“Cuidado con los falsos profetas. Busca y pide únicamente el verdadero Espíritu Santo”

VIDENTE IDA PEERDEMAN / ÁMSTERDAN, HOLANDA
Posición de la Iglesia: 
http://www.de-vrouwe.info/es/posicion-de-la-iglesia 

AÑO 1951

26ª APARICIÓN
25 de enero de 1951

Un sueño

En realidad, se me dio este mensaje en un sueño[1]. Me había quedado profundamente dormida y soñaba. Pero, sea como sea, estaba semiconsciente en el momento en que se me dio el mensaje. Cuando el sueño hubo terminado, me desperté del todo. Luego me levanté y yo misma escribí el mensaje.
En la noche del 24 al 25 de enero de 1951 soñé que me encontraba en algún lugar remoto, en una especie de sala pequeña o habitación. Allí llegó de pronto la Señora y se me puso delante. Iba vestida con un amplio manto doblado; el velo que Ella llevaba normalmente sobre la cabeza, ahora lo llevaba puesto alrededor del cuello, se le veían los pies y llevaba sandalias. Ella me dijo:
“Fíjate bien y escucha”.

La última Cena

Entonces vi enfrente de mí una mesa larga y detrás una especie de sofá, en el que vinieron a sentarse algunos hombres; se sentaban medio recostados. En el centro vi una Figura luminosa y delante de Él había pan y un cáliz con vino. La Señora se encontraba al fondo de esa escena y me dijo de nuevo:
“Fíjate bien y escucha”.

Sentarse a la Mesa en ayunas

De repente la sala se convirtió en una iglesia grande y llena de gente, en medio a la cual estaba la Señora y yo, mirando. Entonces escuché la voz de la Señora, que decía:
“Se tendrá que promulgar un decreto, y así se hará, estableciendo que ya no sea necesario estar en ayunas para poder comulgar. Hay tantas personas que, precisamente cuando están en la iglesia, podrían sentir una gran necesidad de recibir la Comunión y sin embargo se ven impedidas por no estar en ayunas”.
Entonces la Señora indicó esos hombres y dijo:

“Esos hombres también fueron de la calle a la Mesa”.
Y en seguida vi por un instante aquella sala.

Un nuevo decreto

“Mira”,
—dijo la Señora—

“primero se acercan pocas personas a recibir la Comunión”.
Entonces oí de pronto una voz, como si viniera de afuera y que promulgaba el decreto.
[2] Y entonces vi como las personas acudían en gran número a la sagrada Misa.
“Así tiene que ser y así será”,
—dijo la Señora.

“¿Ves ahora la diferencia?”.
Y de repente todo desapareció y me desperté.


27ª APARICIÓN
Domingo 11 de febrero de 1951

(Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes)[3]

La Señora, María, Madre de todos los Pueblos

Veo una luz brillante y entonces veo a la Señora de pie. Ella dice:
“Yo soy la Señora, María, Madre de todos los Pueblos. Pueden decir: ‘la Señora de todos los Pueblos’, o bien, ‘Madre de todos los Pueblos’, que un día era María. Vengo precisamente hoy, para decirte que deseo ser eso. Los hijos de todas las naciones serán uno solo”.
Entonces la Señora se queda un momento sin decir nada, en la postura que ya me es familiar. Entonces dice:

“El mundo entero está revolucionado. Pero lo peor de todo es que los hombres de este mundo son llevados a la revolución”.
Y entonces parece como si la Señora caminara por todo el globo, y veo que todo el mundo se revuelve y entra en una revolución.

El Concilio Vaticano Segundo

“Yo te llevo conmigo”,
—dice ahora la Señora; y de repente estoy con Ella sobre Italia. Veo el Vaticano y entro con la Señora en la basílica de San Pedro. Caminamos por el pasillo del medio y nos detenemos más o menos en medio de la Basílica. A ambos lados veo gradas, bancos que suben de forma escalonada. En esos bancos veo sentados cardenales y obispos con mitras blancas
[4]. La Señora dice:
“Fíjate bien, esos son los obispos de todos los países”.
Entonces veo al Papa sentado, con una tiara. Está sentado al final del pasillo del centro. En torno a él, veo un par de eclesiásticos de pie. En una mano tiene un cetro y la otra mano la tiene con dos dedos levantados, en la posición acostumbrada. El Papa tiene un libro grande y grueso delante de él. La Señora dice:

“Escucha bien, hija. Ya ha habido cambios y otros están en preparación. Sin embargo, quiero traer el mensaje del Hijo. La doctrina es buena; no obstante, las leyes pueden y deben ser modificadas. Quiero decirte esto precisamente hoy, porque el mundo se encuentra en una gran revolución. Nadie sabe en qué dirección hay que ir. Por eso, el Hijo quiere que yo dé este mensaje”.

