera. Todo fueron alegrías, excursiones, grandes comidas, poniendo por pretexto la salvación de las almas, diciendo que Yo os la había dicho. Mi manera de obrar, hija del alma, no consiste en salvar las almas de esta forma. Yo predico la humildad, no la ostentación. Yo quiero la caridad con el prójimo, pero sin beneficio de uno mismo, desprendidos. Aquello ya pasó; todo pasa en la vida. Os queda por pasar la segunda parte. Ésta es más dolorosa, porque como me habéis puesto por pretexto de vuestros caprichos, y después, a mis espaldas habéis dicho que lo del Monte Ezquioga era bueno para sacar dinero, no tendréis mi mano amiga que os alivie en vuestra pena. Podéis ir a pedir consejo al que os ha llevado a grandes hoteles; al que, para que estuvieseis contentos, os ha comprado tantas cosas…, pedidle consejo; ya tendréis alguno, pero dinero no tiene. Ya no pondréis por pretexto a la Madre en vuestros viajes. El dinero se acabó. Si Yo os mandase ahora que fueseis a Zaragoza, diríais que no es cierto.

Si a vosotros os toca estar con ellos y os dicen que los míos no tienen visión, preguntadles: ¿Cómo es que vosotros tenéis visión y veis a la misma persona, y sin embargo, aun dentro de vosotros os contradecís los unos a los otros? ¿Por qué reina esa desunión, si todos tenéis visión? Cuando vais a hacer una cosa, el que os conduce a nadie escucha más que a una de vosotras porque sabe que ninguna de vosotras tiene visión, y como ha de hacer el papel, si pregunta a las demás entra la contradicción. Lo que aquella dice es lo que hace. ¡Oh, si tuviera tan cierto que iban a entrar en Mi gloria como que los hijos míos, los que ellos no pueden ver, tienen visión de su Madre, ya podían morirse hoy mismo. Si a los míos, uno a uno, en diversas partes del mundo, se les pregunta, todos contestarán igual. Todos me ven a Mí; hablo a todos a un tiempo, digo la misma cosa para todos; no pueden contradecirse, pues todos oyen igual. Mientras que ellos son muchos demonios, hija; todos no tienen lo mismo; no llevan igual vestido; allí entra la confusión; todos les hablan de distinto modo; no pueden decir igual.

No hagáis caso; seguid lo mismo y tened paciencia. Poco tiempo queda por medio, y ya se verá quién se ha equivocado; ya se verá quién tiene razón: si ellos en tener visión o Yo en haberme aparecido.

Trabajad, no desmayéis; la obra toca a su fin; guardad silencio; algún día sabrán que he bajado. Mi Hijo Amado tendrá quien le dé mis parabienes; que los rechace, pues será de las personas que hoy más rabia le tienen. Que no haga caso de todas las honras y glorias, que quieran elevarle; que no haga caso, pues las glorias pasan pronto. Poned la vista siempre en Mí. Todo tocará a su término; y, mientras en esto os ocupáis, recibid la bendición de vuestra Madre. María.” 

________________________
Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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