Los nueve linajes de Hechos de las Apariciones de Ezquioga

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Capítulo II

CAPÍTULO II. Los nueve linajes de hechos de las Apariciones de Ezquioga. Reparos preventivos a los no creyentes y a los creyentes.

Los nueve linajes de Hechos de las Apariciones de Ezquioga

Después de las observaciones practicadas en el capítulo anterior, no se pueden negar nueve linajes de Hechos, notorios y públicos, substancialmente iguales, y detalladamente análogos, repetidos diariamente hasta la saciedad, y por tanto indestructibles, en Ezquioga ocurridos. Son los siguientes:

  1. La ascensión, absolutamente espontánea, sin presión de nadie, al monte Anduaga, por algunas personas, expresa y únicamente a invocar a la Virgen, rezándola de rodillas, y con gran devoción el Santo Rosario y otras devociones marianas.
  2. Durante la mitad del rezo, o más hacia su final, algunos individuos de ambos sexos y de toda edad, condición y cultura, independientemente unos de otros, y manteniéndose de rodillas, en actitud reverente rezando, son atraídos, sin dejar el lugar que ocupan, hacia un punto elevado del espacio; y durante minutos más o menos largos, y hasta algunas horas quedan en absoluta suspensión todos sus sentidos corporales, insensibles a todo, desplomándose o no, pero sin hacerse daño alguno, o siendo arrebatados más arriba, y a veces hablan, profetizan y adoptan actitudes extrañas.
  3. La visión y audición, por los extáticos de seres celestiales, (la Santísima Virgen, protagonista casi siempre, mezclándose en algunas ocasiones el diablo, para engañar, seducir y desprestigiar) quienes, comunicándose con aquellos, les ordenan cosas referentes a la instrucción y al mejoramiento de las costumbres propias y ajenas, privadas y públicas.
  4. El cumplimiento exacto de las profecías y las respuestas teológico-histórico-sociales, adecuadas y satisfactorias a las preguntas de índole y para el orden espiritual, dadas por individuos simples e incultos, ajenos a los estudios.
  5. La perseverancia admirable de los auténticos videntes en tales disposiciones y prácticas, a pesar del tiempo transcurrido, de las inclemencias de éste y de otras penalidades subjetivas y objetivas.
  6. La dejación de visitar Ezquioga y otros puntos análogos por los que fueron sus videntes, a causa de la cesación de las visiones, prueba que antes los visitaban porque veían.
  7. La facilidad que se da a todo lo que sea negación, burla y persecución de los Hechos de Ezquioga; y por el contrario, la dificultad y hasta la prohibición para que se les defienda.
  8. El aplastante para los carnales: “Las curaciones”; el decisivo para los semi-espirituales: “Las conversiones”; el que no tiene vuelta de hoja para los espirituales: “Las profecías cumplidas”; y el deprimente para los que sólo por el terror se inspiran: “Los castigos recibidos”, prueba cuádruple de lo que se ventila; y
  9. Último. La refutación y pulverización de los argumentos en contra de Ezquioga son las contrapruebas de los referidos Hechos.

He aquí la simple enunciación de los nueve linajes de las Apariciones de Ezquioga. Probarlos hasta la saciedad, es obligado; y a eso vamos en los capítulos que siguen.

Pero, antes es preciso tener en cuenta que estos nueve linajes de Hechos no son ideales, fantasmagóricos, novelescos. Son Hechos que pertenecen al pasado y al presente, a la historia y a la actualidad. Para lo primero, hay un sin número de testigos de todo linaje y opinión, verídicos hasta la excepción, y por consiguiente irrecusables. Como hay asimismo, un gran caudal de contrastada documentación, parte, que aquí se inserta, o parte que está bien custodiada. Su enumeración y detalle formaría un gran libro. Para lo segundo, la campa de Ezquioga estuvo abierta a todo el mundo que los quisiera estudiar, medir, pesar, y contrastar, pero con estudio sereno y examen desapasionado. Y actualmente, que por motivos de persecución, no se encuentran allí videntes, se puede estudiar a los auténticos donde moren: bien entendido que el que vaya a constituirse en juez de este examen, es obligado que sepa a ciencia cierta, lo que entre manos lleva, so pena de correr el ridículo y perder el tiempo, como a la inmensa mayoría de los seudo jueces ha sucedido y está sucediendo.

Los nueve linajes de Hechos apuntados síntesis forzosa de nuestro estudio de Ezquioga, son la base inaventable de todas nuestras operaciones en estas páginas descritas.

Reparos preventivos a los no creyentes y a los creyentes

Entremos en su paciente cuanto curioso estudio. Antes, empero, vamos a tomar de la mano a todo observador, y como si le mostrásemos la verde campa de las apariciones, antes de que se adentre en las observaciones que haga en ella, le satisfaremos algunos posibles reparos, que desdoblaremos, en los que pueden alcanzar los no creyentes y los creyentes.

