Conocí a Petrilla, un Alma víctima

En el Libro ‘La Mujer Vestida del Sol’, andrésdeMaría nos habló de Petrilla, un Alma víctima casi desconocida que nació Pampliega (Burgos – España), en mayo de 1918 y murió en enero de 2008, a los 89 años. En su adolescencia se consagró al Señor un 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, y tuvo una experiencia de muerte durante tres días en los cuales su alma pasó al Cielo, pero Dios le concedió la libertad de volver, pues los gritos de miles y miles de almas solicitaban su presencia en estas tierras, por lo que ella tomó la decisión de continuar en la Iglesia Militante. Pero dejemos que andrésdeMaría nos cuente cómo conoció a Petrilla.


Tomado del Libro: Conocí a Petrilla, un Alma víctima

Escrito por: andrésdeMaría

“He aquí que Yo mismo seré su Pastor. Vendré para reunir a mis ovejas. Las agruparé en mis dehesas, apartadas de las nieblas de doctrinas vanas y perniciosas que producen las fiebres mortales del espíritu. Las separaré y aún ellas, por sí mismas, se apartarán de los cabritos y de los carneros al oír la voz amada. La oirán no como ahora, a través de mis siervos, sino brotando, cual rio de Vida, de la boca del verbo que vuelve a tomar posesión de su Reino
Cuando haya depurado mi grey de cuanto es falso e impuro durante mi periodo de Rey de la Paz, aleccionaré a los que habrán quedado para la última instrucción. Me conocerán de modo como ahora sólo los elegidos me conocen. Serán, no doce sino doce mil veces mil las criaturas llamadas al conocimiento del Rey. Desaparecerán las herejías y las guerras. Luz y Paz serán el sol de la Tierra. Se nutrirán con el germen vivo de mi Palabra y ya no languidecerán a causa del hambre espiritual. Me adorarán en espíritu y en verdad”…

…almas elegidas, víctimas del Señor, que conocéis los secretos de Nuestro Señor y su Madre, vuestros Santísimos Modelos: la generosidad, el heroísmo, la paciencia, la mansedumbre, la constancia y la fortaleza.

“No serán las cruces, las espinas, los clavos, los azotes materiales. Serán otros de distinta forma y naturaleza, más igualmente dolorosos y aniquiladores. Y sólo consumando el sacrificio entre tales dolores es como se puede llegar a ser salvadores.
Es una misión austera, la más austera de todas. Aquella en cuya comparación la vida del monje o de la religiosa de regla más severa resulta una flor respecto de un manojo de espinas, ya que ésta no es no es regla de una Orden humana sino Regla de un sacerdocio, de un monacato divino del que Yo soy el Fundador que consagro y acojo en mi Regla y en mi Orden a los elegidos a ella, imponiéndoles mi hábito que es el Dolor total hasta el sacrificio”.

Los párrafos anteriores, referidos al Reino de la Paz y a las almas víctimas están sacados de la monumental Obra de María Valtorta. Obra recordada por Nuestro Señor a Monseñor Octavio Michelini:

No han dado crédito a las almas víctimas a las que Yo he hablado poniendo en sus palabras el sello de mi gracia. A todo han opuesto resistencia.
“A María Valtorta, alma Víctima, dicté una Obra Maravillosa de la que Soy su Autor. Tú mismo has advertido la reacción furiosa de Satanás contra ella, lo mismo que la resistencia de muchos sacerdotes a esta Obra que, si se leyera o mejor, si se estudiara y meditara, podría reportar un bien grandísimo a muchísimas almas. Ella constituye una fuente de seria y sólida cultura.
Mas esta Obra, a la que será reservado un éxito grande en la Iglesia Regenerada, se prefiere la inmundicia de tantas revistas y libros teólogos presuntuosos”.

 

Petrilla flor

Y tú Petrilla tomaste el hábito del Monacato Divino a los 16 años,
vistiéndolo ininterrumpidamente durante setenta y dos.

Gracias. Muchas gracias, inolvidable Petrilla.

Discúlpame los errores, y quizás imprudencias que cometa al recordarte en estas líneas.

Intercede por nosotros.

andrésdeMaría


Prólogo

El móvil de estos escritos, es el de traer a la memoria algunos recuerdos personales de Petrilla.

Sé que Petrilla ha dejado escritos sublimes de espiritualidad, que son y con mucho lo más importante, pero el darlos a conocer, es una labor que en absoluto me corresponde, aparte de que los desconozco.

