“Las tinieblas son cada vez más densas, la luna se oculta y el sol se eclipsa; llegará la noche, preparaos, el espíritu infernal saldrá de los abismos y sus intenciones son sacrílegas.”

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Declaraciones de Benita Aguirre
…(continuación)

SECCIÓN II

 Treinta especiales documentos, con algunas cortas poesías, dictados unos por Jesús y otros por María, a la misma vidente, en éxtasis de diversas fechas, ante testigos y nosotros, que los hemos redactado; los cuales, por ser más difusos, que los anteriores, hemos agrupado aparte; y a los que hay que aplicar; “Observaciones siguientes”, practicadas más adelante en esta misma documentación Serie B, nº 8, d)

Son tan admirables las declaraciones anteriores, que suspendiendo el ánimo, le inclinan a la adoración de donde proceden. ¡Qué claridad de pensamientos!  ¡Qué concisión en las cláusulas! ¡Qué elegancia en las frases! ¡Qué energía amorosa en el nervio de la expresión! ¡Cómo Jesús, nuestro Redentor, y María, nuestra Madre de Misericordia, buscan por todos lados al pecador y le instruyen y le corrigen y le avisan y le animan y le estimulan y le amenazan!

Pero, si tales declaraciones son admirables, llegan al pasmo las que siguen, por la extensión, acentuación y luminosidad de las mismas. ¡Qué visiones tan estupendas! ¡Qué doctrina tan pura! ¡Qué máximas tan profundas! ¡Qué razonamientos tan elevados! ¡Qué vida y energía en su expresión! ¡Qué disposiciones tan asombrosas! ¡Y cómo estimulan a los suyos y fustigan a los que fueron videntes y amenazan duramente a los enemigos!

Lectura que no debe apartarse de nuestros ojos y caerse de nuestras manos y separarse de nuestro corazón. ¿Qué dirán a todas estas Declaraciones, rodeadas de las máximas pruebas de veracidad, los que buscan los flacos de las mismas? ¡Qué los busquen, qué los busquen; y ojalá los busquen reposadamente, a ver si hallan en ellos su sobrenaturalidad, y se convierten, de este modo, a Jesús y a María!

Núm. 1.- Preciosas instrucciones

Tuve visión de que un animal —el hombre—, luchaba con Jesús y le mordía, escupía, arañaba y se revolvía contra Él. Éste es el pago que da la humanidad a su Creador. Se me apareció la Santísima Virgen y me dijo: “No tengo hijos, pues no los hay con voluntad. Tan dispuesto como está mi Hijo a dar el ciento por uno… Está la gente enfrascada en sus locos desvaríos… Es hora de reparación… Sufro más por los que no creen, y especialmente por los sacerdotes y religiosos, que son los que están más cerca de Mí”.

Me dio las sentencias siguientes:

“El amor es la antesala de la caridad. La caridad no consiste en dar limosna, sino en compartir la vida con el desgraciado.

Andando de prisa se anda menos que andando despacio.

Al que oiga misa todos los días no le faltará la ayuda.

Ser bueno es más fácil que ser malo, sin embargo, hay más malos que buenos. ¿En qué consiste?

Aun cuando el trabajo es más difícil, cuando es a gusto de ellos se hace más pronto.  Por eso hay más malos.

El árbol que nace derecho sube muy alto.  Al que nace torcido hay que cortarlo.

El árbol no da más sombras cuando más hojas tiene, sino cuanto más alto sea.

No está en trabajar mucho, sino en la clase de trabajo que se ejecuta.

No está la muerte en morir, sino en el género de muerte que se tiene.

Para ganar hay que trabajar. Para trabajar hay que sufrir. Y para sufrir hay que pedir.

No todo el que corre mucho anda más, sino el que corre poco y mira donde pisa.

Fingir es hacer lo contrario de lo que se siente. El que finge hace dos males: uno con él y otro con el prójimo.

La sinceridad es la antesala de la buena conciencia.”

En otra visión, la Santísima Virgen dio a los que fueron videntes las instrucciones que siguen:

“Pensad que por no ser lo que Yo quise, habéis perdido lo que habéis tenido”.

Jesús dice a la divina Señora: “No pidas, Madre, porque luego que tuvieron la gracia que les di, no han querido recibirla, y por eso se han quedado sin ella”.

Continúa la Santísima Virgen: “Ellos no han querido defenderme, Yo les he dado muchas señales para conocer al diablo, pero ellos no las han querido aplicar”.

Decid, sin miedo, que me veis —a los videntes—. No tembléis, que el castigo está muy cerca. Que tiemblen los que ahora patean mi Obra.

Di, hija, que el Monte santo obrará grandes prodigios. Que aparezco en este Monte y seguiré apareciendo. Que no intenten quitar las cosas que hay en él.

Decir que Yo he de hacer y he de tomar las medidas para que se cumpla lo que me propongo.