Los no creyentes: Para los ateos, que no creen en Dios ni en la intervención de un poder supremo, y menos aún en la acción de Jesús y de María sobre su Iglesia, los Hechos de Ezquioga, son una píldora muy amarga que no pueden tragar, pero que, forzados a admitirla, so pena de negarse a admitir la curación de la enfermedad por su medio, le dan vueltas a su eficacia, que presumen atribuir a otras diversas causas. Esta amarga píldora sería la de admitir un Credo y un Decálogo, que desprecian, y unos castigos, sobre todo eternos, a sus transgresores; como sería también la de admitir la vida y pasión de Cristo y de su Madre, y que, por no amoldarse a ella, están lejos de reconocer. Ésta es también la única razón que emplea contra los Hechos de Ezquioga todo linaje de sectarios, sea teórico, práctico o político. Ezquioga les amarga la vida.

Niegan la posibilidad del milagro, cuyo Autor ignoran o presumen ignorar. —Capítulo 4.— El Dr. Wolfang, Weisl, de Berlín, citado por Spirago —La Doncella Stigmatizada, por Spirago. Edit. Lit. Españ. Barcelona, 1931, pág 213— dijo con referencia a la falta de alimentación de Teresa Neumann: “Antes de creer en una revolución del orden universal establecido… me inclino al parecer de que falla el control de una sonámbula, y que Teresa Neumann toma más alimento en este estado que hallándose despierta”. Es decir que, por no caer del lado del milagro, caen del lado de la necedad y del ridículo. Por esto ha afirmado muy bien el Dr. Martín Kreuser, citado también por aquel autor, —Idem, pág. 217— que “únicamente los católicos somos los competentes en estos asuntos, porque sólo nosotros podemos apreciarlos plenamente”.

Se dice: “Desde la guerra mundial hay mucha menos religión entre el pueblo; por esta causa la jerarquía eclesiástica quiere acrecentarla de nuevo con los sucesos extraordinarios de Ezquioga y similares”. Más, piénsese que, precisamente, la Iglesia Católica, en sus ministros, es la que se muestra más refractaria a estos Hechos, según se podrá observar en las páginas que siguen.

A los creyentes: Hemos de anticipar que los Hechos extraños que suceden en Ezquioga son dones extraordinarios enteramente gratuitos, que el Espíritu Santo, como que son de Él, reparte donde quiere, a quien quiere y como quiere. —D. Paul ad Corint. 12,11—.

Y los reparte únicamente para la salud del prójimo y provecho de la Iglesia; —Idem. V, 7.— dándose el caso de que, en los tiempos apostólicos, en atención a que la Iglesia no estaba aún difundida, los distribuía con mayor profusión. “Dios es, dice Spirago, como un jardinero que riega las plantas sólo mientras son tiernas. Más, cuando la verdadera fe está en peligro, viene Dios en socorro de su Iglesia con auxilios extraordinarios”. La Doncella Stigmatizada, pág. 49—.

Tales dones no son señal infalible de santidad del que los recibe; —Mat. 7, 22 y 23.  Muchos, dice el Señor, me dirán en el día del juicio: ¡Señor, Señor!, ¿pues no hemos nosotros profetizado en tu Nombre, y lanzado en tu Nombre los demonios, y hecho muchos milagros en tu Nombre? Mas entonces, Yo les protestaré: Jamás os he conocido.  Apartaos de Mí, operarios de la maldad.— y del Apóstol se colige que pueden hallarse sin la caridad. Sólo el buen uso de estos dones —no los dones en sí mismos— aumentan el mérito del que los alcanza. Los milagros no dan seguridad alguna de salvación.  —1ª Cor. 13, 2—.

No obstante esto, apenas hay santo en la Iglesia de Jesucristo que no haya sido adornado de estos extraordinarios dones; que, de ordinario, no se conceden a los pecadores, sino a los justos; y si, en casos extraordinarios, como tal vez en Ezquioga, se da a pecadores o a menos justos, es precisamente para que sus recipientarios, haciendo un buen uso de los mismos, adquieran la santidad, so pena de perderlos, como podremos ir comprobando; y siempre, y en todo caso para que en los instrumentos viles y despreciables se destaque más la Mano que diestramente los pulsa.

Estos prenotandos nos sugieren la visita de todo creyente a Ezquioga para que no se dé a engaño y obtenga de su visita los mejores resultados.


Capítulo III

CAPÍTULO III.  Primer Hecho. Preparación para el éxtasis. Corrimiento de convertidos a Loyola.

PRIMER HECHO.— Es notoria y pública la ascensión absolutamente espontánea, y sin presión de nadie, al monte Anduaga, por algunas personas, expresa y únicamente a invocar a la Santísima Virgen, rezándola de rodillas y con gran devoción, el rosario y otras devociones marianas.