Ayudándome de las experiencias compartidas con Petrilla, voy a tratar de esbozar en unas líneas las anécdotas de las que me vaya acordando, asegurando únicamente que van llenas del más profundo respeto y agradecimiento.

Y para comenzar, voy a traer a la memoria el pensamiento que tuve a la hora de su muerte: “Conviene que Yo me vaya… les decía Nuestro Señor a sus discípulos,…” con el fin de que se les abriesen los ojos del alma, de la fe, con otra Presencia Divina: la del Espíritu Santo.
He pasado muchos años junto a Petrilla, la he visitado alrededor de un centenar de veces, y han sido acaso miles las que he hablado con ella por teléfono. En más de una ocasión me ha manifestado que consideraba como suya a mi familia.

Pero debo de confesar que no he sabido aprovecharme de su amistad y compañía. No sabría explicarme, pero el hecho ha sido ése.

Quizás no me sentí a la altura de las circunstancias, para sentarme aunque hubiera sido en una esquina, a comer alimentos espirituales con ella en la misma mesa. Y no creo equivocarme si digo que ella lo hubiera deseado en más de una ocasión. Mi defensa, consistía en decirla que los perros hacen compañía a sus amos, aunque no entiendan su lenguaje. Petrilla sonreía en silencio.

Ahora Petrilla, es cuando solicito del Señor permiso para alimentarme de las riquísimas “migajas” que caen del cielo a través de la comunión de los santos. Migajas que en este caso, se desprenden tan abundantemente de los recuerdos que nos dejaste.


Convenía que te fueras al cielo, para ayudarnos a vivir de la forma más hermosa: “La de la Fe”. La que nos lleva a las “tinieblas sagradas”.


Recuerdo una frase de la beata Isabel de la Trinidad, que creo reflejaba a tu alma: “Ella le exalta en la más alta cima de la montaña de su corazón, por encima de las dulzuras y los consuelos que brotan de Él, porque ella ha resuelto dejarlo todo atrás para unirse con el que ella ama”.


Es fácil acompañar al Señor cuando vamos paseando por el valle, y Él lo agradece y bendice, pero qué pocos le hacen compañía cuando da comienzo la cuesta, y sólo vosotras, las almas víctimas estáis con Él hasta llegar a la cumbre, en donde asentáis vuestra morada.


Cuántas veces me decías vivir conforme, muy conforme, en el mayor abandono en la cima de la montaña, reproduciendo, te decía yo, el que tuvo el Señor aquel Viernes Santo a la hora de nona. De esto Petrilla, hablaré más tarde.


Y otras tantas veces te di las gracias de todo corazón, porque estabas ayudando al Redentor, a salvar a tantas y tantas almas.

Y para alimentarme de las mencionadas migajas, es por lo que voy a ir dejando escrito algunos de los recuerdos que nos dejaste.

Recordaré algunas anécdotas que sirvan para esbozar algunos de los rasgos de la vida conocida de Petrilla.

En opúsculo aparte, trataré como mejor pueda, de una determinada espiritualidad que ocupó si no me equivoco, un lugar preferente en la vida de Petrilla. Ella tuvo muy presente la realización de un proyecto grabado a fuego en su corazón durante muchos años y compartido con el Hno. Ginés de María, hasta la muerte de este: La devoción a los Corazones Eucarísticos de Jesús y María.


1…  Presentación

Pampliega es un pueblo perteneciente a la provincia de Burgos y situado a 30 km. al sur de la capital. Está ubicado en la ladera baja de un pequeño monte, de nombre “La Mota”, que le protege de los aires norteños. Su plaza más importante es la de “España”. En ella está el Ayuntamiento; y en un rincón, la impresionante Iglesia, que saluda con cuerpo y torre a los pueblos limítrofes situados en un extenso y hermoso valle que anuncia la meseta o mar de Castilla, y cuya vista panorámica se puede disfrutar en el mirador situado al fondo del pequeño terreno que la circunda.

En la misma plaza y enfrente del Ayuntamiento, una manzana de casas con fachadas estrechas y de cinco alturas, las últimas trasteros y buhardillas, dando la sensación de ser más bajas.