Mis gracias no serán visibles para los que no tienen fe.

Haré las gracias para aquellos que sepan defenderme.

Obedeced a ese Padre. Sed pacientes y mortificados.

Decid, que aunque os ultrajen, Yo os daré la energía para que podáis luchar.

No perdáis la serenidad. Caminad por los senderos de mi luz. Que hay un sitio muy grande, y en ese sitio os habéis de reunir para recibir de Mi Mano gracias grandes.”


Núm. 2.- Sabias lecciones de Jesús a videntes y enemigos de las Apariciones

Jesús me dice: “Hay una cuerda llena de nudos: Bienaventurado el que consiga llegar al último, porque en éste se halla la felicidad.

El mar está claro: Día llegará en que sus aguas se enturbiarán, porque de sus profundidades saldrá el espíritu satánico.

Los surcos están abiertos. Hacen falta sembradores. Todo el que quiere no puede, y aquel que puede no quiere. Día llegará en que querrán, y entonces no habrá tiempo.

Aquél que duerme descansa; pero el que vela consigue.

El vigía de la torre sabe lo que pasa fuera: Más le conviene saber lo que dentro debe haber hasta después que se muera.

De cinco bajarán dos; y a tres, en la mitad del camino, se los tragará la tierra.

El hijo que es verdadero, cambia por completo. Ellos van juntos, Yo no los mando. Las artes del demonio están allí.

No tengáis miedo: Con vosotros no están. En la montaña de Ezquioga muchas cosas pasarán.

Quiero que seáis vosotros las barcas donde naveguen todos los que a Mí lleguen.

Remad, Yo os daré fuerza y no podréis naufragar. Siempre os tendré presentes.

No os fieis de los hombres que hablan mucho: En el hablar casi siempre hay error.

Fiaos de aquellos que siempre están callados, pues así van obrando en el interior de ellos.

… Pero nada de esto se hace; he perdido todos mis derechos…; hay alguien que me los ha usurpado y no me queda más que el derecho de estar en mi casa y no dejar entrar a los que no me convenga… Este derecho lo tiene cualquiera en el mundo. Vengo a ser menos que el menor de ellos… Pero, desgraciados, porque el fin va a ser horrible…

Yo, que les quiero, y he procurado al criar el mundo la felicidad de ellos. Yo, que he puesto en este mundo todos los encantos y atractivos. Yo, que no he querido separarme un momento de su compañía. Yo, que he recibido la muerte más afrentosa por salvarles.  Yo, que estoy dispuesto a beneficiarles más aún, con tal que me escuchen…, no me conocen…, no existo…, todo se ha hecho solo…, no hay obligación de hacerme caso…, la Iglesia miente…, mi Madre… mi Madre, es mentira…

Tengo defensores, hija mía, pero están ocultos. No ha llegado todavía el momento de aparecer. El día que eso suceda —al igual que el daño causado por la langosta en Egipto— así será el daño causado por los míos a sus adversarios… Tienen sus guaridas, están escondidos mientras las fieras se pasean.

El hombre es tanto mayor y tanto más debe esconderse cuanto más vale, y tanto más vale cuanto más ama, y tanto más ama cuanto que el objeto amado es digno de tal amor, porque el amor se hizo para lo amable, y el sumo amor, para lo sumamente amable, y el sumamente amable y digno de su amado no hay otro sino Yo…, porque el amor de los hombres dura poco y es engañoso y mi amor es fiel y eterno… Pero los hombres, ¡qué mal corresponden a mi amor…! No sacan cuenta de la vida más que en beneficio de ellos: Siempre el mundo, la nada. Gastan las energías, ponen todos sus encantos, cifran todas sus delicias en las cosas que se van, no saben trabajar sobre la piedra fundamental del edificio que Yo les he fabricado. ¡Pobres de ellos! Qué intranquilidad la suya, qué amargura tan horrible, qué triste desesperación cuando vean lo poco que han conseguido.  Pudieron hacer más y se cansaron, Yo les di fuerza y la rechazaron, quise ayudarles y se negaron…

Vosotros, los míos, no os apuréis. No está lejano el día en que seréis recompensados”.


Núm. 3.- Alocución de la Santísima Virgen sobre posturas que los suyos deben adoptar

“¡Pobres hijos míos!” El horizonte se obscurece, las tinieblas del pecado envuelven las almas, ¡pobrecillas! Serán pisoteadas como se pisa la uva en el lagar… Vosotros, los míos, trabajad sin descanso, no dejéis que queden sarmientos, porque con ellos se prepara el fuego; procurad quitar los obstáculos que se opongan en vuestra carrera, porque estáis expuestos a caer, y aquél que tropiece será pasado a cuchillo.