Los dolores de la Cruz

Y ahora me encuentro de repente delante de una gran Cruz. La miro y siento dolores espantosos. Me dan calambres de los pies a la cabeza. Es como si todos los músculos de los brazos se contrajeran, obligándome a cerrar los puños. Siento como si se me desgarrara la cabeza y como una sensación de fiebre, y que la cabeza se fuera a reventar. Por eso me pongo a llorar. Ya no puedo soportarlo más y le pido a la Señora si todo eso podría pasar. Entonces Ella sonríe. El dolor dura un poco más y luego todo se acaba. Entonces la Señora me dice:
“Que todos vuelvan a la Cruz; sólo entonces habrá paz y tranquilidad”.

La Señora dicta la oración

Mientras estoy todavía con la Señora de pie ante la Cruz, Ella dice:
“Repite lo que digo”.
Eso me pareció extraño; pensé: ¡Pero si ya repito todo lo Ella dice!

Y de repente veo que la Señora se vuelve aún más hermosa de lo que ya era. La luz que siempre la rodeaba se vuelve más clara y brillante, tanto que ya casi no puedo mirarla. Las manos, que tenía siempre hacia abajo, ahora las levanta, juntándolas. Su rostro se vuelve tan celestial, tan sublime, que no hay palabras para describirlo. Su figura se vuelve aún más traslúcida y tan bella, que me quedo embelesada contemplándola. Entonces dice la Señora:
“Reza pues ante la Cruz:

Señor Jesucristo,
Hijo del Padre,
manda ahora tu Espíritu sobre la tierra.
Haz que el Espíritu Santo habite
en el corazón de todos los pueblos,
para que sean preservados
de la corrupción, de las calamidades y de la guerra.
Que la Señora de todos los Pueblos,
que un día era María,
sea nuestra Abogada.
Amén”.

La Señora dice esta oración de una manera tan hermosa e impresionante, que nadie en el mundo la podría decir como Ella. Ella recalca la palabra “ahora”, al decir “manda ahora tu Espíritu”, y la palabra “todos”, cuando dice “haz que el Espíritu Santo habite en el corazón de todos los pueblos”. También la palabra “Amén” la pronuncia de manera hermosa y solemne. Estoy todavía ante la Cruz y he rezado y repetido la oración, esas palabras que la Señora dijo. Es como si se hubieran quedado grabadas en mi mente. Ahora las veo escritas con letras muy grandes.

El primer y más importante mandamiento

La Señora continúa:
“Hija, esta oración es tan breve y sencilla que cada uno puede decirla en su propia lengua, ante su propia cruz. Y los que no tengan una cruz, pueden rezarla a solas. Éste es el mensaje que hoy precisamente quiero dar, porque ahora vengo a decir que quiero salvar las almas. Que todos colaboren en esta gran obra para el mundo. Que cada hombre se decida personalmente a colaborar”.
Entonces la Señora levanta un dedo y dice:

“Sobre todo en lo que respecta al primer y más importante mandamiento: el Amor”.
Ahora veo esta palabra escrita con letras grandes.

“Haz que empiecen por esto”,
—dice la Señora.

A continuación veo un determinado grupo de personas; la Señora los mira con compasión y dice:
“Y entonces los pequeños de este mundo dirán: ¿Qué podemos hacer nosotros? Pues los grandes son los que hacen esto”.
Esto lo dice muy dulcemente, como sintiendo muchísimo afecto por esas personas que la rodean. Pero luego cambia el semblante de la Señora y dice con fuerza:

“Y ahora digo a los pequeños: Si perseveran en el amor recíproco, ni siquiera los grandes tendrán mayores posibilidades. Pónganse ante su cruz y digan lo que les he dictado y el Hijo los escuchará”.

La lucha de espíritus

Entonces la Señora me dice:
“Otra vez vendrá una gran calamidad natural. Los grandes de este mundo nunca estarán de acuerdo. La gente buscará acá y allá. Cuidado con los falsos profetas. Busca y pide únicamente el verdadero Espíritu Santo, porque en este momento se trata de una guerra de ideas. La lucha ya no es de razas o pueblos, la lucha ahora es de espíritus. ¡Entiéndelo bien!”.