En una de ellas vivían Encarna y Petrilla, la primera era la mayor de las dos hermanas. Petrilla del Orden nació el 28 de mayo de 1918 y entró en el cielo el 27 de enero del 2008. Cuarenta y nueve días después, el 15 de marzo la fue a acompañar su hermana Encarna, madre de dos hijos y viuda desde hacía muchos años. Fue la que cuidó durante casi toda la vida a Petrilla. Cuántas veces decía Encarna que no quería morirse dejando aquí a su hermana. Lo consiguió. Encarna fue a descansar en paz a la tumba de su esposo. Petrilla se fue a la de sus padres, cumpliéndose el deseo tantas veces recordado por ellas con añoranza.

Petrilla desde la mitad de la década de los treinta guardaba cama.

En la planta baja, la puerta de entrada con su recibidor y la sala de estar son los únicos huecos que reciben luz del exterior. La cocina, el dormitorio y el aseo, son ciegos, ya que dos casas similares lindan a izquierda y derecha, y en el fondo está el vaciado de tierras realizado en su día para poder ubicar el edificio en la ladera del monte. Aquí hacía la vida Encarna, que se quedó viuda cuando aún eran pequeños sus dos hijos. Durante casi medio siglo ha sido la que en todo momento ha estado atendiendo las necesidades de Petrilla. Programas y matemáticas de Dios.

No quiero omitir la alegría que en su día compartirían Encarna y Petrilla al ver al hijo y sobrino respectivamente camino del seminario. Alegrías, me supongo diferentes. La de Encarna agridulce por tratarse de su hijo, y gozosa la de la “tía” Petra”, alma víctima entregada especialmente por las vocaciones sacerdotales. Pero el cielo tenía otros planes; quería preparar un gran regalo para la abnegada Encarna; y es que a su hijo, se le fue cambiando la mirada que tenía puesta en la puerta del seminario, por la de aquellos bellos y alegres ojos de su particular “dulcinea”. Luego vino el matrimonio y se fue “desvelando el regalo”: se trataba de las dos queridísimas nietas de Encarna. Nietas, que en mis largas conversaciones con Encarna, ocuparon la casi totalidad del tiempo.

Su hija, nacida antes que su hermano, muy agradable en el trato, pero que por residir en Madrid la he tratado en menos ocasiones, y que no faltó a la cita cuando fue necesario.
En la planta primera dos ventanas de aluminio dan luz al único hueco habitable. Era el altar donde se ofrecía un alma víctima, Petrilla, que de adolescente se ofreció incondicionalmente al “Querer de Dios”, pasando de los “Desposorios Místicos” a los de la “Cruz”.

Con el nombre de Petra, que no fue por casualidad, la bautizaron en su Parroquia del alma, cuyo titular es “San Pedro”, y con el nombre de Petrilla fue con el que se quedó.

Nunca lo he comentado con ella, pero su entrega sin condiciones, se inicia unos años antes de comenzar la guerra civil de España, y estoy seguro que estuvo en la primera fila del frente de la “verdadera batalla”: la espiritual.

Y es que Petrilla fue una “militante de la Iglesia” de muy alta graduación. Hoy, sin duda, en morada especial de la Triunfante.

Y es que, las almas víctimas aunque se duelen como nadie de los sufrimientos tanto espirituales, como físicos y morales que acompañan a las guerras, saben que sumando todos los dolores de éstas, no son nada en comparación de los que se sufre cuando “una sola alma” se queda para siempre sin Dios. Y a España se la quería y se la quiere dejar sin su Salvador.

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4 respuestas a Conocí a Petrilla, un Alma víctima

  1. Claudia patricia dijo:

    PAZ Y BIEN.Q HERMOSO, Q.GRANDES REGALOS NOS DA ÉL SEÑOR A TRAVES DE ESTAS BELLAS PERLAS ELEGIDAS X EL PARA LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS.
    REUGA X NOSOTROS PETRILLA,RUEGA NO SOLAMENTE X ESPAÑA SI NO X EL MUNDO ENTERO Q YA SE ESTA SINTIENDO LOS SACUDONES DEL BICHO(SATANAS).
    RUEGA X ESTA PECADORA Y X LA FAMILIA Q DIOS ME HA DADO Y RECINE DE MI LAS ORACIONES Q DESDE HOY OFRECERE X TU AMOR A DIOS ACA Y EN LA GLORIA Q AHORA GOZAS.PAZ Y BIEN.

  2. francesca dijo:

    Buon dias, me llamo francesca quisiera por favor una informacion. Quisiera encontrar el libro sobre petrilla, pero no encuentro nada, ni poniendo el nombre de su autor andres de maria. Alguien me puede ayudar gracias

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