No queramos suprimir ni tergiversar ningún extremo de este “Hecho Primero”, el cual puede sintetizarse en este subtítulo:

Preparación para el éxtasis

La ascensión al monte es espontánea. Hablamos en general. Nadie ha obligado ni obliga a los que suben a Anduaga a verificarlo. Suben, de ordinario, por devoción, admiración, contrición, atrición, especial amor a la Virgen, como atraídos por Ella, o bien por curiosidad. Y suben a pesar de todos los pesares: del penoso afirmado del terreno, de las continuas inclemencias del tiempo, del mal concepto en que los aviesos les tienen, de las burlas y desprecios, muchas veces públicos, y hasta del manifiesto disgusto y persecución de las autoridades. Nótese bien esto. Nótese también que las personas que ascienden a Anduaga son de ambos sexos y de todo temperamento, de toda edad y condición, de todo lugar y linaje, de variada lengua y expresión. Y nótese en tercer lugar, que van expresamente, no a pasar el precioso tiempo ni a gozar de la verde montaña, ni a tomar el puro aire o el fecundo sol ni a ver ni ser vistos ni para ostentación de necias galas ni para nada mundano. Van sencillamente con el objeto de invocar a la Madre de Dios, rezándola de rodillas su rosario y otras devociones marianas, y brazos en cruz la letanía, sin mover la cabeza, sin cuchicheos, exactamente igual que si en el templo estuviesen. Sobre todo, cuando están en cruz, cual si comunidad monacal fuese, es de ver el religioso silencio y la grave compostura, enlazados a veces, con la admiración que produce el comenzado éxtasis o las palabras de penitencia, amor y perdón de algún vidente. Entonces, es el natural remover y rebullir de aquellas masas devotas, cual si tranquila colmena de abejas, a causa de algo extraño, se agitara, y ponerse en rededor del extático para ver y observar sus palabras, si las profiere, sus actitudes y su desenlace.

Particularmente, corresponde observar el hecho de las madres de los videntes, con alguna otra persona de su familia, que, abandonando sus casas y hasta los demás hijos, que dejan con el marido, se toman la molestia de venir con sus niños a pie, muchas veces, seis, ocho y más kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, con mal camino, bajo la cruda intemperie del tiempo, para llegar a Anduaga: y en lugar de descansar, las recibe el pavimento de la campa, en donde se pasarán un par de horas, o más, rezando y cantando.

Esto, un día y otro día y una semana y otra, y un mes y otro, sin desfallecer.  A veces hay quien se compadece de la pobreza y del trabajo de los escogidos por la Madre divina para las videncias, y les facilita una vuelta o una ida, según ocasiones.

Y preguntamos: (Nos referimos ahora escuetamente a dichos escogidos) ¿Quiénes son estas pobres, sencillas, incultas y despreciadas gentes, que por un fin, que para casi todos es una locura, se mueven tan decididamente? Algo muy poderoso, muy por encima de todos los fines humanos, les seduce y arrastra, hasta llevarlos allí, para rezar, cantar y suplicar a la Madre divina, que les pide desde un principio y en obsequio de los pecadores y del mundo: “oración, penitencia y sacrificio” ¿No es esto significativo? ¿No es tan excepcional que traspasa todas las reglas de la tradición?

Hay que ver y ponderar este Hecho Primero, en general, y particularmente en las ordenanzas y periódicas expediciones navarras, guipuzcoanas, vizcaínas y catalanas, sobre todo estas últimas, convertidas en peregrinaciones devotas.

Corrimiento de convertidos hacia Loyola

En la historia de las Apariciones de Ezquioga se registra un hecho tan marcado como providencial y poco reparado. Trátase de que muchos convertidos, entre los cuales numeramos a videntes y simpatizantes suyos, después de la conversión, como si se les llevase suavemente, corrían hacia Loyola, donde llamando, a uno de los padres de la Compañía, practicaban con él confesión general de sus culpas.

Esto que nada tiene de particular, al parecer, pero que atendidas todas sus circunstancias, lo tiene y mucho, por cuanto denota un plan singular de la Virgen Madre de Dios que, al convertir, mediante la revelación de los secretos del alma a los interesados, no solamente les llevaba a Loyola (como les hubiera podido inclinar a otra iglesia más cercana) a confesar sus culpas; sino para que los hijos de San Ignacio, que notaban tales ruidosas conversiones, por tal medio conseguidas, se hicieran cargo de la maravillosa Obra aparicionista y la secundasen con su celo y fomentasen con su doctrina hasta que diese los frutos consiguientes.

¿Quería esto, de la Compañía de Jesús, Nuestra Señora? Y si esto hubiera sido una realidad, ¿estarían hoy los Hechos de Ezquioga en el trance en que están?

Y no es que no estemos satisfechos del trabajo que con respecto al asunto sobre nosotros pese; pues, aunque estamos persuadidos de que, si la ínclita Compañía de Jesús hubiese tomado a pecho el caso, lo más probable es que nosotros no hubiésemos cargado con la parte directa e inmediata que cargamos, sino que eran los PP. De Loyola los que, enterados a fondo de lo que ocurría en las proximidades de su Casa Central, y con los grandes medios de que disponían, otro gallo hubiera cantado a las Apariciones de Ezquioga.

Con esto a nadie hacemos objeto de censura. Lo único que hacemos es observar.

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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