Las leyes pueden cambiarse

Entonces la Señora junta las manos. Veo ahora al Papa con los cardenales y los obispos. La Señora dice, como si se dirigiera al Papa:
“Tú puedes salvar el mundo. Ya lo he dicho otras veces: Ésta es la oportunidad para Roma. Aprovecha este momento. Ninguna iglesia en el mundo es estable como la tuya. Pero adáptate a tu tiempo e insiste en poner al día a los religiosos, sacerdotes, seminaristas, etc. , etc. Insiste, llévalo a cabo hasta en los mínimos detalles. La doctrina permanece, pero las leyes pueden ser cambiadas. Haz que los hijos de este mundo gocen más del Memorial de mi Hijo”.
Luego la Señora me dice:

“Te he mostrado en el sueño cómo se puede lograr que se comulgue con mayor frecuencia. Esto te lo digo de Holanda y de todos los demás países en que no se hace”.

Países de Europa. América

“A Alemania quiero decirle: Que en este país todos se pongan a trabajar fuertemente, para volver a traer a todos los que se han extraviado, a lo que es el centro: la Cruz. Sacerdotes hay muy pocos, pero seglares hay muchos. Lleven a cabo, pues, una gran acción entre los seglares para exhortarlos a este propósito. Trabajen aquí sobre todo con gran amor y caridad. Que los grandes de Alemania ayuden y no se alejen de la Iglesia”.
Entonces la Señora dice lo siguiente en alemán:

“Deutschland jedoch liegt mir sehr am Herzen. Die Mutter Gottes weint über die Kinder Deutschlands. (Sin embargo Alemania me importa muchísimo. La Madre de Dios llora por los hijos de Alemania).
A Francia, Bélgica, Los Balcanes y Austria, les digo esto: No se dejen llevar por el espíritu de la mentira.
A Italia le digo: Ustedes, los grandes de Italia, ¿saben cuál es su tarea?
A Inglaterra le digo: Yo volveré, Inglaterra.
A América le digo: No impongas tanto tu política y busca el verdadero Espíritu. Estoy contenta que en este momento América encuentre más la Fe”.

África. Asia. Nosotros cuidamos de ellos

“A África le digo: Di que allí deseo un seminario. Ayudaré a los dominicos. Di esto a tu director espiritual[5].
Dile, además, que el Hijo está satisfecho de su trabajo y su dirección. De todos modos, dile que en estas cosas se atreva a ir más a fondo. Te quiero utilizar solamente para realizar la voluntad del Hijo en este tiempo. Una cosa sí quiero pedirte: Que tú, hija de hombre, ayudes a la gente lo más que puedas. Yo te daré la fuerza necesaria. Tu director espiritual ha sido elegido para ayudarte en esta tarea. Aparte de esto, todo lo demás puede seguir así como está. Él me entenderá.
Por lo demás, deseo decirles a todos los pueblos asiáticos y orientales, conozcan o no al Hijo: Nosotros cuidamos de ellos”.

Este tiempo es Nuestro tiempo

Entonces la Señora señala nuevamente el globo de la tierra y dice:
“Este tiempo es Nuestro tiempo. Tú, hija, eres solamente el instrumento para transmitir estas cosas. Y así lo harás. Sí, hay suficientes pruebas, las he dicho también hoy. Diles que quiero ser ‘la Señora de todos los Pueblos”.


[1] En la siguiente visión (n. 27), la Señora hace referencia de nuevo a este mensaje.
[2] Más adelante, el 6 de enero de 1953 y el 19 de marzo de 1957, el Papa Pío XII decretó las nuevas normas, fuertemente suavizadas, acerca del ayuno antes de la Comunión. El Papa Juan XXIII suavizaría aún más estas prescripciones.
[3] La vidente recibió este mensaje estando en Alemania.
[4] Cuando más tarde la vidente vio por televisión el Concilio Vaticano II (1962-1965), reconoció las imágenes que describe aquí.
[5] El Padre Frehe, dominico, director espiritual de la vidente. Algunos hermanos de la congregación le habían pedido que pidiera por un seminario de dominicos en África.

Fuente: http://www.de-vrouwe.info/es/1945-1959/117-botschaft-1951

Mensajes de Ida Peerdeman publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/ida-peerdeman/  

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