Las tinieblas son cada vez más densas, la luna se oculta y el sol se eclipsa; llegará la noche, preparaos, el espíritu infernal saldrá de los abismos y sus intenciones son sacrílegas. Mi Hijo, el Dios de la humanidad, que derramó su Sangre por el bien de los demás, vituperado por el pobre hijo del alma, su Sangre no es reconocida.  Bienaventurado el que toque, con sus dedos esa Sangre, porque será regenerado en su alma.

Daos prisa, que la noche llega; querrán salir a la lucha y no encontrarán labor. Saldrán los barcos, echarán sus redes y no habrá pesca. La tierra envolverá a los cuerpos, ya podridos. El hambre descenderá sobre regiones enteras: no sembréis, porque la semilla no dará fruto; no gritéis, porque vuestra voz no será oída.

¡Pobres almas, las que en esta noche no estén en refugio! Entrad, entrad por la puerta que mi Hijo os abrió con la regeneración de su Sangre. Desgraciadas las ciudades donde Dios no es conocido, las montañas sepultarán sus hogares, los ríos saldrán de sus cauces y arrasarán lo que encuentren a su paso; la justicia de Dios mandará rayos sobre la tierra; el fuego consumirá las ciudades que son suma de pecados.

El Padre celestial se cansa; vuestra Madre espera, y la humanidad sigue engolfada en sus vicios y pasiones. Mi Hijo es ultrajado, Yo vituperada y el Padre espera el desenlace de la obra. No hay hogares donde nos reciban, el hombre piensa en sus vicios, la mujer en el escándalo, los sacerdotes y religiosos olvidan los ministerios a que Dios les destinó, las religiosas descuidan la educación de los pequeños que Yo les confié, y hasta los pequeños, los predilectos del Corazón de mi Jesús arraigan en sus corazones la semilla dispuesta para el mal. ¡Pobre mundo, qué buen principio tuviste y qué fin más desastroso el tuyo!

Hijos, hijos, escuchad a vuestra Madre, que os ama con delirio; no dejéis pasar el tiempo, mirad que después no es hora. Yo, vuestra Madre, trabajo por vuestra salvación; y vosotros, hijos, ¿no trabajareis por Mí? ¡Qué triste para una Madre no tener a quien confiar sus penas!; nadie me escucha, sola, de pie, no me canso, y ellos… ellos duermen, ¿Cuándo llegará el día en el cual pueda Yo descansar?

Las trompetas os convocarán a batalla, tendréis buen capitán, hacedle caso, el camino será difícil, la lucha ensangrentada, pero si hacéis caso a las llamadas de vuestra Madre, la victoria es segura.

Trabajad, que el campo es grande, que el mar es ancho, y en las profundidades de su líquido existen peces que hay que extraer… Orad, sacrificaos, mortificaos y humillaos, haced penitencia por mi pobre España, la de los amores de mi Jesús… Ayudadme a llorar.  Lloremos, hijos, lloremos, porque el mundo no sospecha su presente y su porvenir… Yo os daré la fuerza para luchar, y mientras tanto, recibid la bendición de vuestra Madre, María”.


Núm. 4.- Arenga de la Santísima Virgen

Nuestra Señora da su bendición y dice: “El Padre celestial aplaque su justicia y os elimine del castigo; el Hijo sea vuestro refugio en la hora de la muerte; y el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, os dé su luz e ilumine vuestros entendimientos. Yo, vuestra Madre, os acojo desde este día bajo mi protección y amparo; mi manto será vuestro refugio, y mi corazón vuestro descanso en el cual estarán escritos vuestros nombres.

Andad, no retrocedáis, no abandonéis la senda que habéis escogido, que es la que os conviene. No temáis que los demás digan. Dejad al mundo que se engolfe en sus locos desvaríos; pero vosotros sed mi consuelo, sed los hijos predilectos de mi corazón, sed mi fiel retrato.

El mundo está loco; y Yo, cansada, rendida, no tengo en quien apoyarme. En este torbellino mundano dejad los obstáculos a un lado; y al menos, que tenga Yo confianza en vosotros, ¡hijos de mi Alma! Yo a todos quiero igual, pero todos no me corresponden lo mismo. Soy vuestra Madre. Mi corazón sabe agradecer los sacrificios que por Mí se hacen, y mi Jesús no dejará sin recompensa vuestro cariño. El hijo que ama a su madre sabe salir en defensa de los que sufren por ella.

Vosotros, los míos, tened presentes dos cosas, que deben ser las antorchas que iluminen el camino para llegar a mi Jesús: El alma y Él. Él es su dueño y le corresponde. Yo soy su Madre y tengo derecho. No temáis, vuestra Madre está con vosotros, no la veis, más no importa; no está lejano el día en que algo portentoso sucederá, y en ese día de júbilo, la Madre tiene derecho a colocar en primer lugar a sus hijos, a quienes ama, y no dejará sin su auxilio, mientras ellos no la abandonen.

Recibid mi bendición que, junto con mi Jesús, os envía vuestra Madre. María.”

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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